Extracto del Libro:

DIECINUEVE AÑOS DE MI VIDA CAMINANDO EN UNA MENTIRA: OPUS DEI

Autora: Ana Azanza Elío – Editorial “El Olivo”. Capítulos X y XI (Pág. 159 a 194)

CAPÍTULO X:  MI PRIMER CENTRO DE NUMERARIAS MAYORES (I)

El traslado al nuevo centro no fue inmediato como está previsto y es tradición en la Obra, en cuanto se conoce el nuevo destino falta tiempo para hacer las maletas y marcharse. Es un gesto de obediencia, de disponibilidad, y de que las numerarias no pierden el tiempo, están siempre donde las directoras quieren, no se permanece ni un minuto más de lo imprescindible en un centro al que no se pertenece. Esto es lo que se enseña en la teoría, lo cuento porque es uno de los detalles importantes para explicar mi salida (ver capítulo 19). No obstante faltaba un sitio en mi nueva casa porque otra numeraria, Pili Soto, sevillana, tenía que trasladarse a su vez y su centro de destino estaba en obras. De forma que pasé unos días durmiendo en Goimendi pero ya consciente de que aquella no era mi casa. Estas situaciones son un poco incómodas porque ves a todas centradas en una labor que ya no es la tuya, ya he explicado que en ningún momento estuve demasiado integrada, en la situación de "residente provisional" las cosas se agravan.

Al fin un domingo por la tarde llegué a vivir a Torretexea. Me recibió la directora Jayone Auzmendi, guipuzcoana del valle de Goierri que llevaba toda su vida prácticamente en Pamplona. Enfermera de profesión, había trabajado en la administración de la clínica universitaria al principio. En aquellos momentos dirigía un almacén de alimentos, menaje y productos para la casa llamado gestoría que es otro invento del Opus Dei para abaratar los precios de todos esos productos. El nombre comercial era Decomsa. En ese almacén trabajaban varias numerarias, agregadas y alguna supernumeraria. Ellas compran directamente a las fábricas y luego venden a los centros. En las grandes delegaciones de España hay un almacén similar. El de Pamplona dado el volumen de centros en la ciudad y alrededores es bastante importante. Incluso extendieron la zona de reparto a los centros de Zaragoza, ciudad que dentro del Opus Dei es otra delegación.

Jayone me dijo en tono de broma que había tardado en llegar, se veía que no tenía muchas ganas del cambio. No era ese ni mucho menos mi estado de ánimo. Aunque parezca increíble no me había planteado que iba a estar mal en un sitio con numerarias mayores. Era un encargo que la Obra me pedía y yo me limitaba a cumplirlo, sabiendo que "siempre somos provisionales". [Esto de que los encargos que a uno le dan son provisionales tiene también su miga porque está claro que unos son más provisionales que otros, no todos los numerarios tienen el mismo grado de provisionalidad como ya he dicho en alguna otra ocasión, hay gente que permanece décadas en puestos de bastante responsabilidad. Y otras que a lo sumo duran un año, dos o tres.]

Torretxea era, y es, un centro de san Gabriel con agregadas. Esto significa que había tres centros en la misma casa representados por tres equipos de dirección, llamados consejo local: el de las numerarias, otro de agregadas y otro de supernumerarias. En cada consejo local hay el menos tres personas: directora, subdirectora y secretaria. Yo formaba parte de dos consejos locales: el de numerarias y el de agregadas. Era la secretaria, es decir, la persona que se ocupa de la administración del dinero en esos dos centros. Esperanza Redondo era la subdirectora del centro de numerarias y directora de agregadas y de supernumerarias, ese era su trabajo profesional. En realidad, Esperanza, licenciada en pedagogía, ha pasado toda su vida en trabajos internos. Estuvo en la delegación de Pamplona y anteriormente en centros de Madrid. A mis ojos era una numeraria con experiencia en temas de gobierno y formación en el Opus Dei, en general me daba la sensación de entenderme mejor con ella que con Jayone.

Elisabet Reinhart era la subdirectora en el consejo local de agregadas. Elisabet alemana de nacionalidad, doctora en teología, había pitado en Pamplona en los años sesenta y por el motivo que fuera, nunca se lo pregunté, se había quedado en esta ciudad. La conocía porque vivía en el club Isaba cuando yo pité. En 1990 trabajaba por las mañanas en la delegación y por las tardes se dedicaba a las agregadas. Más tarde dejó la delegación y encontró un hueco como profesora de alemán en el instituto de idiomas de la universidad de Navarra y otro en la facultad de teología. En verdad no encontró el hueco, se lo hicieron, es decir, si le interesa al Opus Dei hay hueco siempre. Pasa exactamente lo mismo que con el dinero.

Elisabet, Esperanza y yo compartíamos una afición que era de las pocas cosas normales en aquella casa: nos gustaba la montaña y hacíamos frecuentes salidas los fines de semana. Mila Fernández era otra numeraria licenciada en filosofía y teología que trabajaba en la delegación además de estar en el consejo local de supernumerarias. Teresa García era secretaria y trabajaba en el colegio mayor Goroabe. Nissa de Villa era cirujano y había llegado de Filipinas para formarse en la Clínica universitaria. Mari Tere Echeverría era una de las primeras numerarias, no recuerdo si tenía algún trabajo en una administración, Maria Luisa Moreno de Vega es una de las que había pitado en los primeros tiempos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, una entidad muy ligada al Opus en sus comienzos [Ver la abundante bibliografía sobre el CSlC y los miembros del Opus Dei que trabajaban allí desde su fundación después de la guerra civil, lo dicen Carmen Tapia y Estruch], es una persona mayor y enferma como hay tantas dentro la Obra. En aquellos momentos trabajaba en la delegación los días que se encontraba bien, pero muchos, se quedaba en casa aquejada de sus dolencias. Mari Carmen Villar trabajaba como administradora en el centro de la delegación de los hombres en Pamplona, Piedita Tabernero trabajaba en la administración de Goimendi. Tengo que decir que aunque yo era la secretaria del consejo local del centro jamás se me explicó ni lo pregunté que le pasaba a Piedita. Era notable su comportamiento extraño, y la cantidad de medicinas que tomaba, que por cierto no las guardaba en su habitación, sino que cada noche después de cenar se le daba la dosis exacta.

Sin comerlo ni beberlo me acababan de catapultar a un centro donde podía tocar y ver cada día los resultados del régimen de vida en las numerarias. Me duele tener que decir estas cosas, yo quise y quiero a todas esas personas. Las directoras de Pamplona de entonces saben que yo me desvivía por las mayores y enfermas, hacía falta mucha paciencia para soportar en la vida de familia, en las tertulias del mediodía y de la noche a aquellas personas que no estaban en su pleno juicio y que sin embargo se les daba toda la cancha. Al principio a mí aquello me divertía pero con el tiempo me di cuenta de que no tiene nada de divertido que se estén repitiendo las mismas tonterías día tras día en una tertulia formada en su mayor parte por mujeres hechas y derechas.

Maria Luisa hablaba muchísimo, a veces decía auténticas incongruencias, muchas eran fruto de que era una persona mayor, pero las personas mayores de su edad que podías ver por la calle no estaban como ella estancadas mentalmente en otra época. Era una persona inteligente, que hablaba varios idiomas, que había vivido en Roma junto al Fundador, ignoro los avatares de su vida pero estaba tocada. Una de las manifestaciones era la atención constante que requería de la directora, siempre estaba detrás de ella, llamándola, cuando se ponía mala todavía era más insistente. Era como si Jayone fuera su apoyo, como si ella hubiera perdido la personalidad, una personalidad suplantada por el sistema Opus Dei que se proyectaba en los directores. Maria Luisa era un ejemplo viviente de lo que sucede con las numerarias, la renuncia a la propia autonomía y en su lugar la directora acaba siéndolo todo.

No había forma de tener una conversación normal en aquella casa. Todo inicio de algo era interrumpido por cualquiera de las enfermas. Era desesperante. Me costó varios días caer en la cuenta de que había una numeraria llamada Teresa en el centro, no aparecía en la mesa y cuando aparecía no abría la boca. Teresa era bastante más joven, no llegaría a los cuarenta. Cuando me vio aparecer a mí como secretaria cogió unos celos terribles de manera que ni salía de la habitación, estaba en la cama todo el día. Era otra persona muy apegada a Jayone. Incluso en un momento nos dijeron en la delegación que la cambiaban de centro. No hubo manera, no quiso y se quedó donde estaba.

Ahora mismo me parece increíble que yo haya presenciado tantas cosas extrañas y no haya pedido una explicación. Si lo hubiera hecho quizás me habría marchado de la Obra en ese momento [Pienso que hubiera sido una manera de ir tirando del hilo para sacar el ovillo, pero entonces el Opus Dei era indiscutible en mi mente]. Estaba tan "enamorada" de mi vocación, del camino, de que mi vida era maravillosa con la oportunidad de ayudar a tanta gente, de trabajar, de difundir ese mensaje de la santificación en medio del mundo, que el ideal me impedía ver lo que tenía delante de las narices: las numerarias enfermas producto de un sistema que reprime al máximo los mejores sentimientos de las personas. No podía verlo.

Mi relación con Jayone era una fuente de sufrimiento constante que sobrellevé como mejor pude. Tampoco me explico como pude aguantar aquello. Jayone era una mujer distante, que daba unos cortes increíbles cuando algo no le gustaba, bastante bruta, se quedaba callada en la mesa y todas nos quedábamos calladas con ella. Si se intentaba abrir conversación, su pasividad, su mirada de desinterés te hacían comprender que mejor que te callaras. Era un espanto. Por supuesto que había algunas con las que se llevaba mejor que conmigo, por edad era normal, yo nunca se lo reproché. Siendo del mismo consejo local podíamos estar días sin hablarnos,  por mi parte era el corte que me daba, que siempre me parecía que estaba enfadada. No era nada fácil. Así que la trataba lo imprescindible, es decir, cuando hacía la charla, los sábados por la mañana, momento que yo esperaba con auténtico terror y en las reuniones del consejo local que solían ser una o dos por semana.

Lo mejor de todo es que al hacer la charla con ella le tenía que contar mis dificultades para tratarla a ella, y lo hacía. Así que la solución estaba servida, como tantas cosas en la Obra, no tenía salida. Me podría haber puesto pesada en la delegación y pedir un cambio de charla pero sinceramente era una numeraria tan dócil y bien criada que esta idea ni se me pasó por la cabeza. Creo que en los tres años que viví en aquel centro fui otras tantas veces a exponer mi situación, mis dificultades con la directora. De las tres veces sólo recuerdo una de las cosas que me dijeron: "A Jayone se le hace poca corrección fratema". Puedo asegurarlo, el último año era yo la subdirectora y no recuerdo que me consultaran muchas correcciones para ella.

Otro asunto que me escamó bastante, al sacerdote del centro se lo decía una y otra vez, fue que siendo la secretaria y luego la subdirectora no se me confiaran las charlas fraternas de las numerarias. Sólo de manera ocasional llevé alguna, pero desde el momento en que me destinaron a ese centro me dijeron que no llevaría charlas fraternas de las mayores. Al principio me conformé porque en los dos primeros años tenía mucho quehacer, además pensaba que yo no estaba preparada, que las mayores eran mucho mejores que yo. Pero luego conforme pasaba el tiempo y tenía oportunidad de ver como funcionaban los consejos locales me costaba bastante más, sobre todo porque llegó otra joven al consejo local y a ella sí le dieron charlas para llevar. Al cura del centro, la única persona a la que se me ocurría que podía recurrir, lo tenía frito con este tema.

En realidad ahora sé que en la Obra siempre han hecho lo mismo conmigo porque lo hacen con todo el mundo: "nos quedamos con lo que nos interesa de ti, lo que no nos interesa, lo arrinconamos". Pero esto no es cristiano ni humano, porque lo normal es aceptar a la gente no sólo porque es útil para tal o cual tarea. Lo cierto es que el pragmatismo del Opus con las numerarias es terrible. Como secretaria tenía bastante trabajo. Todas las numerarias entregan su sueldo íntegro en la caja del centro a principio de mes, de ahí piden el dinero que necesitan para sus gastos ordinarios (higiene personal, autobús y poco más), y para gastos extraordinarios (medicinas, médicos, ropa...) Cada vez que se hace un movimiento de caja se apunta en un libro de cuentas, y las cuentas tienen que cuadrar a final de mes. En aquel libro que yo llevaba iban anotados también los gastos de la casa, de arreglos que se hubieran hecho, el pago a las empleadas y los gastos de la administración. Como la administradora Menchu Ramos vivía con nosotras su sueldo iba y venía en un periquete: en un asiento salía el sueldo de Menchu, como que se lo daba, y en la siguiente línea el mismo sueldo entraba a la caja, pues era una numeraria más que entregaba sus ingresos a la Obra.

