Extracto del Libro:
DIECINUEVE AÑOS DE MI VIDA CAMINANDO
EN UNA MENTIRA: OPUS DEI
Autora: Ana Azanza
Elío – Editorial “El Olivo”. Capítulos X y XI (Pág.
159 a 194)
CAPÍTULO X: MI PRIMER CENTRO DE NUMERARIAS MAYORES (I)
El
traslado al nuevo centro no fue inmediato como está previsto y es tradición
en la Obra, en cuanto se conoce el nuevo destino falta tiempo para hacer las
maletas y marcharse. Es un gesto de obediencia, de disponibilidad, y de que
las numerarias no pierden el tiempo, están siempre donde las directoras quieren,
no se permanece ni un minuto más de lo imprescindible en un centro al que
no se pertenece. Esto es lo que se enseña en la teoría, lo cuento porque es
uno de los detalles importantes para explicar mi salida (ver capítulo 19).
No obstante faltaba un sitio en mi nueva casa porque otra numeraria, Pili
Soto, sevillana, tenía que trasladarse a su vez
y su centro de destino estaba en obras. De forma que pasé unos días durmiendo
en Goimendi pero ya consciente de que aquella no
era mi casa. Estas situaciones son un poco incómodas porque ves a todas centradas
en una labor que ya no es la tuya, ya he explicado que en ningún momento estuve
demasiado integrada, en la situación de "residente provisional"
las cosas se agravan.
Al
fin un domingo por la tarde llegué a vivir a Torretexea.
Me recibió la directora Jayone Auzmendi, guipuzcoana del
valle de Goierri que llevaba toda su vida prácticamente
en Pamplona. Enfermera de profesión, había trabajado en la administración
de la clínica universitaria al principio. En aquellos momentos dirigía un
almacén de alimentos, menaje y productos para la casa llamado gestoría que
es otro invento del Opus Dei
para abaratar los precios de todos esos productos. El nombre comercial era
Decomsa. En ese almacén trabajaban varias numerarias, agregadas
y alguna supernumeraria. Ellas compran directamente a las fábricas y luego
venden a los centros. En las grandes delegaciones de España hay un almacén
similar. El de Pamplona dado el volumen de centros en la ciudad y alrededores
es bastante importante. Incluso extendieron la zona de reparto a los centros
de Zaragoza, ciudad que dentro del Opus Dei es otra delegación.
Jayone me dijo en tono de broma que había tardado en llegar, se veía que
no tenía muchas ganas del cambio. No era ese ni mucho menos mi estado de ánimo.
Aunque parezca increíble no me había planteado que iba a estar mal en un sitio
con numerarias mayores. Era un encargo que la Obra me pedía y yo me limitaba
a cumplirlo, sabiendo que "siempre somos provisionales". [Esto
de que los encargos que a uno le dan son provisionales tiene también su miga
porque está claro que unos son más provisionales que otros, no todos los numerarios
tienen el mismo grado de provisionalidad como ya he dicho en alguna otra ocasión,
hay gente que permanece décadas en puestos de bastante responsabilidad. Y
otras que a lo sumo duran un año, dos o tres.]
Torretxea era, y es, un centro de san Gabriel con agregadas. Esto significa
que había tres centros en la misma casa representados por tres equipos de
dirección, llamados consejo local: el de las numerarias, otro de agregadas
y otro de supernumerarias. En cada consejo local hay el menos tres personas:
directora, subdirectora y secretaria. Yo formaba parte de dos consejos locales:
el de numerarias y el de agregadas. Era la secretaria, es decir, la persona
que se ocupa de la administración del dinero en esos dos centros. Esperanza
Redondo era la subdirectora del centro de numerarias y directora de agregadas
y de supernumerarias, ese era su trabajo profesional. En realidad, Esperanza,
licenciada en pedagogía, ha pasado toda su vida en trabajos internos. Estuvo
en la delegación de Pamplona y anteriormente en centros de Madrid. A mis ojos
era una numeraria con experiencia en temas de gobierno y formación en el Opus Dei, en general me daba la
sensación de entenderme mejor con ella que con Jayone.
Elisabet Reinhart era la subdirectora en el consejo
local de agregadas. Elisabet alemana de nacionalidad,
doctora en teología, había pitado en Pamplona en los años sesenta y por el
motivo que fuera, nunca se lo pregunté, se había quedado en esta ciudad. La
conocía porque vivía en el club Isaba cuando yo
pité. En 1990 trabajaba por las mañanas en la delegación y por las tardes
se dedicaba a las agregadas. Más tarde dejó la delegación y encontró un hueco
como profesora de alemán en el instituto de idiomas de la universidad de Navarra
y otro en la facultad de teología. En verdad no encontró el hueco, se lo hicieron,
es decir, si le interesa al Opus Dei hay hueco siempre. Pasa exactamente lo mismo que con el
dinero.
Elisabet, Esperanza y yo compartíamos una afición que era de las pocas cosas
normales en aquella casa: nos gustaba la montaña y hacíamos frecuentes salidas
los fines de semana. Mila Fernández era otra numeraria
licenciada en filosofía y teología que trabajaba en la delegación además de
estar en el consejo local de supernumerarias. Teresa García era secretaria
y trabajaba en el colegio mayor Goroabe. Nissa de Villa era cirujano y había llegado de Filipinas para
formarse en la Clínica universitaria. Mari Tere
Echeverría era una de las primeras numerarias, no recuerdo si tenía algún
trabajo en una administración, Maria Luisa Moreno de Vega es una de las que
había pitado en los primeros tiempos del Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, una entidad muy ligada al Opus en sus
comienzos [Ver la abundante bibliografía sobre el CSlC
y los miembros del Opus Dei
que trabajaban allí desde su fundación después de la guerra civil, lo dicen
Carmen Tapia
y Estruch],
es una persona mayor y enferma como hay tantas dentro la Obra. En aquellos
momentos trabajaba en la delegación los días que se encontraba bien, pero
muchos, se quedaba en casa aquejada de sus dolencias. Mari Carmen Villar trabajaba
como administradora en el centro de la delegación de los hombres en Pamplona,
Natalia López Moratalla era vicerrectora de la Universidad de Navarra, Piedita Tabernero trabajaba en la administración de Goimendi. Tengo que decir que aunque yo era la secretaria
del consejo local del centro jamás se me explicó ni lo pregunté que le pasaba
a Piedita. Era notable su comportamiento extraño,
y la cantidad de medicinas que tomaba, que por cierto no las guardaba en su
habitación, sino que cada noche después de cenar se le daba la dosis exacta.
