Viernes 23 de abril de 2010.

 

Sra. Verónica Olate.

Oficina 600 de Atención Ciudadana.

Educación Superior.

Ministerio de Educación.

República de Chile.

 

 

   En este escrito, quiero constatar la denuncia que realicé en contra de la Universidad de los Andes, ante la Oficina 600 de Atención Ciudadana, del Ministerio de Educación, el día 24 de Agosto de  2009, tanto por el accidente que me afectó, como por los hechos horribles que se sucedieron en los trabajos sociales organizados por esta misma Casa de Estudios, entre el 16 y el 23 de diciembre de 2008, en la localidad de Coñaripe (comuna de Panguipulli, XIV Región de los Ríos).

 

   En un primer momento, fui atendido por el Sr. Belarmino Provoste, en la Oficina 600 de Atención Ciudadana. Después, usted se hizo cargo de esta denuncia, como colaboradora, en la búsqueda de una respuesta por parte de la Universidad de los Andes.

 

   La respuesta oficial de la Universidad de los Andes, (emitida el 7 de diciembre de 2009), quedó aclarada y firmada por usted, en el siguiente escrito (el cual quedó registrado en la bitácora de la denuncia en línea): “De acuerdo a las consultas realizadas a la Universidad, el Sr. Arancibia, nos indica que usted habría suspendido su tratamiento, demandando a la Casa de Estudios. Dado que es una situación entre privados y está en manos de abogados, es una situación en la que el Ministerio de Educación no puede intervenir. Saludos cordiales. Ed. Superior”.

 

   En primer lugar, es preciso observar la falta de rigurosidad y racionalidad, y la dilación de la autoridad competente –de quienes en este caso, han estado a cargo de la denuncia-, a la hora de analizar mi caso. Puesto que la Universidad de los Andes, fue la que liquidó las atenciones médicas en el Hospital del Trabajador de Santiago, como consta en los documentos que están a disposición de cualquier persona en Internet, desde el 13 de noviembre de 2009 (ver en Google: “Refutación pública al comunicado de la Universidad de los Andes”), donde incluso están los timbres de la misma institución; en verdad, este asunto resulta evidente. En consecuencia,  han sido engañados –sin tanto esfuerzo-, por el Sr. Jaime Arancibia (Director de Estudios de la Universidad de los Andes).

 

   Como quedó de manifiesto en la prensa, después de que terceras personas provocaran el accidente, en los trabajos sociales, las autoridades a cargo (que no han sido objeto de un sumario y que todavía trabajan y estudian normalmente, en la Universidad de los Andes), a saber: el Sr. Mauricio Figueroa Diesel, (quien es Coordinador de la Oficina de Vida Universitaria), el Sr. Nicolás Massmann (profesor adjunto de rectoría) y el Sr. Pablo Joannon (sacerdote del Edificio de Humanidades), protegieron a los alumnos culpables del mismo, me dejaron contra mi voluntad durante ocho días, con hemorragias y con serias lesiones, en las condiciones que ellos imponían, con terribles maltratos y amenazas, siendo presionado con ítemes pseudorreligiosos de estricta relación con el Opus Dei, Prelatura de la Iglesia Católica de la que son miembros la mayoría de las personas que he denunciado. Fueron hechos de suyo traumáticos y degradantes. Entiendo que muchas acciones fueron ejecutadas en nombre de la voluntad de Dios y de San Josemaría Escrivá de Balaguer, y otras acciones, fueron ejecutadas para satisfacer la particular psicología y visión antropológica y ética, tanto de los alumnos como de las autoridades que participaban en los trabajos sociales. Estas experiencias me han comportado un profundo dolor, desconcierto y tristeza, sin contar una serie de otras crueldades que se llevaron a cabo en contra de mi persona, en la localidad de Coñaripe.

