Mi camino para volver a respirar la vida
Rosarigasino, 4/05/2022

A fin del 2021 me contacté con un ex, con quien viví en el centro de estudios 2 años. El abandonó inmediatamente después, yo me clavé 2 años más de insania en el opus. Todo a través de una red social, donde apareció su nombre y foto como sugerencia. Nada presencial, él decía estar en España, y yo sigo viviendo en el mismo país y ciudad donde hice el centro de estudios. Por detalles de lo charlado, estoy seguro en que era él y no alguien que se hacía pasar; y si no lo era, da exactamente lo mismo para esta colaboración.

Como guardaba de esta persona un gran recuerdo es que comencé un chat, y bueno, terminé de concluir que no compartíamos el mismo punto de vista sobre el Opus Dei, adonde él nuevamente está frecuentando los medios de formación, tiene un gran amigote del opus y al parecer él nuevamente está como carne y uña (“¿te aprovecha estar yendo otra vez zultanito? Buenísimo, yo no soy nadie para convencerte de lo contrario.”). En algún momento el ida y vuelta se cortó, y fue cuando le fijé postura sobre la grave denuncia de las 43 numerarias auxiliares en Argentina, que en esos días explotaba en los diarios, y que ocurrió en centros de mi ciudad natal y de la ciudad adonde fui a realizar el centro de estudios…

Lo que quería traer de esa conversación era una aclaración que me hizo esta persona, una definición de status de acuerdo a si te habías ido "bien" (lo que él afirmaba de sí mismo) u "mal". Según me dijo él se había ido "bien" en una situación conversada y acordada con los directores de que ser numerario no era para él, por sus problemas para avanzar en sus estudios y otras incompatibilidades (entre las que no descarto su dificultad para solventarse, ya que continuamente saltaba entre trabajos de lo más pintorescos, la típica imagen del buscavidas; sus padres estaban determinados a no ayudarlo en nada que estuviese relacionado con el opus; él ya era un adulto cuando pidió la admisión). (Respecto a si es motivo de "rescisión de contrato" el hecho de que un numerario no avance en sus estudios universitarios, uno pensaría que sí dado que todos están requeridos de a la larga tener un título, salvo que te corran el arco y te pongan como ejemplo de disponibilidad a fulano que a los 34 todavía no se recibió porque siempre tuvo que priorizar las labores internas... -la idea seminal de Escrivá de que los numerarios son la aristocracia de la inteligencia y el carisma de que en el Opus Dei estén los más destacados de las aulas se ve que se esfumó al comenzar la guerra civil en España, ya para mitad de los 80s todo bicho que caminaba iba a parar al asador, con independencia de su desempeño en los estudios- y también vale hacer notar que una persona promedio a los 34 ya acumularía 16 años de dedicación a su carrera de grado, un desempeño entre los peores imaginables.)  

La distinción de status sobre cómo se va la gente es importante, ya que a mí nunca me pusieron un menú de opciones sobre la mesa. Así que estoy seguro, también por cómo después me trataron que, para directores, vocales y consiliarios yo "me fui mal." 

Otra definición de status asignable a cómo se había salido la escuché de un antiguo joven "de san Rafael" de mis años del centro de estudios, a quien aparentemente un interno (un numerario conocido por mí, pero sin charreteras de director) le prohibió volver al centro de malos modos (estaba muy dolido por ese destrato, una nada cuando te enterás de testimonios sobre lo que pasaron otros en el opus). Mi encuentro con él fue en la biblioteca del congreso, una biblioteca pública, un par de años después que yo me había ido.

Me preguntó si yo "me había ido" o si me "habían echado”; y también me comentó que el último centro en el que yo había vivido era algo así como un "dead track" (vía muerta) a donde te mandaban cuando ya te tenían en mala consideración. Para mí cosa rara, ya que era un centro de san Rafael con cierto dinamismo propio, pero sí es cierto que vivían dos numerarios que ya se las pisaban de viejos, y uno estaba claramente quemado, con días que ni se podía levantar de la cama, aunque cuando estaba enchufado era bien de tratar a los demás con rigurosidad. Estos dos numerarios más grandecitos eran, curiosamente, físicos de profesión y trabajaban como investigadores en un instituto estatal (una rareza).

Yo ni manejaba esas categorías e informaciones y me llamó muchísimo la atención que este chico ex de san Rafael hablara así; me dio la segura impresión que incluso estando yo adentro había todo un circuito de charla subterránea, subversiva, invisible para mí, que siempre fui una persona poco gregaria. 