Sin
comerlo ni beberlo me acababan de catapultar a un centro donde podía tocar
y ver cada día los resultados del régimen de vida en las numerarias. Me duele
tener que decir estas cosas, yo quise y quiero a todas esas personas. Las
directoras de Pamplona de entonces saben que yo me desvivía por las mayores
y enfermas, hacía falta mucha paciencia para soportar en la vida de familia,
en las tertulias del mediodía y de la noche a aquellas personas que no estaban
en su pleno juicio y que sin embargo se les daba toda la cancha. Al principio
a mí aquello me divertía pero con el tiempo me di cuenta de que no tiene nada
de divertido que se estén repitiendo las mismas tonterías día tras día en
una tertulia formada en su mayor parte por mujeres hechas y derechas.
Maria
Luisa hablaba muchísimo, a veces decía auténticas incongruencias, muchas eran
fruto de que era una persona mayor, pero las personas mayores de su edad que
podías ver por la calle no estaban como ella estancadas mentalmente en otra
época. Era una persona inteligente, que hablaba varios idiomas, que había
vivido en Roma junto al Fundador, ignoro los avatares de su vida pero estaba
tocada. Una de las manifestaciones era la atención constante que requería
de la directora, siempre estaba detrás de ella, llamándola, cuando se ponía
mala todavía era más insistente. Era como si Jayone
fuera su apoyo, como si ella hubiera perdido la personalidad, una personalidad
suplantada por el sistema Opus Dei
que se proyectaba en los directores. Maria Luisa era un ejemplo viviente de
lo que sucede con las numerarias, la renuncia a la propia autonomía y en su
lugar la directora acaba siéndolo todo.
No
había forma de tener una conversación normal en aquella casa. Todo inicio
de algo era interrumpido por cualquiera de las enfermas. Era desesperante.
Me costó varios días caer en la cuenta de que había una numeraria llamada
Teresa en el centro, no aparecía en la mesa y cuando aparecía no abría la
boca. Teresa era bastante más joven, no llegaría a los cuarenta. Cuando me
vio aparecer a mí como secretaria cogió unos celos terribles de manera que
ni salía de la habitación, estaba en la cama todo el día. Era otra persona
muy apegada a Jayone. Incluso en un momento nos
dijeron en la delegación que la cambiaban de centro. No hubo manera, no quiso
y se quedó donde estaba.
Ahora
mismo me parece increíble que yo haya presenciado tantas cosas extrañas y
no haya pedido una explicación. Si lo hubiera hecho quizás me habría marchado
de la Obra en ese momento [Pienso que hubiera sido una manera de ir tirando
del hilo para sacar el ovillo, pero entonces el Opus
Dei era indiscutible en mi mente]. Estaba tan
"enamorada" de mi vocación, del camino, de que mi vida era maravillosa
con la oportunidad de ayudar a tanta gente, de trabajar, de difundir ese mensaje
de la santificación en medio del mundo, que el ideal me impedía ver lo que
tenía delante de las narices: las numerarias enfermas producto de un sistema
que reprime al máximo los mejores sentimientos de las personas. No podía verlo.
Mi
relación con Jayone era una fuente de sufrimiento
constante que sobrellevé como mejor pude. Tampoco me explico como pude aguantar
aquello. Jayone era una mujer distante, que daba
unos cortes increíbles cuando algo no le gustaba, bastante bruta, se quedaba
callada en la mesa y todas nos quedábamos calladas con ella. Si se intentaba
abrir conversación, su pasividad, su mirada de desinterés te hacían comprender
que mejor que te callaras. Era un espanto. Por supuesto que había algunas
con las que se llevaba mejor que conmigo, por edad era normal, yo nunca se
lo reproché pero a veces pensaba que lo lógico hubiera sido que Natalia estuviera
en el consejo local y no yo. Siendo del mismo consejo local podíamos estar
días sin hablarnos, por mi parte era el corte que me daba, que siempre
me parecía que estaba enfadada. No era nada fácil. Así que la trataba lo imprescindible,
es decir, cuando hacía la charla, los sábados por la mañana, momento que yo
esperaba con auténtico terror y en las reuniones del consejo local que solían
ser una o dos por semana.
Lo
mejor de todo es que al hacer la charla con ella le tenía que contar mis dificultades
para tratarla a ella, y lo hacía. Así que la solución estaba servida, como
tantas cosas en la Obra, no tenía salida. Me podría haber puesto pesada en
la delegación y pedir un cambio de charla pero sinceramente era una numeraria
tan dócil y bien criada que esta idea ni se me pasó por la cabeza. Creo que
en los tres años que viví en aquel centro fui otras tantas veces a exponer
mi situación, mis dificultades con la directora. De las tres veces sólo recuerdo
una de las cosas que me dijeron: "A Jayone
se le hace poca corrección fratema". Puedo asegurarlo, el último año era yo la subdirectora
y no recuerdo que me consultaran muchas correcciones para ella.
Otro
asunto que me escamó bastante, al sacerdote del centro se lo decía una y otra
vez, fue que siendo la secretaria y luego la subdirectora no se me confiaran
las charlas fraternas de las numerarias. Sólo de manera ocasional llevé alguna,
pero desde el momento en que me destinaron a ese centro me dijeron que no
llevaría charlas fraternas de las mayores. Al principio me conformé porque
en los dos primeros años tenía mucho quehacer, además pensaba que yo no estaba
preparada, que las mayores eran mucho mejores que yo. Pero luego conforme
pasaba el tiempo y tenía oportunidad de ver como funcionaban los consejos
locales me costaba bastante más, sobre todo porque llegó otra joven al consejo
local y a ella sí le dieron charlas para llevar. Al cura del centro, la única
persona a la que se me ocurría que podía recurrir, lo tenía frito con este
tema.