 

   Es preciso señalar que el Sr. Mauricio Figueroa, (quien era coordinador de los trabajos sociales), después del accidente realizó una llamada para pedir algunos de mis datos a la Sra. Pilar Contreras (que era Directora de la Oficina de Asuntos Estudiantiles, y que ahora se desempeña como Secretaria Académica del Programa de Bachillerato de la Universidad de los Andes), y ella sólo acertó a decir: “¡puta el huevón!” Esta señora no avisó a rectoría ni a mi familia. Al regresar a Santiago, me dejaron literalmente botado en el estacionamiento de la Universidad de los Andes, a mi suerte. Nadie avisó a mis padres, nadie me llevó a un centro de urgencia, y por supuesto, las autoridades citadas, nunca dieron el aviso correspondiente a rectoría.

 

   Ahora bien, posteriormente, yo llamé al Sr. Joaquín García-Huidobro (Consejero de la Universidad de los Andes, quien ahora es Director de Estudios del Instituto de Filosofía), a la rectoría de la Universidad de los Andes, y me enteré de que ni él ni el rector Orlando Poblete, ni nadie sabía de estos hechos. Estas autoridades, tras ver el error que habían cometido, al no reconocer el accidente, al notar que sus funcionarios no le habían dado aviso, y frente a mi insistencia en la búsqueda de atención médica, enviaron una carta de respaldo al Hospital del Trabajador de Santiago firmada por Alejandro Gutiérrez Gasparini (Administrador General de la Universidad de los Andes), -supuestamente para apoyarme-, pero con curiosos términos que acotaban los daños sólo a un “traumatismo en su pierna”, cuando en realidad los daños no eran sólo en mi pierna. En este hospital, me atendió un médico amigo de las autoridades de la Universidad de los Andes, fui intervenido quirúrgicamente –me colocaron titanio en mis huesos-, me inyectaron medicamentos que me provocaron daños, y en lugar de dejarme más tiempo, me despacharon al otro día de la cirugía, sin mayores explicaciones; estuve los siguientes dos meses con fiebre y vómitos. Y esto es sólo un resumen de lo que tuve que vivir. En la rectoría de la Universidad de los Andes, estaban al tanto de cada detalle, y no enviaron a nadie para ayudarme en nada. Además, paradojalmente, siempre tuve limitaciones con dicha carta de respaldo, tanto en las atenciones como con las fechas. El Sr. Joaquín García-Huidobro y el rector Orlando Poblete, no se daban por aludidos, pese a que siempre yo comunicaba mi situación, por teléfono y correo electrónico. Esto llegó al punto en que, estando con fiebre y vómitos, tuve que vivir reiteradas humillaciones, de parte del personal de Cuentas Corrientes del Hospital del Trabajador de Santiago, que insistía en que “yo debía pagar la cuenta o me demandaban”. Luego, la empresa de cobranzas GESFIN (aliada del hospital),  se encargó de amenazarme, llamando a mi casa una y otra vez, día tras día.

 

   Finalmente, en los meses de marzo y abril de 2009, fui con mis propias muletas hasta la rectoría de la Universidad de los Andes, y denuncié con detalles cada una de las cosas que habían sucedido en los trabajos sociales, y a pedir auxilio en lo referido a mi salud. Sin embargo, el rector Orlando Poblete, no hizo un sumario, y me dejó en manos de las mismas autoridades que habían estado a cargo de los trabajos sociales: el Sr. Mauricio Figueroa Diesel, (quien es Coordinador de la Oficina de Vida Universitaria); el Sr. Nicolás Massmann (profesor adjunto de rectoría) y el Sr. Pablo Joannon (sacerdote del Edificio de Humanidades), y además, permitieron la intervención de la Sra. Pilar Contreras (que en ese tiempo era Directora de Asuntos Estudiantiles). Luego, el Sr. Mauricio Figueroa Diesel, dio órdenes de cancelar la cuenta en el Hospital del Trabajador de Santiago (el 14 de abril de 2009), suspendió arbitrariamente una cirugía a la columna que iba a realizarme un especialista, y todos los tratamientos y cirugías pendientes, y yo me quedé en estado de total y absoluta indefensión.                                                                     

 

   Ahora bien,  como le narré por teléfono, este grupo de alumnos, profesores y funcionarios involucrados, al saberse seguros y protegidos por el rector Orlando Poblete, continuaron con sus fechorías durante todo el 2009 y sufrí de nuevas intimidaciones, maltratos y amenazas en reiteradas ocasiones, tanto al interior de la Universidad de los Andes (cuando fui a denunciar, en los meses de marzo y abril de 2009), como cuando estuve en cama, en mi casa. También, mi familia fue afectada por esta serie de hechos.