La pregunta entonces es cómo se sale, cómo se desanda el camino cuando te sentís atrapado, encerrado y profundamente infeliz, cuando las cosas no cuadran por ningún lado. Cuando el Freddy Krueger de la película "Pesadilla en la calle Elm" ya te asesinó morbosa y sofisticadamente en una fantasía de sueño y tu carne está siendo asimilada, unida hipostáticamente al ente alienígena espiritual opus, una vida de lenta y dolorosa digestión por lo espantoso; cuando ya no te podés seguir engañando porque sabes que cada vez sos menos vos y más el opus, el monstruo alienígena de stranger things. 

Acabo de terminar un curso llamado "extreme politics - radicals, revolutionaries and terrorists" (política extrema - radicales, revolucionarios y terroristas) por zoom en la universidad de California donde estudié. Una de las cosas sobre las que el docente vuelve una y otra vez en cada clase es cómo se disuelven los grupos extremistas, cómo se logra la desradicalización, cómo se vuelve al centro político. Y esto es relevante en esta contribución porque incluye a los grupos extremistas-religiosos, que son los más complejos ya que tienen la "justificación/finalidad trascendente" que motiva su comportamiento.  

Siempre es mejor, y mucho más fácil prevenir la radicalización que intentar corregirla a posteriori. A través de tener una mente abierta, de evitar el "sesgo de confirmación" por el cual sólo consumimos información que valida nuestro punto de vista; no sólo coexistiendo con lo diferente, sino que intentando comprenderlo, poniéndonos en los zapatos del otro y pensando desde las ideas del otro, eligiendo vivir en comunidades diversas, con gente que opine diferente a nosotros; rompiendo las "filter bubbles": burbujas de información que rechazan el ingreso de cualquier punto de vista disruptivo, leyendo periódicos y mirando noticieros que no sólo repitan puntos de vista confirmatorios de lo que nosotros pensamos. 

De acuerdo al docente del curso, resulta que es muy difícil lograr la desradicalización, y los casos en que se logra (no puedo hablar de casos exitosos de desradicalización, porque ya haber caído en una posición extrema, radical, lo considero un gran fracaso personal) se dan luego de "desilusiones catastróficas", en un proceso auto iniciado. 

Cuando los echan, pero sin que se haya dado esa desilusión íntima, las personas permanecen extremizadas, siquiera individualmente, aunque no ya en un grupo que la contenga.

Lamentable, pero lo que veo es gente, individuos que se van fuertemente, catastróficamente desilusionados de las sectas, sea el opus, los testigos de jehová, los mormones, los davidanos seguidores de David Koresh, y no grupos enteros que llegan a la conclusión que deben disolverse porque están pensando/actuando mal. En casos extremos los que se quieren ir son destratados, y una vez afuera cancelados, borrados de la faz de la tierra para los que permanecen adentro como si nunca hubiesen existido, eliminadas sus fotografías de las publicaciones internas, o hasta asesinados.

(Lo paradójico es que cuando todo terminó ya no queda nadie de adentro para pedir disculpas por parte del grupo).

Las personas que adoptan posiciones extremas no lo hacen por ser diferentes a las demás; son personas por demás ordinarias, comunes, promedio; los experimentos de Milgram (pueden googlear de qué se tratan, no voy a explayarme) muestran que prácticamente cualquier tipo ordinario puede, en ciertas condiciones transformarse en un torturador, en un verdugo, porque seguir las ordenes de otro los excusa sicológicamente de las consecuencias de sus actos.

Como dije antes yo no recibí ningún planteo de salida y no había forma de irme por las buenas. Mis dudas de vocación, como las llaman internamente, eran consecuencia de mi falta de determinación en un propósito concreto de no volver a dudar, propósito que te reclamaban a veces a gritos en meditaciones, en retiros, en charlas de formación.  No volver a dudar jamás de la propia vocación.

La misma noche en que pité me dejaron muy en claro que lo que había hecho era irreversible, que nadie se iba (afirmación que a las pocas semanas ya habían borrado con el codo; recuerdo que en los círculos breves de ese lejano segundo semestre del 1984 se hablaba de una campaña contra el Opus Dei en Alemania Federal orquestada desde la Alemania Democrática -en ese momento todavía existía la cortina de hierro y el bloque soviético y el pacto de Varsovia- y que había un tipo que no había perseverado como numerario que se presentaba en conferencias a decir mentiras sobre el Opus Dei -como si fuera la única persona que jamás hubiese no perseverado).

Estirando la analogía planteada por aquel arquitecto de apellido de alcurnia en un almuerzo cualquiera del centro de estudios, el ente vivo "la obra" tomaba lo que le servía y expulsaba lo que no. 