En
realidad ahora sé que en la Obra siempre han hecho lo mismo conmigo porque
lo hacen con todo el mundo: "nos quedamos con lo que nos interesa de
ti, lo que no nos interesa, lo arrinconamos". Pero esto no es cristiano
ni humano, porque lo normal es aceptar a la gente no sólo porque es útil para
tal o cual tarea. Lo cierto es que el pragmatismo del Opus
con las numerarias es terrible. Como secretaria tenía bastante trabajo. Todas
las numerarias entregan su sueldo íntegro en la caja del centro a principio
de mes, de ahí piden el dinero que necesitan para sus gastos ordinarios (higiene
personal, autobús y poco más), y para gastos extraordinarios (medicinas, médicos,
ropa...) Cada vez que se hace un movimiento de caja se apunta en un libro
de cuentas, y las cuentas tienen que cuadrar a final de mes. En aquel libro
que yo llevaba iban anotados también los gastos de la casa, de arreglos que
se hubieran hecho, el pago a las empleadas y los gastos de la administración.
Como la administradora Menchu Ramos vivía con nosotras su sueldo iba y venía en un
periquete: en un asiento salía el sueldo de Menchu,
como que se lo daba, y en la siguiente línea el mismo sueldo entraba a la
caja, pues era una numeraria más que entregaba sus ingresos a la Obra.
Había
un horario de caja a la semana, dos veces quizás una hora antes de la cena
abría mi caja, y esperaba a que llegaran las numerarias a pedir dinero o a
entregarlo. Si era algo extraordinario, ropa, un libro, zapatos, la peluquería,
un viaje para ver a la familia, previamente lo habían consultado y la directora
le había dado su visto bueno. En esos casos se da una cantidad a justificar.
Realizado el gasto hay que dar cuenta, de lo que costó cada cosa y devolver
lo que sobró: ¡no vaya a ser que la numeraria se escape con el dinero que
le sobre de comprarse algo! Del dinero que se da a justificar se suele "sacar"
algo para "ordinarios". El control del dinero es exhaustivo, hasta
el último céntimo que te gastas siendo numeraria está anotado
y ha sido previamente aprobado. Desde primera hora se enseña a numerarias
y agregadas a hacer la "cuenta de gastos", en una pequeña hoja se
van anotando el destino del dinero que se pide para gastos ordinarios. En
mis últimos años como numeraria, se presupuestaba 5.000 pts.
de gastos ordinarios mensuales por persona. Una vez
que ese dinero se pedía a la secretaria y se iba gastando en autobús, objetos
de higiene personal, un café, las agregadas en tabaco, no las numerarias que
no fuman, había que ir anotando cada cosa y hacer las cuentas. A final de
mes se anotaba cuanto dinero debía quedar y se veía la diferencia con la cantidad
que te quedaba en el monedero, hasta el posible error se ponía en la cuenta
de gastos. Esa hoja se entregaba a la persona con la que se hace la charla
o a la directora del centro, que de este modo vigilaba para que no gastaras
en unas medias excesivamente caras o no se te fuera la mano comprando cualquier
capricho. Eran cuestiones de gobierno y de dirección espiritual, la cuenta
de gastos había que entregarla en los primeros días del mes. Hasta que aprendí
a hacerla bien me dieron mucho la lata en el centro de estudios con la cuenta
de gastos. Por eso cuando ves que no tienes nunca un duro para nada, te sienta
mal que se eche en cara a la Obra su falta de pobreza, porque en verdad tú
no tienes tu sueldo, lo das todo. Hoy en día sin dinero no hay libertad ninguna
en la vida, así que las numerarias están totalmente vendidas a la institución,
a no ser que se produzca una hecatombe [como se puede comprobar hay bastantes
hecatombes en el Opus Dei,
aunque ellos se dedican a escribir la historia a su manera].
Al
principio me hacía un lío con las cuentas, no era nada práctica. Jayone
sabía de dinero y le pedí ayuda después de muchas dudas, me dio una mala contestación,
diciéndome que ella no era la secretaria, no tenía dote para enseñar. En la
delegación, Charo Alvarez
-la antigua directora de Goimendi que había ascendido
a ser "vocal de san Gabriel" me dijo de Jayone
que tenía una cabeza de empresaria, no sé que es lo que entendía Charo por empresaria, porque para enseñar no valía, y no me
parece propio de un empresario no saber enseñar a sus colaboradores inexpertos.
Una tarea inolvidable de mi primer año como secretaria fue el presupuesto
del centro que se manda a la delegación para que lo aprueben. No sabía por
donde me daba el aire, y al final tuve que recurrir a Jayone,
superando su mala gana, cuando realmente para ella era facilísimo porque llevaba
toda su vida en el Opus Dei
gestionando dinero, ya fuera en consejos locales ya en su empleo como gerente
de Decomsa.
Si
las numerarias daban trabajo con los movimientos de caja las agregadas lo
dan de manera desbordante. Sobre todo cuando llegan los primeros días de mes
y vienen todas con su sueldo íntegro. Cada agregada recibe al mes una pensión
aprobada por la delegación, es una cantidad fija con la que tiene que hacer
la compra, pagar los gastos de la casa (agua, luz, teléfono). En ese campo
hay muchas variaciones según el sueldo que entrega, el tipo de casa en que
vive, si la comparte con otras personas la agregada sale más barata que si
vive sola. En Torretxea había casi treinta agregadas.
Muchas eran administradoras en los centros que se habían creado en Pamplona
para acoger a curas del mundo entero enviados por sus obispos a la universidad
de Navarra. La problemática de esas administraciones en aquellos momentos
daría ella sola para un volumen. Otras trabajaban en la clínica o en la universidad
como secretarias, un buen grupo eran empleadas de Decomsa. Y había alguna que iba por libre, y se dedicaba a
llevar pisos de estudiantes, que alquilaba y atendía ella misma.