Había un horario de caja a la semana, dos veces quizás una hora antes de la cena abría mi caja, y esperaba a que llegaran las numerarias a pedir dinero o a entregarlo. Si era algo extraordinario, ropa, un libro, zapatos, la peluquería, un viaje para ver a la familia, previamente lo habían consultado y la directora le había dado su visto bueno. En esos casos se da una cantidad a justificar. Realizado el gasto hay que dar cuenta, de lo que costó cada cosa y devolver lo que sobró: ¡no vaya a ser que la numeraria se escape con el dinero que le sobre de comprarse algo! Del dinero que se da a justificar se suele "sacar" algo para "ordinarios". El control del dinero es exhaustivo, hasta el último céntimo que te gastas siendo numeraria está anotado y ha sido previamente aprobado. Desde primera hora se enseña a numerarias y agregadas a hacer la "cuenta de gastos", en una pequeña hoja se van anotando el destino del dinero que se pide para gastos ordinarios. En mis últimos años como numeraria, se presupuestaba 5.000 pts. de gastos ordinarios mensuales por persona. Una vez que ese dinero se pedía a la secretaria y se iba gastando en autobús, objetos de higiene personal, un café, las agregadas en tabaco, no las numerarias que no fuman, había que ir anotando cada cosa y hacer las cuentas. A final de mes se anotaba cuanto dinero debía quedar y se veía la diferencia con la cantidad que te quedaba en el monedero, hasta el posible error se ponía en la cuenta de gastos. Esa hoja se entregaba a la persona con la que se hace la charla o a la directora del centro, que de este modo vigilaba para que no gastaras en unas medias excesivamente caras o no se te fuera la mano comprando cualquier capricho. Eran cuestiones de gobierno y de dirección espiritual, la cuenta de gastos había que entregarla en los primeros días del mes. Hasta que aprendí a hacerla bien me dieron mucho la lata en el centro de estudios con la cuenta de gastos. Por eso cuando ves que no tienes nunca un duro para nada, te sienta mal que se eche en cara a la Obra su falta de pobreza, porque en verdad tú no tienes tu sueldo, lo das todo. Hoy en día sin dinero no hay libertad ninguna en la vida, así que las numerarias están totalmente vendidas a la institución, a no ser que se produzca una hecatombe [como se puede comprobar hay bastantes hecatombes en el Opus Dei, aunque ellos se dedican a escribir la historia a su manera].

Al principio me hacía un lío con las cuentas, no era nada práctica. Jayone sabía de dinero y le pedí ayuda después de muchas dudas, me dio una mala contestación, diciéndome que ella no era la secretaria, no tenía dote para enseñar. En la delegación, Charo Alvarez -la antigua directora de Goimendi que había ascendido a ser "vocal de san Gabriel" me dijo de Jayone que tenía una cabeza de empresaria, no sé que es lo que entendía Charo por empresaria, porque para enseñar no valía, y no me parece propio de un empresario no saber enseñar a sus colaboradores inexpertos. Una tarea inolvidable de mi primer año como secretaria fue el presupuesto del centro que se manda a la delegación para que lo aprueben. No sabía por donde me daba el aire, y al final tuve que recurrir a Jayone, superando su mala gana, cuando realmente para ella era facilísimo porque llevaba toda su vida en el Opus Dei gestionando dinero, ya fuera en consejos locales ya en su empleo como gerente de Decomsa.

Si las numerarias daban trabajo con los movimientos de caja las agregadas lo dan de manera desbordante. Sobre todo cuando llegan los primeros días de mes y vienen todas con su sueldo íntegro. Cada agregada recibe al mes una pensión aprobada por la delegación, es una cantidad fija con la que tiene que hacer la compra, pagar los gastos de la casa (agua, luz, teléfono). En ese campo hay muchas variaciones según el sueldo que entrega, el tipo de casa en que vive, si la comparte con otras personas la agregada sale más barata que si vive sola. En Torretxea había casi treinta agregadas. Muchas eran administradoras en los centros que se habían creado en Pamplona para acoger a curas del mundo entero enviados por sus obispos a la universidad de Navarra. La problemática de esas administraciones en aquellos momentos daría ella sola para un volumen. Otras trabajaban en la clínica o en la universidad como secretarias, un buen grupo eran empleadas de Decomsa. Y había alguna que iba por libre, y se dedicaba a llevar pisos de estudiantes, que alquilaba y atendía ella misma.

Sin duda las agregadas están un poco más cerca de ser "gente corriente" que las numerarias, al no vivir en un centro tienen menos necesidades cubiertas y piden dinero con más frecuencia. Por ejemplo, recuerdo que una diferencia entre agregadas y numerarias además de todas las que he dicho ya, es que muchas agregadas tenían su coche y pedían para gasolina, o para algún arreglo del mismo. Las numerarias en aquel centro disponíamos de un vehículo, el de una del centro, que en realidad sólo lo usaba ella pues era la única que lo necesitaba. Alguna vez lo utilizábamos para nuestras excursiones al monte pero siempre nos apañábamos con cualquier otro coche.

Las sesiones de caja con las agregadas los días de entrega de sueldo podían durar dos horas. Luego venía la tarea de pasar al libro los vales que me habían firmado. Porque había vales de entrada y vales de salida donde echaban su rúbrica respectiva, y todo eso hay que llevarlo bien al día y hacer el correspondiente arqueo para comprobar que coincide lo del libro con el dinero que hay en la caja. De los centros de agregadas se manda mucho dinero a la delegación, pues ellas gastan sólo lo estricto necesario, el resto se queda en la caja. La secretaria prevé las necesidades que puede haber ese mes, y el resto se va a la delegación que es quien sabría decir que hace con el dinero porque yo no lo sé aunque me lo imagino.

Para empezar hay que sostener una burocracia inmensa, todas las personas que son directoras u oficiales (que ayudan a las directoras), hay que mantenerlas íntegramente con el dinero de las "trabajadoras", las casas de la Obra, tantos centros donde viven las numerarias y van "a recibir formación" agregadas y supernumerarias. Además de las delegaciones en los centros ya he dicho que muchas numerarias no entregan ni un céntimo porque trabajan "en casa". Concretamente aquel año la única que traía un sueldo en condiciones a caja era una numeraria que tenía un alto cargo. Los demás eran sueldos bastantes bajos, por ejemplo Jayone como gerente de Decomsa no ganaba gran cosa, Mari Carmen que era administradora tampoco, yo era estudiante y aportaba mi beca, Nissa estaba en las mismas condiciones. Así que mientras a veces hacía falta pedir dinero a la delegación para las numerarias  (aunque se procuraba no tener que hacerlo ¡vaya falta de pobreza pedir dinero a la delegación para sus propias numerarias!), el centro de agregadas era una mina para la misma delegación. Yo preparaba mis sobres con miles de pesetas cada mes, y pronto, en los primeros cinco días, para que enseguida llegaran a su destino.

El consejo local de agregadas funcionaba bastante bien a mi entender. Elisabet era muy trabajadora y ordenada como buena alemana. Esperanza tenía prestigio como directora, las relaciones públicas se le daban bien, entre ellas dos visitaban con frecuencia a los padres de las agregadas enfermos o mayores. Alguna vez me corrigieron porque yo no lo hacía. Por mi parte me sentaba en las reuniones del consejo local al principio como si aquello fuese algo sagrado, dirigir a otras personas de la Obra me daba un poco de susto. Miraba pero no decía nada porque pensaba que no tenía nada que decir. Los problemas de las agregadas muchas veces, más que con las numerarias, eran problemas económicos. El Opus busca sacar la mayor tajada posible del dinero de las agregadas, por eso se plantean unas luchas para que la gente no gaste que realmente son absurdas. Sin dar nombres, recuerdo que el primer caso que tratábamos una y otra vez en el consejo local en aquel otoño de 1990 era el de una agregada que estaba a punto de jubilarse después de haber trabajado toda su vida en Pamplona en un colegio mayor. Ganaba una miseria, y para su retiro la mujer quería comprarse un piso en su pueblo. Fue un tira y afloja en el que la agregada medio engañando se salió con la suya y se compró su piso, puso a un sobrino por medio para que le hiciera la gestión. Nosotras le pedíamos las cuentas, el presupuesto de lo que le iba a costar la compra y la conclusión oficial es que no llegaba para que se lo gastara en una casa. Algo similar pasó con el coche que se quería comprar otra agregada, ella lo justificaba porque así podía ir al pueblo a ver a sus padres, y tuvimos en el consejo local la pelea de si coche o no para ella. Un día esta agregada me confesó que le costaba estar en la parada del autobús mientras llovía y ver como a otras venían a buscarlas en coche. Deduje que a esta le costaba todo, el coche que tenían las demás y otras cosas.

Más adelante también tuvimos otro lío con una agregada que se empeñó en comprarse el piso, la delegación no daba el visto bueno. Me hicieron ir a mí a la caja de ahorros a preguntar por el préstamo hipotecario de esa persona. Son situaciones estrambóticas, estudiante y sin intención de comprar casa en los días de mi vida, pues tenía el tema de la vivienda resuelto, haciendo una gestión por otra, empleada en una administración que me doblaba la edad. Y se supone que las dos éramos gente de la calle, "personas corrientes". La gestión la hice en una oficina de la caja de ahorros municipal de Pamplona donde estaba el padre de una compañera de colegio que creo se quedó asombrado de mi planteamiento.

Ahora me cuesta entender como aceptan los padres de las agregadas la situación de sus hijas. La ventaja que tienen es que su hija agregada está con ellos y los cuida en su propia casa, pero el tema económico, ver que la hija está dándolo todo al Opus, y que incluso lo que ellos le dejen irá a parar al mismo saco, debe ser bastante duro. Por parte de las agregadas su situación aunque digan que es más libre que las numerarias por no vivir en un centro, tiene la desventaja de que están con un pie en la vida de la calle y con el otro en la del centro. Me parece una situación que acaba por dislocar a la persona, y creo que es lo que suele ocurrir.

Hay muchos piques entre "numerarias" y "agregadas". Por ejemplo, en algunos centros se delimita mucho hasta donde pueden pasar las agregadas, en los centros de jóvenes las fronteras están más difuminadas pero en los de mayores, sobre todo habiendo enfermas como las había en aquella casa, hay que tener mucho cuidado con las que se atreven a traspasar los umbrales de lo que se considera la zona de las numerarias. En ese sentido las tres del consejo local de agregadas las defendíamos mucho frente a las demás, que medio broma medio en serio en las conversaciones hacían sentir ese sentimiento de distancia respecto a ellas.

En Torretexea había dos plantas, el primer piso con el oratorio, cuarto de estar, salitas y despachos se suponía suficiente para que las agregadas estuvieran acogidas y tuvieran sus medios de formación. En el segundo estaban las habitaciones, cuarto de estar de numerarias y la administración. Los dos pisos estaban unidos por una escalera interior que era la "frontera". Yo notaba la reticencia de algunas agregadas a subir la escalera por no molestar y al ser joven me costaba entender que su presencia estorbara a alguien, siempre he considerado a todo el mundo por igual, esto es algo que me ha hecho muy atípica dentro del Opus, porque no me enteraba, o más bien, pasaba de las jerarquías. Una actitud incomprensible dentro de una institución esencialmente piramidal. Así que muy de vez en cuando las agregadas "osaban" subir al segundo piso, por ejemplo si teníamos que lavar las copas de champán después de una celebración.

A veces las agregadas dan bastantes muestras de la sensatez que falta en las numerarias. Al estar más en la calle se dan cuenta de muchos defectos de la Obra. En una ocasión recuerdo que se planteó entre algunas agregadas una de estas cuestiones. Debió de surgir en alguna merienda dominical que hicieron en casa de una de ellas. Recuerdo que una era celadora, Sagrario Villanueva, cuyo trabajo era dirigir el servicio de limpieza de la universidad. [Ser celadora es un encargo de responsabilidad que se les da a algunas, son un control más sobre las personas, aunque en la Obra se hace ver que son como unas hermanas mayores más cercanas, que te ayudan en lo material; te acompañan al médico, de compras... y en lo espiritual, pueden recibir las charlas fraternas de otras agregadas por encargo del consejo local, y se supone que velan por el espíritu apostólico de todas. Son como una correa de transmisión entre el consejo local y las agregadas, Incluso a algunas agregadas se las llega a nombrar secretarias de un consejo local de agregadas o de supernumerarias, lo cual ya es el "top level"]. A través de ella nos llegó al consejo local el "cotilleo" de que habían discutido a propósito de que en la Obra la amistad se reduce al apostolado, es decir, que se instrumentaliza la amistad. Decidimos que yo impartiría un círculo para" aclarar ideas” a las agregadas. [El Opus nunca me ha agradecido, ni quiero porque bastante me engañaban, la amplia labor de "aclaradora" que he hecho a partir de esa época con sus huestes. Al ser filósofa de formación el defecto del que se servían en mí es que las "teorías" se me dan muy bien, las teorías en el mal sentido, es decir, los "rollazos" del Opus para justificar lo injustificable]. Así que expuse algo que siempre tuve muy claro: que llevar a Dios a las personas es la mayor señal de amistad que se puede tener por alguien. Sigo pensando lo mismo. Sólo discrepo en una cosa: que el Opus lleve a Dios a nadie, porque ellos son los primeros que, aún teniendo la palabra Dios constantemente en los labios, lo ignoran casi todo. No les interesa el tema de la religión [a este respecto quiero comentar el famoso punto 115 de Camino: "Minutos de silencio. Dejadlos para los que tienen el corazón seco. Los católicos, hijos de Dios, hablamos con el Padre nuestro que está en los cielos" (de la 47 edición castellana, 1988). En su primera versión, este punto especificaba quienes eran los del corazón seco masones, protestantes... Es curioso que todo un fundador no cayera en la cuenta de que corazones secos los hay en todas las religiones e "irreligiones" de la humanidad, también entre los católicos que nos sabemos hijos de Dios, el Opus mismo que impide las amistades sinceras son un buen ejemplo. Son dos cosas diferentes, la sequedad del corazón y el no ser católico que no están forzosamente en proporción directa la una con la otra], lo han sustituido por el del "catolicismo” [Me refiero a la práctica casi incesante de normas de piedad, olvidando la caridad entre las personas, no se practica ni siquiera entre los miembros de la Obra. Además del retorcimiento mental al que obligan a la gente, marean y siembran la confusión en las mentes. La gente que no es del Opus Dei lo percibe en las personas que salen del Opus, los que se quedan dentro están igual] y es un defecto del que cuesta desprenderse. Lo afirmo así de rotundo porque Dios es la Verdad y ellos la ocultan, y la religión es la relación de cada ser humano con esa Verdad suprema que tiene muchos caminos, más y mejores que la Obra. Sin embargo, como numeraria estaba convencida de que mi camino era único y especial y mi relación con Dios mejor que la que podía tener cualquier otro ser humano. Pero todo era una gran falsedad. Es uno de los engaños más graves en los que he caído siendo numeraria.

