Glosas sobre la
obra de San Miguel

ROMA, 29-IX-87


I   Medios de formación

1. Solicitud de los Directores en la labor de formación

Los Directores del Opus Dei viven con alegría, sentido de responsabilidad y espíritu de sacrificio el deber gustoso de preocuparse por la salud espiritual y física de los Numerarios y Agregados que la Obra les ha confiado, encaminándolos hacia la santidad y el apostolado, dentro de las propias circunstancias de cada uno.

De modo particular, se esmeran en la atención de los Numerarios que, a causa de su trabajo profesional o por otro motivo, viven en una ciudad donde no hay Centro, y procuran que hagan periódicamente vida en familia en el Centro al que están adscritos, por ejemplo, los fines de semana. De esta manera, tienen más facilidad para recibir los medios de formación y de dirección espiritual; y aprovechan el empuje sobrenatural y humano de la vida en familia, para renovar su afán de lucha y su vibración apostólica.

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Se han de poner todos los medios para facilitar a los Numerarios —sacerdotes y laicos— la confesión semanal con un sacerdote Numerario, haciendo, incluso, los viajes que sean precisos. En cualquier caso, los sacerdotes están un rato en el confesonario antes de celebrar la Santa Misa en los Centros de la Obra, muy especialmente en los que hay vocaciones recientes.

Cuando un Numerario —pasados al menos dos años de haber hecho la Oblación— escribe al Padre manifestando su deseo de ser sacerdote si es llamado por el Padre, el Consejo local lo comunica a la Comisión Regional, y procura a través de la dirección espiritual personal —aunque de momento no vaya a ordenarse—, que conserve ese deseo, así como fomentar su disposición de servir de ese modo a Dios, a la Iglesia y a todas las almas.

Los Directores ayudan de modo particular a los sacerdotes de la Prelatura —especialmente en la charla semanal y con la corrección fraterna— a esmerarse en el cumplimiento de las obligaciones propias de su ministerio: con delicadeza y respeto, pero con fraterna firmeza, cuando sea necesario.

Concretamente, los sacerdotes tratan en la Confidencia de los aspectos más específicos de su vida sacerdotal: piedad personal al celebrar la Santa Misa y esmero en el cumplimiento de las rúbricas; cuándo y cómo reza la Liturgia de las Horas, y si lo utilizan para la meditación y predicación; esfuerzo, presencia de Dios y afán apostólico con que llevan a cabo su ministerio sacerdotal; aprovechamiento del tiempo y distribución de sus ocupaciones: cómo preparan las medita-

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ciones, las pláticas, las clases, cómo pueden hacer rendir más su jornada; trato apostólico de otros sacerdotes; cómo secundan en todo a los Directores de las labores en las que colaboran con su actividad sacerdotal —haciendo y desapareciendo: sin ser nunca el palico de la gaita—; cómo consultan las iniciativas; etc.

Cuando preparan en su oración la Confidencia, los sacerdotes consideran con frecuencia —haciendo examen— aquellas palabras de nuestro Padre: Estad ocupados, daos a los demás, organizad el día para que esté lleno. Dentro de un horario general, tened el vuestro: determinándolo bien en la charla semanal con vuestro hermano, de manera que sepáis lo que debéis hacer, y os esforcéis por cumplirlo. Así, con el tiempo bien empleado, no se da lugar al diablo. Sed delicados en la obediencia, hijos míos sacerdotes, sed ejemplo de disponibilidad, sed puntuales en las reuniones de familia. Aborreced las excepciones, y así predicaréis también con el ejemplo.

Los horarios de la actividad sacerdotal se preparan de modo que los sacerdotes puedan recibir los medios de formación con regularidad junto con las demás personas del Centro. Por su parte, los sacerdotes Numerarios procuran asistir —con mucha frecuencia, si no es posible todos los días— a la meditación de la mañana. De todas formas, en caso de incompatibilidad, es preferible hacer la oración de la mañana antes de la Santa Misa, que cumplir esa Norma de piedad con los demás del Centro.

Aunque un sacerdote bine habitualmente, hace media hora de oración por la mañana y otra media por la tarde. En épocas de especial actividad pastoral, puede suceder que, excepcionalmente, necesite dedicar un ra-

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to más de oración para cuidar su propia vida interior: no hay inconveniente en que se le aconseje hacerlo, como medida de dirección espiritual personal.

Hay que procurar que haya Misa diariamente en cada Centro, celebrada por un sacerdote de la Obra: no es acertado que varios Numerarios acudan juntos de modo habitual a una iglesia; y, de ordinario, tampoco conviene invitar a otros sacerdotes a celebrar en nuestros oratorios. Cuando hay aún pocos sacerdotes de la Obra en una ciudad, se pide a la Comisión Regional que autorice la binación siempre que sea necesario.

