LUCHANDO POR LA VERDAD Y LA JUSTICIA EN EL OPUS DEI

Autor: Pedro Pérez de la Blanca Sales. Ex numerario del Opus Dei (1983-2007). 

Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de Granada.

 

 

 

Imagen: Hans Peter Merten, "JUSTIZIA"

 

 

Dedicado a:

- S.E.R, Monseñor don Antonio María Rouco Varela, Presidente de la  Conferencia Episcopal española,

- S.E.R don Javier Martínez, Arzobispo de Granada y

- S.E.R don Francesco Monterisi, Secretario de la Sagrada Congregación para los Obispos.

 

Sumario:

Introducción.- Antecedentes y primeros roces con los directores del Opus Dei en Granada.- Presiones sobre mi horario y mi trabajo profesional.- Síntomas de desconfianza y desafecto.- Mi libro y la Delegación de Granada.- Enfrentamiento en torno al problema de la confidencialidad de la dirección espiritual que lleva el Opus Dei.- Mobbing en el Curso anual de formación.- Ausencia de explicaciones.- Ruptura.- Correspondencia: Granada, 20. XI.2006, Granada 2 de enero de 2007, Granada, 16 de marzo de 2007, Granada, 28 de abril de 2007.

 

 

Les remito varias cartas remitidas a los directores de la Prelatura del Opus Dei en Granada durante los años 2006 y 2007 y mi carta final de despedida al director del centro de personas mayores Dilar, en Granada. Con esta carta ponía punto final a un largo y doloroso proceso de tensiones, desacuerdos, desconfianzas y mobbings que tuve que padecer durante el periodo 2005-2007 de mano de los directores de la Prelatura Opus Dei en Granada. Esto lo hago para ayudar en el proceso de discernimiento social y eclesial de la naturaleza sesgada y sectaria de la Prelatura del Opus Dei, que desde el principio ha engañado a la Santa Iglesia de Dios practicando informes de conciencia y presionando de modo implacable a los miembros a través de una muy peculiar interpretación de la libertad de las conciencias.

 

 

1. En primer lugar, quiero ponerles en antecedentes. Pedí la admisión en el Opus Dei como miembro numerario o célibe en diciembre de 1983, deseoso de hacer mi camino espiritual siguiendo las enseñanzas de Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer. Desde los primeros años se me obligó a dar cuenta obligatoria con total sinceridad de mi conciencia y de mi vida espiritual a los directores de la Prelatura a pesar de estar ello prohibido en el CIC, y además con persona no elegida sino impuesta; a ver en los directores como enviados de Dios, a obedecer ciegamente, pero se me ocultó que los directores del Opus Dei realizan informes escritos que guardan en los archivos de las delegaciones de la Prelatura sobre la conciencia de los miembros y sus problemas espirituales: desde dudas a pecados. También se me ocultó durante mi periodo de formación en el Colegio Mayor Almonte de Sevilla, que los directores de las delegaciones y de los centros de la Obra, charlan y se comunican sobre los problemas espirituales de los miembros faltando de modo gravísimo a la confidencialidad y a la privacidad. Para hacer mas comprensible este escrito señalo que los numerarios del Opus Dei han de entregar todo su dinero a la Obra; que no pueden asistir a espectáculos públicos; que no pueden tratar a personas del sexo opuesto y que comúnmente viven en centros de la Obra separados de sus familias.

 

2. Desde hace varios años no vivo en un centro de la Obra sino con mi madre, que se encuentra enferma, mayor y muy torpe. Sin embargo he de decir que no echaba en falta esa vida de familia, debido a la hipocresía, la deshumanización, el egoísmo, la mentira que he apreciado en las vidas diarias de no pocos miembros numerarios y supernumerarios del Opus Dei. Desde luego éramos incompatibles por caracteres, pero también yo no quería vivir en sitios donde se reían de mí y se llegó a agredirme físicamente y moralmente varias veces.

 

Preparo también oposiciones de Instituto y necesito toda la concentración. En definitiva, mi trabajo me impedía ir al centro todos los días. También trabajo como profesor en una pequeña academia. Estos últimos años se ha reducido el número de alumnos de modo que no podía ganar mas que para pagar el alquiler del piso donde estaba, y consiguientemente, no podía aportar dinero a la Obra. Hubo también un roce porque no pude asistir a un curso de retiro en Baeza ya que mi madre acababa de ser operada de un aneurisma cerebral y yo tenía que acompañarla por las noches. Me dijeron que fuera de todos modos al retiro a pesar de que les dije que no tenía persona de confianza con la que dejar a mi madre. Y desde luego no hice el Curso de Retiro. Pero señalo esto para que vean el grado de fanatismo y deshumanización que los directores del Opus Dei practican tras su fachada versallesca, sus finos modales y sus gestos llenos de delicadeza. No hice el Curso de Retiro sino que lo hice por mi cuenta en una iglesia pública, cumpliendo así la Norma del Plan de Vida prescrita para los miembros del Opus Dei. Las reprimendas que recibí por parte de la persona que me llevaba la charla fraterna me llevaron a pedir un cambio de persona con la que hacer la confidencia. Me encontré con que el director se negó y me tuvo durante 8 semanas sin la asistencia espiritual que la Obra se compromete a dar a sus fieles en un incumplimiento doloso y flagrante de las obligaciones formativas de esta Institución con mi persona. Al cabo, solo una conversación con don Antonio, director espiritual de la Delegación, desbloqueó la situación. Tuve que hacer la charla con él varias semanas hasta que por fin convenció al director local de la necesidad de que me pusiera otra persona con la que poder tener la dirección espiritual.

 

3. Desde la dirección de Dílar, centro de san Gabriel, al que yo estaba adscrito, se me presionó durante semanas y meses en mi charla fraterna para que fuera al centro a atender a un sacerdote muy mayor, varias mañanas a la semana. Expuse claramente que no podía, pero se me siguió presionando e insistiendo. El motivo sobre todo era bien infame: se trataba de ahorrar dinero contando con uno de Casa, que siempre sale barato o gratis, privando a un sacerdote santo que ha dado su vida en la Obra, de la ayuda especializada que éste requería. También se me presionó para que visitara al Siquiatra a pesar de tener informes por escrito de la estabilidad de mi situación mental redactados por un siquiatra numerario del Opus Dei en Málaga. A pesar de declinar el ofrecimiento siguieron presionando hasta que se convencieron de que yo no iba a ir al siquiatra.

 

4. Tengo que decir que dichas presiones sobre mi trabajo profesional son ilegítimas porque los Estatutos aprobados por la Iglesia, señalan que los directores no condicionan el trabajo profesional de los miembros. La Obra, en principio, no interviene en el trabajo profesional de los miembros. Eso es lo que yo creía, pero me equivocaba. En realidad para los directores del Opus Dei los Estatutos son papel mojado. Recuerdo que cuando comenté este extremo en mi confidencia, la persona que me escuchaba se sorprendió, porque no lo conocía.

 

5. Se me llegó a presionar tanto que no podía ni estudiar ni trabajar, y vivía en un estado de gran nerviosismo y tensión.

 

6. Empecé a notar síntomas de desafecto por parte del Director del Centro: el día 18 de marzo no se me informó de cuando tendría lugar la Lista de San José en la que los fieles piden al Santo Patriarca su intercesión para que sus amigos pidan la admisión. Me informé de la hora, pero empezaron mas temprano, y, claro llegué tarde.