En el Opus Dei el año está plagado de fiestas. Las más sonadas son las del Señor (Navidad, Resurrección, Ascensión, el Corpus) y las de Casa (2 de octubre, fundación, 14 de febrero, fundación de la sección de mujeres, 19 de marzo San José, renovación de los compromisos, 17 de mayo, beatificación del fundador, 26 de junio, san Josemaría, diferentes aprobaciones jurídicas entre las que destaca 28 de noviembre, Prelatura Personal). Para las numerarias la fiesta se nota desde por la mañana con una meditación predicada por el sacerdote, la Misa con ornamentos y manteles de fiesta. A esos actos asistíamos todas con nuestro mejor traje. Más notas de una fiesta son las comidas especiales de ese día, con aperitivos, postres, bebidas entre las que no falta el cava en los días más especiales, y al final de la tarde Exposición y Bendición Solemne con el Santísimo a la que asisten también las agregadas. Para las agregadas la fiesta está un poco más reducida, porque consiste tan sólo en una tertulia en la que se brinda y se toman algunos pastelillos, meditación y la citada Exposición con el Santísimo.

Como secretaria debía pagar las cuentas de la farmacia que en aquella casa no estaban nada mal. Este detalle también es de los que no se explican en "gente corriente". Había tantas medicinas para las enfermas oficiales, ya he dicho quienes eran y las "no oficiales", que se hacía un pedido por teléfono a la farmacia Sánchez Ostiz cuyos propietarios eran supernumerarios. Nos traían el pedido a casa. Si no recuerdo mal, repartían por varios centros de Pamplona. La industria farmacéutica no debe de tener queja con el Opus Dei porque sus centros de numerarios son unos magníficos clientes. Se compraban muchos antidepresivos, pastillas para dormir para las más jóvenes. [El Lexatin es un remedio para que la gente no tenga ni tiempo de pensar por la noche. Las directoras son muy amigas de recetar este medicamento para dominar a las personas y crear adicción, por no hablar de los efectos secundarios. Si en la vida hay dificultades lo suyo es pensar y resolver los problemas, no dormir más de la cuenta para olvidar]. Alguna vez la gente se compraba su pastilla y luego pedía que se le diera el dinero pues lo había cogido de sus pocas pesetas de "gastos ordinarios". Muchas veces fui a pagar a final de mes la cuenta a la farmacia de Sánchez Ostiz, al lado del Ayuntamiento de Pamplona. Tampoco estaba nada mal las facturas que llegaban de la clínica universitaria, varias del servicio de psiquiatría. Me daba exactamente igual el tipo de médico al que fueran las numerarias. Recuerdo que una vez, una de las numerarias "sanas en apariencia" pero que empezaba a dar señales de no estarlo me comentó en la escalera: "¿Has recibido una factura de la clínica a mi nombre?", le contesté afirmativamente, "¿de qué médico era?" Se lo dije, era de psiquiatría, y se sonrió como si aquello tuviera importancia. Para mi entonces no la tenía, hoy la tiene porque sé que tanta necesidad de psiquiatra en gente a partir de 35 ó 40 es resultado de la vida que se lleva en la Obra. Hago notar que las facturas no iba cada una a pagárselas, como también hace la gente corriente, sino que iba yo, la secretaria del centro y pagaba si era el caso varias al mismo tiempo.

En cuanto al control del gasto de numerarias y agregadas, no era suficiente con todo lo que ya he descrito. A final de mes la secretaria tiene que confeccionar un resumen económico que lleva dos columnas, una con lo previsto y aprobado por la delegación y otra con el gasto que realmente se ha hecho hasta la fecha. También la administradora envía su resumen, donde aparece la media de cocina, es decir lo que se gasta al día la administradora en alimentar a una numeraria. Para ello se calcula el número de comensales del mes. Todos los gastos relacionados con la comida se dividen entre ese número de comensales. La media de cocina está aprobada en la delegación para cada centro. En los centros de mayores es un poco más alta que en los de jóvenes.

Otro trabajo era confeccionar el E 37 de cada persona. E 37 es la nomenclatura interna para designar la hoja de cada numeraria y de cada agregada donde figuran sus ingresos y sus gastos mensuales. Al final de año se hace la suma y la diferencia entre ingresos y gastos totales, y se manda a la delegación, así que el consejo local y las directoras están bien al corriente de si cada persona sale adelante ella y además ayuda a "las labores apostólicas", o es deficitaria. Los E 37 tienen que estar al día, sobre todo en el consejo local de agregadas era donde se miraban con más frecuencia porque está claro que de ahí sale dinero para las "labores apostólicas". Había una agregada que gastaba bastante en ropa interior, creo que la mujer estaba un poco tocada, pero como lo están todas las que siguen mucho tiempo con el encorsetamiento de vida que es el Opus Dei. Ni ella nos dejaba vivir ni nosotras a ella haciéndole ver que gastaba en exceso. Cuando pienso la casa donde ella vivía digna pero comparada con el centro de las numerarias, mi centro, era un dedal, el mísero sueldo entregándolo a la Obra y gastando en tonterías, realmente esa persona seguía en el tren del Opus porque no era dueña de sus actos, si no lo hubiera dejado. Esperanza decía de ella que estaba "mal del tanque", pero ¿quién no lo está viviendo las cosas que se viven en la Obra? para resistir o te conviertes en una cínica, en un témpano, como lo son todas las directoras, o caes depresiva y que hagan contigo lo que quieran.

Otra a la que sobre todo Jayone machacaba con el tema económico era Nissa de Villa, la numeraria filipina. La mujer había conseguido una "madrina" que le mandaba dinero desde su país para pagarse la estancia en España. Al parecer quizá la asignación era un poco escasa, recuerdo a Jayone diciendo de ella, que "la gente que no paga está en la cárcel". Esperanza llevaba su charla fraterna en aquel tiempo, y espero que no fuera así de bruta con ella aunque le hablara del tema, lo único que se me ocurre pensar es que Jayone era una envidiosa. Nissa estaba haciendo una formación de cirugía bastante extraordinaria, en el equipo del doctor Cienfuegos, que realizaba en aquellos años los primeros trasplantes de hígado en España. Jayone, una mujer inteligente, pero que por exigencias del guión y comodidad, se había quedado en gerente de Decomsa, lo llevaba mal. Realmente, ya se sabe que cuando alguien viene de un país como Filipinas no es con muchos millones en el bolsillo y creo que no había derecho a semejante comentario. [En otro contexto escuché a la procuradora (encargada de la economía) de la delegación de Pamplona, Sisi Bernal, decírselo a las supernumerarias, animándolas a que fueran generosas, que en la universidad había mucha gente de otros países formándose, lo que costaba dinero]. Nissa estaba la mayor parte del tiempo en la clínica y tanto mejor para ella. Cuando no, se encerraba con sus cerdos en el Centro de investigación farmacológica (CIFA) para hacer la tesis sobre la diabetes. Era el espécimen más normal de persona que había en aquella casa, ya que como numeraria no era lo normal, porque una numeraria que casi no convive con las demás, que un día coge el avión a Berlín para ir en busca de un hígado para un trasplante y al otro se va a un congreso de cirugía en Budapest, no es una numeraria corriente. Pero al estar en un trabajo tan apasionante se libraba del ambiente sofocante de aquella "vida de familia". Por eso a veces cuando llegaba tarde por la noche la acompañaba a cenar y escuchaba sus avatares con los trasplantes y con los viajes. Nissa me enseñó a hacer aerobic con una cinta de Jane Fonda que todavía conservo.

Había cosas extrañas en aquel centro, he hablado de las tertulias insustanciales. Blanca, fue una numeraria joven profesora de económicas, que llegó el último año de mi estancia allí. Venía de Goroabe y también quiso darle un giro al ambiente, fue imposible por más que lo intentamos. Recuerdo que Mila y otra numeraria se solían apañar para hacer planes de descanso juntas, a parte de las demás. Mila se llamaba a sí misma "chivo expiatorio", porque decía que nos metíamos con ella, allí cualquiera que estuviera en su sano juicio era "chivo expiatorio". Elisabet era la que más mostraba su desacuerdo en público con las tonterías de las enfermas, no podía soportarlo.

Había dos grupos de "escapatoria" Mila, Mari Carmen, Jayone a veces se unía a ellas, eran de las que solucionaban todo a base de cine, lo del cine en los centros de numerarias es otra historia. Alquilaban una película de vídeo, película de la que se hablaba cinco días antes y cinco después y con eso intentaban sobrevivir emocionalmente. El otro grupo era el del monte: Esperanza, Elisabet y yo, y siempre alguna agregada se nos unía, o nos uníamos a alguna agregada si no había numerarias que quisieran salir de excursión. A Jayone le sentaba mal que habláramos del monte, una vez me dijo que Esperanza hablaba en exceso del tema. No me puse a medir el tiempo de duración de las conversaciones en las tertulias, pero las chaladuras se llevaban la palma. Todo esto muestra el gran amor y comprensión que nos teníamos unas a otras: nulo.

Y el remate de esta situación de centro lleno de personas que se aguantan unas a otras con toda la educación que pueden, eran las pretensiones "oficiales" de la delegación con respecto a nuestros objetivos como casa de numerarias. Digo "oficiales" porque supongo que no podía ir muy en serio cuando nos decían que las numerarias teníamos que hacer apostolado. ¿Qué apostolado va a hacer gente acostumbrada a vivir entre las cuatro paredes del centro y que está prácticamente enferma por el régimen del Opus Dei? No puedo olvidar un despacho que tuvimos el consejo local de numerarias en la delegación con la directora de la misma, Nieves Alvira y Belén Mendizábal, vocal de san Miguel. Coincidió con el 29 de noviembre, fiesta de San Saturnino, patrón de Pamplona. Entre otras cosas preguntaron que cuántas veces habíamos tratado el tema apostólico en el consejo local en ese trimestre. Me miraron a mí, pues al ser la más pequeña se supone que era la voz de la inocencia, y dije, exagerando que 2 ó 3. Recuerdo la mirada de Esperanza, me había pasado por defender la honorabilidad del consejo local.

Es cuando menos curioso que gente que llevaba décadas en Pamplona no tuviese amigas en la ciudad. El fin de semana era sagrado, prácticamente de reclusión. Jayone tenía menos conocidas todavía, jamás le escuché decir que iba a quedar con ninguna amiga, lo mismo pasaba con las demás, no es por meterme con nadie pero es la pura realidad. Esperanza tenía mucha habilidad para hacerse amiga de la gente, y siempre pegaba la hebra con cualquiera aunque fuera en un viaje en tren, Elisabet también tenía alguna que otra conocida con la que a veces quedaba, yo a pesar de estar sumergida en los libros de cuentas, la facultad y mi pequeño trabajo en el centro de investigaciones de historia, me apañé para intentar ver a gente del Instituto. No tuve mucho éxito. Hice llamadas pero alguna no quiso ni verme, lo entiendo perfectamente. Otras, sí las vi, pero nuestras vidas iban por caminos muy diferentes, por ejemplo, alguna vez quedé con Nasi, mi amiga iraní. También recobré la amistad con Patricia, hermana de Edurne y nos fuimos de excursión juntas. En un curso de la facultad hice amistad con Ana Mateo, una estudiante de primero de filosofía, era de San Sebastián, ex alumna del colegio del Opus en esa ciudad. La traté hasta que conseguí apuntarla a un curso de retiro de san Rafael. La verdad que en los pocos momentos en que tenía contacto con el "exterior" el chip apostólico estaba puesto.

En el centro de agregadas incluso intentamos poner una labor en marcha con sus amigas. Nunca logramos reunir multitudes pero alguna que otra actividad salió adelante. Por ejemplo teníamos un retiro mensual de hora y media de duración al que solía acudir una secretaria de rectorado, y alguna otra. En 1992 cuando se publicó el catecismo de la Iglesia Católica Elisabet dio una charla sobre el tema con la que conseguimos llenar el exiguo cuarto de estar de abajo. Pero se hablaba más que se hacía. Era evidente.

Aquella experiencia muestra una vez más como en la Obra, se confunde el apostolado con llevar a la gente a los centros. No es como pretenden llevar a la gente a Dios, porque para ellos no cuentan los avances de las personas hasta que no pisan el centro y se arrodillan en un confesonario ante un sacerdote suyo. Durante algún tiempo puedes tener una amiga que no pise el centro, pero si pasan meses sin conseguirlo, estás perdiendo el tiempo y debes olvidarte de ella. La actividad del Opus Dei es centrípeta, no es ese mar sin orillas que pretenden. Es un estanque al que echar los peces para que se muevan en el reducido espacio que ellos han marcado.

Lo demuestra el hecho de las estadísticas y recuentos que se hacen, las metas que se marcan con la gente, la rigidez de todo lo que plantean. Además es curioso las pocas veces que en la Obra se habla de la labor de otros "grupos", aunque esta palabra les repele, por ser distintos ni siquiera quieren que se les llame" grupo". Por ejemplo se supone que Comunión y Liberación es un movimiento con ideas similares al Opus Dei, en los casi veinte años como numeraria creo que prácticamente no he oído mencionar a esa gente. No se sabe de su existencia, no se sabe más que de la Obra, que es maravillosa comparada con cualquier otra parcela en la Iglesia, porque en la Obra todo es divino. Si hubiera ese catolicismo, esa universalidad, se hablaría con más frecuencia de tantas iniciativas que existen. Es también llamativo como en el folleto del peregrino que se editó con ocasión de la jornada de la juventud de París en 1997, figuran muchas órdenes religiosas que dan su dirección y exponen su carisma para animar a la gente a conocerlos. Por supuesto el Opus Dei no figura ahí. Su funcionamiento es mucho más selectivo, no es "echar las redes para pescar", sino la caña y cuando agarras el pez va al cesto, de donde se procurará que no escape.