En alguna ocasión, deberá acomodarse el horario del Centro para facilitar la piedad y el descanso del sacerdote: por ejemplo, si ha de binar, se puede tener la Misa en los Centros de San Rafael a última hora de la mañana, o por la tarde, de modo que haya un mayor número de asistentes, y el sacerdote tenga más facilidades para prepararse para la binación, sin que deba ir de modo precipitado de un Centro a otro: se evita así su detrimento espiritual y físico. Otra solución es establecer un turno entre varios sacerdotes, para que uno mismo no celebre dos Misas seguidas y a primera hora.

Los Numerarios que se ocupan de atender a los Agregados, tienen muy presente que en la Obra no somos clasistas ni hay castas; y saben hacerse —a veces de modo heroico— a la mentalidad de algunos de esos hermanos suyos. Practican esta caridad fraterna —que nadie puede confundir con un falso paternalismo— aun en los pequeños detalles: explicándoles con más detenimiento algo que no entiendan, acomodando a su modo de ser sus conversaciones y sus gustos, etc.

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2. Meditaciones y pláticas

Los domingos y días de precepto no es necesario predicar homilía, si los que oyen la Misa son todos de la Obra y acaban de asistir a una meditación dirigida por el sacerdote, o han hecho antes la oración de la mañana utilizando el libro de Meditaciones.

En la medida de lo posible, en los Centros donde viven sólo Numerarios, el sacerdote dirige al menos una meditación a la semana.

Los Agregados acuden a las meditaciones que se organizan en su Centro; y esas meditaciones se acomodan a las circunstancias de los asistentes. Por eso, de ordinario no van a las meditaciones que se dan a los Numerarios.

Por la misma razón, en las Residencias de estudiantes y en otros Centros dónde se hace labor con la juventud, el sacerdote dirige cada semana: una meditación para las vocaciones recientes de Numerarios, o de Agregados; y una meditación para el resto de los Numerarios, o de los Agregados.

Además, se procura que, en los Centros de Numerarios y Agregados, el sacerdote dirija la meditación en las fiestas litúrgicas principales y en las fiestas de la Obra.

De acuerdo con el espíritu de libertad que subrayó nuestro Padre, aunque se suele hacer la oración de la mañana ayudados por la predicación del sacerdote, o por la lectura en alta voz de algún texto apropiado, cada uno puede hacer su oración sin seguir ese hilo co-

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mún, cuando se siente movido a otras consideraciones o a otro modo de orar.

3. Cursos anuales

Todos los Numerarios asisten cada año a uno de los dos tipos de Cursos anuales que se organizan: los Semestres, para los que están cursando los estudios de Filosofía y de Teología; y las Convivencias, destinadas a los que ya terminaron estos estudios o fueron dispensados de asistir a los Semestres. Además, algunos acuden a Convivencias especiales.

Los Cursos anuales son una ocasión de descanso y, sobre todo, un medio de formación necesario. Por tanto, no se deja de acudir por estar enfermo, salvo que la enfermedad sea grave. Y, si no parece posible que alguno asista al Curso anual, se cursa la oportuna petición de dispensa a la Comisión Regional. Si surgen dificultades con motivo del trabajo profesional, sería preferible, en caso necesario, renunciar al sueldo por esa temporada. Cuando se presenta la posibilidad —también como descanso— de acudir a congresos, reuniones internacionales, etc., se evita que impidan asistir al propio Curso anual.

Para que un Numerario o Agregado asista a un Curso anual en otra Región, se ha de pedir permiso a la Comisión Regional.

Durante los Cursos anuales, el sacerdote dirige la meditación todos los días. En los que se organizan para personas que llevan ya bastantes años en la Obra,

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las reuniones de familia diarias son las mismas que se tienen en los Centros de Numerarios mayores. En los demás Cursos anuales, se reza además en familia el Rosario.

Interesa determinar desde el primer día el horario de confesiones, y avisarlo a todos. Como regla general, no es oportuno que coincida con el tiempo de la meditación de la tarde o con otra reunión de familia: se establece en otros momentos del día, que vayan bien al confesor y a los demás asistentes al Curso anual.

Si se hacen excursiones durante los Cursos anuales, no duran más de un día, y no se pasa la noche fuera ni se va a un lugar lejano.

Se pueden organizar periódicamente Convivencias especiales de pocos días de duración, en las que se den a conocer a las vocaciones más recientes diversas facetas del espíritu de la Obra, y se les oriente en el apostolado.