 

7. Pude observar que no se me informaba de que la meditación semanal cambiaba de día o que no iba a tener lugar. Yo me desplazaba en bicicleta al centro a primera hora de la mañana a pesar de estar rellenito con la ilusión de formarme. Pero llegaba agotado y sudoroso. Llegaba puntual y estaba en la meditación. Ustedes pueden comprender que no es plato de gusto llegar y encontrarte que todo el mundo está durmiendo.

 

8. Y un día, tras un Retiro mensual, hablando con otra persona sobre la Compañía de Jesús, sorprendí al director local del centro escuchando lo que decía tras una puerta.

 

9. Otro momento de desencuentro fue la publicación de mi primer libro: Martínez de la Rosa y sus tiempos, en Ediciones Ariel.

 

10. La editorial me exigía una crecida cantidad y elevé la consulta a la Delegación, pues los miembros no pueden disponer de dinero sin permiso. Yo estaba muy emocionado con mi libro al que había dedicado varios años de investigaciones, y estaba seguro que los directores no dudarían en autorizar el gasto (financiado con dinero de mi familia) por aquello de llenar el mundo con papel impreso que decía Monseñor Escrivá de Balaguer. Me dijeron que publicara el libro en una imprenta de Maracena, localidad cercana a Granada, y que enviara el libro por correo a los académicos y personas influyentes. No les convenció mi argumento de que sería ruinoso que yo enviara a cada persona el libro, y que la editorial por ser casa de distribución editorial facilitaba ese trabajo.

 

11. Me preocupaba también el dato ya conocido de la falta de confidencialidad en la dirección espiritual que yo había descubierto en opuslibros (www.opuslibros.org). Tengo que decir que lo expuse en la charla fraterna noble y lealmente. Y decidí aclarar mis dudas con el Vocal de San Miguel de la Delegación. Le dije que me parecía muy grave esa práctica, y me espetó que “en Casa las cosas se hacen así” y que el motivo era el de prever cánceres espirituales. Y que ya hablaríamos en el próximo Curso de Retiro que se celebró unas semanas después entre el 25 y el 31 de diciembre de 2005. En efecto, el director me vino a ver por sorpresa. Me sacó literalmente del rezo del Santo Rosario. Nos sentamos. Me dijo que le alegraba verme sereno porque el otro día “le había hablado como un enemigo de la Obra”. Y me dijo que “lo único que me interesa de ti es tu dinero”, textualmente. O sea, ni me preguntó por mis oposiciones, ni por mi madre. Solo por el dinero. Claro, que no me preguntaba por los cuatro cuartos de mis clases. Le interesaba el dinero de mi familia. Después de esta conversación me di cuenta que vivía en una secta. Pasé una noche de pesadilla, sin poder dormir y solo la intervención de un amigo muy querido pudo sacarme del bloqueo emocional y mental en el que me encontraba. Tras el curso de retiro estuve varios días traumatizado espiritualmente y decidí ya no hablar nada claro con ellos.

 

12. Llegó el Curso anual 2006, que hice en julio en El Rubín de Ceballos en Baeza, Jaen. El mobbing empezó al día siguiente: el subdirector me dijo entre charla y charla que cómo era que yo parecía tan interesado en las charlas –a las que asentía vigorosamente no por comedia, sino porque estaba muy de acuerdo en lo que se decía- si estaba en la “Oposición”. Muy preocupado fui a hablar con el director de la convivencia, un atildado médico, procedente de la Clínica Universitaria. Él afectó interés cuando le conté el tema. Me dijo que hablaría con el subdirector.

 

13. Otro día el susodicho subdirector me preguntó que cuanto me había costado mi libro. Esto era curioso porque yo no había comentado a nadie que había publicado un libro ni que había tenido que realizar una inversión profesional para sacarlo. De nuevo hablé con el director y de nuevo recibí palabras muy corteses pero totalmente vagas.

 

14. El mencionado subdirector se pasó la convivencia persiguiéndome en el oratorio, sentándose a mi lado ostensiblemente a pesar de que le había pedido al director que por favor no quería charlar con dicha persona.

 

15. En la misma convivencia, en la dirección espiritual con un sacerdote mayor, se le escapa que “yo no había sido generoso” en el asunto del sacerdote enfermo. ¿Quién le había contado ese tema? No yo, desde luego. Además noté que se me había denigrado y faltado a la verdad en el comentario de mi actuación con el sacerdote, puesto que de acuerdo con el espíritu de la Obra, dije que no podía realizar el encargo.

 

16. Vuelto a Granada, pido explicaciones de la movida sufrida y de las filtraciones en la dirección espiritual. No me las dan. Entonces decido interrumpir mi asistencia al centro ya que ellos seguían presionándome intentando que atendiera al sacerdote enfermo. (Luego me enteré que contrataron a personal especializado. Es lo mínimo que podían haber hecho con una persona santa como ese sacerdote que finalmente falleció).

 

17. Las primeras semanas no me llaman en una demostración de desinterés muy dolorosa par mí. Finalmente concertamos una entrevista en un hotel con el director. Le digo que estoy cumpliendo todas las normas y compromisos como numerario, pero me dicen que tengo que hacer la charla fraterna. Le contesto que no la voy a hacer mientras den cuenta de conciencia a otros de mi intimidad. Le comento entonces el Decreto Quemadmoddum en el que la Santa Sede prohibió informes de conciencia y se me echa a reír. Esto de por sí indica el desprecio de los directores del Opus Dei por la legislación de la Iglesia que no les interesa. Lo digo por si le interesa a los señores cardenales (Dios sea en sus corazones y sus inteligencias) que tanta confianza parecen mostrar en el Opus Dei, para que sepan que la Prelatura del Opus Dei huele a podrido.

 

18. A lo largo de estas cartas, queda claramente expreso:

 

a) El engaño y la desobediencia que se hace a la Iglesia en el asunto de la dirección espiritual.

b) El cinismo de los directores del Opus Dei.

c) El recurso al mobbing y a las presiones sicológicas.

d) La existencia de una legislación secreta y paralela en el Opus Dei, que la Iglesia no conoce.

 

19. En todo este tiempo no he recibido petición de perdón y disculpas de los directores de la Prelatura Opus Dei en España. Para mí no se ha hecho justicia. Y no voy a parar hasta que se me haga justicia.

 

20. Doy gracias públicamente a Dios Nuestro Señor, a la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre Nuestra, a San José y a mi Santo Angel Custodio que me asistieron en todo momento en el descubrimiento de la verdadera naturaleza de esta Institución y me dieron fortaleza para enfrentarme al cinismo diabólico de los directores de la misma.

 

CARTAS

 

 

Granada, 20. XI.2006

Sr. D. [...]

 

Estimado [...]:

He recibido tu carta fechada en Granada el día 11 de los corrientes en relación a tu deseo de sostener una conversación conmigo.

 

Me alegra que por fin, -después de dos meses sin que desde la Prelatura se me haya respondido a los temas que os he planteado en las dos conversaciones telefónicas que al principio mantuve con el secretario del Centro- algún Director quiera saber algo de mí. No obstante, necesitaría conocer los términos de la entrevista que me solicitas, antes de darte una respuesta al respecto.

