ROMA, 29-IX-87
El espíritu y la vida de la Obra enseñan a amar el cuarto mandamiento del Decálogo como un dulcísimo precepto, con muchas manifestaciones de afecto a padres y hermanos: Consagración a la Sagrada Familia, oración diaria, indulgencias; triduos dedicados a fomentar la piedad de las familias; detalles, llenos de delicadeza humana y sobrenatural, en el trato con los padres y hermanos, etc.
Los Numerarios, cuando muere algún miembro de su familia de sangre, pueden vestir de luto si es corriente en el país y en el ámbito familiar; pero, en lo posible, tratarán de que sea por poco tiempo: en muchos sitios, el luto ya no se lleva.
Los Numerarios han de recibir, desde el principio, la formación necesaria para comprender que su dedicación al servicio de Dios en la Obra es plena y les pide un efectivo desprendimiento de su familia de sangre, acompañado, a la vez, de un mayor cariño hacia ellos, lleno de visión sobrenatural y de celo apostólico. Como
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deber de caridad, y manifestación de orden en el apostolado, se preocupan de que las familias vean con agradecimiento al Señor, y comprendan cada vez con luces más claras, la hermosura de la vocación, se sientan unidas a la Obra y colaboren en los más diversos apostolados en la medida de sus posibilidades. Con este fin, se aprovechan todas las ocasiones, además de las habituales —triduo de Navidad o de Pascua, fiesta de la Sagrada Familia—, para darles a conocer el cariño del Padre y de todos por ellos, y la ayuda que pueden prestar a los apostolados.
La gran mayoría de los padres y hermanos de los miembros de la Obra podrán y desearán ser nombrados Cooperadores, y un buen número estará en condiciones de recibir del Señor la vocación.
Un modo concreto de manifestar ese cariño y de ejercer ese apostolado es escribir con la oportuna frecuencia, especialmente a los padres. En esas cartas se ha de reflejar, con naturalidad, el sentido sobrenatural y el afán de acercarles a Dios a través de la Obra.
De ordinario, los Numerarios no abandonan sus tareas apostólicas o su lugar de trabajo —sobre todo si el lugar es lejano—, para participar en determinados acontecimientos o sucesos familiares —el matrimonio de un pariente, una primera Misa, etc.—, que ocasionan gastos de tiempo y de dinero que un padre de familia numerosa y pobre no se puede permitir. No obstante, a veces existen motivos, incluso de orden ascético, que aconsejan ese desplazamiento, aunque la ausencia durante algunos días suponga un
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aumento de trabajo para los demás. De todas maneras, nunca es razón suficiente, para decidir en favor del viaje, el hecho de que la familia se ocupe de todos los gastos. Al considerar la conveniencia de realizar uno de estos viajes, especialmente cuando se trata de ir al país de origen, el interesado y los Directores no olvidarán que una persona, cuando se marcha de su país para trabajar en otro, normalmente, tarda bastantes años en volver, y, a veces, ya no regresa.
En cada caso, el interesado y el Consejo local estudian si existen o no motivos para hacer ese viaje, ponderando todas las circunstancias: número de personas que componen la familia, si otros miembros de la Prelatura mantienen relación y atienden a los padres, etc. Al considerarlo en la presencia de Dios, con la responsabilidad de un padre de familia numerosa y pobre, quizá lo que aparecía como algo necesario deja de serlo, o se ve que no resulta posible por el gasto, por el tiempo, o porque los demás no lo hacen. No se puede olvidar que los Numerarios tienen unas obligaciones con la Obra, tan exigentes al menos como las de una familia, que no deben ser descuidadas por ligereza o por un cariño mal entendido: es ley de vida que comprenden bien —con sentido positivo— quienes han dejado a sus padres para formar otro hogar. En caso de duda, o cuando se trata de un viaje a otro país, se consulta a la Comisión Regional.
Después de que se haya tomado la determinación oportuna, el interesado contesta a su familia, sin trasladar a los Directores la responsabilidad —que no tienen— de la decisión. Si por el trabajo que está reali-
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zando, o por otro motivo, prevé que no hará ese viaje o que no podrá dar pronto una respuesta afirmativa, es lógico que escriba a su familia del modo más oportuno, sin retrasar su contestación, ni dar respuestas evasivas, que podrían ocasionar molestias innecesarias.
Es preciso transmitir este espíritu a todos, para que sigan viviendo estos aspectos —que nuestro Padre nos enseñó con su propia vida desde el principio—, con mucha visión sobrenatural y generosidad, y con la responsabilidad de un padre de familia numerosa y pobre, que no dejaría a su mujer ni a sus hijos, ni su trabajo, gastando dinero y tiempo, para realizar un viaje, con el fin de estar con sus padres, especialmente cuando hay otras personas de la familia que los atienden.
Por esto, los Numerarios han evitado siempre cualquier manifestación de falta de orden en la caridad hacia los parientes: el primer lugar en los afectos lo ocupa Dios y todo lo que se refiere inmediatamente al servicio del Señor y de las almas. Si, excepcionalmente, después de ponderarlo con detenimiento, se ve preciso realizar un viaje para atender en una necesidad a alguna persona de la familia —estaría fuera de lugar, de modo particular si se vive en otro país, que la finalidad del viaje fuera sólo ir a visitarles—, se concreta el plan —reduciendo al tiempo estrictamente necesario la estancia en el lugar de destino—, y se informa a la Comisión Regional correspondiente del motivo, de la duración de la estancia y de cualquier otro dato de interés.
Todos los fieles de la Prelatura están bien convencidos de que no hacen ningún favor a Dios con su en-
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trega sin condiciones, tampoco cuando libremente van a trabajar a otros países. Por eso, no tendría ningún sentido, por ejemplo, que los padres de un Numerario o Agregado pretendiesen organizar una fiesta, un "homenaje", porque su hijo se traslada a otra nación. En ellos —si no son de la Obra— esta pretensión sería quizá comprensible; pero el interesado no permitirá que se haga un festejo de despedida de este tipo, que supondría una falta de sentido sobrenatural y de sentido común, y denotaría poca rectitud de intención.
Otra manifestación práctica de esta plenitud de entrega es, por ejemplo, que los Numerarios y Agregados, cuando son destinados a otra Región, no buscan en ese país colocaciones para parientes o amigos personales suyos. Tampoco un miembro de la Obra trata de hospedar a un pariente suyo en casa de otros fieles de la Prelatura, de Cooperadores o de otras personas que participan en la labor: nunca habrá motivos que justifiquen una excepción a este modo de proceder.
La prudencia aconseja que, si alguno considera oportuno visitar a la familia de sangre de otro miembro de la Obra, lo consulte antes al Director de su Centro.
De otra parte, los Numerarios y los Agregados no aceptan ser padrinos de bautizo o de confirmación, porque contraerían unas obligaciones que no pueden comprometerse a cumplir. Sin embargo, si por alguna circunstancia la negativa fuera muy chocante o tuviera consecuencias que convenga evitar, se podría acceder por excepción, consultando previamente a la Comisión Regional. En cambio, sí pueden ser padrinos de boda
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de algún pariente cercano, o incluso de un amigo, cuando hay un motivo razonable de carácter familiar o social. Pero también consultan al Director local. En estos casos, y siempre que asistan a una boda como testigos o como simples invitados, se limitan a estar presentes durante la ceremonia religiosa sin tomar parte en el banquete o agasajo que suele acompañar a estos actos: siempre es posible buscar una excusa amable.
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