¿Cómo lo expulsaba? Supongo que el autor de la analogía, si alguna vez se revelara, no tendría problema en citar al apocalipsis "Dios vomita a los tibios"; "si no estás conmigo, estás contra mí"; si no estás del todo jugado, si no sos suficientemente extremista de modo de obedecer ciegamente, el único camino en el "apostolado", entonces el opus te vomita. Te dice "andate, perdiste la vocación"; ya no les servís enfermo, deprimido, con familiares que atender, con surménage y sin una herencia que dejarles después de morir, sin superar la evaluación costo-beneficio de mantenerte adentro. 

Otra forma que se me ocurre de irse es, como dijo el ex ahora en España, por las malas; irse cuando te dicen que te quedes, que no cambies tu primogenitura por un plato de lentejas; y aun así no renovás tu membresía, te vas destruido después de dejar carne a jirones en mil anzuelos. 

A mí me gusta fantasear con que me fui como sale el bebé de alíen del huésped que lo albergó, desgarrándolo desde adentro, destrozándole su caja torácica, convirtiendo mi propio resurgir en su final; volviéndome la pesadilla de mis antiguos carceleros, para los que hasta ese momento justificaban su posición interna por tenerme a mí como un número más que les daba valía, sin importarles un pepino mi situación, mi salud síquica y física, mi sufrimiento, lo que perdía por dejar pasar el tiempo ahí adentro. 

¿Cómo así? 

Desde el primer día quise irme o morirme, como leí que le ocurría a Miguel Fisac (en Nunca le escuché hablar bien de nadie); cada día, cada hora, te diría que no pasaban cinco minutos sin que me martillara la pregunta: ¿cuándo llega el momento en el que viene un director y me dice "está claro que ser numerario no es lo tuyo"? Sos libre, no estás condenado al celibato, interesáte, salí con chicas, enamoráte (para eso nunca tuve problemas), encontrá a una chica que te dé bola y que te guste y tené una pareja, y viví la vida ahora que sos re-jóven, además de ir por todos tus sueños profesionales y personales, que tenés toda la vida por delante. 

Pero ese momento nunca llegaba. Y yo lidiaba con eso con un reflejo repetido, corriendo hacia adelante, deseando que el tiempo pase, que se queme: "mañana va a ser distinto" "mañana esto se va a poner espectacular" "después del retiro/ después del curso anual/ en el centro de estudios / después del centro de estudios esto se va a poner a la altura de "el ciento por uno y la vida eterna", después voy a ser feliz adentro, como "insider"... 

Muy temprano en los medios de formación, escuché el criterio que no importa cómo cada uno llegó al momento de pitar, todos largaban en la misma línea al incorporarse al Opus Dei, todos empezaban una vida vocacional desde la misma posición de largada  (recordar ahora es oportuno: enseñaban en los medios de formación que el Opus Dei no es un fenómeno asociativo, es una llamada vocacional personal, y que no seguirla es frustrar todo el plan de dios para la propia vida; qué tupé, nada menos que todo el plan de dios para mí pasaba exclusivamente por el opus..., y para colmo "porque me daba la gana"; ahora que si me daba la reverendísimas ganas hablar con una chica y mirarla los ojos, no no no, ahí lo de las ganas ya no se aplicaba, eso era poner en riesgo la vocación). 

Bueno, desmereciendo mis años previos de buscar una vida más piadosa, de buscar ávidamente la cercanía con dios, que, pongámosle, había sido por motivaciones un tanto vanidosas, de demostrarme que si quería iba a poder (¡santo carácter Batman! primer capítulo del panfleto de máximas "camino"; caramba, qué coincidencia), de un ascetismo/estoicismo mundano, apenas pité todo el plan de vida del Opus Dei me resultó sistemáticamente imposible de cumplir, como intentar caminar con los zapatos puestos al revés; no había semana que no hubiese omitido normas, a veces varias cada día, y así todos los años que estuve ahí adentro. 

La bronca de los directores conmigo en las charlas fraternas era grande, en mi ciudad natal y en el centro de estudios, y en los cursos anuales, y en todos lados lo mismo. Pero yo necesitaba todos los días dos horas en el centro para usar el cilicio, que no fuesen la hora de oración, ni la hora de la misa, que para no llegar tarde al instituto tenía que asistir a las 7 en una iglesia bastante a trasmano; y otras normas como la lectura, la tertulia, el rosario, la visita al santísimo, los diez minutos de acción de gracias después de la comunión, el examen de conciencia, la cuenta de gastos, entregar y retirar el dinero cuando el secretario tenía abierta la caja, los medios de formación y la dirección espiritual, en horarios fijados. Seguramente entre 4 y 5 horas diarias, más transporte desde y hacia mi casa. Por mi parte tenía clases diariamente toda la mañana, más tres veces por la tarde tres horas, más deporte una vez por semana (en el caso de tiro, le agregaba un transporte público de 1 hora de ida y otra de vuelta hasta el polígono.) 