 

Como expliqué por teléfono al secretario del Centro, estoy procurando vivir fielmente todas las exigencias de mi vocación, entre ellas la de cuidar mi formación espiritual. Pero me he visto obligado a suspender mis encuentros con vosotros, debido a la agresividad que habéis manifestado hacia mí, en las charlas fraternas de la dirección espiritual personal ya que, en lugar de orientarme, me habéis insistido una y otra vez en encargos que os decía que no podía realizar debido a mis ocupaciones de estudio y trabajo y de atención a mi madre. Esta situación estaba amenazando mi paz interior y mi serenidad emocional, ya de por sí puestas a prueba por la vida no fácil que llevo, con mi madre enferma y la necesidad de salir adelante, como cualquier ciudadano corriente al que no se le regala nada. Por la misma razón, cuando esta actitud que tenéis conmigo cambie, y demostréis estar dispuestos a ayudarme, no tendré inconveniente en proseguir mi asistencia a los medios de formación.

 

En estos dos años que llevamos en contacto, me ha apenado también la falta de cariño e interés que el Consejo Local ha demostrado conmigo en relación a múltiples aspectos de la vida del Centro, de la que de facto me habéis ido apartando poco a poco: horarios, actividades lúdicas como excursiones y películas a los que nunca he sido invitado ni avisado, confusión habitual a la hora de detallar los horarios de los medios de formación espiritual, dándose el caso de que he llegado a deshora por exceso o por defecto, no avisarme del adelanto de hora de la entrañable reunión de familia del 18 de marzo en la que los miembros piden a Dios Nuestro Señor, por intercesión de San José, que envíe vocaciones a la Obra, etc. Por otra parte, te querría recordar que me dejaste siete semanas sin la dirección espiritual personal prevista en la Obra simplemente porque te comenté que prefería que me atendiera otra persona.

 

Por otra parte, todavía estoy esperando una explicación razonable de las inesperadas presiones e insinuaciones capciosas que me hizo [...] –a quien perdono- siendo Subdirector del Curso anual de formación realizado en la Casa de Retiros “El Rubín “ del 1 al 22 de julio de este año, en el que yo participé. En esta convivencia esa persona me acusó una vez de "estar en la oposición" (oposición ¿a qué?) y me hizo preguntas en las que manifestaba estar enterado de datos de mi vida personal que yo nunca le había revelado y que no tenía por qué conocer, no sólo por no tener jurisdicción sobre mí, sino por el simple hecho de no vivir en Granada, ya que este Numerario de la Obra es arquitecto municipal en Málaga: entre ellos, que yo tenía una Academia de Inglés, que en la Academia no me iba excesivamente bien, que había publicado un libro (Martínez de la Rosa y sus tiempos, Ariel, 2005) y cuánto me había costado dicho libro. Esas preguntas además las hizo públicamente delante de otras personas asistentes al Curso anual.

 

Por el sentido de la insinuación a la que me he referido más arriba, se traslucía que quería decir oposición a la autoridad del Prelado Mons. Javier Echevarría, a quien tanto estimo y respeto, y por el que rezo todos los días. Y de ahí que solicitara las aclaraciones y correcciones oportunas al Director de la Convivencia, Agustín España, médico de la Clínica Universitaria de Navarra, y luego al Secretario del Centro, con el que hasta hace dos meses venía charlando sobre asuntos de mi intimidad espiritual, obteniendo en ambos casos la callada por respuesta.

 

[...] tampoco me supo dar cuenta de cómo y por qué [...] conocía esos extremos, que son asuntos que sólo había comentado en el contexto de máxima discreción y privacidad de la dirección espiritual personal. El hecho de que, en este caso, no se haya vivido la confidencialidad respecto de lo tratado en la dirección espiritual de conciencia, me parece un abuso lamentable, como reconoce el mismo Catecismo de la Obra en su punto 222, cuando afirma que "quienes se ocupan de atender la charla de sus hermanos están obligados a guardar el más estricto silencio de oficio sobre los temas que los demás traten en la Confidencia".

 

Si en la Iglesia "a nadie le es lícito lesionar ilegítimamente la buena fama de que alguien goza, ni violar el derecho de cada persona a proteger su propia intimidad", como afirma en Código de Derecho Canónico en su canon 220 que me he tomado la molestia de consultar, ¿cómo es que [...] conocía esos extremos de mi vida personal? En efecto, su actuación presuponía que alguien de la Obra -quizás un Director- le había informado de pormenores de mi vida personal -lo cual me parece muy grave y doloroso- y no sólo del ámbito del fuero externo sino también del fuero de lo interno, lo cual es aún peor. Evidentemente, este Numerario había obrado informado por alguna autoridad de la Prelatura. Como he dicho, también pregunté a [...] a mi vuelta de la Convivencia en verano, sobre este respecto, y no me supo dar razones.

 

Según te decía en relación a tu actual interés en hablar conmigo, me ha parecido extraña vuestra tardanza en poneros en contacto conmigo, a pesar de que -por Ismael y por el sacerdote del Centro, a quien encontré a la salida de una iglesia- sabíais que sigo viviendo mis compromisos vocacionales. ¿Es una actitud eclesial desentenderse de alguien que mantiene su decisión de perseverar en la vocación, y que lleva veinticuatro años dedicado a sacar adelante la Obra de Dios, entregándole con mucha alegría y de muy buena gana lo mejor de su vida, de su tiempo, y de sus recursos materiales y espirituales?

 

Por cierto, en la susodicha conversación con el sacerdote me quedé muy extrañado de que éste no aceptara ni creyera -tomándolos por increíbles- los extremos que le pormenoricé acerca de la charla que mantuvo conmigo el Vocal de san Miguel de la Delegación de Granada, mientras yo realizaba un Curso de Retiro en el Colegio Mayor Albayzín entre los días 25 al 31 del mes de diciembre de 2005. En esa entrevista, que era prolongación de otra conversación que habíamos sostenido en la primera quincena de ese mes en la Sede que la Delegación tiene en Granada, el vocal me dijo textualmente que "lo único que le interesaba de mí era mi dinero". Y añadió que, en nuestra anterior conversación, yo "le había hablado como un enemigo de la Obra", simplemente porque -como señala el Código de Derecho Canónico en su canon 212, párrafo 2: "los fieles tienen derecho a manifestar a los Pastores de la Iglesia sus necesidades, principalmente espirituales y sus deseos"-. Y además, en su párrafo 3°: "tienen el derecho y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestar a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y las costumbres, la reverencia hacia los Pastores y habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas". Todo ello sin prejuicio de lo que establecen nuestros reglamentos acerca de poner en conocimiento de los Directores inmediatos las faltas contra el espíritu -le expuse noble y sinceramente algunos comentarios y rumores que circulan en la calle acerca de los atentados a la confidencialidad en la dirección espiritual, que algunas veces ocurren en la Obra, y que alejan a muchas personas de los medios de formación, y que yo había padecido aquellos días, porque habían visto en labios de otras personas de la dirección de la Obra en Granada que conocían preocupaciones de conciencia mías, que yo no había comentado fuera de la dirección espiritual personal-.

 

Asimismo, el Director me espetó que, si no estaba dispuesto a asumir todas las praxis de la Obra, buscara otra espiritualidad, lo cual me pareció muy arbitrario e injusto, sobre todo porque la Prelatura ya se pronunció positivamente sobre mi aptitud para vivir el espíritu de la Obra al concederme la Fidelidad.

 

Finalmente, en otro alarde no excesivamente dialogante y no muy sobrado de caridad, me comentó que por mi carácter no podría volver a vivir en ningún centro de la Obra, lo que me pareció una inmensa injusticia: si mi personalidad no aconseja que viva en un Centro de la Obra, ¿por qué no me lo dijeron antes de hacer la incorporación definitiva? Y, puesto que entonces no lo hicieron, ahora no es el momento: si después de la Fidelidad surgen obstáculos, lo justo es llevarlos con paciencia mientras se procura remediarlos. Pero, si el interesado no rechaza la ayuda, no se le puede lícitamente excluir.