Sin
duda las agregadas están un poco más cerca de ser "gente corriente"
que las numerarias, al no vivir en un centro tienen menos necesidades cubiertas
y piden dinero con más frecuencia. Por ejemplo, recuerdo que una diferencia
entre agregadas y numerarias además de todas las que he dicho ya, es que muchas
agregadas tenían su coche y pedían para gasolina, o para algún arreglo del
mismo. Las numerarias en aquel centro disponíamos de un vehículo, el de Natalia,
que en realidad sólo lo usaba ella pues era la única que lo necesitaba. Alguna
vez lo utilizábamos para nuestras excursiones al monte pero siempre nos apañábamos
con cualquier otro coche.
Las
sesiones de caja con las agregadas los días de entrega de sueldo podían durar
dos horas. Luego venía la tarea de pasar al libro los vales que me habían
firmado. Porque había vales de entrada y vales de salida donde echaban su
rúbrica respectiva, y todo eso hay que llevarlo bien al día y hacer el correspondiente
arqueo para comprobar que coincide lo del libro con el dinero que hay en la
caja. De los centros de agregadas se manda mucho dinero a la delegación, pues
ellas gastan sólo lo estricto necesario, el resto se queda en la caja. La
secretaria prevé las necesidades que puede haber ese mes, y el resto se va
a la delegación que es quien sabría decir que hace con el dinero porque yo
no lo sé aunque me lo imagino.
Para
empezar hay que sostener una burocracia inmensa, todas las personas que son
directoras u oficiales (que ayudan a las directoras), hay que mantenerlas
íntegramente con el dinero de las "trabajadoras", las casas de la
Obra, tantos centros donde viven las numerarias y van "a recibir formación"
agregadas y supernumerarias. Además de las delegaciones en los centros ya
he dicho que muchas numerarias no entregan ni un céntimo porque trabajan "en
casa". Concretamente aquel año la única que traía un sueldo en condiciones
a caja era Natalia, era la vicerrectora de la Universidad de Navarra. Los
demás eran sueldos bastantes bajos, por ejemplo Jayone
como gerente de Decomsa no ganaba gran cosa, Mari Carmen que era administradora
tampoco, yo era estudiante y aportaba mi beca, Nissa estaba en las mismas condiciones. Así que mientras a
veces hacía falta pedir dinero a la delegación para las numerarias (aunque se procuraba no tener que hacerla ¡vaya
falta de pobreza pedir dinero a la delegación para sus propias numerarias!),
el centro de agregadas era una mina para la misma delegación. Yo preparaba
mis sobres con miles de pesetas cada mes, y pronto, en los primeros cinco
días, para que enseguida llegaran a su destino.
El
consejo local de agregadas funcionaba bastante bien a mi entender. Elisabet
era muy trabajadora y ordenada como buena alemana. Esperanza tenía prestigio
como directora, las relaciones públicas se le daban bien, entre ellas dos
visitaban con frecuencia a los padres de las agregadas
enfermos o mayores. Alguna vez me corrigieron porque yo no lo hacía. Por mi
parte me sentaba en las reuniones del consejo local al principio como si aquello
fuese algo sagrado, dirigir a otras personas de la Obra me daba un poco de
susto. Miraba pero no decía nada porque pensaba que no tenía nada que decir.
Los problemas de las agregadas muchas veces, más que con las numerarias, eran
problemas económicos. El Opus busca sacar la mayor
tajada posible del dinero de las agregadas, por eso se plantean unas luchas
para que la gente no gaste que realmente son absurdas. Sin dar nombres, recuerdo
que el primer caso que tratábamos una y otra vez en el consejo local en aquel
otoño de 1990 era el de una agregada que estaba a punto de jubilarse después
de haber trabajado toda su vida en Pamplona en un colegio mayor. Ganaba una
miseria, y para su retiro la mujer quería comprarse un piso en su pueblo.
Fue un tira y afloja en el que la agregada medio engañando se salió con la
suya y se compró su piso, puso a un sobrino por medio para que le hiciera
la gestión. Nosotras le pedíamos las cuentas, el presupuesto de lo que le
iba a costar la compra y la conclusión oficial es que no llegaba para que
se lo gastara en una casa. Algo similar pasó con el coche que se quería comprar
otra agregada, ella lo justificaba porque así podía ir al pueblo a ver a sus
padres, y tuvimos en el consejo local la pelea de si coche o no para ella.
Un día esta agregada me confesó que le costaba estar en la parada del autobús
mientras llovía y ver como a otras venían a buscarlas
en coche. Deduje que a esta le costaba todo, el coche que tenían las demás
y otras cosas.
Más
adelante también tuvimos otro lío con una agregada que se empeñó en comprarse
el piso, la delegación no daba el visto bueno. Me hicieron ir a mí a la caja
de ahorros a preguntar por el préstamo hipotecario de esa persona. Son situaciones
estrambóticas, estudiante y sin intención de comprar casa en los días de mi
vida, pues tenía el tema de la vivienda resuelto, haciendo una gestión por
otra, empleada en una administración que me doblaba la edad. Y se supone que
las dos éramos gente de la calle, "personas corrientes". La gestión
la hice en una oficina de la caja de ahorros municipal de Pamplona donde estaba
el padre de una compañera de colegio que creo se quedó asombrado de mi planteamiento.
Ahora
me cuesta entender como aceptan los padres de las agregadas la situación de
sus hijas. La ventaja que tienen es que su hija agregada está con ellos y
los cuida en su propia casa, pero el tema económico, ver que la hija está
dándolo todo al Opus, y que incluso lo que ellos
le dejen irá a parar al mismo saco, debe ser bastante duro. Por parte de las
agregadas su situación aunque digan que es más libre que las numerarias por
no vivir en un centro, tiene la desventaja de que están con un pie en la vida
de la calle y con el otro en la del centro. Me parece una situación que acaba
por dislocar a la persona, y creo que es lo que suele ocurrir.
Hay
muchos piques entre "numerarias" y "agregadas". Por ejemplo,
en algunos centros se delimita mucho hasta donde pueden pasar las agregadas,
en los centros de jóvenes las fronteras están más difuminadas pero en los
de mayores, sobre todo habiendo enfermas como las había en aquella casa, hay
que tener mucho cuidado con las que se atreven a traspasar los umbrales de
lo que se considera la zona de las numerarias. En ese sentido las tres del
consejo local de agregadas las defendíamos mucho frente a las demás, que medio
broma medio en serio en las conversaciones hacían sentir ese sentimiento de
distancia respecto a ellas.
