LUCHANDO POR LA VERDAD Y LA
JUSTICIA EN EL OPUS DEI
Autor: Pedro Pérez de la Blanca Sales. Ex numerario del Opus Dei (1983-2007).
Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de Granada.
Imagen: Hans Peter Merten, "JUSTIZIA"
Dedicado a:
- S.E.R, Monseñor don Antonio María Rouco Varela, Presidente de la Conferencia Episcopal española,
- S.E.R don Javier Martínez, Arzobispo de Granada y
- S.E.R don Francesco Monterisi, Secretario de la Sagrada Congregación para los Obispos.
Sumario:
Introducción.- Antecedentes y primeros roces con los
directores del Opus Dei en Granada.- Presiones sobre mi horario y mi trabajo
profesional.- Síntomas de desconfianza y desafecto.- Mi libro y la Delegación
de Granada.- Enfrentamiento en torno al problema de la confidencialidad de la
dirección espiritual que lleva el Opus Dei.- Mobbing en el Curso anual de
formación.- Ausencia de explicaciones.- Ruptura.- Correspondencia: Granada, 20.
XI.2006, Granada 2 de enero de 2007, Granada, 16 de marzo de 2007, Granada, 28
de abril de 2007.
Les remito varias cartas remitidas a los directores de la Prelatura del
Opus Dei en Granada durante los años 2006 y 2007 y mi carta final de despedida
al director del centro de personas mayores Dilar, en Granada. Con esta carta
ponía punto final a un largo y doloroso proceso de tensiones, desacuerdos,
desconfianzas y mobbings que tuve que padecer durante el periodo 2005-2007
de mano de los directores de la Prelatura Opus Dei en Granada. Esto lo hago
para ayudar en el proceso de discernimiento social y eclesial de la naturaleza
sesgada y sectaria de la Prelatura del Opus Dei, que desde el principio ha
engañado a la Santa Iglesia de Dios practicando informes de conciencia y presionando
de modo implacable a los miembros a través de una
muy peculiar interpretación de la libertad de las conciencias.
1. En primer lugar, quiero ponerles en antecedentes. Pedí la admisión en el Opus Dei como miembro numerario o célibe en diciembre de 1983, deseoso de hacer mi camino espiritual siguiendo las enseñanzas de Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer. Desde los primeros años se me obligó a dar cuenta obligatoria con total sinceridad de mi conciencia y de mi vida espiritual a los directores de la Prelatura a pesar de estar ello prohibido en el CIC, y además con persona no elegida sino impuesta; a ver en los directores como enviados de Dios, a obedecer ciegamente, pero se me ocultó que los directores del Opus Dei realizan informes escritos que guardan en los archivos de las delegaciones de la Prelatura sobre la conciencia de los miembros y sus problemas espirituales: desde dudas a pecados. También se me ocultó durante mi periodo de formación en el Colegio Mayor Almonte de Sevilla, que los directores de las delegaciones y de los centros de la Obra, charlan y se comunican sobre los problemas espirituales de los miembros faltando de modo gravísimo a la confidencialidad y a la privacidad. Para hacer mas comprensible este escrito señalo que los numerarios del Opus Dei han de entregar todo su dinero a la Obra; que no pueden asistir a espectáculos públicos; que no pueden tratar a personas del sexo opuesto y que comúnmente viven en centros de la Obra separados de sus familias.
2. Desde hace varios
años no vivo en un centro de la Obra sino con mi madre, que se encuentra
enferma, mayor y muy torpe. Sin embargo he de decir que no echaba en falta esa
vida de familia, debido a la hipocresía, la deshumanización, el egoísmo, la
mentira que he apreciado en las vidas diarias de no pocos miembros numerarios y
supernumerarios del Opus Dei. Desde luego éramos incompatibles por caracteres,
pero también yo no quería vivir en sitios donde se reían de mí y se llegó a
agredirme físicamente y moralmente varias veces.
Preparo también oposiciones de Instituto y necesito toda la concentración.
En definitiva, mi trabajo me impedía ir al centro todos los días. También
trabajo como profesor en una pequeña academia. Estos últimos años se ha reducido
el número de alumnos de modo que no podía ganar mas que para pagar el alquiler
del piso donde estaba, y consiguientemente, no podía aportar dinero a la Obra.