Eso en mi ciudad natal; pero en el centro de estudios en esto tampoco mejoré; había algo como ropa de menor talle que el mío en ese plan de vida.

En retrospectiva, un imposible; así que mi caída en el desempeño académico no tendría que sorprender; yo nunca había contado cuando iba a las charlas en el club que venía de ser el mejor alumno en el 82 y en el 83 entre 240 alumnos; en el 84 pité y ya no lo fui ni lo volví a ser. En el 85 pasó una comisión de servicio por el centro; tuve que tener con uno de estos directores de roma una charla muy parecida a una confidencia.  Ahí conté que mi propósito era volver a destacarme, ya que lo que había escuchado en los medios de formación era que la llamada a ser numerario era para los mejores. Grande fue mi sorpresa cuando a fin de la semana el fulano con el que había hablado en un contexto de confidencia, delante de todos hizo público mi propósito... A la pindonga pensé, y por qué lo dice acá, y con qué derecho, cómo se entiende esto. Dos reaccionaron después conmigo: aquel ahora ex con quien hacía mi charla antes de pitar, para reclamarme por qué eso no se lo había dicho antes cuando llevaba mi charla en el club,  como si fuese algo que yo hubiera estado obligado a develar, como si él hubiese quedado mal en su trabajo de hurgar en mi cada detalle para reportar en el opus. 

Y el curita que me dijo "¡no puede ser fulanito [por mi]! ¡van a pensar que porque ahora estás en el Opus Dei ya no sos tan buen alumno como antes!" y sí... tal cual... yo no podría haberlo dicho mejor; ¿y no habría razones para eso? Clarísimo que sí, pero del lado del curita nada de buscar las causas que pudieran llevar al diagnóstico de que yo no estaba bien como "insider", que el plan de vida del opus era nocivo para mí.

Esto empezó a mostrarme incongruencias entre lo que venía escuchando en los medios de formación, especialmente en los muy iniciales en los que me leían y comentaban lo que el beato Escrivá había escrito muy tempranamente sobre lo que tenía que ser "su" obra, y lo que efectivamente se verificaba en la realidad (por ejemplo, cosas como usar vestes y un chiste sobre las vestales romanas que a Escrivá le había caído mal en su santa sensibilidad para las nimiedades...)

Yo, por mi personalidad y no por proponérmelo especialmente, siempre fui muy sensible a detectar esas faltas de coherencia, aún entre dos hechos largamente separados en espacio y en tiempo.  Las faltas de consistencia, las contradicciones. Y a la larga el opus dei es una montaña de inconsistencias, de contradicciones. 

Una incongruencia evidente para mí era que más allá de todo el énfasis que se me hacía respecto a traer nuevas vocaciones, raramente alguien pitaba. En mi ciudad natal pitó uno un año después que entiendo todavía sigue, el hijo mayor de una supernumeraria; después apareció un pibe de mi instituto y de mi edad. Uno entre los 240 de mi año que yo apenas conocía porque era de otra división, que su padre había mandado al Univ. en el 85; un gordo re-querible y que duró pocas semanas antes de dejar de ir; nuevamente, la explicación del director de por qué ese no seguía era inentendible. Como ya conté el que me trajo inicialmente se fue al año siguiente. Otro que también había pitado un tiempo antes que yo, un día lo vi sentado en el centro para hablar con el director y con cara de pocos amigos y luego no lo volví a ver.

Nadie más pitó esos años que yo estuve en mi ciudad natal. Lo de que cada uno en el opus debe traer 1 vocación por año, lo que llevaría a algo así como a un crecimiento de progresión geométrica, claramente no se daba. En el curso anual del 86 que mencioné, mi connacional subdirector decía que ser de la obra y no traer vocaciones era como ser un esposo estéril. Triste diagnóstico para mí. Bueno, parece que había una epidemia de infertilidad por todos los centros por los que pasé, a modo de la serie de Netflix “el cuento de la criada.”