Esto explica la dificultad tan grande que tienen todas las numerarias para hablar de la Iglesia, desconocen el misterio de la Iglesia y la variedad de carismas, así como la grandeza del Espíritu que se esconde en lo pequeño. Me ha hecho falta salir de la Obra para enterarme en serio de tantas manifestaciones de renovación dentro de la Iglesia católica, también para entender que el Opus no es una manifestación de esa renovación ni mucho menos, no restaura, ni renueva porque sólo piensan en su propio prestigio. Con esto no digo que sean una excepción dentro de la Iglesia, desgraciadamente es un mal que aqueja a otros muchos católicos. También es cierto que ese verse el "ombligo de la Iglesia católica" sin serlo en la realidad, porque es imposible que el Espíritu Santo esté donde no hay libertad, es más evidente en España, donde la Obra tiene una implantación mayor. En Francia, al menos el tiempo en el que yo estuve, nos sabíamos minoritarios, y veíamos sobre todo con ocasión de los viajes del Papa, muchos otros grupos más numerosos y más extendidos por todo el país.

Volviendo a otra gente en la Iglesia, saliendo del Opus es llamativo comprobar la flexibilidad de los demás para asumir su pasado y sus errores, Comunión y Liberación ha tenido iniciativas en política que no han funcionado, han dado marcha atrás y han vuelto a otras tareas que les salen mejor sin que pase nada. [Gilles KEPEL, La revancha de Dios, Anaya y Maria Muchnik, Madrid 1995, pp. 107-114]. En el Opus se reescribe la historia las veces que haga falta para que se vea la sobrenaturalidad del camino, todo lo cual demuestra que no es un auténtico camino. En los caminos de verdad hay subidas y bajadas, piedras con las que se tropieza y necesidad de levantarse, polvo que se pega y hay que sacudírselo, algún que otro bache o socavón. La Obra si se les cree a ellos, toda su bibliografía lo demuestra fehacientemente, es como la estrella de los Reyes Magos, deja una estela de luz por donde pasa sin ninguna sombra. Saben muy bien que ocultan todo lo que no les interesa que se sepa.

CAPITULO XI. CENTRO DE MAYORES (II)

Los dos primeros cursos que pasé en Torretxea coincidieron con mis dos últimos años en la licenciatura de filosofía. Por las mañanas tenía las clases, por la tarde después de la tertulia del mediodía, hacía la media hora de oración prescrita y me marchaba al centro de investigaciones de historia moderna y contemporánea donde trabajaba como secretaria. Pasaba informes a máquina, enviaba el correo que generaba por ejemplo la organización de un congreso titulado "Conversaciones de historia", ordenaba la correspondencia de Florentino Pérez Embid [fue le primer director general de Bellas Artes en los últimos años de Franco], numerario que junto con otros había legado todos sus papeles a la universidad. Es paradójico que no quieran reconocer oficialmente el peso que el Opus tuvo en los gobiernos de Franco cuando es algo que allí se palpaba y se palpa, porque creo que han ido llegando todos los archivos de las personalidades Opus Dei fallecidas. Incluso han contratado gente por medio de becas de investigación para organizarlos y estudiarlos.

Después, hacia las siete o las ocho volvía a casa donde me esperaban las agregadas para abrir la caja o para algún medio de formación. El centro estaba muy cerca de la universidad, y no tenía problema con el trayecto. Durante la semana no sacaba tiempo para estudiar, eso lo conseguía el fin de semana, por ejemplo, los sábados por la mañana si había podido dejar al día mis famosas cuentas.

En el departamento de historia coincidí con varias personas que no eran del Opus pero vivían gracias a él. Su ideología personal incluso podía estar un tanto alejada de lo que en general hay dentro, eso le da a la universidad un cierto tinte de pluralismo que les viene muy bien. Es un pluralismo encauzado, pues esas personas saben perfectamente cuál es su lugar y respetan las reglas del juego, no en vano tienen un trabajo gracias a la Obra. Yo las veía moverse y me daba cuenta de que estaban al margen de lo que es la estructura Opus Dei en la que yo estaba integrada, no tenían el famoso "tono humano", su vocabulario y su manera de vestir difería bastante de los numerarios. Sin embargo, estaban a gusto dentro de la facultad. Iban a todas las reuniones, que son muchas, y hacían las tareas que les encomendaban [En historia estaban Francisco Javier Caspistegui, Maria del Mar Larraza, Jesús María Usunáriz, Loli Martínez Arce. En filosofía Idoya Zorroza, Paloma Pérez Ilzarbe, Julia Urabayen. Todos siguen después de diez años, Loli fue despedida, con el consiguiente disgusto].

Para mí era una muestra de la apertura que hay en la Obra a todos. Ignacio Olábarri, supernumerario, era en teoría el director del departamento de historia contemporánea. Estaba enfermo con una depresión que le llevaba a no aparecer mucho por allí, y cuando lo hacía venía con una euforia que tampoco era normal. Cristina Diz Lois, numeraria, profesora de contemporánea, tenía la misma enfermedad y la veíamos todavía menos. Olábarri dirigía sus tesis doctorales y escribía algunas artículos. Pero Cristina en aquella época estaba bastante fuera de juego [Maria Luisa Moreno de Vega me contó que en su juventud la llamaban en el campus la "fruta prohibida", porque debía de ser una belleza, pero claro, era numeraria. Cuando yo la conocí esa belleza se había esfumado más por la medicación que por los años]. José María Sesé, numerario y profesor de moderna, también se veía bastante abierto y diferente, incluso para mi gusto se pasaba un poco en su extroversión. No tengo certeza de si estaba enfermo, pero lo quitaron de en medio. Acabó yéndose a la universidad de Piura en Perú. [No es exacto decir que se fue él, lo llevaron por el motivo que fuera. Había hecho una tesis sobre "El Consejo Real de Navarra en el siglo XVIII", si seguía en la línea de estudio de instituciones navarras modernas no tenía sentido el traslado].

En resumidas cuentas mi vida seguía estando llena de actividades que me impedían una reflexión ponderada y una crítica de la situación. Era feliz aunque sufría bastante por lo que ya he dicho en el capítulo anterior. También en mi pequeño trabajo de secretaria tuve que soportar alguna que otra corrección de F. M., que era mi jefe, y siendo él numerario y yo numeraria, aquello me daba un corte terrible. Me vino a decir que me mostraba un tanto arisca con el "gran jefe", don Valentín Vázquez de Prada [esta persona pertenece al Opus Dei como agregado viudo. Su hija Mercedes era profesora de historia contemporánea. Casada con un psiquiatra, me dijeron de ella que había sido supernumeraria. Nunca pregunté por qué había dejado de serio, continuaba en su puesto de profesora, a pesar de todo lo que hubiera podido tener de diferencias con el opus], y en otra ocasión me recriminó, con gran delicadeza como se hacen estas estúpidas advertencias en la Obra, mi comportamiento con Pía d'Ors. Lo de los apellidos es una enfermedad dentro del Opus Dei, Pía es hija de don Alvaro d'Ors uno de los grandes de la universidad, nieta por tanto de Xenius, pues bien, éramos muy distintas. Pía, agregada de la Obra, había estudiado historia, y trabajaba allí antes que yo, siguió después y supongo que seguirá. Habíamos hecho un trabajo juntas, consistente en corregir algún texto de los frecuentes que hacían los diferentes profesores del departamento. Al parecer yo era más expeditiva que Pía y esto la molestó. F. M. me lo hizo saber, poniéndome por delante que Pía era de tal familia, algo así como que tenía más tradición en este tipo de cosas y que lo tuviera en cuenta para no herir sus sentimientos. La mención a la familia en un problema laboral no venía a cuento, pero es algo que refleja bien cual es el "espíritu de la Obra", los supuestos en los que se vive y respira y que afloran aquí y allá sin querer. En todas las ocasiones en que mi "jefe" me tuvo que corregir eché mis lagrimillas y "a otra cosa mariposa".

En noviembre de 1990 asistí a mi primera convivencia de consejos locales. Fue en Obanos, un pueblo de Navarra, en la casa que tiene allí la Obra al lado del campo de fútbol. La casa resultaba un poco pequeña para tanta gente, casi treinta numerarias. Era una casa de una familia que había sido agrandada, pero la sensación de "montón" cuando estaba llena era inevitable pues las zonas comunes no estaban pensadas para tantas personas. En una convivencia de este tipo se escuchan muchas clases de cada una de las directoras y también de los directores, los vicarios como dicen ellos, los curas, que son el vicario delegado, el sacerdote secretario de la delegación y el director espiritual de la delegación. [Muchos que se han ido se hacen la pregunta, pero ¿alguien sabe qué es en realidad el Opus Dei? ¿qué es lo esencial de la Obra? porque lo esencial para unos es una cosa y para otros otra. Lo que sí te queda muy claro cuando estás dentro y cuando te vas es "quien manda" en el Opus Dei y eso es indiscutible. Los cargos son algo muy importante. Por ejemplo, se explica que el vicario delegado en cada delegación es el representante más directo del Padre en esa delegación, el sacerdote secretario se ocupa del gobierno de las mujeres, ayuda al anterior en ese aspecto, y el director espiritual se dice que no tiene misión de gobierno. No sé entonces en qué consiste su mando, pero es un cargo más]. Entre todos ellos y durante un largo fin de semana, que aquel año se hizo coincidir con la Fiesta de Todos los Santos, nos explicaban los objetivos y nos recordaban los criterios de gobierno de un centro. Me quedó claro que teníamos que hacer más apostolado, fue el "leif-motif" de la convivencia, hablaran de dinero, de supernumerarias o de las numerarias, siempre salía a colación en todas las clases el apostolado. Claro que ya sabemos cual es el apostolado que ellos entienden, "gente para la Obra".

La Navidad de 1990-91 la pasé en Calella (provincia de Gerona). Una supernumeraria alquilaba su hotel, de nombre Garbí, a la Obra para cursos anuales de numerarias de invierno. También era un semestre, es decir, que volvimos a coincidir muchas de las que estábamos en Logroño en el verano anterior. La Epifanía tuvo un sabor especial porque el Papa ordenaba obispo al Prelado del Opus Dei, Alvaro del Portillo. Fue todo un festejo que pudimos seguir en directo por la RAI, en la misma ceremonia también recibió esa consagración otro cura numerario que llevaba muchos años trabajando en el Vaticano, Julián Herranz. Entre las peculiaridades de aquel curso estaba la abundante pastelería que nos servían en las comidas, pues la supernumeraria también era dueña de una confitería en el pueblo. Terminábamos todas enfermas de tanto comer dulces. La supernumeraria se desvivía por atendernos, incluso aunque en habitaciones dobles durmiéramos tres, estábamos bien. Hacíamos excursiones por un paseo que bordea toda la costa, algún día estuvimos en Figueres e incluso en Ampurias, las ruinas griegas y romanas siempre han sido algo que me ha gustado especialmente. Begoña Echebarne, de la que ya he hablado anteriormente por sus dotes artísticas, nos preparó una fiesta de Reyes. Cuando te vas al curso anual y coincide con esta fiesta el regalo te lo llevas en la maleta desde tu ciudad, al llegar se lo das a la directora con tu nombre, y el día de Reyes se hace entrega del mismo junto con la broma que hayan inventado para ti ese año.

En el verano de 1991 como había tenido la suerte de hacer el curso anual por adelantado estaba libre dentro de lo que cabe, pues me quedó una asignatura. Era la ontología, impartida por Juan José Rosado. [Rosado era un supernumerario malagueño que dos años más tarde se iba a suicidar en noviembre. Su mujer tuvo mucho que ver en el "pitaje" de mi madre, incluso mi madre cuando yo hacía quinto de carrera, "intercedió" ante su mujer para que me fuera un poco mejor en su asignatura ese año. Mi madre y yo comentábamos la impresión que nos causó esta muerte y hasta que punto la enfermedad pudo con él, por lo visto tenía una depresión. Desconozco las circunstancias del caso, pero sabiendo luego la verdad de lo que la Obra hace con la gente y habiendo sabido de otra numeraria de Granada, Loles Arenas, que se tiró del último piso de un hotel en 2002, cualquier cosa es posible]. Con todo tenía tiempo y eso fue lo que pensaron en la delegación, de manera que me propusieron ayudar una vez por semana en la labor de San Gabriel que se hacía en la provincia de Soria. En Soria capital no vivían numerarias. Había un piso pequeño y digno, incluso con una habitación destinada a oratorio donde se atendía la labor, es decir, donde se impartían los círculos a las señoras de la Obra que viven en Soria y donde se recibían sus charlas fraternas o confidencias. En invierno el grupo de supernumerarias era exiguo, no recuerdo si llegaba a cinco personas, pero en verano aumentaba porque muchas señoras venían desde las grandes ciudades para pasar la temporada en el campo. Aquel verano íbamos tres o cuatro numerarias: Pili Salinas era la directora del centro de Pamplona que tenía encomendado Soria, Begoña de Acha era una numeraria mayor que ayudaba, Alicia Bustos y yo más jóvenes completábamos el equipo.

La organización de la labor de señoras en verano es un barullo increíble porque la gente se mueve mucho, pero había que ver los esfuerzos que se hacen para medio controlar a todo el mundo. El sistema que se sigue es que el centro de procedencia de las supernumerarias envía un impreso al centro que controla la zona de veraneo con los datos de la supernumeraria, las fechas de estancia, dirección y teléfono. Así que Pili iba provista de todos estos datos, y corría por cuenta de las supernumerarias presentarse el día y hora del círculo en el centro de Soria. Una de nosotras daba el círculo y luego atendíamos la charla fraterna de las supernumerarias. Eso lo repartía Pili que era la directora, nos decía a cada una a quien teníamos que atender, si nos encontrábamos a alguien imprevisto allí mismo se decidía.

El Opus no se esmera en llevar las charlas de las supernumerarias. Está comprobado porque las señoras rara vez hablan sólo de lo que tienen que hablar. Cualquier numeraria que ha estado en la labor de san Gabriel sabe que en la charla sale absolutamente de todo y que hay que cortar a la persona muchas veces para volver a lo que de verdad interesa: cumplimiento de las normas, planes apostólicos, santificación del trabajo, cómo se han vivido las diferentes virtudes [Esto sería lo que "me interesaba a mí", que me había creído la misión espiritual]. Cuando no se tiene experiencia en san Gabriel y se escucha por vez primera la charla de una supernumeraria es probable que tengan que venir a llamarte de que se hace tarde. En Soria me asignaron algunas supernumerarias jóvenes, una en concreto, llena de escrúpulos de conciencia. Sentadas las dos en la cocina del piso hice lo que pude por tranquilizarla, me daba la impresión de que la mujer se hacía un lío terrible.