 

En resumen, teniendo en cuenta estos antecedentes necesito saber de qué asuntos quieres que tratemos y en qué términos quieres que hablemos, pues no estoy dispuesto a permitir más abusos. Me parece de justicia una rectificación previa por parte de los Directores implicados. Y ruego que me mandes por escrito las aclaraciones que te he reclamado como requisito previo a cualquier entrevista mía con los Directores del Opus Dei: estando en juego la salvaguardia de una vocación divina, no estoy dispuesto a permitir más maniobras poco claras, que, en todo caso atentan contra el espíritu de caridad imperantes en la Iglesia y en nuestra Madre Guapa, la Obra.

 

Mientras tanto, asegurándote mi oración diaria por los del Centro y por el Padre y los Directores, te envío un cordial saludo,

 

* * * * * * * * * *

 

Granada, 2 de enero de 2007.

Sr. D. [...]

 

Estimado [...]:

 

En primer lugar, te deseo a ti y a toda la gente del centro Dílar lo mejor para este nuevo año que comienza. Que este año sea estupendo, lleno de las bendiciones de Dios Nuestro Señor, y lleno de frutos para todos. Os he encomendado diariamente, y también a los Directores del Centro de la Delegación de Granada y al Padre. Mis felicitaciones quedaron patentes en los mensajes escritos telefónicos que le puse a Ismael y a ti mismo ayer día 1.

 

El motivo de esta segunda carta es comentarte lo que me dijiste en la reunión que tuvimos en el Hotel Victoria.

 

En primer lugar, no salgo de mi sorpresa en relación a lo que me afirmaste que [...] ya no se acordaba de nada de lo que me dijo en la convivencia de El Rubín el pasado mes de julio de 2006. Sobre todo porque a continuación me dices que Pablo te ha comentado que el sentido de sus palabras “pero tú ¿no estás en la Oposición?” era el de referirse a que yo estaba estudiando Oposiciones de Instituto. No se si te fijarás que tanto en sus palabras como en las tuyas hay una contradicción interna pues si no se acordaba de sus palabras, ¿cómo es que recuerda el sentido que quiso darle a ellas? O Pablo miente, o Pablo necesita una visita urgente al siquiatra pues se contradice a sí mismo. ¿Quién había comentado a Pablo que yo estaba estudiando Oposiciones? Yo, desde luego no se lo dije. Por otra parte, como sabes, el caso lo comenté con [...], el Director de la Convivencia, y si yo hubiese dado un sentido equívoco a las palabras de Pablo, me imagino que bien Agustín, o bien Pablo mismo me habrían corregido o explicado que yo había dado una interpretación errónea a sus palabras, y eso no se produjo. Y ya sabes que el que calla, otorga.

 

En segundo lugar, no sé si Pablo necesitará un curso de lingüística castellana, pues, como tú muy bien sabes, cuando alguien te dice que “estás en la Oposición” se refiere no precisamente a que estés estudiando para superar un examen oficial, sino que te opones a algo o a alguien. Una persona que quisiera preguntarme por cómo llevo mis estudios me hubiera preguntado: “Que tal la Oposición”, o bien ”Cómo llevas la Oposición”, por ejemplo. El sentido de las palabras de Pablo era inequívoco y demostraba claramente que alguien le había planteado al Consejo Local que llevaba el gobierno de la convivencia, las dudas y preguntas que le formulé al Vocal de San Miguel en nuestra reunión de diciembre de 2005 en la Delegación de la Prelatura del Opus Dei en Granada, sobre la confidencialidad en la labor de dirección espiritual que proporciona la Obra. Si no, no hubiera sido posible ese comentario desafortunado de Pablo que evidenciaba que tenía una información que yo no le había proporcionado. Y con tranquilidad estos días he recordado la costumbre que existe entre los Directores de la Prelatura –desconocida por la Iglesia, ya que no se hace alusión a ella en los documentos oficiales que la Obra ha proporcionado a la Jerarquía sobre su naturaleza y funcionamiento- de comentar a los directores de las convivencias detalles peculiares de la vida íntima de los asistentes. Eso lo pude comprobar un día de esa convivencia cuando, al hacer un rato de dirección espiritual con el sacerdote numerario don [...], me comentó que yo estaba rechazando cumplir el encargo que me habíais dado de cuidar a don José Meroño los lunes y los miércoles. Como tú muy bien sabes, ya os dije que no podía cumplir ese encargo debido al cuidado que he de prestar a mi madre enferma y también a que me cuesta mucho estudiar. Don José necesita una persona que le cuide de modo total y profesional, como se merece por sus largos años de dedicación a la Obra y por su edad y estado físico. ¿Quién le había informado a don Amador de esta situación? Además, la impresión que de la situación tenía don Amador era la de que yo era un desobediente y persona muy poco caritativa, lo cual implica que se le dio una información torticera y mentirosa, rayana en la difamación.

 

Esto choca con lo afirmado por el Código de Derecho Canónico que en su artículo 220 señala que “a nadie le es lícito lesionar ilegítimamente la buena fama de que alguien goza, ni violar el derecho de cada persona a proteger su intimidad”. En relación a esto, te recuerdo lo que señala el canon 984 del CIC en su parágrafo 1, de que “está terminantemente prohibido al confesor hacer uso, con perjuicio del penitente, de los conocimientos adquiridos en la confesión”. Dicho canon en su parágrafo 2, señala además que “quien está constituido en autoridad no puede en modo alguno hacer uso, para el gobierno exterior, del conocimiento de pecados que haya adquirido por confesión en cualquier momento”. Si esto se dice de los sacerdotes, ¡Cuánto más de los laicos!. A éstos ni se les menciona porque ya presupone la Iglesia que éstos no tienen por qué conocer el fuero interno de los subordinados y si lo conocen, les está terminantemente prohibido hacer uso de estos conocimientos como instrumento de gobierno.

 

Te recuerdo a este respecto el Decreto Quemadmodum de León XIII, de 7 de diciembre de 1890 que dice:

 

“I. Su Santidad irrita, abroga, y en adelante declara de ningún valor cualesquiera disposiciones de las Constituciones de las Pías Uniones, de los Institutos de mujeres sean de votos simples o solemnes, y aún de varones laicos de cualquier tipo, aunque las mencionadas Constituciones hubieran recibido la aprobación de la Sede Apostólica de cualquier forma, también la que suele llamarse especialísima, sobre este aspecto: a saber, en cuanto regulan, por su nombre y de cualquier otro modo, la manifestación íntima de la conciencia y del corazón. Y así, por esta causa, a los Directores o Directoras de ese tipo de Institutos, de Congregaciones y Sociedades, se les impone seriamente la carga de suprimir del todo las mencionadas disposiciones, y eliminarlas totalmente de las propias Constituciones, Directorios o Manuales. Igualmente irrita y suprime cualesquiera usos sobre esta materia o costumbres aun inmemoriales.