En el centro de estudios éramos varias decenas ahí adentro. El primer año terminó pitando uno; nadie se fue, cosa por la que el director se vanaglorió inexplicablemente para mí en una charla; hasta que llegó el fin de año y varios desaparecieron, algunos literalmente se escaparon, dijeron que iban a lo de sus padres para saludarlos por la navidad y no regresaron más. Yo para ese entonces preguntaba el por qué; cómo se interpretaba que tanta gente se iba, por qué se iba, si existían razones por las cuales a algunos les abrían la puerta para poder salirse. La respuesta de mi subdirector de centro de estudios fue que dejara de hacer esas preguntas, que era morbo mío. 

Así que lo que yo presencié en esos años no fueron tiempos de gloria, de vocaciones a raudales. Definitivamente yo vi mucha más gente irse que llegar, en los años 80s.  Entonces, ¿de dónde venía la gente que yo veía a mi alrededor? Diría que había como ráfagas; sé que al final de los 70s hubo un año que de un club en buenos aires surgieron cantidad de pitajes de secundarios. Poco antes de que yo empezara a ir al Opus Dei, en un liceo naval de otra ciudad apareció un pibe que era exitosísimo en traer compañeros, un "híper contagiador" en terminología de pandemia, él pitó, varios pitaron después, él se fue, alguno a la larga se quedó.  En el país vecino donde hice el curso anual en el 85 por ese tiempo hacían listas de pitables semanales. Decían que en las filipinas la gente parecía nacer sin pecado original por lo bien que iba la labor de conseguir pitajes.  Impulsos que después invariablemente se apagaban. Más los hijos de los supernumerarios, pobres hijos de supernumerarios, tipos que les armaban un camino desde el corral de su infancia hasta el matadero (colegios del opus, secundarias del opus, clubes del opus, vacaciones en lugares aprobados por los directores del opus a sus padres) y así pensaban que era la vida, que no había nada más en el mundo. 

Otra incongruencia era que raramente había buenos alumnos entre los numerarios; algunos excepcionales sí encontré, pero el promedio era francamente regular, incluyendo el caso que antes mencioné del fulano que a los 34 todavía no se había graduado. 

Y que había todavía menos numerarios que se dedicaban a su trabajo profesional; como le escuché decir a uno de la comisión regional en una charla -seguramente comentario no largado descuidadamente- que prácticamente todos los de su edad ya eran curas. Entonces, ¿dónde estaba la vocación de laico que se perfecciona en su carrera profesional a la que ama con pasión? Y ahora resultaba que a la larga si yo seguía iba a terminar siendo sacerdote, no porque fuera un camino que me agradara desde lo de los salesianos. Para esa altura yo ya había entendido que la vocación de numerario no tenía la vocación de sacerdote adentro, si lo terminabas siendo era crudamente porque te lo indicaban, por obediencia... Otra falsedad.

Otra contradicción que yo noté inmediatamente cuando me lo leyeron, era que originalmente la obra de Escrivá era para hombres hechos y derechos, no para niños o mancebillos, y yo no era más que un adolescente de quince y medio cuando pité. A eso hay que adicionarle que prácticamente el proselitismo de varios en el centro se enfocaba exclusivamente en el club de secundarios y niños. ¿Y el espíritu original? Incluso uno que llegó en el 86 a vivir a mi ciudad natal, luego de completar el centro de estudios el año anterior, llegó declamando que su especialidad eran los clubes de chicos, y que todo su foco sería ese. 

Ya más cerca de irme, en una charla del retiro anual creo que en la casa de retiros la chacra en bella vista, el director de la comisión regional que la daba comenta que un día no sé quién le preguntó a otro no sé quién "perenganito, explícame ¿por qué te hiciste numerario?" pregunta compleja para hacer a un auditorio de gente entre la cual los directores tenían la certeza que la mayoría antes o después se iba a tomar el buque; así planteada la pregunta jamás la había escuchado antes, ni la volví a escuchar en un medio de formación ni en ningún lado, así de frontalmente; seguramente el contexto del retiro anual hacía más controlable plantear esa pregunta que podría llegar a ser disruptiva en mi cabeza y en la de la mayoría, hacernos chirriar los dientes de la olla a presión que estaba a punto de abrirse; "¿por qué carajos estoy acá? ¿qué disparate estoy haciendo con mi vida?"; tranquilos los lectores de esta contribución, ya que no había nada improvisado, fuera de control, porque inmediatamente dio la respuesta, llenó esa expectativa y cerró la puerta a cualquier chance de que entrara aire fresco de afuera. 

La respuesta fue "¡para estar disponible!" con una cara de bobalicón como si fuese Moisés con las tablas del decálogo, como dándonos el código que el rey Hammurabi de Babilonia recibió del dios Samash;

Y eso era todo, al fin y al cabo, la respuesta corta a la pregunta compleja, el famoso por qué.  