En
Torretexea había dos plantas, el primer piso con
el oratorio, cuarto de estar, salitas y despachos se suponía suficiente para
que las agregadas estuvieran acogidas y tuvieran sus medios de formación.
En el segundo estaban las habitaciones, cuarto de estar de numerarias y la
administración. Los dos pisos estaban unidos por una escalera interior que
era la "frontera". Yo notaba la reticencia de algunas agregadas
a subir la escalera por no molestar y al ser joven me costaba entender que
su presencia estorbara a alguien, siempre he considerado a todo el mundo por
igual, esto es algo que me ha hecho muy atípica dentro del Opus,
porque no me enteraba, o más bien, pasaba de las jerarquías. Una actitud incomprensible
dentro de una institución esencialmente piramidal. Así que muy de vez en cuando
las agregadas "osaban" subir al segundo piso, por ejemplo si teníamos
que lavar las copas de champán después de una celebración.
A
veces las agregadas dan bastantes muestras de la sensatez que falta en las
numerarias. Al estar más en la calle se dan cuenta de muchos defectos de la
Obra. En una ocasión recuerdo que se planteó entre algunas agregadas una de
estas cuestiones. Debió de surgir en alguna merienda dominical que hicieron
en casa de una de ellas. Recuerdo que una era celadora, Sagrario Villanueva,
cuyo trabajo era dirigir el servicio de limpieza de la universidad. [Ser
celadora es un encargo de responsabilidad que se les da a algunas, son un
control más sobre las personas, aunque en la Obra se hace ver que son como
unas hermanas mayores más cercanas, que te ayudan en lo material; te acompañan
al médico, de compras... y en lo espiritual, pueden recibir las charlas fraternas
de otras agregadas por encargo del consejo local, y se supone que velan por
el espíritu apostólico de todas. Son como una correa de transmisión entre
el consejo local y las agregadas, Incluso a algunas agregadas se las llega
a nombrar secretarias de un consejo local de agregadas o de supernumerarias,
lo cual ya es el "top level"]. A través de ella nos llegó al consejo local
el "cotilleo" de que habían discutido a propósito de que en la Obra
la amistad se reduce al apostolado, es decir, que se instrumentaliza la amistad.
Decidimos que yo impartiría un círculo para" aclarar ideas” a las agregadas.
[El Opus nunca me ha agradecido, ni quiero porque
bastante me engañaban, la amplia labor de "aclaradora" que he hecho
a partir de esa época con sus huestes. Al ser filósofa de formación el defecto
del que se servían en mí es que las "teorías" se me dan muy bien,
las teorías en el mal sentido, es decir, los "rollazos" del Opus
para justificar lo injustificable]. Así que expuse algo que siempre tuve
muy claro: que llevar a Dios a las personas es la mayor señal de amistad que
se puede tener por alguien. Sigo pensando lo mismo. Sólo discrepo en una cosa:
que el Opus lleve a Dios a nadie, porque ellos son los primeros que,
aún teniendo la palabra Dios constantemente en los labios, lo ignoran casi
todo. No les interesa el tema de la religión [a este respecto quiero comentar
el famoso punto 115 de Camino: "Minutos de silencio. Dejadlos para los
que tienen el corazón seco. Los católicos, hijos de Dios, hablamos con el
Padre nuestro que está en los cielos" (de la 47 edición castellana, 1988).
En su primera versión, este punto especificaba quienes eran los del corazón
seco masones, protestantes... Es curioso que todo un fundador no cayera en
la cuenta de que corazones secos los hay en todas las religiones e "irreligiones"
de la humanidad, también entre los católicos que nos sabemos hijos de Dios,
el Opus mismo que impide las amistades sinceras
son un buen ejemplo. Son dos cosas diferentes, la sequedad del corazón y el
no ser católico que no están forzosamente en proporción directa la una con
la otra], lo han sustituido por el del "catolicismo” [Me refiero
a la práctica casi incesante de normas de piedad, olvidando la caridad entre
las personas, no se practica ni siquiera entre los miembros de la Obra. Además
del retorcimiento mental al que obligan a la gente, marean y siembran la confusión
en las mentes. La gente que no es del Opus Dei lo percibe en las personas
que salen del Opus, los que se quedan dentro están
igual] y es un defecto del que cuesta desprenderse. Lo afirmo así de rotundo
porque Dios es la Verdad y ellos la ocultan, y la religión es la relación
de cada ser humano con esa Verdad suprema que tiene muchos caminos, más y
mejores que la Obra. Sin embargo, como numeraria estaba convencida de que
mi camino era único y especial y mi relación con Dios mejor que la que podía
tener cualquier otro ser humano. Pero todo era una gran falsedad. Es uno de
los engaños más graves en los que he caído siendo numeraria.
En
el Opus Dei el año está plagado de fiestas. Las más sonadas son las
del Señor (Navidad, Resurrección, Ascensión, el Corpus) y las de Casa (2 de
octubre, fundación, 14 de febrero, fundación de la sección de mujeres, 19
de marzo San José, renovación de los compromisos, 17 de mayo, beatificación
del fundador, 26 de junio, san Josemaría, diferentes
aprobaciones jurídicas entre las que destaca 28 de noviembre, Prelatura Personal).
Para las numerarias la fiesta se nota desde por la mañana con una meditación
predicada por el sacerdote, la Misa con ornamentos y manteles de fiesta. A
esos actos asistíamos todas con nuestro mejor traje. Más notas de una fiesta
son las comidas especiales de ese día, con aperitivos, postres, bebidas entre
las que no falta el cava en los días más especiales, y al final de la tarde
Exposición y Bendición Solemne con el Santísimo a la que asisten también las
agregadas. Para las agregadas la fiesta está un poco más reducida, porque
consiste tan sólo en una tertulia en la que se brinda y se toman algunos pastelillos,
meditación y la citada Exposición con el Santísimo.