 

II. Es más: a los mencionados Superiores o Superioras de cualquier grado o preeminencia, rigurosamente se les prohíbe que induzcan a sus súbditos directa o indirectamente, por precepto, consejo, miedo, amenazas o halagos, a que les hagan a ellos mismos una manifestación de la conciencia de ese tipo. Y, correlativamente, se manda a los súbditos que ante los Superiores mayores denuncien a los Superiores menores que a ellos osaran inducirlos a tales conductas. Y, si los inductores fuesen el Director o la Directora General, se manda entonces que ellos hagan la denuncia ante esta Sagrada Congregación”.

 

Y esto se hace habitualmente en la Prelatura, pues se comentan a los directores el estado no solamente externo sino de conciencia de cada fiel de la Prelatura, llegándose a comentar sus faltas y pecados fuera del sacramento de la Confesión aprovechando el continuo reclamo que se hace a los miembros para que sean sinceros con sus directores. Cuando en nuestra conversación del Hotel Victoria te recordé estos cánones, me respondiste con una carcajada que indicaba lo poco que te preocupa la legislación oficial de la Iglesia en estos puntos. Y cuando te dije que tú haces Informes de Conciencia no negaste mi afirmación, lo cual equivale a una confirmación de que tú realizas esa labor ilegal desde un punto de vista eclesial, lo que te sitúa en enfrentamiento con la Iglesia. ¿No lo sabías? Pues espero que esto te ayude.

 

Por otro lado no me aclaraste como te pedí, cómo Pablo sabía que yo había publicado un libro y que además me había costado un dinero sufragar los costes de edición, pues me preguntó varias veces que quería saber cuánto me había costado el libro. De nuevo te pregunto: ¿Quién le proporcionó esa información a Pablo?

 

En tercer lugar, en la conversación que tu vimos en el Hotel Victoria, te dije que yo estaba cumpliendo todos mis deberes de mi compromiso como numerario de la Obra. Así es, pues todos los días y todas las semanas realizo mis Normas del Plan de Vida, las Mortificaciones, las Costumbres, las Normas Mensuales y Semanales así como las de siempre. No estoy asistiendo al Círculo Breve de formación porque en primer lugar Ismael me desaconsejó por teléfono que fuera al Centro y porque los Directores de la Delegación no me han pedido que asista al Círculo de otro centro, así que he tenido que organizar mi formación de modo más personal hasta tanto tengáis a bien indicarme otra cosa. Me extrañó que me dijeras que yo no estaba cumpliendo con la Obra porque no estaba haciendo la llamada Charla Fraterna.

 

En primer lugar, te recuerdo que dicha Costumbre no aparece recogida en los Estatutos de la Prelatura, y que solo aparece en los documentos internos de la Obra que la Iglesia desconoce, y que de conocerlos, no los aprobaría. Y no los aprobaría por las siguientes razones porque además del citado Decreto Quemadmodum, el canon 630 del CIC, determina en su parágrafo 5º que “los miembros deben acudir con confianza a sus Superiores, a quienes pueden abrir su corazón libre y espontáneamente. Sin embargo, se prohíbe a los Superiores inducir de cualquier modo a los miembros para que les manifiesten su conciencia”. Sin embargo en la Obra los miembros están obligados, y obligados a hacerlo semanalmente en el caso de numerarios y agregados y además a hablar de fe, de pureza y de vocación, de sus actos externos e internos.

 

Es decir, yo no tengo que comentar a nadie obligatoriamente mis asuntos de conciencia, fuera del Sacramento de la Confesión. Por supuesto que la dirección espiritual es un instrumento estupendo de formación, al que yo estoy muy pronto a acudir, siempre que en la persona que me lleva vea yo un sincero deseo de ayudarme, y no de servir de mera correa de transmisión a decisiones que se toman en otros despachos. Y para mí ayudarme es ponerme metas que yo pueda hacer, pues si yo os digo que no puedo y me estáis presionando todas las semanas con el mismo tema, el asunto de la dirección espiritual se convierte en un diálogo de sordos.

 

Además, espero que te des cuenta de que va contra de las leyes de la Iglesia tener que daros cuenta forzosamente de mis asuntos de fuero interno. Si además, no respetáis esa confidencialidad, entonces, al hacer esa Charla Fraterna, me coloco fuera de las Leyes de la Iglesia. Y si me coloco fuera de las Leyes de la Iglesia ya no soy católico, con lo que la salvación de mi alma está en gravísimo peligro. Y lo que quiero ser es Hijo fiel de la Santa Iglesia Católica y salvar mi alma. Al ser la Charla Fraterna tal y como ahora es concebido en la Prelatura del Opus Dei un medio de formación y no pocas veces de presión y de coacción no aprobado por la Iglesia y que la Iglesia no conoce ni ha aprobado porque no puede aprobarlo ya que ha manifestado en documentos públicos su postura en este asunto, es abuso muy grave que quieras imponerme la Charla Fraterna. Y es un abuso muy grave no solo tuyo sino del director que me dijo en la segunda conversación que tuvimos en Albayzin durante el curso de Retiro del 25 al 31 de diciembre de 2005 que “en la Obra todos hacemos la Charla y tratamos de estos temas de fuero interno para localizar y extirpar el cáncer espiritual desde el principio”, “que en la Obra las cosas se hacen así” (o sea, que la Obra es un caso aparte en la Iglesia, un islote amurallado en el que la legislación de la Iglesia no es tenida en cuenta) y que “el Código de Derecho Canónico se refiere a los seminarios y a los religiosos, no a nosotros, que somos laicos”. Evidentemente [...] desconoce el Decreto Quemadmodum que como ya reseñé antes dice: “Su Santidad irrita, abroga, y en adelante declara de ningún valor cualesquiera disposiciones de las Constituciones de las Pías Uniones, de los Institutos de mujeres sean de votos simples o solemnes, y aún de varones laicos de cualquier tipo”.

 

La inobservancia de estos preceptos sitúa a la Obra -y lo digo con un gran dolor- como una estructura al margen de la Iglesia. En mi opinión todo ello nace de un error cometido por Nuestro Amadísimo Fundador, San Josemaría, que no tuvo en cuenta este Decreto, bien por ignorarlo o por que sus formadores en el Seminario lo desconocieran, siendo así que cuando Nuestro queridísimo Padre estudió en el Seminario, este Decreto hacía apenas treinta años que se había promulgado, lo cual hace mucho más curioso este asunto pues Nuestro Padre hubo de estudiar o debió habérsele comentado ese Decreto. Es como si a un seminarista moderno no se le enseñara el Decreto Perfectae Caritatis o no se le hablara de la Populorum Progressio, por poner un ejemplo. También está la responsabilidad en los colaboradores de Nuestro Santo Fundador, que bien por ignorancia o por error no supieron informarle de este asunto.

 

De modo, estimado [...], que el problema de fondo mío es un problema que no es mío ni tuyo, sino que es institucional, pues afirmando que somos una partecita de la Iglesia, en realidad le decimos a la Jerarquía que obramos de un modo pero obramos de otro, ya que existen otras reglamentaciones internas desconocidas por la Iglesia que indican otro modo de hacer las cosas, que sitúan la praxis de la dirección espiritual en un ámbito ilegal y antieclesial que yo no puedo aceptar, pues con su práctica, estamos de facto, engañando a Nuestra madre la Santa Madre Iglesia, Católica, Apostólica y Romana, y estáis engañando a multitud de personas sencillas a las que no reveláis estos detallitos comprometedores, tan pequeños, pero tan grandes, que reaccionarán con furia cuando descubran la ocultación de la verdad que se hace con ellas. Y lo sabrán algún día, pues no te olvides que no hay secreto oculto que no acabe por saberse. Luego, si la Charla no es conocida por la Iglesia, y si ésta la conociera la prohibiría porque en ella se obliga a la manifestación de la conciencia, y si además la habéis convertido en un instrumento de transmisión de máximas de los directores ajenos a esa conversación (ajenos, pero informados porque le comunicáis verbalmente o por escrito el estado de cada cual) entonces no estoy obligado a hacer esa Charla Fraterna, porque ello me sitúa fuera de la Iglesia en las condiciones en que ahora se hace: 1) con obligación de hacerla todas las semanas. 2) con obligación de hacerla con quien designan los directores. 3) con obligación de hacer confesión del fuero interno. 4) Sabiendo que ese fuero interno es materia de gobierno y que es comunicado fuera del ámbito de la Confidencia.