Todo pasaba por una disponibilidad total para cualquier cosa que los directores definieran, disponibilidad sin  preocuparse por la requerida habilidad para responder por lo que uno hace (etimología de responsabilidad) porque si uno obedecía ahí adentro a los directores, "no podía equivocarse", la condición de director traía una gracia particular (¿otra afirmación osada del Opus Dei?); disponibilidad que un supernumerario no puede tener por el "santo lastre" de su familia o un agregado por sus condiciones particulares que hacen que esté fijo en un lugar. Y así se explicaba todo, se cerraba el círculo, no hacía falta profundizar más. Con esa explicación llegamos finalmente al fondo.  ¿santificarse a través de la propia profesión? ¿ser un cristiano ordinario? ¿hacer un cambio en el mundo? No, al fin y al cabo, la membresía del Opus Dei es sólo una garantía al opus de tu disponibilidad absoluta para cualquier cosa. Caramba qué sintético; y qué contradictorio con lo que yo, y supongo todos, habíamos pensado en algún momento que era aquello a lo cual estábamos adhiriendo cuando escribimos la carta al prelado. Finalmente, en blanco sobre negro, la justificación de todo esto...

El primer año del centro de estudios el director del centro mencionó también en un retiro, lo feliz que él sería si su encargo fuera sólo mantener limpia una baldosa, él que había sido promedio destacado de medicina, y que luego también se hizo sacerdote, de los sacerdotes del Opus Dei que sólo se ordenan porque les indican, no porque sientan que tienen la mínima inclinación por el ministerio sacerdotal, como se esperaría de cualquier sacerdote diocesano. Raro de compatibilizar con la pasión que se supone alguien del Opus Dei debería sentir por cambiar el mundo a través de su profesión. Pero muy coherente con lo de la disponibilidad requerida que era el porqué de ser numerario. 

Mi insistencia en saber por qué la gente se iba al final tuvo respuesta, a mitad del año 89, de parte del director del centro al que fui luego de mi paso por el centro de estudios.  Este director era un ingeniero y excesivamente simple, pero se ve que valioso para el opus por lo dócil; "bueno fulanito [por mi] normalmente estas cosas no se cuentan pero ya que vos preguntás con tanta insistencia y hacés un mundo del tema, se te quería decir que zultanito [uno de los tantísimos por los que yo había preguntado, ¿qué pasó? ¿por qué ya no está? ¿por qué un día me lo crucé con sus cosas saliéndose del centro de estudios en una situación de lo más bizarra?]; bueno, es que zultanito es lamentablemente homosexual, y aunque no hay ningún problema con tener esa inclinación y ser numerario ya que es una concupiscencia más con la que hay que luchar, en su caso sucedieron cosas... que hacen que se le indique que mejor se vaya" (inmediatamente en mi cabeza se dibujó una imagen de tertulia pirata que se degeneraba en un fiesta fiesta pluma pluma gay...) "aaaahhhhh… Bueno, ok, entiendo" 

Listo, el director ya se está incorporando y yo espontáneamente repregunto, "y perenganito, ¿por qué él se fue?" 

Y este director, seguramente porque no era el tipo con más luces del mundo, en lugar de dar una excusa para no responder, para no seguir con la conversación más allá de lo planeado, de lo que le habían indicado, se le escapa un "también por homosexualidad"; a lo cual a mí me queda en claro que sólo me dieron una respuesta que ellos supondrían causaría repugnancia en mí, pero que me mostró que la charla que en ese punto terminaba era una manipulación más para mostrarme que la salida estaba sellada a cal y canto, que no existía tal posibilidad para mí. 

Se subió el lunes un documento irlandés sobre las puertas abiertas de par en par para quien quiera irse, con dispensa incluida, como decía Escrivá. Interesante rescatar lo de los 18 años, antes nadie pertenece. Y es una cosa más que me dijeron la noche que pité, que si hacía falta en extremo responder a la pregunta directa de si me había hecho del Opus Dei, yo podía responder que no, no estaba mintiendo por lo de los 18 años, aunque tenía que tener en claro que yo era tan del Opus Dei como el prelado o el fundador. 

Otra cosa que menciona el comunicado del opus en irlanda es la renovación anual hasta la fidelidad. 