Realmente yo no sé si los consejos espirituales que dábamos y seguirán dando las numerarias en las charlas sirven de algo y si se dan bien. Tengo para mí que muchas veces se encargan estas tareas a gente que no está preparada o, -ya he contado el plantel de mi centro en aquella época- que está mayor y enferma, o gente que sinceramente no quiere hacerla bien. En medio del montaje que es la Obra, sí hay numerarias que saben escuchar a las supernumerarias con sus innumerables y variados problemas, y proporcionan una oreja interesada en las preocupaciones ajenas, es lo que se podría salvar de todo. Pero claro, para escuchar tantas confidencias de personas que al menos se van desahogadas psicológicamente no hace falta engañar como a mí me engañaron.

En este tema de san Gabriel es donde más vi que me "pasaba de rosca", quiero decir, que me tomaba con una seriedad la formación y la espiritualidad de las supernumerarias que ni siquiera muchas directoras se planteaban. Para ellas san Gabriel en el fondo es dinero, la famosa aportación mensual de las supernumerarias se controla mucho, y es influencia social, pues las señoras no están recluidas en la vida interna de la Obra como las numerarias. Ellas tienen relaciones que siempre a un grupo como es el Opus Dei interesa. Claro que yo siempre he visto la influencia social como un medio para hacer apostolado, es decir, el objetivo fundamental es llevar las almas a Dios, ellas dicen que este es su objetivo, pero no lo es. Pongo por ejemplo la mala formación que se da a las señoras, comparada con la de las numerarias no tiene nada que ver. Se las atiende de mala manera muchas veces, no se las escucha de verdad, se hace mofa o se toman a la ligera sus problemas familiares graves, y si dan la aportación y van al círculo ya han cumplido.

Además en cuestiones del espíritu, dejémonos de cuentos, la influencia social de los santos no tiene nada que ver con su posición. Pienso ahora en Marta Robin [Jean GUITTON, Retrato de Marta Robin, Monte Carmelo, Burgos 1999], fue una muchacha enferma, recluida en una habitación oscura pues la luz la hacía enfermar, en un pueblo perdido del sur de Francia. Para el Opus Dei era nadie, pero hay que leer su vida para comprender la impronta que dejó en mucha gente, incluso intelectuales franceses ateos de su época. Era una mujer de Dios y donde hay una mujer así está comprobado que la gente acude como moscas buscando esa caridad que irradia una vida de sufrimiento. La Obra está muy equivocada en la presentación que hacen de sí mismos como gente que quiere ir a las" cumbres para desde allí fecundar los valles", las cumbres y los valles que los hombres ponemos con frecuencia no tienen que ver con las cumbres y los valles que Dios pone. La historia de la Iglesia nos lo demuestra una y otra vez, pues la fuerza de renovación ha venido muchas veces de abajo, del enfermo, de las mujeres, del ignorante, del perseguido, de aquel en quien nadie repara. Todo lo contrario de lo que hace el Opus Dei que va buscando" aquel en quien todos reparan" .

Por la mañana pues, atendíamos la labor en Soria capital y por la tarde íbamos a dos pueblos, Derroñadas y Navaleno, alternando las semanas pues también había gran concentración de veraneantes de la Obra en esas zonas. Regresábamos a Pamplona hacia las diez de la noche. Aquel verano coincidió con la jornada de la juventud en Polonia. El Prelado del Opus Dei tuvo el encargo de decir una Misa o presidir la reunión de jóvenes de habla hispana en una iglesia, se comentó mucho este hecho, pues fue una distinción y una prueba más de la confianza que Juan Pablo II ha depositado en el Opus Dei.

En septiembre de 1991 empecé mi último año en la licenciatura de filosofía. Seguí con mis tareas en Torretxea y en la universidad. El trabajo en el centro de investigaciones de historia me abrió las perspectivas de lo que es la universidad, la investigación y la docencia, mi labor allí no tenía nada que ver pero lo que hacían aquellos profesores me atraía muchísimo. Estaba en la recta final de mi carrera y había que ir pensando en el futuro. En septiembre de 1991 una numeraria que acababa de llegar de Roma después de casi treinta años en el colegio romano y en la asesoría vino a vivir a Torretxea. Era Elisa Luque, venía como subdirectora del centro de numerarias, Esperanza dejaba ese puesto y dejaba también el cargo como directora del centro de supernumerarias. Recuerdo que hicimos un brindis para celebrar "el cargo y el descargo" en palabras de Esperanza. Con Elisa hice muy buenas migas por varios motivos. Debo decir que las directoras de la delegación no llegaron a captar la amistad, pero después de ocho años en el Opus encontré alguien con quien podía hablar largo y tendido de muchas cosas. Fue lo más parecido a una amistad, digo "lo más parecido" porque tampoco fue una amistad como se verá.

Cuando en el Opus por el motivo que sea no conviene reconocer los méritos de una persona, se busca un "talón de Aquiles", algo con lo que tener a la persona atada diciéndole que en ese campo concreto tiene mucho que hacer, y que por supuesto no hace casi nada. He comprobado que lo han hecho con otros del mismo modo que conmigo. En el aspecto de la piedad, cumplimiento de todos los rezos era irreprochable, lo he sido durante años porque no me dejaba una norma ni por casualidad. En el trabajo tampoco podían decirme que era perezosa pues ya he narrado como aprovechaba al máximo el día para que cupieran todas las actividades. En los encargos apostólicos y en el apostolado tampoco tenían nada que decir puesto que siendo una persona con bastante tarea interna me apañaba para sacar tiempo y quedar con mis amigas, cosa que las numerarias mayores, salvo honrosas excepciones, no hacían.

Así que el único campo en el que durante años me han machacado ha sido la fraternidad, es decir, el cariño o lo que ellas llaman "cariño" a las demás numerarias. [Por mucho que quieran evitarlo el cariño a las demás en la Obra como no puede transcurrir por los cauces de la amistad sincera, sería "una amistad particular", se reduce a formalismos, al espíritu de servicio de poner el agua en los vasos cuando se está en la mesa, o servir el café a las demás, o no empezar a comer de un plato hasta que la directora ha empezado, o no decir lo que se piensa si es lo contrario de lo que la directora o una de las que lleva la voz cantante piensa. Sería falta de delicadeza. Queriendo evitar las discusiones normales entre gente que está en la vida, se acaba discutiendo de auténticas futilidades o peor aún, riéndose de asuntos que no tienen gracia ninguna, pero que si le hacen gracia a la que preside la reunión también te tienen que hacer gracia a ti. Ni Luis XIV haría más complicadas y poco naturales las relaciones humanas]. Pero en el fondo sabían que tampoco era cierto porque también saben que he dado mucho tiempo para hacer cosas que otras dejaban sin hacer. En aquel centro por ejemplo con tanta enferma, siempre había consultas a las que acompañar, incluso hice algunos viajes a Madrid con Maria Luisa que me trataba como si fuera su doncella, yo lo toleraba porque veía en ella una persona mayor que no estaba bien. Pero todo eso al Opus le da lo mismo, ellas necesitan tener algo que decir para que no te creas que eres perfecta, o para que no te des cuenta de que en muchas cosas eres incluso mejor que ellas. Por eso me han hecho correcciones fraternas en relación con la caridad multitud de veces. En resumidas cuentas que tenía asumido que no sabía querer a las demás, viviendo y haciendo favores que ellas no hacen.

Pero cuando llegó Elisa, un sábado después de la bendición [la bendición con el Santísimo y el rezo de la oración Salve Regina es obligatoria todos los sábados] que era a las cuatro de la tarde y supongo que después de haber confesado, también lo hacíamos en ese tiempo, subí a su habitación. Y sin saber casi ni como empezamos a hablar de mi trabajo y de su trabajo, le conté que estaba en quinto de filosofía, que había estado en Francia donde había estudiado historia. Elisa me contó que en Roma había investigado en los archivos vaticanos y que a partir de ahí había empezado a realizar un proyecto con la facultad de teología de Pamplona. Elisa es "americanista", es decir, su tesis la hizo en historia de América en la facultad de Sevilla. Siempre ha tenido mucho contacto con Méjico, por ejemplo realizó un trabajo sobre el colegio de las Vizcaínas en Méjico financiado por el gobierno vasco, y algunos otros libros relacionados con la evangelización de América. Era un punto de contacto, porque yo le dije que en París había trabajado en el Seminario sobre la evangelización que Meri LIado había puesto en marcha. Aquella tarde me sentí revivir, ¡al fin alguien con quien compartir inquietudes intelectuales! Quizás estuvimos tres horas hablando sin parar, era algo tan inusual en mi vida de numeraria que me resulta inolvidable.

Después tuvimos muchas más conversaciones. La otra cara de la situación es que Elisa estaba operada de la columna y a veces le daban grandes dolores, en esas ocasiones en que se quedaba en cama requería de muchos servicios. Quizás más de lo normal, se pasaba un poco pidiendo, era otra numeraria mayor acostumbrada a que le sirvieran, yo se lo hacía todo pues me sentía útil y apreciada. No es que pusiera esas dos palabras en mi mente, pero en la realidad era eso. Además Elisa fue una persona que se preocupó mucho por mi futuro profesional y me ayudó, cosa que nadie más hizo. Por eso siempre la consideré una gran amiga, aunque tengo que decir que con el paso del tiempo vi que tampoco lo fue, la amistad es imposible en el Opus Dei, ellos la hacen imposible por su manera de funcionar.

Recuerdo que una vez en que la cuidaba cuando estaba enferma me preguntó si yo hacía ese tipo de cosas con mis padres, le dije que no había tenido la oportunidad y era cierto. Nunca se me había ocurrido que yo pudiera ser enfermera pero en aquella casa con tanta gente mala, empecé a hacer mis pinitos cuidando enfermos y debo decir que no se me daba mal. Incluso en la delegación lo tuvieron que reconocer y me lo pusieron por delante cuando me cambiaron a otro centro en 1993. Pero no adelantemos hechos.

Aquel curso 91-92 estuvo lleno de acontecimientos. En el Opus Dei no fue el menos importante la noticia recibida el 24 de setiembre de 1991 de la beatificación del Fundador el siguiente 17 de mayo. Tal y como se hacen las cosas en la Obra hubo movilización general para algo tan fácil como puede ser ir a Roma, se empezaron a organizar multitud de viajes de diferentes precios y en diferentes medios de transporte. Hubo quien fue a Roma y aprovechó para hacer un tour por Italia, y hubo quien fue y vino prácticamente en el día. La eficacia gestora y organizativa de los eventos en el Opus Dei está fuera de duda. Todas las regiones enviaron a sus delegados para inspeccionar la ciudad, los hoteles, los alojamientos de cualquier especie con el fin de evitar timos que al final suelen ser algo inevitable. Desde septiembre hasta mayo de 1992 se puede decir que vivimos a ritmo de beatificación. Había que llenar todas las plazas contratadas en aviones, hoteles, autobuses... etc. Si no recuerdo mal el ayuntamiento de Roma incluso aconsejó a los ciudadanos que se fueran a la playa pues llegaba el Opus Dei a tomar la ciudad, y fue realmente eso, llenamos la ciudad.

Además se decidió institucionalmente que todas las numerarias y agregadas posibles viajarían, se quedarían en tierra las indispensables para no cerrar los centros. En Torretxea tuvimos suerte porque Elisabet no era amiga de aglomeraciones y se ofreció voluntaria para quedarse. Pero de cualquier forma todo el mundo se apañó para ir a Roma ese año, la que no acudió el 17 de mayo acudió con motivo de la convivencia del UNIV. En cuanto dijeron que todas podíamos ir, no diré el nombre, pero recuerdo a la primera agregada que vino a sacar dinero de la caja para pagar el viaje a Roma. Aquel año con los viajes, hubo una reducción de aportaciones a la delegación, también hubo quien se procuró el dinero vendiendo el equipo para sobrevivir en la plaza de san Pedro: silla plegable, impermeable, botella de agua, foulard o chapa conmemorativa. Es conocida la habilidad de mucha gente auténticamente Opus para hacer dinero en cualquier situación.

Mientras llegaba mayo había que seguir trabajando y en el mes de enero hubo un acontecimiento que nos iba a unir más si cabe a Elisa y a mí. Resultó que el concejal de cultura del ayuntamiento de Cascante necesitaba un conferenciante de manera urgente porque le había fallado uno que tenía previsto. Esa persona llamó a Pamplona a alguien de su partido político pidiendo ayuda. A su vez, no sé muy bien a través de quien, éste llamó a la universidad, y la petición de socorro llegó a Elisa quien se ofreció para impartir una charla sobre el descubrimiento y evangelización de América, era uno de los temas estrella de 1992 pues además de la beatificación y de las Olimpiadas de Barcelona, también era el año del quinto centenario.

Una tarde de invierno con las carreteras nevadas, Elisa y yo nos montamos en el coche de un tal señor Morrás funcionario del ayuntamiento de Pamplona, para dirigimos a Cascante a dicha conferencia. Fue en la casa de la cultura de la localidad y nos presentaron a los miembros del partido que organizaba el evento, entre ellos una chica obrera en un taller de confección del pueblo. Nos ofrecieron un piscolabis y regresamos a Pamplona por el mismo procedimiento. En el viaje el señor Morrás nos habló de sus hijos, de sus respectivas carreras y de muchas otras cosas. Fue un punto importante haber conocido a este hombre porque gracias a él pude realizar mi tesis doctoral en filosofía.