 

En conclusión, yo no me opongo a hacer la Charla, pues de todos es conocido lo que ayuda una opinión ajena. Sí me opongo a hacerla en esas condiciones El problema es que no estoy dispuesto a realizar prácticas prohibidas por la Iglesia. Eso lo tiene que solventar el Padre y los Directores Mayores, ¿no te parece? Porque si no, tengo que dudar de la legalidad de la praxis de la dirección espiritual en la Obra.

 

Hay una segunda parte que nos atañe más personalmente. Nuestra conversación del Hotel Victoria no me satisfizo. En primer lugar, me dolió que dudaras de mi sinceridad cuando te manifesté que el director me dijo en nuestra conversación del Colegio Mayor Albayzin, sobre que “a mí lo que me interesa es tu dinero” (sic) que dudabas de la sinceridad de mis palabras, con lo que estabas poniendo en duda mi seriedad, mi honestidad y mi honradez de cristiano y de hijo de Nuestro Padre que soy y seguiré siendo siempre aunque desees -como me manifestaste en nuestra conversación- que me marche de la Obra.

 

No supiste contestar ninguna de las preguntas que formulaba en la carta anterior en la que me decías que “lamentabas lo que estaba sucediendo”, y tampoco me prometiste el cambio de actitud de los directores, respecto a mi persona, que os pedía. Por tu actitud general manifestabas que no sentías “lo que estaba sucediendo”, como me manifestaste en la respuesta a mi carta anterior. Viniste a exigirme que hiciera la Charla Fraterna, o sea, que me enfrentara a mi Madre, la Iglesia Santa de Dios. Fue una tomadura de pelo que no estoy dispuesto a tolerar. Por tanto ya te prevengo que no voy a acudir a más “entrevistas-trampa” y no voy a contestar ninguna carta o aviso que me hagáis mientras en ellas no reconozcáis vuestros errores, pidáis perdón y os manifestéis dispuestos a un giro radical conmigo en lo que toca a la dirección espiritual. Mientras esto no suceda, y lo manifestéis tal como a aquí lo pongo y por escrito, no puedo en la presente situación reintegrarme a la labor de formación ordinaria, ni mantener entrevista alguna con los Directores locales o regionales del Opus Dei. Me habéis tratado mal y de un modo sucio, barriobajero, sectario, mafioso e indigno. Me habéis presionado sicológicamente hasta lograr romper mi serenidad y estabilidad aunque por muy breve tiempo, sabiendo el estado de tensión interior que tengo por la enfermedad de mi madre y la precariedad de mi trabajo. En esta labor has desobedecido el parágrafo 3º del artículo del artículo 88 de los Estatutos que conoce la Iglesia, que afirma taxativamente respecto a la relación entre la labor de dirección espiritual y el trabajo de los miembros que “en lo que afecta a la acción profesional, (…) cada fiel de la Prelatura dentro de los límites y en todo caso, de la fe y costumbres de la doctrina católica, goza de la misma plena libertad, de que gozan los demás ciudadanos católicos. Realmente, las Autoridades de la Prelatura deben abstenerse completamente de dar consejos en estas materias por parte de cualquiera (…)”. Tus indicaciones sobre mi encargo con don José Meroño estaban afectando a mi trabajo y a mi futuro profesional y no has sabido entenderlo a pesar de que lo manifesté así a [...], Secretario del Centro, con el que entonces charlaba sobre asuntos de mi vida interior, y recuerdo que Ismael se sorprendió de que le tocara el tema de los Estatutos. Entonces, dime: ¿somos una Institución de la Iglesia o un grupo de amigos? ¿Somos una sociedad de derecho o nos regimos por los criterios secretos que se han inventado unos pocos, de modo que los Estatutos son una concesión a la galería pero luego hacemos lo que queremos aunque sea atropellando a las personas?

 

Me habéis insistido en hacer encargos que no puedo cumplimentar. Habéis comentado mis debilidades y mis pecados entre vosotros, y los habéis trasladado al papel. Y me habéis difamado dando una interpretación torticera y sesgada de la realidad al director espiritual del Curso Anual. Y después de un largo curso de trabajo, me hacéis una insidia de tipo sectario en el Curso Anual. Por eso, para evitar que siguierais pecando, y para protegerme de vuestra agresión y de vuestro mobbing he tenido que retirarme de la labor de formación de la Obra. En vuestra labor conmigo os habéis olvidado de aquello que afirma el Decreto Perfectae Caritatis del Concilio Vaticano II en su punto 14, cuando afirma: “Gobiernen a sus súbditos como a hijos de Dios, y con respeto a la persona humana, fomentando su sumisión voluntaria. Déjenles por ello, especialmente la debida libertad en cuanto al sacramento de la penitencia y dirección de conciencia”. Espero que ahora, por lo menos, lo recordéis.

 

Por todo ello, no tengo más remedio -en conciencia- que consultar con mi Madre la Iglesia Santa el modo en que lleváis la dirección espiritual de mi alma, y poner en consideración de la Sagrada Penitenciaría Apostólica esta situación.

 

Mientras recibo instrucciones de la Misma, os envío un saludo afectuoso, con mi perdón y mis oraciones diarias por el Padre y los Directores

 

Pedro Pérez de la Blanca Sales

 

* * * * * * * * * *

 

Granada, 16 de marzo de 2007.

Sr. D. [...].

 

Estimado [...]:

 

Ayer día 15 de los corrientes, me comunicó mi madre que me habías llamado a casa para charlar conmigo. Aunque estoy muy abierto a conversar, querría saber de qué cosas quieres que hablemos y en qué términos, pues no estoy dispuesto a que se repita la triste entrevista que celebramos el día 17 de diciembre de 2006, en la que no supiste dar respuesta a mis preguntas.

 

Por ello, a efecto de ahorrarnos una pérdida de tiempo, ya te comunico que no celebraré ninguna entrevista contigo a menos que me respondas minuciosamente y por escrito a las siguientes cuestiones que a continuación te expongo:

 

a) ¿Por qué [...] me dijo en la Convivencia celebrada en el pasado mes de julio en El Rubli? de Baeza que "yo estaba en la Oposición"? Como te dije en mi carta de 2 de enero, sabe que miente al afirmar que "ya no se acuerda", de lo sucedido en Baeza, ya que. como te escribí entonces, le comenté el caso a [...], director de la Convivencia, y el hecho suscitó una viva tensión entre nosotros dos, de modo que es imposible que a Pablo se le haya olvidado el asunto. Además, si hubiera hablado en broma al conocer mi falsa interpretación de sus palabras, hubiera aclarado en seguida que me encontraba en un error. En ningún momento me pidió que charláramos para aclarar el asunto, ni [...] me hizo aclaración alguna. Por otra parte no entiendo que Pablo te dijera que él había hablado en el sentido de que yo estaba preparando una oposición de Instituto. Entonces ¿cómo es que se acuerda del sentido de sus palabras y no se acuerda de la situación que él generó?

