Glosas sobre la
obra de San Miguel

ROMA, 29-IX-87


III   Santificación del trabajo profesional

En el ejercicio de su profesión, los fieles de la Prelatura trabajan, por lo menos, con el mismo empeño humano, con la misma ilusión y esfuerzo que sus colegas, que suelen dedicar siete u ocho horas diarias a su tarea profesional: y muchos, más tiempo. No tiene, por tanto, nada de particular que los miembros de la Obra hagan lo mismo, sin pensar que trabajando así realizan algo extraordinario, heroico, puesto que ése es el trabajo ordinario y corriente de sus colegas.

El encargo o la labor apostólica que se encomienda a cada uno, no disminuyen ni el rendimiento, ni la dedicación al quehacer profesional. Cualquiera lo podrá comprender fácilmente si, con recto criterio, considera que el tiempo que los demás destinan a sus hijos o a sus diversiones, los Numerarios y los Agregados lo emplean en atender los encargos apostólicos de su familia sobrenatural, la Obra.

Las obligaciones laborales de los Numerarios son, además, plenamente compatibles con las amables exigencias de la vida en familia. Por esto, ponen empeño

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en atenerse al horario del Centro y en tomar parte en las reuniones de familia; y cuidan con esmero los detalles materiales de la casa, que contribuyen a crear el ambiente de hogar.

Para comprobar que el trabajo profesional está hecho con la debida rectitud de intención, los Numerarios consideran con frecuencia si están dispuestos a cambiar inmediatamente de ocupación, cuando lo exija el bien de las almas y de las tareas apostólicas; si saben hacer compatible el trabajo profesional con los encargos apostólicos; si aceptan con agradecimiento y siguen los consejos de carácter espiritual que reciben; si llevan con alegría y con humildad las dificultades y las contradicciones que se presentan. Y, de modo especial —es un verdadero índice del sentido sobrenatural con que se desempeña la propia ocupación—, si las relaciones de amistad o las relaciones sociales, que nacen del quehacer profesional, se convierten en ocasión continua de apostolado y de acercar a Cristo a los amigos y compañeros.

Por tanto, todos los Numerarios están siempre dispuestos a abandonar la actividad profesional más floreciente, para seguir sirviendo a Dios y a las almas en el sitio más oculto.

Puede ser necesario, en ocasiones, que algún Numerario recorte la actividad profesional, para dedicarse más intensamente a un encargo apostólico determinado. Entonces esa labor será su verdadero trabajo profesional, su medio de santificación y de apostolado, que realizará con sentido sobrenatural y con perfección humana. No obstante, los Numerarios que —por

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exigencia del apostolado— tienen una plena dedicación a labores apostólicas, ponen los medios para no perder el contacto con sus estudios y su profesión: ordinariamente, esa dedicación exclusiva dura sólo unos años, y así, cuando se reincorporan a su trabajo anterior, lo pueden hacer con facilidad.

Para asegurar el espíritu laical, antes de que un Numerario o Agregado comience a trabajar como profesor en un centro de enseñanza que no sea civil, se consulta a la Comisión Regional.

Un Numerario no imparte nunca clases particulares en el domicilio del alumno; normalmente, lo hace en un Centro, de modo que, además de simplificar su trabajo, dé a conocer más fácilmente la labor que allí se realiza. Sin embargo, siempre que perciban los correspondientes honorarios —más elevados—, pueden dar clases particulares a personas mayores, en su oficina o en el lugar donde trabajan; o —si se trata de estudiantes— en las escuelas o centros donde cursan sus estudios.

Los Numerarios y Agregados no aceptan trabajo en colegios o centros docentes exclusivamente para chicas. Tampoco imparten clases particulares a personas del otro sexo ni a matrimonios. Los profesores universitarios o de centros donde acuden alumnos y alumnas, actúan siempre con naturalidad, pero con sentido sobrenatural y sentido común, para impedir todo comentario o situación desagradable. Mantienen con las alumnas un trato correcto, siempre de Usted, rechazando hasta la menor muestra de confianza. Cuando dirigen una tesis o un trabajo, despachan siempre en los locales del centro docente y nunca a solas. Sí hacen un

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viaje de estudios con un grupo de alumnos y alumnas —en general, procuran evitarlos—, cuidan especialmente estas medidas de prudencia.

Los miembros de la Obra para llevar a Cristo a todas las almas, están presentes donde los hombres viven y se reúnen con cualquier finalidad honesta. De ahí que sientan la obligación apostólica de participar en actividades, reuniones y congresos internacionales y nacionales, de cualquier estilo.

Los Numerarios y Agregados consultan siempre a los Directores, antes de comprometerse a participar en reuniones o congresos, fuera de su Región, e incluso en la propia, sobre todo cuando esas reuniones, por determinadas causas, tengan un cierto carácter extraordinario. Como es corriente, aseguran que los gastos de asistencia a actividades de carácter profesional corran a cargo de la institución para la que trabajan o de otras instituciones interesadas. Si en algún caso esto no es posible y parece muy interesante participar, el Consejo local solicitará permiso a la Comisión Regional antes de autorizar el viaje.

Los miembros de la Obra aprovechan las comisiones, grupos de trabajo, etc., para dar doctrina y, con don de lenguas y un amable respeto hacia las opiniones de los demás, procuran hacer lo posible para que el trabajo y las conclusiones del congreso se orienten de acuerdo con los principios cristianos. En todo caso, su presencia tiene un hondo motivo apostólico, que busca también el trato de personas de otros países, al que se procura dar continuidad enviando la oportuna información a los Directores correspondientes, de acuerdo

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con las eventuales sugerencias que hayan facilitado al aprobar la asistencia al congreso o reunión.

Como se ha vivido desde el comienzo, los Numerarios y los Agregados, a no ser que tengan obligación de acudir por el cargo o la ocupación profesional que desempeñan, no asisten a espectáculos públicos —cine, teatro, fútbol, etc.—, aunque el billete sea gratis. Si se pagase la entrada, asistir a esos espectáculos estaría también reñido con la virtud de la pobreza.

Tampoco forman parte de clubs o sociedades nacionales o internacionales, que tengan como fin fomentar las relaciones sociales mediante la organización de fiestas, comidas, reuniones, bailes, etc. Hay otras muchas ocasiones, precisamente en el propio trabajo de cada uno y en asociaciones de carácter cultural o profesional, para realizar una abundante labor apostólica. Si en algún caso excepcional, ante una finalidad apostólica sumamente clara e importante, interesa que alguno se inscriba en una de esas sociedades, se solicita permiso a la Comisión Regional.

A veces, por motivo de estudio, de formación o de trabajo, los Numerarios tienen que cambiar de ciudad de residencia por un período relativamente largo. Este cambio puede originar, en ocasiones, alguna dificultad para cumplir los deberes ciudadanos —por ejemplo, intervenir en una votación—, si no se regulariza la situación. Por esto, hacen enseguida los trámites oportunos, para que conste oficialmente el cambio de residencia, a no ser que exista algún inconveniente importante: por ejemplo, una repercusión económica desproporcionada. De este modo, evitan viajes, y los gastos consiguientes.

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