 

   Es importante subrayar, que nunca desaparecí, tal como afirmó el Sr. Jaime Arancibia, en la prensa. Esto se refuta, por la extensa comunicación que tuve con prestigiosos profesores de la Universidad de los Andes (en persona, por teléfono y vía correo electrónico), quienes solicitaron formalmente a rectoría un sumario,  atención médica para mi persona, y que se detuviera la violencia del grupo que me estaba intimidando.

 

   En segundo lugar, el argumento de que se trata de un asunto entre privados, resulta una afirmación insensata, porque la Universidad de los Andes ha recibido los créditos del Ministerio de Educación, y debe responder a esta autoridad no sólo por asuntos académicos o por la calidad de la educación que en ella imparte, sino que también por las personas, especialmente, si se ha atentado contra la vida y la dignidad humana de forma descarada. Claramente, le caben responsabilidades a esta Casa de Estudios, como institución educativa, y a cada uno de los involucrados tanto en el ámbito civil como penal; entre otras cosas, por estas razones hay una demanda civil que fue interpuesta por mi abogado, el Sr. Estanislao Dufey Loayza, el día 11 de noviembre de 2009 en la Corte de Apelaciones de Santiago.

 

   En tercer lugar, la explicación: “Dado que es una situación entre privados y está en manos de abogados, es una situación en la que el Ministerio de Educación no puede intervenir”, resulta absurda porque la Universidad de los Andes no es exclusivamente “una empresa privada que presta servicios de educación”, sino que se rige también por el derecho, por las garantías constitucionales, por la Ley General de Educación y por un marco ético. Además, esta respuesta es totalmente contradictoria al criterio del actual ministro de Educación, el Sr. Joaquín Lavín, que va en contra de todo tipo de abusos, -comprendiendo que la norma manifestada posee una validez suprapositiva, y cuya pretensión es proteger a las personas, sin importar en qué tipo de establecimiento de educación se encuentre, o si es un niño o un joven-”. Atiendo lo anterior, por las afirmaciones del ministro en noticias recientes, relacionadas con el bullying:

 

(…) "que se vaya rompiendo esta ley de silencio, de complicidad, en que se sabe que un niño es maltratado pero que ni sus compañeros, y lo que es más lamentable, a veces ni los profesores que sabían, lo han denunciado, sino que también se han mantenido en la complicidad y en el silencio. Cuando hay adultos involucrados, eso es mucho más grave". (…) 

Fuente: http://latercera.com/contenido/680_252416_9.shtml

 

   En definitiva, si es efectiva la promesa de ayuda, -en los términos que usted me lo ha planteado cuando llamó a mi casa el pasado miércoles-, esto es, derivar esta denuncia a las más altas autoridades del Ministerio de Educación, para que se haga una investigación rigurosa en relación a mi caso, con la posibilidad real de aplicar sanciones, entonces, adjunto los requerimientos que me ha solicitado.

 

En atención a los hechos expuestos y a la denuncia, solicito formalmente que:

 

1. se forme una comisión investigadora especial, imparcial, del Ministerio de Educación, para que se investigue mi caso. Y que la misma considere los testimonios de las partes, las pruebas, y los respectivos escritos judiciales.