 

Hay una contradicción en la que el propio Pablo cae sin darse cuenta y que desvela la mentira que hay en sus palabras. En cuanto a estar en la Oposición, como actitud de oponerme a los directores y al Prelado, yo he acatado con el máximo interés y cariño las disposiciones del Prelado don Javier Echevarría Rodríguez, rezo y me mortifico por él, y ofrezco mi trabajo y estudio por su persona e intenciones, y leo sus cartas mensuales y las medito en la presencia de Dios Nuestro Señor. Yo no se si eso podrá ser catalogado como "estar en la oposición". Es cierto que no he podido cumplir el encargo que me habíais puesto de atender a don José Meroño por coincidir con mi horario de trabajo. Te recuerdo lo que se afirma en el artículo 88 de los Estatutos de la Obra en donde se afirma que "en lo que afecta a la acción profesional (...) cada fiel de la Prelatura dentro eje los límites y en todo caso de la fe y costumbres de la doctrina católica, goza de la misma plena libertad, de que gozan los demás ciudadanos católicos. Realmente, las Autoridades de la Prelatura deben abstenerse completamente de dar consejos en estas materias por parte de cualquiera".

 

b) Por qué [...] me preguntó reiteradamente y en público por mi libro Martínez de la Rosa y sus tiempos, y "lo que me había costado sacar ese libro". Ese dato, que yo había pedido un préstamo bancario, solo lo conocíais las personas del Consejo Local de Dílar y en la Delegación de la Prelatura en Granada. ¿Quién y por qué le comentó a Pablo ese extremo?

 

c) En diciembre de 2005 sostuve dos conversaciones con el Subdirector de San Miguel en la que expuse mis serias dudas de conciencia en relación al tratamiento que se da en la Obra sobre los asuntos de conciencia de sus miembros expuestos en la práctica llamada "Charla Fraterna", tan desconocida por la Iglesia, que en el punto 5° del canon 630 prohíbe a los Superiores inducir de cualquier modo a los miembros para que les manifiesten su conciencia. A mi me preocupa la práctica habitual que existe en la Obra y que solo los Directores conocéis, por la cual la persona que ha recibido la Confidencia comunica a los directores inmediatos los contenidos de la misma bien oralmente o bien por escrito faltando de modo muy grave los cánones 220 y 630 del Código de Derecho Canónico. En nuestra reunión del Colegio Mayor Albayzin, en diciembre de 2005, comentó que todo esto sólo afectaba a los religiosos y no a las personas de la Obra, que no son religiosos, evidenciando no solo su desconocimiento del Código en los artículos referidos, sino el Decreto Quemadmodum de León XIII de 1890, que prohíbe terminantemente a los superiores hacer uso para gobierno de cuestiones de fuero interno manifestadas en la dirección espiritual. Y si el CIC actual lo prohíbe para los seminaristas y los miembros de los Institutos Religiosos y Seculares, es que ni se plantea tal situación con los fieles corrientes como nosotros. Entonces la pregunta a la que quiero que me respondas por escrito es por qué si los directores conocen esta legislación, en la Obra se sigue una praxis totalmente distinta y por ello no eclesial.

 

d) Como sabes, ese director me dijo en el Colegio Mayor Albayzin, que "yo le había hablado como un enemigo de la Obra", que "lo que le interesaba de mí era mi dinero", y que si estaba dispuesto a acatar la Charla Fraterna y el modo de dirección espiritual que existe en la Obra, "buscara otra espiritualidad". Como sabes, de acuerdo con el CIC en su canon 212, "los fieles tienen derecho a manifestar a los Pastores de la Iglesia sus necesidades, principalmente espirituales, y sus deseos" (párrafo 2). Y en su párrafo 3 afirma que "tienen el derecho y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia". Para mí es claro que o bien ese u otro Director de la Delegación expuso estos comentarios míos al Consejo Local de la Convivencia de El Rubín, y que enfocó mi postura como un acto de crítica interna o de rebelión contra el Padre y los Directores, en la reunión preparatoria que se tiene en las sedes de las Delegaciones antes de empezar las convivencias, y en las que además de cuestiones organizativas se comunica cuestiones de conciencia de los miembros faltando gravemente al sigilo y secreto que exige el Código de Derecho Canónico. Y esto te lo puedo decir porque he sido miembro de consejos locales en convivencias de supernumerarios y se ha comentado detalles de la vida interior de algunos de los asistentes a las convivencias. Mi pregunta es ¿por qué ése o algún otro Director de la Delegación comentó estos detalles de mi vida interior al Consejo Local de la Convivencia o al propio Pablo?

 

e) Quiero también que me respondas por qué me habéis sometido a la presión sicológica y moral que ejercisteis sobre mí durante los últimos meses del curso 2005-2006 y el mes de septiembre de 2006 en relación a don José Meroño. Esa presión a la que me sometiste en la Charla Fraterna y a la que me sometió el Secretario del Centro, que entonces me llevaba mi Charla, me provocó una enorme angustia y conturbación de modo que tuve que dejar de veros y asistir a los medios de formación para poder reencontrar la paz y el equilibrio interior, porque sabía que en vez de ayudarme solo ibais a repetirme una y otra vez el asunto de don José Meroño. Como te escribí en enero "habéis utilizado la dirección espiritual para presionarme sicológicamente, en vez de ayudarme, sabiendo la carga emocional que me supone la enfermedad de mi madre y la precariedad de mi trabajo", a lo que yo añado lo que ya te expliqué de lo mucho que me están costando las Oposiciones de Instituto, que me exigen una gran concentración incompatible con la atención a un enfermo por otra parte tan querido como don José, que se merece una atención profesionalizada en razón de su enfermedad y sus largos años de servicio a Dios en el Opus Dei.

 

f) Por parte vuestra me he sentido tratado como una cosa, sin interés ninguno por mi persona y he visto claro que no habéis tenido ningún deseo de ayudarme, porque para vosotros lo primero es la Obra y no os importa si las personas son trituradas y sufren, contradiciendo gravemente el Mandatum Novum que campea en las salas de estudio de nuestros centros, y el n. 14 del Decreto Perfectae Caritatis del Vaticano II que afirma "Gobiernen a sus súbditos como a hijos de Dios, y con respeto a la persona humana. Déjenle por ello, especialmente la debida libertad en cuanto al sacramento de la penitencia y dirección de conciencia". ¿Puedes por tanto explicarme la contradicción entre lo establecido por Nuestro Señor y por el Concilio, vuestra conducta conmigo? ¿Por qué se me dijo que de mí solo le interesaba mi dinero? ¿Por qué me espetó que me buscara otra espiritualidad siendo así que por la Fidelidad ya pertenezco a la Obra para siempre? ¿Tu crees que animarme a buscar otra espiritualidad conviene con la aprobación que los Directores me dieron cuando me concedieron la Fidelidad? ¿Tú crees que eso es un comportamiento humano y justo con una persona que se ha entregado a Dios?