Como
secretaria debía pagar las cuentas de la farmacia que en aquella casa no estaban
nada mal. Este detalle también es de los que no se explican en" gente
corriente". Había tantas medicinas para las enfermas oficiales, ya he
dicho quienes eran y las "no oficiales", que se hacía un pedido
por teléfono a la farmacia Sánchez Ostiz cuyos propietarios eran supernumerarios. Nos traían
el pedido a casa. Si no recuerdo mal, repartían por varios centros de Pamplona.
La industria farmacéutica no debe de tener queja con el Opus
Dei porque sus centros de numerarios son unos magníficos
clientes. Se compraban muchos antidepresivos, pastillas para dormir para las
más jóvenes. [El Lexatin es un remedio para que
la gente no tenga ni tiempo de pensar por la noche. Las directoras son muy
amigas de recetar este medicamento para dominar a las personas y crear adicción,
por no hablar de los efectos secundarios. Si en la vida hay dificultades lo
suyo es pensar y resolver los problemas, no dormir más de la cuenta para olvidar].
Alguna vez la gente se compraba su pastilla y luego pedía que se le diera
el dinero pues lo había cogido de sus pocas pesetas de "gastos ordinarios".
Muchas veces fui a pagar a final de mes la cuenta a la farmacia de Sánchez
Ostiz, al lado del Ayuntamiento de Pamplona. Tampoco
estaba nada mal las facturas que llegaban de la clínica universitaria, varias
del servicio de psiquiatría. Me daba exactamente igual el tipo de médico al
que fueran las numerarias. Recuerdo que una vez, una de las numerarias "sanas
en apariencia" pero que empezaba a dar señales de no estarlo me comentó
en la escalera: "¿Has recibido una factura de la clínica a mi nombre?",
le contesté afirmativamente, "¿de qué médico era?" Se lo dije, era
de psiquiatría, y se sonrió como si aquello tuviera importancia. Para mi entonces
no la tenía, hoy la tiene porque sé que tanta necesidad de psiquiatra en gente
a partir de 35 ó 40 es resultado de la vida que se lleva en la Obra. Hago
notar que las facturas no iba cada una a pagárselas, como también hace la
gente corriente, sino que iba yo, la secretaria del centro y pagaba si era
el caso varias al mismo tiempo.
En
cuanto al control del gasto de numerarias y agregadas, no era suficiente con
todo lo que ya he descrito. A final de mes la secretaria tiene que confeccionar
un resumen económico que lleva dos columnas, una con lo previsto y aprobado
por la delegación y otra con el gasto que realmente se ha hecho hasta la fecha.
También la administradora envía su resumen, donde aparece la media de cocina,
es decir lo que se gasta al día la administradora en alimentar a una numeraria.
Para ello se calcula el número de comensales del mes. Todos los gastos relacionados
con la comida se dividen entre ese número de comensales. La media de cocina
está aprobada en la delegación para cada centro. En los centros de mayores
es un poco más alta que en los de jóvenes.
Otro
trabajo era confeccionar el E 37 de cada persona. E 37 es la nomenclatura
interna para designar la hoja de cada numeraria y de cada agregada donde figuran
sus ingresos y sus gastos mensuales. Al final de año se hace la suma y la
diferencia entre ingresos y gastos totales, y se manda a la delegación, así
que el consejo local y las directoras están bien al corriente de si cada persona
sale adelante ella y además ayuda a "las labores apostólicas", o
es deficitaria. Los E 37 tienen que estar al día, sobre todo en el consejo
local de agregadas era donde se miraban con más frecuencia porque está claro
que de ahí sale dinero para las "labores apostólicas". Había una
agregada que gastaba bastante en ropa interior, creo que la mujer estaba un
poco tocada, pero como lo están todas las que siguen mucho tiempo con el encorsetamiento
de vida que es el Opus Dei. Ni ella nos dejaba vivir
ni nosotras a ella haciéndole ver que gastaba en exceso. Cuando pienso la
casa donde ella vivía digna pero comparada con el centro de las numerarias,
mi centro, era un dedal, el mísero sueldo entregándolo a la Obra y gastando
en tonterías, realmente esa persona seguía en el tren del Opus
porque no era dueña de sus actos, si no lo hubiera dejado. Esperanza decía
de ella que estaba "mal del tanque", pero ¿quién no lo está viviendo
las cosas que se viven en la Obra? para resistir o te conviertes en una cínica,
en un témpano, como lo son todas las directoras, o caes depresiva y que hagan
contigo lo que quieran.
Otra
a la que sobre todo Jayone machacaba con el tema económico era Nissa de Villa, la numeraria filipina. La mujer había conseguido
una "madrina" que le mandaba dinero desde su país para pagarse la
estancia en España. Al parecer quizá la asignación era un poco escasa, recuerdo
a Jayone diciendo de ella, que "la gente que
no paga está en la cárcel". Esperanza llevaba su charla fraterna en aquel
tiempo, y espero que no fuera así de bruta con ella aunque le hablara del
tema, lo único que se me ocurre pensar es que Jayone
era una envidiosa. Nissa estaba haciendo una formación
de cirugía bastante extraordinaria, en el equipo del doctor Cienfuegos, que
realizaba en aquellos años los primeros trasplantes de hígado en España. Jayone, una mujer inteligente, pero que por exigencias del
guión y comodidad, se había quedado en gerente de Decomsa,
lo llevaba mal. Realmente, ya se sabe que cuando alguien viene de un país
como Filipinas no es con muchos millones en el bolsillo y creo que no había
derecho a semejante comentario. [En otro contexto escuché a la procuradora
(encargada de la economía) de la delegación de Pamplona, Sisi
Bernal, decírselo a las supernumerarias, animándolas a que fueran generosas,
que en la universidad había mucha gente de otros países formándose, lo que
costaba dinero]. Nissa estaba la mayor parte
del tiempo en la clínica y tanto mejor para ella. Cuando no, se encerraba
con sus cerdos en el Centro de investigación farmacológica (CIFA) para hacer
la tesis sobre la diabetes. Era el espécimen más normal de persona que había
en aquella casa, ya que como numeraria no era lo normal, porque una numeraria
que casi no convive con las demás, que un día coge el avión a Berlín para
ir en busca de un hígado para un trasplante y al otro se va a un congreso
de cirugía en Budapest, no es una numeraria corriente. Pero al estar en un
trabajo tan apasionante se libraba del ambiente sofocante de aquella "vida
de familia". Por eso a veces cuando llegaba tarde por la noche la acompañaba
a cenar y escuchaba sus avatares con los trasplantes y con los viajes. Nissa
me enseñó a hacer aerobic con una cinta de Jane
Fonda que todavía conservo.