Hubo también un roce porque no pude asistir a un curso de retiro en Baeza
ya que mi madre acababa de ser operada de un aneurisma cerebral y yo tenía
que acompañarla por las noches. Me dijeron que fuera de todos modos al retiro
a pesar de que les dije que no tenía persona de confianza con la que dejar
a mi madre. Y desde luego no hice el Curso de Retiro. Pero señalo esto para
que vean el grado de fanatismo y deshumanización que los directores del Opus
Dei practican tras su fachada versallesca, sus finos modales y sus gestos
llenos de delicadeza. No hice el Curso de Retiro sino que lo hice por
mi cuenta en una iglesia pública, cumpliendo así la Norma del Plan de Vida
prescrita para los miembros del Opus Dei. Las reprimendas que recibí por parte
de la persona que me llevaba la charla fraterna me llevaron a pedir un cambio
de persona con la que hacer la confidencia. Me encontré con que el director
se negó y me tuvo durante 8 semanas sin la asistencia espiritual que la Obra
se compromete a dar a sus fieles en un incumplimiento doloso y flagrante de
las obligaciones formativas de esta Institución con mi persona. Al cabo, solo
una conversación con don Antonio, director espiritual de la Delegación, desbloqueó
la situación. Tuve que hacer la charla con él varias semanas hasta que por
fin convenció al director local de la necesidad de que me pusiera otra persona
con la que poder tener la dirección espiritual.
3. Desde la
dirección de Dílar, centro de san Gabriel, al que yo estaba adscrito, se me presionó
durante semanas y meses en mi charla fraterna para que fuera al centro a
atender a un sacerdote muy mayor, varias mañanas a la semana. Expuse claramente
que no podía, pero se me siguió presionando e insistiendo. El motivo sobre todo
era bien infame: se trataba de ahorrar dinero contando con uno de Casa, que
siempre sale barato o gratis, privando a un sacerdote santo que ha dado su vida
en la Obra, de la ayuda especializada que éste requería. También se me presionó
para que visitara al Siquiatra a pesar de tener informes por escrito de la
estabilidad de mi situación mental redactados por un siquiatra numerario del
Opus Dei en Málaga. A pesar de declinar el ofrecimiento siguieron presionando
hasta que se convencieron de que yo no iba a ir al siquiatra.
4. Tengo que decir
que dichas presiones sobre mi trabajo profesional son ilegítimas porque los
Estatutos aprobados por la Iglesia, señalan que los directores no condicionan
el trabajo profesional de los miembros. La Obra, en principio, no interviene en
el trabajo profesional de los miembros. Eso es lo que yo creía, pero me
equivocaba. En realidad para los directores del Opus Dei los Estatutos son
papel mojado. Recuerdo que cuando comenté este extremo en mi confidencia, la
persona que me escuchaba se sorprendió, porque no lo conocía.
5. Se me llegó a
presionar tanto que no podía ni estudiar ni trabajar, y vivía en un estado de
gran nerviosismo y tensión.
6. Empecé a notar
síntomas de desafecto por parte del Director del Centro: el día 18 de marzo no
se me informó de cuando tendría lugar la Lista de San José en la que los fieles
piden al Santo Patriarca su intercesión para que sus amigos pidan la admisión.
Me informé de la hora, pero empezaron mas temprano, y, claro llegué tarde.
7. Pude observar que
no se me informaba de que la meditación semanal cambiaba de día o que no iba a
tener lugar. Yo me desplazaba en bicicleta al centro a primera hora de la
mañana a pesar de estar rellenito con la ilusión de formarme. Pero llegaba
agotado y sudoroso. Llegaba puntual y estaba en la meditación. Ustedes pueden
comprender que no es plato de gusto llegar y encontrarte que todo el mundo está
durmiendo.
8. Y un día, tras un
Retiro mensual, hablando con otra persona sobre la Compañía de Jesús, sorprendí
al director local del centro escuchando lo que decía tras una puerta.
9. Otro momento de
desencuentro fue la publicación de mi primer libro: Martínez de la Rosa
y sus tiempos, en Ediciones Ariel.