 En mis charlas con Elisa me empezó a hablar de que tenía que ir preparando el futuro. Me dijo que, primero intentara conseguir que los profesores me pusieran buena nota en quinto curso, cosa que hice. Tuve una conversación con cada uno de los que pensaba que era posible pidiendo el sobresaliente, al menos en dos casos lo obtuve, por supuesto que lo pedía porque al mismo tiempo trabajaba, de otra forma no hubiera osado hacer semejante petición. Y en segundo lugar, como vio que no había congeniado con ningún profesor para que me dirigiera una hipotética tesis doctoral me sugirió que entrara en contacto con un sacerdote de la facultad de teología don José Ignacio Saranyana. El 14 de febrero, fecha emblemática en la Obra, pues es el aniversario de la Fundación de las mujeres y de los sacerdotes, además de ser san Valentín para todo el mundo, tuve mi primera entrevista. Don José Ignacio se distingue por haber ayudado a muchas numerarias a salir adelante en casos como el mío, tiene una especie de venia en la universidad, porque no es normal que un sacerdote numerario se relacione con tantas mujeres de la Obra públicamente fuera del confesonario. La relación era puramente profesional y a mí, desde luego me echó un cable en un momento en que nadie en la facultad de filosofía daba un duro por mis cualidades investigadoras.

Don José Ignacio es de esas personas que no se detienen ante nada, no hay obstáculos para él, está en los detalles más prácticos de la vida, cosa sorprendente en un varón, y al mismo tiempo sabe encontrar la chispa teológica o filosófica a cualquier tema del que se ocupe. La idea de hacer una historia de la filosofía y la teología en Navarra fue enteramente suya. No sé si ya por entonces yo había escuchado el chiste que dice: "¿Pensamiento y navarro? ¡imposible!", y aunque veía que mis compañeros de curso se iban a decantar por estudiar a Nietzsche, Schopenhauer, Santo Tomás, en resumidas cuentas a filósofos serios y reconocidos, como no tenía otra cosa me lancé al proyecto de poner las bases de una historia de la filosofía en Navarra. Yo creo que más de uno se lo tomó a broma y a mí me daba un poco de vergüenza explicar el tema de mi investigación, pero una vez más me puse a la tarea. Elisa siempre estaba a mi lado para animarme y hacerme ver las ventajas de algo tan asequible y al mismo tiempo que estaba por hacer. Había que conseguir la financiación para el proyecto.

 Presenté la correspondiente solicitud al gobierno de Navarra en la primavera de 1992 antes del famoso viaje a Roma. La respuesta no se sabía hasta el mes de octubre. En todo ese tiempo Elisa no dejaba de empujarme para que llamara al señor Morrás y le hablara de que me concedieran la beca. Y surtió efecto. Yo me veía un poco ridícula desplazándome hasta las cocheras de la policía municipal en la calle Monasterio de Irache, un lugar en el que no se me había perdido nunca nada, pero en el que estaba la oficina de Morrás, al que iba a ver para recordarle que hablara de mí en el departamento de educación del gobierno de Navarra y me eligieran. Lo que más me sorprendía del tema es que Elisa ponía casi más empeño que yo misma en que acudiera a pedir, me costaba un triunfo, pero por mortificación lo hice varias veces. También es inolvidable el día en el que fui al departamento de educación que estaba entonces en un local encima de los cines Golem de Pamplona, y la señora que llevaba el tema me confirmó que me habían dado la beca por tres años. Me dijo: "Esto es una lotería y a ti te ha tocado". Me había tocado porque había dado al bombo para que saliera mi número, pero el comentario me lo callé.

Por lo demás en el centro cada una de las numerarias se organizó por su cuenta para ir a la beatificación. Hubo quien se apuntó al avión Noain-Roma, y hubo quien como yo nos apuntamos al autobús. Nissa me habló del viaje organizado por dirección de enfermería de la clínica. También me dijo que dos chicas de Pamplona, adolescentes, que ella conoció en la consulta de cirugía querían ir, me podía apuntar con ellas. Así fue como hicimos el viaje en un par de autobuses "couchette" alquilados en el pueblo francés de Ainhoa. Tenían la ventaja de que para dormir los sillones se abatían completamente, y por tanto viajábamos de noche tumbadas, aunque al mismo tiempo el resultado final de la transformación de los asientos en literas daba un poco de claustrofobia.

Nos alojamos muy cerca del Vaticano y el viaje resultó un éxito. Fue una concentración de Opus Dei alucinante, era como si toda Roma fuera un inmenso centro lleno de numerarios, numerarias, supernumerarios, agregados y amigos para la ocasión, porque para llegar hasta 300.000 que dicen que hubo el 17 de mayo hubo que invitar a media humanidad. Así es como se funciona en la Obra: se invita a media humanidad, porque de esa media la mitad dice que no pero la mitad dice que sí, con lo cual el resultado es que siempre hay mucha gente y, lo que al principio en Camino en 1939 era una élite, se ha convertido en una de las organizaciones católicas con más capacidad de movilización de masas, al menos en los países de fuerte implantación de la Obra: México y España a la cabeza.

La organización de la Plaza de san Pedro con sus zonas, sus números, sus billetes de diferentes colores, sus socorristas con botellas de agua para las emergencias, todo en manos de la Obra resulta perfecta. El día 17 me tocó en medio de la plaza y casi no veía nada, pero le emoción de estar allí compensaba el calor y la aglomeración. Era impresionante el recogimiento de la gente, ver tanta masa y todos tan callados durante la Misa son vivencias que se quedan dentro. La piedad se cuida al máximo en la Obra. Luego estaba la emoción de que al ir por la ciudad encontrabas a gente que hacía mucho tiempo que no veías, por ejemplo al terminar la ceremonia me topé con Marie Odile, francesa que venía desde Finlandia con alguna que otra coreana. Son las cosas que tiene el Opus Dei que hacen que pienses que estás en algo abierto al mundo, estando en un grupo muy cerrado, porque la apariencia de universalidad y apertura se cubre con este tipo de recursos de juntar gente de los cuatro puntos cardinales. Claro que España y lo hispánico siempre es predominante, pero esto se pasa por alto.

Tuvimos la suerte de que una profesora de la facultad de Arquitectura nos acompañara. Maria Antonia Frías, numeraria, sirviéndose de la guía verde Michelín, nos hizo dos recorridos por Roma, uno por cada uno de los días que estuvimos allí, agotadores pero muy bien ilustrados. También estaba organizado el horario para ir a rezar ante los restos del nuevo beato en la iglesia de San Eugenio. Dentro de la iglesia había gente que hacía circular y levantar a los que se quedaban demasiado tiempo extasiados pues todo el mundo tenía que tener su oportunidad y éramos una multitud. El día 18 una vez que cumplimos con nuestro turno nos montamos en el autobús de vuelta a Pamplona. Por cierto que uno de los comentarios de los miles que se hicieron de aquellos días, que pasaron como no podía ser menos a formar parte de la mitología Opus dei, fue la suerte de la hermana Giuseppina Bakhita, al ser beatificada a la vez que Escrivá su ceremonia había tenido más resonancia mundial.

No nos quedará más remedio que esperar para enterarnos de si la resonancia de los santos en el cielo se mide por número de peregrinos por metro cuadrado en la plaza de san Pedro. También a la beatificación del Padre Pío acudió media Italia, y sin dar tanta guerra a la gente como da el Opus para llenar sus autobuses.

Al regreso de Roma me esperaban los últimos exámenes de la carrera de filosofía. De hecho, en el viaje había ido escuchando una cinta que grabé con la lectura en voz alta de mis apuntes de la asignatura Etica II, impartida por Rafael Alvira. Eran unas clases que me entusiasmaban hasta tal punto que un día invité a mi hermano, estudiante de veterinaria, a una de ellas. La clase era una crítica socrática al sistema democrático. Probablemente las críticas estaban bien hechas, pues la democracia como cualquier invento humano tiene sus fallos. Por ejemplo, recuerdo la crítica de la importancia de lo económico que acaba siendo lo sustancial en la sociedad. Cuando una numeraria de 22 años está viviendo una vida "angelical", en el sentido de que no tiene las urgencias económicas de cualquier persona de su edad y ve el dinero no como algo propio, sino como algo ajeno, algo de la Obra que ella sólo administra, lo que Alvira decía en aquellas clases entraba muy bien. Ocurre que ahora sé que no es precisamente un miembro del Opus Dei el crítico más autorizado de la sociedad capitalista basada en el dinero, puesto que si bien, yo como numeraria de a pie no tenía ni dinero ni poder, estaba contribuyendo con mi vida a que la institución tuviera ambas cosas. Mi vida de entrega, como la de todo ingenuo numerario que no sabe donde está, era una máscara de religiosidad que encubre la realidad del Opus.

Ya he dicho lo amigos que son en la universidad de Navarra de las celebraciones. El primer sábado de junio de 1992 tuvimos la correspondiente fiesta de licenciatura a la que asistieron nuestras familias. Después de la ceremonia académica hubo un aperitivo en el nuevo edificio de derecho, recién construido aquel año. Sucedió algo que entonces me llenó de vergüenza, mi madre se acercó a Rafael Alvira y empezó a "hablarle bien de mí” [Pongo esta expresión entrecomillada porque cualquiera que ha pasado por la Obra sabe que en las Preces a la Virgen se le reza algo así: "Recordare Virgo Mater Dei dum steteris in conspectu Dei ut loquaris pro nobis bona". Que traducido es: "Acuérdate, Virgen Madre de Dios, cuando estés en presencia de Dios de decide cosas buenas de nosotros"]. Le vino a decir que su hermana Maria Isabel había estado muy contenta de tenerme en Les Ecoles, y en fin, a hacer valer los méritos de su hija con la esperanza de que me hicieran un hueco en la universidad. Mi madre siempre ha sabido mejor que yo en qué consiste el Opus. Es otra de las paradojas de mi vida, siendo ella supernumeraria y yo numeraria, ella era más consciente de que no todo era tan espiritual como yo siempre lo he visto. Pero en esto fue la Obra quien me crió, no mi madre. Al mismo tiempo, aquel mismo día a este profesor en animada conversación con los padres de Manolo, uno de mis compañeros numerarios que ya había dado muestras de su valer en el campo de la lógica, él nos daba clases de "apoyo" en 4° a los que éramos más torpes en esta asignatura. Yo sabía que él tenía ya su lugar en la universidad, se quedaba haciendo el doctorado. En aquellos momentos mi futuro era todavía incierto, como otras veces, me sentí dejada de lado, minusvalorada. Fue otra pequeña tristeza en la que también como otras veces, no me paré ni medio minuto. Había que luchar para salir adelante y conseguir un trabajo, además de que siempre pensé que mis compañeros eran bastante más dotados que yo para la filosofía y que al final había acabado pagando los dos cursos que hice a distancia. ¡Qué equivocada estaba!

Veía que siendo una de las numerarias de la clase, sin embargo, era la que me quedaba más al margen de la institución. Todos los de la Obra se colocaban, quien en un colegio labor personal, quien en la universidad, quien seguía haciendo estudios de teología o lo mandaron a Roma para hacer el colegio romano. Incluso está el ejemplo de Carlos Becerril, otro compañero de Pamplona, que sin ser del Opus tuvo su puesto en el colegio Irabia de Pamplona, obra corporativa [es decir un centro del que la Obra como tal se hace responsable], como profesor de inglés.

 Lo de las colocaciones gracias al Opus se parece de alguna manera a la influencia de los miembros de la Obra en los gobiernos franquistas: es algo que todo el mundo está harto de comprobar, y que ellos niegan una y otra vez recurriendo a falsos e increíbles argumentos para cualquiera que lo piense despacio. Por supuesto son argumentos que a mí me servían. Ahora no me sirven. Aquel mismo verano de 1992 hice el curso anual en Obanos. La directora era Rosario Ezcurra, una numeraria que era la directora de la delegación cuando yo pité, una persona de lo más exquisito y elegante en su trato. Hacía la charla fraterna con ella. No recuerdo que me presionara mucho con mis famosos puntos de lucha, pero sí recuerdo una de las confidencias que hice bajo los pinos que estaban al lado de la piscina de Villa Loarre. Cuando ya habíamos terminado de revisar mi vida espiritual, es el contenido oficial de la charla, pasó a hablarme de un tema que no tenía nada que ver. Me dijo que había una señora mayor impedida que estaba buscando a alguien para que viviera con ella, alguien de confianza. Rosario me preguntaba si yo conocía a alguna agregada que no le importara "acoplarse" en casa de esa señora. Ella al haber sido directora en Pamplona conocía bastante a todo el mundo, y sabía que yo estaba en un centro donde quizás podía haber alguna agregada que accediera. Incluso me nombró a Mayte Alquiza. Mayte era una agregada que administraba uno de los famosos pisos para seminaristas. Sus padres vivían en San Sebastián, ella estaba sola en su piso de Pamplona, y cabía la posibilidad de que no le importara mudarse.

La gestión no llegó a salir, pues Mayte bastante tenía con su trabajo, ya he mencionado los quebraderos de cabeza de las agregadas que administraban estas residencias de seminaristas: eran un caos porque se querían hacer las cosas como si fuera un centro del Opus, pero ni los residentes eran del Opus, ni la administración estaba compuesta por numerarias y numerarias auxiliares. La preparación de las numerarias y de las agregadas en líneas generales es muy diferente en lo referente a la administración, y además la plantilla de las empleadas eran "señoras de la calle", en terminología Opus, gente madura, no niñas ni numerarias auxiliares dispuestas a cualquier sacrificio por la institución. Incluso no pudieron evitar que en algún momento se les infiltrara alguna empleada con reivindicaciones sindicales en la administración de Bidasoa, uno de estos seminarios situado en Barañaín.