 

Finalmente una última reflexión. Nosotros siempre hemos dicho que somos una partecita de la Iglesia. Si resulta que la Iglesia desconoce el modo de llevar la dirección espiritual en el Opus Dei, ¿te parece esa conducta la propia de un hijo con su madre? Porque un buen hijo siempre informa de todo lo que hace a su madre, ¿no es verdad? Y los directores siempre nos encarecéis que seamos muy sinceros. Por favor, ¿podrías explicarme el por qué de esa conducta tan poco eclesial? ¿Podrías explicarme por qué la Iglesia no conoce la Charla Fraterna y los Informes de Conciencia que realizáis sobre los miembros? ¿Podrías explicarme por qué los supernumerarios y los agregados y muchísimos numerarios no conocen esos Informes? Porque de la Charla Fraterna no se habla para nada en los Estatutos y sí solamente de "dirección espiritual". Entonces, resulta que tenemos un Derecho ante la Iglesia y ante los fieles de la Prelatura "de a pie". Pero además tenemos un Derecho propio, particular, que solo conocéis los que hacéis cabeza. El problema es que ese Derecho constituido por normas y prácticas que la Iglesia no conoce, y que está escrito en documentos que la Iglesia y los fieles o no conocen o no pueden tener acceso a ellos, es la base de ese juego de información personal que realizáis sin conocimiento de los interesados ni de la Iglesia, y, además con el agravante de que muchas veces se da una información sesgada y torticera, parcial e incorrecta, que de por sí, constituye pecado de difamación. Y a este respecto, aún me acuerdo el asombro que noté en el bueno de don Amador García Bañón cuando me comentó como de pasada el asunto de don José Meroño. La impresión que don Amador tenía de mí era la de un numerario rebelde, desobediente y muy poco caritativo.

 

En la carta que te he pedido que me escribas aclarándome estas cuestiones, una por una, y desde la primera a la última, te ruego que me pidas perdón por vuestro comportamiento conmigo, y que aparezca claramente especificado que los directores desean un nuevo trato conmigo. En concreto deseo que se me exonere de la obligación de la llamada Charla Fraterna, por su clara antieclesialidad ya que contradice abiertamente los cánones que te he mencionado del Código de Derecho Canónico y todos los ordenamientos vigentes en la actualidad en la Iglesia.

 

Mientras no llegue a mi poder esta carta y queden, punto por punto, aclaradas estas preguntas y no se me asegure que va a haber un cambio conmigo y que se me va a exonerar de la obligación de dar cuentas de conciencia fuera de la Confesión mientras sigan vigentes las prácticas que están vigentes en la Obra sobre uso de la información de conciencia como instrumento de gobierno, creo que no podemos vernos, y que huelga cualquier llamada o entrevista entre nosotros, pues ante todo soy hijo de mi Madre, la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, y mientras la Obra admita estas prácticas, que no son católicas, entiendo que Dios Nuestro Señor me libera de cumplimentarlas.

 

Os deseo una feliz fiesta de renovación de la entrega por San José. Transmitid al Padre y a los Directores locales y regionales mi aprecio y oraciones por ellos.

 

* * * * * * * * * *

 

Granada, 28.IV.2007.

 

Estimado [...]:

 

Por la presente, te remito la carta que he escrito al Padre, solicitándole la dispensa de los compromisos realizados con la Fidelidad.

 

Lamento profundamente que no me hayáis contestado a lo que os pedía en mi última Carta: una petición sincera de perdón por las presiones y las manipulaciones de que me habéis hecho objeto durante el pasado Curso Anual, y por el Consejo Local que tu presides y una explicación del funcionamiento de la Dirección Espiritual en la Obra. Entiendo que al no contestarme, es porque no os ha quedado más remedio que admitir que todo lo que os decía en mis cartas era verdad.

 

Por tanto, entiendo, en la presencia de Dios Nuestro Señor, que tendrás que responder ante el Tribunal de Dios de las presiones infames a las que me has sometido, contrarias a todo derecho humano, eclesiástico y divino. Y por supuesto, los Directores de la Delegación de Granada que estaban al corriente de mi vida interior por vosotros y que han inspirado, fomentado y permitido las presiones y agresiones injustificables de que he sido objeto. Ojalá que El tenga Misericordia de ti y de los que me habéis hecho tanto daño.

 

Que sepas que os perdono y os comprendo pues quien ha recibido una formación equivocada y sectaria como la que tú y los Directores habéis recibido, no puede por menos de equivocarse. Sin embargo, ni Dios ni la Iglesia ni la Sociedad de los Hombres permiten que donde pueda haber luz haya tinieblas, donde tenga que haber verdad haya mentira, y donde tenga que haber Libertad haya manipulación y opresión, y menos teniendo al alcance de la mano la Luz que viene de la Doctrina de la Iglesia y de los Romanos Pontífices.

 

Tenemos el derecho de obrar con la Luz de la Verdad, porque sólo la Verdad nos hará libres. Al que no le interesa la Verdad, busca la Oscuridad, para disimular sus errores. Pero Dios Nuestro Señor que ha vencido a la Oscuridad con la Luz de su Resurrección gloriosa, no permite que los que se llaman hijos de la Luz actúen como hijos de las Tinieblas, burlándose de los derechos humanos, engañando a la Iglesia y burlándose de su derecho canónico, atropellando a infinidad de personas que de buena fe buscan a Dios y fanatizándolos de tal modo que os convertís y convertís a la gente que gira a vuestro alrededor en hijos de la Ira y en sembradores de amargura y de tristeza.

 

Por eso, aunque tengáis a Jesucristo en el Sagrario, Él no puede bendecir una Labor en la que se engaña a la Iglesia por El fundada al precio de su Cuerpo y de Su Sangre derramadas en el Calvario por nosotros. No puede bendecir una Labor en la que os inventáis y os sacáis de la manga vocaciones que no perseveran porque nunca fueron concedidas por Dios, y no puede bendecir una Labor llena de intereses materiales, de presiones sin cuento, de murmuración institucional y de faltas de respeto a la libertad de las conciencias y a la intimidad personal, por mucho que la Obra vaya ahora a cinco países como si quiere ir a diez. A las pruebas me remito: el fracaso rotundo de la campaña de los 500. Todo eso es labor humana, esfuerzo humano, empeño humano que no cuenta con la bendición de Dios, porque no es eclesial, porque está viciada de base por el erróneo concepto que tenéis de dirección espiritual.

 

No le he querido contar al Padre los atropellos y las burlas de las que he sido objeto en estos últimos años en la Obra, ni el oscuro mundo de delaciones y complicidades que os traéis todos, hasta el punto de que me dais asco y repugnancia. ¡Que pena que la Obra de Dios haya acabado en una secta intraeclesial! ¡Si, secta intraeclesial por más que la Obra sea una Prelatura porque habéis engañado al Vaticano, que no conoce vuestros manejos y engañáis hasta a los propios miembros! Pero eso será hasta que Dios lo permita y desde luego tendréis que dar muy estrecha cuenta a Dios Nuestro Señor de haber engañado, maltratado y manipulado a tantas personas buenas que no se pueden defender.

 

Me dais pena y me das pena. Ver tu cinismo del Hotel Victoria y vuestros corazones secos y sin amor, llenos de prácticas farisaicas, de muchos tiquismiquis, de tanta hipocresía y de tanta mentira.

 

La comunicación de la concesión de la Dispensa la puedes dejar en el buzón como otras veces. Entiendo que cualquier otra comunicación sobra para siempre. Le dices a don [...] que gracias por su amistad, pero que no puedo aceptarla mientras siga colaborando con el sistema de dirección espiritual que habéis creado.

 

Que Dios os perdone.

 

Pedro Pérez de la Blanca Sales.

 

 

 

 

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