10. La editorial me exigía una crecida cantidad y elevé la consulta a la Delegación, pues los miembros no pueden disponer de dinero sin permiso. Yo estaba muy emocionado con mi libro al que había dedicado varios años de investigaciones, y estaba seguro que los directores no dudarían en autorizar el gasto (financiado con dinero de mi familia) por aquello de llenar el mundo con papel impreso que decía Monseñor Escrivá de Balaguer. Me dijeron que publicara el libro en una imprenta de Maracena, localidad cercana a Granada, y que enviara el libro por correo a los académicos y personas influyentes. No les convenció mi argumento de que sería ruinoso que yo enviara a cada persona el libro, y que la editorial por ser casa de distribución editorial facilitaba ese trabajo.
11. Me preocupaba también
el dato ya conocido de la falta de confidencialidad en la dirección espiritual
que yo había descubierto en opuslibros (www.opuslibros.org). Tengo que decir que
lo expuse en la charla fraterna noble y lealmente. Y decidí aclarar mis dudas
con el Vocal de San Miguel de la Delegación. Le dije que me parecía muy grave
esa práctica, y me espetó que “en Casa las cosas se hacen así” y que el motivo
era el de prever cánceres espirituales. Y que ya hablaríamos en el próximo
Curso de Retiro que se celebró unas semanas después entre el 25 y el 31 de
diciembre de 2005. En efecto, el director me vino a ver por sorpresa. Me sacó
literalmente del rezo del Santo Rosario. Nos sentamos. Me dijo que le alegraba
verme sereno porque el otro día “le había hablado como un enemigo de la Obra”.
Y me dijo que “lo único que me interesa de ti es tu dinero”, textualmente.
O sea, ni me preguntó por mis oposiciones, ni por mi madre. Solo por el dinero.
Claro, que no me preguntaba por los cuatro cuartos de mis clases. Le interesaba
el dinero de mi familia. Después de esta conversación me di cuenta que vivía
en una secta. Pasé una noche de pesadilla, sin poder dormir y solo la intervención
de un amigo muy querido pudo sacarme del bloqueo emocional y mental en el
que me encontraba. Tras el curso de retiro estuve varios días traumatizado
espiritualmente y decidí ya no hablar nada claro con ellos.
12. Llegó el Curso
anual 2006, que hice en julio en El Rubín de Ceballos en Baeza, Jaen. El mobbing
empezó al día siguiente: el subdirector me dijo entre charla y charla que
cómo era que yo parecía tan interesado en las charlas –a las que asentía vigorosamente
no por comedia, sino porque estaba muy de acuerdo en lo que se decía- si estaba
en la “Oposición”. Muy preocupado fui a hablar con el director de la convivencia,
un atildado médico, procedente de la Clínica Universitaria. Él afectó interés
cuando le conté el tema. Me dijo que hablaría con el subdirector.
13. Otro día el
susodicho subdirector me preguntó que cuanto me había costado mi libro. Esto
era curioso porque yo no había comentado a nadie que había publicado un libro
ni que había tenido que realizar una inversión profesional para sacarlo. De
nuevo hablé con el director y de nuevo recibí palabras muy corteses pero
totalmente vagas.
14. El mencionado
subdirector se pasó la convivencia persiguiéndome en el oratorio, sentándose a
mi lado ostensiblemente a pesar de que le había pedido al director que por
favor no quería charlar con dicha persona.
15. En la misma
convivencia, en la dirección espiritual con un sacerdote mayor, se le escapa
que “yo no había sido generoso” en el asunto del sacerdote enfermo. ¿Quién le
había contado ese tema? No yo, desde luego. Además noté que se me había
denigrado y faltado a la verdad en el comentario de mi actuación con el
sacerdote, puesto que de acuerdo con el espíritu de la Obra, dije que no podía
realizar el encargo.
16. Vuelto a
Granada, pido explicaciones de la movida sufrida y de las filtraciones en la
dirección espiritual. No me las dan. Entonces decido interrumpir mi asistencia
al centro ya que ellos seguían presionándome intentando que atendiera al
sacerdote enfermo. (Luego me enteré que contrataron a personal especializado.
Es lo mínimo que podían haber hecho con una persona santa como ese sacerdote
que finalmente falleció).