Bueno, yo en un momento de mi segundo año después del centro de estudios empecé a pensar que ya había sido suficiente tiempo, que si no había funcionado para mí lo de ser numerario hasta ese momento entonces que claramente no era lo mío, que nunca había tenido éxito en traer vocaciones, cosa que me decían era de la mayor importancia y prácticamente única medida de qué tan buen instrumento de dios eras como numerario, que no sentía particularmente que en el Opus Dei hubiese conseguido una familia o amigos, y que inevitablemente a la larga era yo el único responsable de lo fuera a ser mi vida y de lo feliz o desgraciado que fuera, y que si ningún director me decía que ya había sido suficiente, entonces me lo iba a tener que decir yo mismo. 

Hacia la segunda mitad del año así se lo expresé al director del centro, este centro a donde circunstancialmente vivía y que después vine a enterarme que era una especie de vía muerta para los que ya no eran vistos con tan buenos ojos. 

Venía el retiro anual en la chacra al que asistí; a la vuelta el director me llama para hablar, con la clara intención que le diga que ya está, que había renovado mi decisión de ser numerario, que había hecho un propósito de no volver jamás a dudar de mi vocación, es decir que otra vez estaba con las pilas puestas. Para su decepción le digo que no, que sigo pensando en que lo mejor sea irme, y empiezo a fantasear que ya que la forma jurídica del Opus Dei es la definitiva y santa prelatura personal, y que dado que yo no había hecho aún la fidelidad, y dado que el próximo 19 de marzo era la fecha de renovación con la oblación, lo mejor sería no hacerla. Este director lidiaba con el tema quedándose callado, claramente era más inteligente que el del centro anterior.

Poco después aparece por el centro el director de san miguel de la delegación y casualmente me pide hablar; me plantea lo oportuno que ahora sería hacer una convivencia en la villa (luego los robles).  Ok, perfecto, me pareció fantástico además de que el lugar era hermoso.

Voy a la villa, golpe y golpe sobre el tema de la vocación, arsenal completo.  Denostación al egoísmo de la carne, admoniciones de lo intolerable que es el estado matrimonial, de lo infelices que son los que se van, del rejalgar y demás.

Caminando por el pasillo escucho la conversación con otro numerario "invitado", el que en mi ciudad natal decía que se especializaba en proselitismo en clubes de chicos -arquitecto, gran tipo por lo demás, te morías de la risa con él y gran deportista- y el vocal de san miguel en cuestión. "¡cómo están con el tema!!!" le escucho decir al arquitecto, "no no fulanito, no es por vos, es por..." responde el vocal de san miguel y ahí nota que estoy al final del pasillo y que puedo escuchar y apura el paso llevándose al otro. 

Vuelta de la convivencia sin que yo haya depuesto mi determinación, así que empieza la terapia "una de cal y otra de arena" entre el vocal de san miguel, del cual he visto fotos recientes con ocáriz y con fazio, y el vicario de la delegación, que luego fue obispo de Ciudad del Este y más recientemente el papa francisco expulsó de su obispado, prohibiéndole celebrar misas frente al pueblo, y con esa sanción se murió. El vocal de san miguel sacudiéndome de lo lindo, sacando el razonamiento que ya conté en mi colaboración anterior, volviendo sobre lo de que yo nunca había tenido ninguna visión, pero que lo mismo la vocación la había recibido. El vicario haciéndose el comprensivo, que claro, que él entendía, que rezara.  

Por ese tiempo también cambiaron al cura del centro, que era un tipo especialmente manso y buena onda, por uno bien "hacha"; su característica física era una cabeza ridículamente chica en proporción a su cuerpo. Fué el que se explayó con su teoría racista sobre cómo el cristianismo mejora la raza a lo largo de las generaciones, algo como evolución cristiana de la especie humana, puntualmente de la raza europea. 

Bueno, este cura empezó a tratar de colarme la idea que si yo me iba seguramente iba a tener afuera problemas para readaptarme.  Hasta ese momento lo único que escuchaba era, "los que se van aprovechan de todo lo que han obtenido en la obra y brillan por eso" algo como la conversación en la película American Beauty entre Buddy King, the King of the Real State, y el personaje de Annette Benning: "ella sí que pudo beneficiarse del nivel de vida que mi éxito le proveyó, uf! ya lo creo, ya lo creo".  Este cura hacía hincapié especialmente en que iba a tener problemas de relacionamiento con chicas, lo cual era cierto y yo lo intuía porque había pasado toda la adolescencia viviendo una vida de tipo raro, pero todavía quedaba mucho tiempo que vivir y yo lo sabía, y él también; la idea era claramente minar mi confianza en mi salida. También el director del centro empezó a hablar crípticamente conmigo sobre “mi problema”, sin especificar cuál era, como queriendo crearme una reacción de hipocondríaco. Ya esa altura yo daba por sentado que todo era manipulación. ¿Qué crédito podía darle ahora a gente que durante años lo único que decían es que no había ninguna razón ni impedimento en mi para ser numerario y ahora venían a agitar supuestos “problemas” de naturaleza inexplicada? 