Con este ejemplo quiero ilustrar la cuestión de las "colocaciones" gracias al Opus. Yo misma fui protagonista de una de ellas. Unos años más tarde el hijo de un primo no fue admitido en la carrera de Económicas. En aquellos momentos una de las secretarias de rectorado, Maria Teresa Igúzquiza, agregada, hacía la charla conmigo. Así que lo tuve francamente fácil, por el mismo procedimiento que Rosario había intentado conmigo le dije si no podía encontrar un hueco para mi primo. Y lo encontró. La segunda parte es que por otra rama de mi familia otro primo intentó una gestión parecida para su hijo, en esta ocasión era la carrera de arquitecto técnico, pero este primo tuvo menos suerte porque cuando me lo pidió yo ya no vivía en Pamplona y al no ser nunca una "numeraria importante", ya no tenía tanta facilidad para conseguirlo. Conservo la carta de esta misma secretaria diciéndome que lamentablemente no podía hacer nada por mi pariente (ver anexo). Recuerdo lo mal que le sentó a mi madre que yo anduviera con estas gestiones para otros, siendo así que la primera excluida de la nómina de la universidad era yo misma.

¿Cómo encajaba esa exclusión? Muy fácil, un aspecto del que no he hablado aún es la llamada "mentalidad laical". Según la mentalidad laical, rasgo del espíritu de la Obra: "si alguna vez uno de la Obra intentara servirse de otro miembro para fines humanos saldría expulsado sin miramientos porque los demás se rebelarían legítimamente” [Apartado III, clase 31. El apartado III consta de cincuenta clases que recibe el neófito entre la Admisión, incorporación temporal por un año hasta la oblación, y la oblación, incorporación renovable el 19 de marzo (ver anexo)]. Ya he explicado mis humildes ejemplos en que me serví de otro miembro para fines humanos, por supuesto que esto no tuvo nada que ver con mi salida de la Obra. En mi enamoramiento entusiasmado de la Obra a veces creía más las teorías que los hechos que pasaban ante mí: este es un buen ejemplo. Expliqué muchas veces a las vocaciones jóvenes que no hay que servirse de la Obra para fines humanos, entiéndase laborales o similares, cuando es cosa conocida en España los "enchufes" y el favoritismo del Opus con los suyos. Es algo de lo que no acusaría a la Obra sino fuera porque predican lo contrario, quiero decir, que el "enchufismo" no es privativo del Opus Dei y no es mi objetivo barrerlo de las prácticas sociales. Lo denuncio en este caso porque me han hecho portavoz tantas veces de una doctrina que ellos mismos desmienten con sus acciones.

Los cursos anuales del verano de 1992 estuvieron alimentados por muchas anécdotas inacabables de las jornadas de la beatificación. Así mismo otra novedad fue que dado que el Prelado de la Obra era obispo desde enero de 1991, él mismo podía proceder a conferir el sacramento del orden a los numerarios y agregados de la Prelatura. Asistí a la primera ceremonia en septiembre de 1991 en Torreciudad, y a algunas otras, por motivos diferentes recuerdo la del 93 y la del 95. Este paso fue muy importante, porque hasta entonces el Padre tenía que pedir el favor a algún obispo amigo. A partir de 1991 la libertad era más amplia, aunque por la política de "relaciones exteriores" de la Obra con la jerarquía siempre viene bien invitar a algún obispo a estas ceremonias. De aquellas visitas del Padre a Torreciudad sólo puedo relatar el auténtico clima de "fanatismo" del que yo misma era presa. Los fenómenos de entusiasmo contagioso que se crean artificialmente en el Opus Dei con motivo de la cercanía del Prelado son dignos de estudio. Lo ves en las mayores, y tú no quieres ser menos, creo que es mimetismo, hay que participar, sentirse integrado en el grupo y por tanto hay que manifestar entusiasmo ante su presencia. Para entrar al santuario de Torreciudad había que tener invitaciones, si no era el caso, el truco estaba en colarse utilizando los gestos, las carreras, empujones incluso, hasta cierta "caradura" para ponerse en las vallas de contención y saltar o pasar en un momento de despiste de los vigilantes. Este tipo de hazañas para colarse sin la entrada correspondiente en un puesto mejor es una de las conductas típicas de algunas numerarias, además los relatos de cómo se consiguió estar más cerca del Papa o del Padre burlando la vigilancia llenan tertulias enteras después de la comida o de la cena en el centro. Debo decir que me faltó en ocasiones "caradura" para colarme, pero alguna que otra vez lo conseguí: ¡qué sensación de triunfo entrar sin permiso donde uno no estaba invitado!

 El otoño de 1992 tuvo para mí la novedad de que el Gobierno de Navarra me concedió una beca predoctoral. Empecé mi trabajo en la biblioteca de profesores que entonces llamaban popularmente el "búnker". Estaba en el edificio de bibliotecas y era una zona en la que sólo entraban investigadores con lo cual los estudiantes de licenciatura no podían acceder, así se facilitaba la tranquilidad para el trabajo del profesorado. El "búnker" tenía tres plantas y acogía a profesores y doctorandos de letras y teología. Cada profesor tenía su mesa particular, pero ya en aquel entonces empezó a producirse una escasez de espacio, había mesas compartidas por varias personas. Se estaba quedando estrecho a ojos vista. Tuve la suerte de que Elisa me prestó la mesa que a ella le habían asignado como profesora de la facultad de teología, ella trabajaba en otro edificio donde impartía sus clases, así que casi nunca aparecía por allí. La biblioteca, utilizando una expresión de uno de mis profesores de la facultad, era para mí el "cielo", me he sentido siempre muy a gusto entre libros. Cada grupo de seis mesas estaba rodeado de estanterías que hacían el papel de paredes. Desde el suelo hasta el techo los libros eran mi entorno.

Tenía un tema de investigación y una beca por lo que tras dos años de trabajo me despedí de F. M. y el centro de investigaciones de historia moderna y contemporánea. En cuanto supe la noticia de la concesión fui a decírselo, terminaba mi relación laboral con dicho centro. El último trabajo serio que desempeñé fue la trascripción y traducción del francés de las Conversaciones de historia que habían tenido lugar en el mes de mayo. No sabía si podría seguir adelante con esa labor, pero F. M. no lo dudó un momento, en cuanto le dije que tenía la beca me señaló que debía dedicarme a mi tesis y dejar el centro.

 Empezaba una situación un tanto curiosa dentro de la facultad, era doctoranda pero no estaba en ningún departamento ni tenía una relación estrecha con ningún profesor de filosofía. En realidad quien me había apoyado era un profesor de la facultad de teología, Saranyana. Me quedaba por delante la tarea de conseguir que alguien de mi facultad se responsabilizara aunque

fuera nominalmente de mi trabajo. Fue toda una estrategia que culminó cuando José Luis Rodríguez, profesor de historia de la filosofía, aceptó firmarme todos los papeles necesarios. Ahora, en la distancia, todo esto puede parecer sin importancia ninguna. Para mí la tenía porque observaba como incluso doctorandos que no habían estudiado en la facultad eran acogidos por los profesores y tenían su beca de la universidad. Me refiero sobre todo a tantas numerarias y numerarios, también supernumerarios y agregados procedentes de América hispana en su mayoría. Por otra parte estaban las numerarias que llegaban de un trabajo interno directamente a su mesa en la biblioteca y a su nombramiento como profesora. Concretamente pienso en María Cerezo, María era una numeraria muy simpática, de Madrid, que había sido directora de Estudios en la delegación de Pamplona. Ignoro cuánto duró en el cargo, pero pasó de la delegación a vivir en mi centro, de manera provisional, luego fue a una casa que se abrió en Cizur y por supuesto en la facultad la estaba esperando en el departamento de lógica.

 Recuerdo que por aquellas fechas, quizás fue en el curso 1991-1992, fue nombrado rector Alejandro Llano, uno de los profesores que más he admirado siendo numeraria. Tal vez le pedí entrevistas dos o tres veces para que me hicieran un sitio en la facultad. Recuerdo la expresión que utilizó una de las veces: "tenemos el banquillo a rebosar". Es cierto que la escasez de alumnos de filosofía en la última década en Navarra ha sido notable. [En estos momentos estoy en condiciones de decir que dicha situación se explica por sí sola, pues la filosofía sin libertad carece de su sentido más original y originario. Y en los colegios de la Obra repartidos por toda España no se empuja precisamente a los altos vuelos del pensamiento, pensamiento desprendido de intereses materiales como también solía decir Llano: "no es que el filósofo no pueda comer con la filosofía, lo que no puede es cenar". Otro estudio sociológico interesante: ¿cuáles son las carreras emprendidas por los alumnos de los colegios del Opus en España? Podría compararse con otros colegios. Me arriesgo a un pronóstico: derecho, económicas... seguramente derecho en una proporción significativamente más alta que otras, es el estilo de la Obra: el gusto por la ley, para hacerla cumplir a los demás y por el poder, para disfrutarlo uno mismo].  Así que yo me contentaba con esta explicación, había muchos profesores y pocos alumnos, estaba a la vista. Pero eso no impedía que otras compañeras, como Ana Marta González o Cruz González, tuvieran su puesto, aunque sea dando clase de antropología a los estudiantes de farmacia. La política en la universidad consistía en procurar a sus jóvenes profesores una plaza en la universidad estatal, pero esto se ha revelado a menudo misión imposible. El último profesor que lo consiguió fue José Luis Rodríguez en Murcia, Angel d'Ors también obtuvo su plaza de lógica en Madrid por entonces.

 En la universidad de Navarra siempre he sido un verso suelto. Ahora me alegro por ello, pero entonces la situación distaba mucho de agradarme. Luché por mí misma, por hallar mi espacio, vencí mi propio miedo al rechazo, no era un miedo ante lo irreal, era un sentimiento ante una realidad que superé con el paso de los años y me hice poco a poco mi propio hueco. Por otra parte tenía la ventaja de que al no estar en la nómina del profesorado de la facultad tenía mucho más tiempo, pues los profesores ayudantes eran a menudo "el chico de los recados", y con lo que les gusta en el Opus hacer servir y que les sirvan cuanto más lejos mejor. No lo digo a humo de pajas. En una conferencia dictada con motivo de uno de los cursos de doctorado titulado "El proceso educativo en la universidad", el mismo Alejandro Llano con el salero que le caracterizaba, para los que conectábamos con él, nos dijo que él había hecho muchos recados en la universidad, me lo creo y es creíble. Yo también he hecho muchísimos recados en el Opus Dei, los que me correspondían y los que no. El lo decía para que los profesores ayudantes no se encerraran en su tesis y estuvieran disponibles para lo que el departamento necesitara. Además conviví más tarde con una profesora ayudante de historia y realmente esa persona penaba para dedicarse a lo suyo.

A principios de noviembre falleció Pachi Urmeneta, agregada de las primeras de la delegación de Pamplona. Estaba ya jubilada y padecía del corazón. El verano anterior había pasado casi dos meses ingresada en la clínica universitaria. Recuerdo que le pusieron un marcapasos pero al parecer no daban con la solución precisa. Muchos días fui a visitarla a su casa y al hospital. Era una mujer un tanto adusta, cuando llegué a Torretxea me dijo que me iban a espabilar [desgraciadamente para mí no lo hicieron y duré diez años más dentro de la Obra], pero con el paso del tiempo me tomó cariño. Le gustaban mucho los programas de Arguiñano, solía ir a verla en ese momento, casi antes del almuerzo en mi centro. Recuerdo que un día de fiesta llegué tarde a comer por haber estado con Pachi. La muerte de Pachi conmocionó a las agregadas porque murió sola en su piso. Esto de vivir sola y envejecer era algo que,  al menos las agregadas que yo conocí lo llevaban como una especie de trauma. Quizás porque con razón se comparaban con las numerarias, siempre rodeadas de gente en la enfermedad. El caso es que Raquel Caño, una agregada vecina, fue a las nueve de la mañana a ver a Pachi, no contestaba. Fue al centro a por la llave, pues la directora de un centro de agregadas tiene llave de todas las casas. Aquel día fue sonado en Torretxea: Jayone estaba de viaje acompañando a una enferma, no sé donde estaba Esperanza, la otra cabeza visible del centro. Sólo recuerdo que la delegación envió a Chelo Palacios, una de las directoras con la misión de consolarnos ante tanta desgracia. Hablé con ella, pero me extrañó incluso su presencia allí: la muerte y la enfermedad nunca me han asustado en exceso, y el hecho de que la directora no se hallara presente no me afectaba lo más mínimo. Gracias a Dios no he llegado al extremo de que otra persona suplante mi propia personalidad como ya he dicho que es el caso de muchas numerarias mayores.

Elisa fue nombrada directora del curso de estudios de supernumerarias [El curso de estudios es un centro en el que durante dos años algunas supernumerarias escogidas, por disponibilidad de tiempo, interés personal y capacidad, reciben una "formación más intensa" que se concreta en que acuden más de una vez por semana al centro para seguir clases de teología, charlas sobre el espíritu de la Obra... etc], sito en la calle Ansoleaga. Esto me desazonó un poco, ¡para una persona con la que realmente había hecho migas se la llevaban! Pero como la cruz es el camino de la vida, tampoco lo consideré mucho más. La subdirectora pasaba a ser yo misma, Blanca, profesora de económicas, venía para ocupar el cargo de secretaria. Le cedí los trastos: la calculadora, el libro y la caja. Por cierto que la ceremonia de apertura de la caja de un centro tiene también sus pasos. La llave la custodia la directora en un lugar que sólo ella sabe. La secretaria tiene la llave del armario en el que se guarda dicha caja y los libros. De manera que para poder acceder al dinero siempre tienen que estar las dos en la casa, es una medida de prudencia para que nadie se apropie de lo que no es suyo sino de la Obra. [A este respecto leí con gusto el relato del numerario que ostentaba el cargo de procurador de Portugal que huyó con el dinero de la Obra en ese país a Venezuela en los años sesenta, según cuenta Ynfante en su obra citada en la bibliografía. Me parece que este tipo de situaciones tienen que ser más frecuentes de lo que dicen dentro del Opus, pues con tanto dar poder a unos y quitar autonomía a otros, se consigue fomentar el tipo de personalidad "pilla", "aprovechada". Si se quiere progresar dentro hay que ser así, astuto, para predicar a otros exonerándose uno mismo de hacer más de lo que convenga al propio interés]. Además de que siempre tiene que quedar claro el horario de caja a todas las residentes a principio de curso. Lo de "hacer caja" es realmente raro, pensar que una persona laica en el mundo tiene que pedir hasta el dinero del autobús resulta increíble. Para mí era algo tan habitual que hasta una vez me tuvieron que corregir porque se me ocurrió decirlo delante de gente de la calle: "que dice la secretaria que la caja está abierta", fue la frase intempestiva que utilicé.