Lo expuesto en este epígrafe se aplica también a las Convivencias a las que asisten cada año los Agregados, con la salvedad de que sólo algunos Agregados cursan los estudios de Filosofía y de Teología.

4. Cursos de retiro y retiros mensuales

Los Numerarios y Agregados asisten anualmente a un curso de retiro: no basta que colaboren en los que se organizan para personas de las labores de San Gabriel o San Rafael. Si en algún caso concreto, al terminar el año, alguno no ha podido cumplir esta Norma, se comunica a la Comisión Regional, indicando los motivos.

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Ordinariamente, los cursos de retiro para los Numerarios y para los Agregados duran cinco días completos. Como ya es costumbre, se da una meditación preparatoria la noche anterior al primer día de retiro, y se tiene la meditación final, antes de la Misa, en la mañana que sigue al último día. Se guarda silencio hasta después de celebrada esa Misa. Cuando —por las circunstancias especiales del trabajo de los asistentes— no resulte posible que los cursos de retiro tengan esta duración, se pueden organizar, por lo menos, de cuatro días completos, además de la noche y de la mañana de los días en que comienzan y terminan.

En los cursos de retiro y en los retiros mensuales para personas mayores, las reuniones de familia son las mismas que se tienen en los Centros de Numerarios mayores, además de las meditaciones que dirija el sacerdote y de las charlas que dé el seglar. En los retiros y en los cursos de retiro para Numerarios o Agregados más jóvenes o, en general, para los que no lleven muchos años en la Obra, se hacen en familia, además, el Santo Rosario, la lectura espiritual, el examen de conciencia de mediodía —con la lectura de un guión—, y el Vía Crucis.

Al decidir si se incluyen esas reuniones de familia en el horario de los retiros y cursos de retiro para las personas ya mayores en la Obra, el Consejo local tenderá más bien a tener manga estrecha: deben tenerlas si se piensa que son convenientes.

Se procura que los Numerarios asistan siempre a un retiro mensual, organizado especialmente para ellos, aunque por motivos de apostolado acudan tam-

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bién a otros retiros de la obra de San Rafael o de San Gabriel. Esto es particularmente importante para los que tienen encargos de gobierno o de formación, y en general para los Numerarios mayores: de modo habitual, acuden mensualmente a un retiro sólo para Numerarios.

Sin embargo, cuando en una ciudad hay sólo Centros de San Rafael, y no se cuenta con suficiente número de sacerdotes, los Numerarios pueden asistir a los retiros de la obra de San Rafael, añadiendo dos meditaciones más, exclusivamente dirigidas a ellos, y procurando que el conjunto de su retiro tenga la máxima continuidad. De todos modos, de vez en cuando asisten a un retiro dedicado por completo a Numerarios en la misma ciudad, o en otra donde puedan reunirse fácilmente desde poblaciones vecinas. Cuando hay varios Centros en una misma ciudad, se procura que —por lo menos cada dos meses— todos los Numerarios asistan a un retiro de la obra de San Miguel.

Es muy conveniente que los sacerdotes de la Prelatura hagan con tranquilidad su retiro mensual: de ordinario, no basta con que los dirijan. Si no es posible, por la escasez de sacerdotes y la abundancia de labor, dedican el tiempo necesario a su oración personal y al examen, y no preparan las meditaciones durante el retiro, ni atienden a ninguna persona.

El retiro mensual para los Numerarios dura, ordinariamente, desde la primera hora de la mañana hasta media tarde. Cuando, por las razones que sea, se organiza en otros momentos del día, se programa con la misma duración. Como regla general, se dan tres medi-

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taciones y una plática —o una charla, a cargo de un seglar, fuera del oratorio—, que toquen distintos aspectos del tema central —o temas centrales— del retiro.

Si se trata de Numerarios que atienden directamente algunas obras corporativas —como Residencias o centros de enseñanza—, o hay alguna otra circunstancia apostólica que haga conveniente que dispongan de algunas horas más para su labor, puede reducirse algo la duración del retiro —terminándolo, por ejemplo, a la hora de comer, si se hace por la mañana— durante los periodos de mayor actividad.

Estas recomendaciones se acomodan a las peculiares circunstancias de los Agregados: por ejemplo, a no ser en una Convivencia o cuando excepcionalmente hagan vida en familia, su retiro termina antes de comer o antes de cenar, según se tenga por la mañana o por la tarde.

Como aconsejó siempre nuestro Padre, cuando resulta ineludible cambiar el día señalado para el retiro mensual, es mejor adelantarlo: nunca retrasarlo.

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