Había
cosas extrañas en aquel centro, he hablado de las tertulias insustanciales.
Blanca, fue una numeraria joven profesora de económicas, que llegó el último
año de mi estancia allí. Venía de Goroabe y también quiso darle un giro al ambiente, fue imposible
por más que lo intentamos. No se comprende como podía asistir al espectáculo
Natalia López, catedrático de bioquímica, con una veta humanista, autora de
artículos científicos, una intelectual en suma reducida en su vida privada
a aquellas tertulias sin pies ni cabeza, donde la que no estaba loca se volvía
loca sólo por aguantarlas. Recuerdo que Natalia y Mila
se solían apañar para hacer planes de descanso juntas, a parte de las demás.
Mila se llamaba a sí misma "chivo expiatorio", porque
decía que nos metíamos con ella, allí cualquiera que estuviera en su sano
juicio era "chivo expiatorio". Elisabet
era la que más mostraba su desacuerdo en público con las tonterías de las
enfermas, no podía soportarlo.
Había
dos grupos de "escapatoria" Mila, Natalia,
Mari Carmen, Jayone a veces se unía a ellas, eran de las que solucionaban
todo a base de cine, lo del cine en los centros de numerarias es otra historia.
Alquilaban una película de vídeo, película de la que se hablaba cinco días
antes y cinco después y con eso intentaban sobrevivir emocionalmente. El otro
grupo era el del monte: Esperanza, Elisabet y yo,
y siempre alguna agregada se nos unía, o nos uníamos a alguna agregada si
no había numerarias que quisieran salir de excursión. A Jayone
le sentaba mal que habláramos del monte, una vez me dijo que Esperanza hablaba
en exceso del tema. No me puse a medir el tiempo de duración de las conversaciones
en las tertulias, pero las chaladuras se llevaban la palma. Todo esto muestra
el gran amor y comprensión que nos teníamos unas a otras: nulo.
Y
el remate de esta situación de centro lleno de personas que se aguantan unas
a otras con toda la educación que pueden, eran las pretensiones "oficiales"
de la delegación con respecto a nuestros objetivos como casa de numerarias.
Digo "oficiales" porque supongo que no podía ir muy en serio cuando
nos decían que las numerarias teníamos que hacer apostolado. ¿Qué apostolado
va a hacer gente acostumbrada a vivir entre las cuatro paredes del centro
y que está prácticamente enferma por el régimen del Opus
Dei? No puedo olvidar un despacho que tuvimos el consejo local
de numerarias en la delegación con la directora de la misma, Nieves Alvira y Belén Mendizábal, vocal de san Miguel. Coincidió
con el 29 de noviembre, fiesta de San Saturnino, patrón de Pamplona. Entre
otras cosas preguntaron que cuántas veces habíamos tratado el tema apostólico
en el consejo local en ese trimestre. Me miraron a mí, pues al ser la más
pequeña se supone que era la voz de la inocencia, y dije, exagerando que 2
ó 3. Recuerdo la mirada de Esperanza, me había pasado por defender la honorabilidad
del consejo local.
Es
cuando menos curioso que gente que llevaba décadas en Pamplona no tuviese
amigas en la ciudad. Natalia conocía, claro está, a las compañeras de la facultad,
pero no se puede decir que hiciera planes con ellas. El fin de semana era
sagrado, prácticamente de reclusión, con sus bordados, era muy habilidosa
con la aguja. Jayone tenía menos conocidas todavía,
jamás le escuché decir que iba a quedar con ninguna amiga, lo mismo pasaba
con las demás, no es por meterme con nadie pero es la pura realidad. Esperanza
tenía mucha habilidad para hacerse amiga de la gente, y siempre pegaba la
hebra con cualquiera aunque fuera en un viaje en tren, Elisabet
también tenía alguna que otra conocida con la que a veces quedaba, yo a pesar
de estar sumergida en los libros de cuentas, la facultad y mi pequeño trabajo
en el centro de investigaciones de historia, me apañé para intentar ver a
gente del Instituto. No tuve mucho éxito. Hice llamadas pero alguna no quiso
ni verme, lo entiendo perfectamente. Otras, sí las vi,
pero nuestras vidas iban por caminos muy diferentes, por ejemplo, alguna vez
quedé con Nasi, mi amiga iraní. También recobré
la amistad con Patricia, hermana de Edurne y nos fuimos de excursión juntas.
En un curso de la facultad hice amistad con Ana Mateo, una estudiante de primero
de filosofía, era de San Sebastián, ex alumna del colegio del Opus
en esa ciudad. La traté hasta que conseguí apuntarla a un curso de retiro
de san Rafael. La verdad que en los pocos momentos en que tenía contacto con
el "exterior" el chip apostólico estaba puesto.
En
el centro de agregadas incluso intentamos poner una labor en marcha con sus
amigas. Nunca logramos reunir multitudes pero alguna que otra actividad salió
adelante. Por ejemplo teníamos un retiro mensual de hora y media de duración
al que solía acudir una secretaria de rectorado, y alguna otra. En 1992 cuando
se publicó el catecismo de la Iglesia Católica Elisabet
dio una charla sobre el tema con la que conseguimos llenar el exiguo cuarto
de estar de abajo. Pero se hablaba más que se hacía. Era evidente.
Aquella
experiencia muestra una vez más como en la Obra, se confunde el apostolado
con llevar a la gente a los centros. No es como pretenden llevar a la gente
a Dios, porque para ellos no cuentan los avances de las personas hasta que
no pisan el centro y se arrodillan en un confesonario ante un sacerdote suyo. Durante algún tiempo
puedes tener una amiga que no pise el centro, pero si pasan meses sin conseguirlo,
estás perdiendo el tiempo y debes olvidarte de ella. La actividad del Opus
Dei es centrípeta, no es ese mar sin orillas que
pretenden. Es un estanque al que echar los peces para que se muevan en el
reducido espacio que ellos han marcado.