Como subdirectora y sin la labor de las cuentas mi tarea me resultaba demasiado inconcreta en el centro de numerarias. Especialmente porque se supone que es labor del consejo local llevar las charlas fraternas, ¡Y yo no llevaba ni una! A la secretaria sí se le asignó esta tarea. No sé como aguantaba la situación, porque a cualquiera que se le pregunte sabe que la tarea de la subdirectora es escuchar las confidencias de las numerarias, aparte de sustituir a la directora en sus ausencias. [Esto se manifiesta en que se ocupa su lugar en la mesa. Se nos decía: "la directora es la única que tiene sitio fijo", sería el colmo que alguien más lo tuviera. Es ella la que dice cuando se termina la tertulia, cuando ella se levanta todas se levantan, es la que pronuncia la jaculatoria final cuando se ha hecho una norma en familia en el oratorio, por ejemplo, después de rezar las Preces o de hacer la Visita al Santísimo o cuando se terminan los diez minutos de acción de gracias después de comulgar, la jaculatoria es. "Sancta Maria, spes nostra, ancilla Domini" y todas contestan: "ora pro nobis."]. Pero era una "ilusionada" e inexperta, todo lo que hacía el Opus conmigo estaba bien hecho. El servicio de doncella y enfermera de mis "hermanas" por el contrario sí que lo llevé a cabo. Por una parte porque en noviembre una numeraria del centro sufrió una operación en Burdeos. La operó el doctor Senegas que al parecer era un gran experto mundial. Al principio la acompañó Jayone, pero a los pocos días la relevé en el cargo. En el hospital Pélérin de Burdeos fue donde me enteré telefónicamente que había ascendido a "subdirectora" del centro. Me pareció tan sorprendente que sería capaz de ir allí y localizar la cabina telefónica en la que tuve esa conversación con Jayone.

 En Burdeos estuve acompañando a esta numeraria hasta principios de diciembre. En ese tiempo salía muy poco de la habitación del hospital. Una enfermera de apellido García me lo hizo ver, recuerdo su frase: "Vous etes toujours aupres d' elle". En ese tiempo tuvieron que volverle a operar. Un domingo por la tarde, ya anochecido, apareció Senegas el cirujano, explicando la necesidad de volver a intervenir.

Hubo algunas personas que se acercaron desde Pamplona a visitarla. Recuerdo la visita de Guido Stein y de Agustín Conzález Enciso. Me preguntaron por mi trabajo. Con un poco de timidez y casi vergüenza por no dedicarme a alguien más famoso, empecé diciendo que mi tema era un poco raro. Uno de ellos me contestó diciendo que era algo que ocurre con casi todas las tesis doctorales. Eso me alivió un poco. Ahora pienso que es inaudito que alguien llegue a avergonzarse de su propio trabajo de investigación, era una señal de que en "mi familia", la Obra, nunca apreciaron excesivamente lo que estaba haciendo.

En realidad desde que empecé a vivir en centros de san Gabriel toqué una extraña realidad. Mi ilusión juvenil por la Obra había arrancado sobre todo por el aspecto intelectual, fueron las numerarias, Carmen Innerarity, Carmen Martínez Martínez, María Pía Chirinos, estudiantes de filosofía que vivían en el club Isaba las que no dejaron de hacerme la defensa de esa carrera, hasta el punto de que lograron convencerme y en parte por ellas dejé mi inclinación familiar por la veterinaria. Luego en Francia había vivido en un centro formado por estudiantes y gente que seguía en contacto con el mundo de la universidad. Por otra parte, en Camino desde la primera edición se observa como el Opus Dei en sus inicios estaba dirigido a los intelectuales, los primeros numerarios eran todos estudiantes universitarios. Yo veía una gran unidad entre mi formación filosófica y mi creencia cristiana, la fe que mis padres sembraron a mis ojos era ya una planta firme regada por tantas lecturas "sanas", tantas orientaciones, tantas conferencias a las que había asistido impartidas desde el catolicismo más fiel y de mayor talla intelectual. Sin embargo, de pronto entré en un mundo, los centros de san Gabriel, dónde cada vez más iba a encontrar personas que despreciaban o simplemente "pasaban" de lo que sonara a pensamiento o a profundizar en la verdad de las cosas.

Hasta entonces la leche que yo había mamado en el centro de estudios era que el apostolado de la Obra se dirigía a las cabezas, y que por tanto todos teníamos que apreciar la formación doctrinal-religiosa, y estar abiertos a los grandes temas de la cultura. Pues bien, desde 1993 muchas veces en los centros por los que he pasado me he sentido un bicho raro, o me han tratado de "la intelectual", cuando estaba convencida de que toda numeraria debía serlo, o en más de una ocasión he notado un silencio que se cortaba si sacaba un tema más profundo, o siempre había gente para la que en el desayuno, "es muy temprano para profundizar tanto", y en la cena "a estas horas no tengo la cabeza para tanto". En definitiva, numerarias que nunca tenían la cabeza más que para oír y decir sandeces. Cuando se ha entrado en algo que se supone ser la "crema de la intelectualidad católica" y te encuentras con este panorama resulta sorprendente.

Otras visitas fueron algunas numerarias de la delegación de Pamplona, Rosa María Más, Ana Iraburu, Pili Soto, que vino a una feria de maquinaria hotelera relacionada con el trabajo de la administración, algunas de la asesoría de Francia, Tere Alvira, Amaya Marquina, Marta Peguera mi antigua compañera de promoción de Les Ecoles. Las de Francia trajeron un mapa del país con todas las ciudades y departamentos, nos habían señalado las ciudades donde vivían las numerarias y en las que se hacía labor aunque no hubiera centros para que lo pusiéramos en la pared y la enferma ofreciera sus molestias por la región. Este tipo de iniciativas, de buscar "industrias humanas", recordatorios de motivos sobrenaturales es muy clásico en la Obra. Es tradicional por ejemplo estudiar con una imagen de la Virgen o un crucifijo delante por lo mismo, lo dice Escrivá en Camino. [Punto 277: "Al levantar la vista del microscopio la mirada va a tropezar con la Cruz negra y vacía. Esta Cruz sin Crucificado es un símbolo. Tiene una significación que los demás no verán. Y el que, cansado, estaba a punto de abandonar la tarea, vuelve a acerca los ojos al ocular y sigue trabajando: porque la Cruz solitaria está pidiendo unas espaldas que carguen con ella].

 Florence era profesora en la facultad de farmacia, esta numeraria vivía en Burdeos durante la semana y el fin de semana se iba al centro a Toulouse, también apareció por allí alguna vez. Valéry era una supernumeraria que vivía en Cognac, en aquellos momentos su hija Berthille de dos años tenía una poliartritis y estaba ingresada, recuerdo a la pobre niña en una cuna atada por multitud de hilos que debían de fijarle las articulaciones. Fue de las pocas salidas que hice en las dos o tres semanas que estuve allí, visitar a Berthille. También conocí a algunas supernumerarias que vivían en la ciudad, una trajo una fruta tropical. En Francia a las supernumerarias se las llama por el apellido del marido por lo que me resulta más difícil recordar los nombres.

 Para el día de la Inmaculada estaba de vuelta en Pamplona. Al día siguiente empezaba mi primer curso de doctorado "Implicaciones filosóficas de la cosmovisión actual" impartido por Mariano Artigas. Fue un curso que al relacionar la filosofía con las investigaciones científicas punteras nos interesó mucho a todos lo que asistimos. Pero como ocurre siempre en el Opus, se relacionó la ciencia con la filosofía tomista, me pareció extraordinario, solamente que no se nos habló de las actuales visiones de la ciencia que tienen los filósofos que se dedican al tema. Personalmente estoy convencida de que si la ciencia busca la verdad se va a encontrar con ella, es decir que ciencia y filosofía están "condenadas" a encontrarse y que desde luego cuanto más se profundiza en biología o en física más se ve el orden maravilloso con el que el creador dispuso todas las cosas. Lo que ocurre es que reviste más interés y está más vivo en la comunidad filosófica internacional el debate sobre las diferentes visiones que se han dado de la ciencia en la actualidad. Mariano Artigas tiene también un libro sobre la cuestión [Mariano ARTIGAS, El desafio de la racionalidad. Eunsa. Pamplona 1999]. Realmente a mi formación filosófica de Pamplona le sobraban seguridades y le faltaba conocimiento de los terrenos de debate y confrontación que bien mirado, desde Sócrates, han sido el camino de la "búsqueda humana de la verdad". [Este es también un factor que explica el éxito del Opus entre tantos intelectuales. Una civilización en crisis genera individuos a la búsqueda de seguridades metafísicas que no se encuentran ya como referentes en la sociedad. Por eso, muchos de los que nos hemos ido en parecidas condiciones, veíamos en la Obra un oasis de verdad en un mundo que dejó de creer en ella hace tiempo].


En Navidad regresamos a Pamplona. En diciembre hice un viaje con Maria Luisa Moreno de Vega a Madrid. Fuimos a que le hicieran un nuevo aparato para oír, pues el que tenía era antiguo. [La lata que daba Maria Luisa poniéndose y quitándose el aparato era tema frecuente de la "vida de familia". Maria Luisa tenía bastante salero madrileño, pero al ser una persona enferma y querer llamar siempre la atención resultaba insoportable]. De paso creo que aproveché para visitar la Biblioteca Nacional y encargar las fotocopias de una obra que andando el tiempo sería una de mis publicaciones. [Ana AZANZA, Sobre el régimen del mundo de Miguel de Ulzurrun, editorial Jabalcuz, Torredonjimeno (Jaén) 2003]. Visitamos a su madre que vivía con una hermana en un piso de la calle General Oráa. Me llamó la atención la sencillez de la casa de su hermana, oyendo a Maria Luisa hablar de la realeza [Maria Luisa se refería a la madre del rey Juan Carlos como "doña María", parece que esta era una costumbre de las familias monárquicas a machamartillo, era como si ella hubiera pertenecido a la aristocracia española defensora del rey. No había tal] y viendo su comportamiento de exigencias continuas, parecía alguien acostumbrado al servicio. Allí comprobé que ese acostumbramiento a las grandezas lo había adquirido en la Obra. Pasamos dos o tres días en Madrid en la casa de paso de Ortega y Gasset, Ani Tor me hizo alguna observación sobre Maria Luisa, daba mucho trabajo y que no se la podía dejar sola porque mareaba a todo el mundo.

 Nos invitaron a comer en la Asesoría regional, en la calle Lagasca 114. El centro había sido reformado recientemente y si no recuerdo mal también muchas de las directoras regionales se estrenaban. No era el caso de Maria Pilar Cremades, la secretaria regional, que llevaba unos años y al menos diez años más tarde cuando me fui seguía en el cargo. Dado el respeto y veneración que te enseñan hacia los directores comer en la Asesoría fue un trago, me puse tan nerviosa que no podía llevarme la cuchara a la boca sin que me temblara la mano. Además compartíamos una mesa enorme de forma elíptica en la que había entre diez y quince personas. La iluminación era muy moderna, salía de unos plafones ocultos en una repisa creada en el techo a tal efecto.

 Estaban muy orgullosas del nuevo oratorio en el que ya figuraba un óleo del beato Josemaría Escrivá. En la tertulia le dieron la palabra a Maria Luisa para que contara quizás su vocación o cualquier antigua historia que tuviera como protagonista al fundador. No sé si abrí la boca muchas veces en todo el rato que estuvimos allí. Por supuesto que cuando me preguntaron respondí. Salió el tema de la operación. Comenté que quizás celebraríamos la Navidad em la clínica.

Al día siguiente, cumpliendo una norma que se suele dar a las numerarias, llamamos a la Asesoría por si tenían correo para Pamplona. Antes de coger el autobús de las tres pasamos por allí para recoger los sobres y ¡qué extraño en la Obra!, para que recibiera una llamada de atención de la asesoría sobre lo que había sido una de las pocas frases que pronuncié el día anterior. Menchu Pérez Colomer, que ostentaba el cargo de delegada del Padre [siempre se explica que la delegada forma parte de la Asesoría regional, es la que hace de puente de unión entre Roma y la asesoría. Como ex numeraria de a pie me resulta imposible dar más detalles sobre el trabajo de esta persona] también desde tiempo inmemorial [insisto en hacer ver que las que mandan de verdad son "cuasi vitalicias" en los cargos de dirección y por tanto en los centros, mientras que las que no mandamos de ninguna manera nos hemos pasado la vida con la maleta preparada "y el pie siempre en el estribo" como cantaba Cecilia] me hizo pasar a una salita. Sin quitarse unas gafas oscuras que llevaba, supongo que por algún problema en la vista, me dijo que no era apropiado que celebráramos la Navidad en la clínica. Supongo que lo enfocó desde el punto de vista del tono humano. Me pongo ahora en la situación de toda una asesoría que gobierna la vida de cientos de personas en España y saco la conclusión más fácil: si tenían tiempo de semejante memez tienen tiempo de cualquier cosa. La corrección no me supuso un trauma porque me dejó bien señalado que se lo dijera a Jayone como si la falta última de espíritu fuera de la directora no específicamente mía. Pero me fui pensando algo así como: el desvelo tan grande de las directoras, y la cantidad de detalles a los que llegaban que me hacía preguntarme como podían estar pendientes de todo. Aunque hacía años que había salido del centro de estudios, este es el tipo de indicación que te hace pensar que no eres nadie en la Obra y jamás llegarás al tobillo de la santidad de las directoras regionales.

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