Así que reunión tras reunión llegó una cerca de fin de año, y me encontré con este consiliario en la delegación; ya largamente yo había argumentado que, si estaba prevista la renovación anual llamada oblación, una de las posibilidades era que yo no renovara, que eso estaba previsto así que otros podían discrepar pero que la decisión de irme era mi derecho y nadie podía decirme que tomarla no era una decisión cristiana. Y en respuesta a eso me insistían en todo lo que desde el primer día me habían dicho, y que demuestra la doble cara de lo que se comunica hacia afuera como comunica el Opus Dei de irlanda, y de lo que efectivamente es el funcionamiento interno. 

De forma que en un momento de esa última conversación con el consiliario yo repasaba perezosamente con él cada cosa que me habían dicho y las que yo había hecho, y creo, pienso que a él le agarró cierto nivel de apuro; se atolondró y me disparó un "y entonces qué, ya tomaste una decisión, ya decidiste qué hacés al respecto?"  y yo, cuando él me apuró tomé el paso y definí "sí, decidí que no voy a seguir, que no renuevo el próximo 19 de marzo."

Nadie se puede sorprender al enterarse que el consiliario se quedó helado, y me dijo bueno, y ahí terminó esa que fue la última reunión con él, y me volví caminando a mi centro que quedaba cerca. 

Poco después me llamó el director de mi centro y me preguntó qué había hablado con el consiliario y le conté. Para mi sorpresa su cara no fue de quedarse helado, sino de "mirá cómo se le plantó al consiliario este tipo". También le dije que no tenía problema con ir al curso anual y seguir todo normal hasta el próximo 19 de marzo. Lo demás ya lo conté en la primera contribución. 

Lo que sí quedó en el tintero es que en algún punto de enero estando yo ya en casa de mis padres me llama para ir al centro de mi ciudad natal el curita que primero había conocido en el opus, a los catorce años. Yo pensaba que todo a esa altura estaba concluido, que ya habían tomado por buena mi decisión, pero después me di cuenta que pensaban que la situación la revertían en mi ciudad de origen, y que me convencerían de seguir en ese centro. 

Lo rescatable de acá, y por lo que creo que el curita al final se reivindicó a mis ojos, es que después de mucha franela de por qué me quería ir, que seguro que si volvía a mi ciudad me iba a sentir mejor, que reflexionara lo feliz que había sido, últimos estertores de la bestia antes que asome mi cabeza de alien después de haber destrozado su esternón.  Le respondo que no, que estaba seguro que quería irme, que estaba seguro que iba a ser feliz fuera del opus. Y ahí el milagro: al final este curita me concede que estaba tomando la decisión correcta. Listo, muerta la bestia, yo respirando libremente, dejando una carcasa inerme de cadáver detrás. Fue una conversación liberadora, y terminó él contándome una anécdota personal que creo me la había contado varios años antes sobre una amiga suya que estaba un montón (es decir que era muy atractiva) y que no le daba bola a nadie pero que siempre lo buscaba a él, y que todavía se preguntaba por qué él no había tomado la iniciativa, no le había correspondido a su interés si…  Faltó que termináramos la conversación tomando juntos un vino. 

Confieso mi torpeza, cuando volví a la ciudad de mi último centro, fui a retirar mis cosas (habían vaciado mi armario y retirado el cilicio y las disciplinas) y el director me pidió sentarse conmigo, me preguntó si no había hablado con este cura de la otra ciudad, y qué había resultado de eso; yo le dije que él me había confirmado en mi decisión, que finalmente me había dicho que yo estaba decidiendo bien. Ese director escuchó con cara de esfinge, y poco más duró la conversación. La verdad yo era tan cándido, y siempre hablaba sinceramente; convendría, para proteger al curita, que hubiese dicho que hablamos pero que no me había convencido, no que me había liberado apoyándome al final en mi decisión.  Realmente al día de hoy sigo lamentándolo. 

Estoy seguro que eso tiene que haberle costado una buena zurra al pobre curita; la siguiente y última vez que lo vi reaccionó al verme como un perro que recuerda una paliza, apartando la mirada, con una expresión casi de dolor…

Bueno, hasta acá esta colaboración, me queda poco en el tintero que contarles… pero será la próxima colaboración. 

Rosarigasino

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