Lo
demuestra el hecho de las estadísticas y recuentos que se hacen, las metas
que se marcan con la gente, la rigidez de todo lo que plantean. Además es
curioso las pocas veces que en la Obra se habla de la labor de otros "grupos",
aunque esta palabra les repele, por ser distintos ni siquiera quieren que
se les llame" grupo". Por ejemplo se supone que Comunión y Liberación
es un movimiento con ideas similares al Opus Dei,
en los casi veinte años como numeraria creo que prácticamente no he oído mencionar
a esa gente. No se sabe de su existencia, no se sabe más que de la Obra, que
es maravillosa comparada con cualquier otra parcela en la Iglesia, porque
en la Obra todo es divino. Si hubiera ese catolicismo, esa universalidad,
se hablaría con más frecuencia de tantas iniciativas que existen. Es también
llamativo como en el folleto del peregrino que se editó con ocasión de la
jornada de la juventud de París en 1997, figuran muchas órdenes religiosas
que dan su dirección y exponen su carisma para animar a la gente a conocerlos.
Por supuesto el Opus Dei
no figura ahí. Su funcionamiento es mucho más selectivo, no es "echar
las redes para pescar", sino la caña y cuando agarras el pez va al cesto,
de donde se procurará que no escape.
Esto
explica la dificultad tan grande que tienen todas las numerarias para hablar
de la Iglesia, desconocen el misterio de la Iglesia y la variedad de carismas,
así como la grandeza del Espíritu que se esconde en lo pequeño. Me ha hecho
falta salir de la Obra para enterarme en serio de tantas manifestaciones de
renovación dentro de la Iglesia católica, también para entender que el Opus
no es una manifestación de esa renovación ni mucho menos, no restaura, ni
renueva porque sólo piensan en su propio prestigio. Con esto no digo que sean
una excepción dentro de la Iglesia, desgraciadamente es un mal que aqueja
a otros muchos católicos. También es cierto que ese verse el "ombligo
de la Iglesia católica" sin serlo en la realidad, porque es imposible
que el Espíritu Santo esté donde no hay libertad, es más evidente en España,
donde la Obra tiene una implantación mayor. En Francia, al menos el tiempo
en el que yo estuve, nos sabíamos minoritarios, y veíamos sobre todo con ocasión
de los viajes del Papa, muchos otros grupos más numerosos y más extendidos
por todo el país.
Volviendo
a otra gente en la Iglesia, saliendo del Opus es
llamativo comprobar la flexibilidad de los demás para asumir su pasado y sus
errores, Comunión y Liberación ha tenido iniciativas en política que no han
funcionado, han dado marcha atrás y han vuelto a otras tareas que les salen
mejor sin que pase nada. [Gilles KEPEL, La revancha de Dios, Anaya y Maria
Muchnik, Madrid 1995, pp. 107-114]. En el Opus
se reescribe la historia las veces que haga falta para que se
vea la sobrenaturalidad del camino, todo lo cual demuestra que no es un auténtico
camino. En los caminos de verdad hay subidas y bajadas, piedras con las que
se tropieza y necesidad de levantarse, polvo que se pega y hay que sacudírselo,
algún que otro bache o socavón. La Obra si se les cree a ellos, toda su bibliografía
lo demuestra fehacientemente, es como la estrella de los Reyes Magos, deja
una estela de luz por donde pasa sin ninguna sombra. Saben muy bien que ocultan
todo lo que no les interesa que se sepa.
CAPITULO XI. CENTRO DE MAYORES (II)
Los
dos primeros cursos que pasé en Torretxea coincidieron con mis dos últimos años en la licenciatura
de filosofía. Por las mañanas tenía las clases, por la tarde después de la
tertulia del mediodía, hacía la media hora de oración prescrita y me marchaba
al centro de investigaciones de historia moderna y contemporánea donde trabajaba
como secretaria. Pasaba informes a máquina, enviaba el correo que generaba
por ejemplo la organización de un congreso titulado "Conversaciones de
historia", ordenaba la correspondencia de Florentino Pérez Embid [fue le primer director general de Bellas Artes en
los últimos años de Franco], numerario que junto con otros había legado
todos sus papeles a la universidad. Es paradójico que no quieran reconocer
oficialmente el peso que el Opus tuvo en los gobiernos
de Franco cuando es algo que allí se palpaba y se palpa, porque creo que han
ido llegando todos los archivos de las personalidades Opus Dei fallecidas. Incluso han
contratado gente por medio de becas de investigación para organizarlos y estudiarlos.
Después,
hacia las siete o las ocho volvía a casa donde me esperaban las agregadas
para abrir la caja o para algún medio de formación. El centro estaba muy cerca
de la universidad, y no tenía problema con el trayecto. Durante la semana
no sacaba tiempo para estudiar, eso lo conseguía el fin de semana, por ejemplo,
los sábados por la mañana si había podido dejar al día mis famosas cuentas.
En
el departamento de historia coincidí con varias personas que no eran del Opus
pero vivían gracias a él. Su ideología personal incluso podía estar un tanto
alejada de lo que en general hay dentro, eso le da a la universidad un cierto
tinte de pluralismo que les viene muy bien. Es un pluralismo encauzado, pues
esas personas saben perfectamente cuál es su lugar y respetan las reglas del
juego, no en vano tienen un trabajo gracias a la Obra. Yo las veía moverse
y me daba cuenta de que estaban al margen de lo que es la estructura Opus
Dei en la que yo estaba integrada, no tenían el famoso "tono
humano", su vocabulario y su manera de vestir difería bastante de los
numerarios. Sin embargo, estaban a gusto dentro de la facultad. Iban a
todas las reuniones, que son muchas, y hacían las tareas que les encomendaban
[En historia estaban Francisco Javier Caspistegui,
Maria del Mar Larraza, Jesús María Usunáriz, Loli Martínez Arce. En filosofía Idoya
Zorroza, Paloma Pérez Ilzarbe,
Julia Urabayen. Todos siguen después de diez años,
Loli fue despedida, con el consiguiente disgusto].