 

2. el Ministerio de Educación, aplique las sanciones correspondientes a la Universidad de los Andes, y al rector Orlando Poblete y al Sr. Jaime Arancibia, por desplegar una metodología de trabajo que ha promovido la brutalidad, con la que se ha apoyado descaradamente actos desalmados, sin ningún tipo reflexión; con la que se ha atentado, en lo concreto, contra el valor de la vida humana y de la familia; con la que se reprimió a los prestigiosos profesores y alumnos de la Universidad de los Andes, que solicitaron un sumario; y por todo lo ya expuesto.

 

3. se sancione no sólo a los  responsables, sino que también a las autoridades que, conociendo mi situación, prefirieron guardar silencio y ser cómplices, me refiero al Sr. Jorge Peña Vial (decano del Instituto de Filosofía de la Universidad de los Andes), quien deliberadamente no me prestó ayuda alguna, se burló de mi situación de salud, entre otras cosas, y  apoyó al Sr. Mauricio Figueroa Diesel, al Sr. Nicolás Massmann, al sacerdote Pablo Joannon, y a los alumnos responsables, en todo. También al Sr. Joaquín García-Huidobro, por lo ya referido.

 

4. se deje en evidencia las graves consecuencias que estos hechos han significado para mi salud; las condiciones en las que me encuentro actualmente, ya que todavía tengo cirugías y tratamientos pendientes; los padecimientos físicos y psíquicos, que han implicado meses de espera sin ayuda médica especializada y definitoria, no sólo por la mercantilización imperante de la salud, sino que también porque los recursos de mi familia tienen un límite; la falta de una ayuda decente y efectiva, en el contexto de desastre que es el sistema de salud pública en Chile; y las secuelas permanentes que he debido experimentar en mi salud, a causa de esta injusticia.

 

5. se atienda mi situación humana, en el sentido de que he perdido mi carrera, mis proyectos y trabajos; a que sin razones de peso, la Universidad de los Andes haya eliminado mi beca (que cubría un porcentaje); y que mi familia está financiando mi situación médica, con todo lo que esto conlleva.

 

6. el Ministerio de Educación, le exija a la Universidad de los Andes, que dé disculpas públicas, y que incluya estas disculpas en su página web www.uandes.cl,  para no recibir más ofensas telefónicas ni correos electrónicos de alumnos que “creen ciegamente en la versión oficial de la Universidad de los Andes”, y que prometen todo tipo de represalias, arrasando incluso con la dignidad de mi familia y mis amigos que también han tenido sufrimientos mayores por esto mismo; y que se sancione a las personas que han incurrido en cyberbullying, en mi contra, escribiéndome con nombre y apellido, desde el correo Gmail-U.Andes, investigando caso a caso.

 

7. pueda tener una audiencia con el ministro Joaquín Lavín, y que él dé una muestra clara, contundente y pública, de que este tipo de denuncias en el Ministerio de Educación no son en vano, ni un mero trámite burocrático, en el que los ciudadanos están meses esperando una respuesta. Y para que esto no vuelva a ocurrir con ningún otro alumno universitario, bajo ninguna condición o circunstancia, y que, independientemente, del camino de la justicia se tomen medidas concretas para que se respete la vida, la dignidad y la integridad de las personas.

 

   En este escrito he realizado una síntesis de mi caso, en los términos que usted me lo ha solicitado, esperando entregar mayores detalles, en momento oportuno, aun cuando se trata de hechos traumáticos y deshonrosos; insisto, espero que estos esfuerzos no sean en vano.

 

   Por último, esperando que la autoridad concrete las intenciones pronunciadas, quedo a la espera de la contestación de esta carta enviada por correo electrónico, al que he adjuntado todos los documentos pertinentes. Además, haré llegar una copia impresa de ésta, con los documentos, por correo certificado, extendiendo el alcance de esta información al Sr. Joaquín Lavín Infante, Ministro de Educación, y al Sr. Sebastián Piñera Echenique, Presidente de la República de Chile.

 

 

Atte.,

Eduardo A. Hidalgo Castillo

Rut.: 15.410.99-4

 

C/C Sr. Joaquín Lavín Infante, Ministro de Educación de la República de Chile.

C/C Sr. Sebastián Piñera Echenique, Presidente de la República de Chile.