17. Las primeras semanas
no me llaman en una demostración de desinterés muy dolorosa par mí. Finalmente
concertamos una entrevista en un hotel con el director. Le digo que estoy
cumpliendo todas las normas y compromisos como numerario, pero me dicen que
tengo que hacer la charla fraterna. Le contesto que no la voy a hacer mientras
den cuenta de conciencia a otros de mi intimidad. Le comento entonces el
Decreto Quemadmoddum en el que la Santa Sede prohibió informes de conciencia y
se me echa a reír. Esto de por sí indica el desprecio de los directores del
Opus Dei por la legislación de la Iglesia que no les interesa. Lo digo por si
le interesa a los señores cardenales (Dios sea en sus corazones y sus
inteligencias) que tanta confianza parecen mostrar en el Opus Dei, para que sepan
que la Prelatura del Opus Dei huele a podrido.
18. A lo largo de
estas cartas, queda claramente expreso:
a) El engaño y la desobediencia que se hace a la Iglesia en el asunto de la dirección espiritual.
b) El cinismo de los directores del Opus Dei.
c) El recurso al mobbing y a las presiones sicológicas.
d) La existencia de una legislación secreta y paralela en el Opus Dei,
que la Iglesia no conoce.
19. En todo este
tiempo no he recibido petición de perdón y disculpas de los directores de la Prelatura
Opus Dei en España. Para mí no se ha hecho justicia. Y no voy a parar hasta que
se me haga justicia.
20. Doy gracias
públicamente a Dios Nuestro Señor, a la Santísima Virgen María, Madre de Dios y
Madre Nuestra, a San José y a mi Santo Angel Custodio que me asistieron en todo
momento en el descubrimiento de la verdadera naturaleza de esta Institución y
me dieron fortaleza para enfrentarme al cinismo diabólico de los directores de
la misma.
Granada, 20. XI.2006
Sr. D. [...]
Estimado [...]:
He recibido tu carta fechada en Granada el
día 11 de los corrientes en relación a tu deseo de sostener una conversación
conmigo.
Me alegra que por fin, -después de dos meses
sin que desde la Prelatura se me haya respondido a los temas que os he
planteado en las dos conversaciones telefónicas que al principio mantuve con el
secretario del Centro- algún Director quiera saber algo de mí. No obstante,
necesitaría conocer los términos de la entrevista que me solicitas, antes de
darte una respuesta al respecto.
Como expliqué por teléfono al secretario del
Centro, estoy procurando vivir fielmente todas las exigencias de mi vocación,
entre ellas la de cuidar mi formación espiritual. Pero me he visto obligado a
suspender mis encuentros con vosotros, debido a la agresividad que habéis
manifestado hacia mí, en las charlas fraternas de la dirección espiritual
personal ya que, en lugar de orientarme, me habéis insistido una y otra vez en
encargos que os decía que no podía realizar debido a mis ocupaciones de estudio
y trabajo y de atención a mi madre. Esta situación estaba amenazando mi paz
interior y mi serenidad emocional, ya de por sí puestas a prueba por la vida no
fácil que llevo, con mi madre enferma y la necesidad de salir adelante, como
cualquier ciudadano corriente al que no se le regala nada. Por la misma razón,
cuando esta actitud que tenéis conmigo cambie, y demostréis estar dispuestos a
ayudarme, no tendré inconveniente en proseguir mi asistencia a los medios de
formación.
En estos dos años que llevamos en contacto,
me ha apenado también la falta de cariño e interés que el Consejo Local ha
demostrado conmigo en relación a múltiples aspectos de la vida del Centro, de la
que de facto me habéis ido apartando poco a poco: horarios, actividades lúdicas
como excursiones y películas a los que nunca he sido invitado ni avisado,
confusión habitual a la hora de detallar los horarios de los medios de
formación espiritual, dándose el caso de que he llegado a deshora por exceso o
por defecto, no avisarme del adelanto de hora de la entrañable reunión de
familia del 18 de marzo en la que los miembros piden a Dios Nuestro Señor, por
intercesión de San José, que envíe vocaciones a la Obra, etc. Por otra parte,
te querría recordar que me dejaste siete semanas sin la dirección espiritual
personal prevista en la Obra simplemente porque te comenté que prefería que me
atendiera otra persona.
Por otra parte, todavía estoy esperando una
explicación razonable de las inesperadas presiones e insinuaciones capciosas
que me hizo [...] –a quien perdono- siendo Subdirector del Curso anual de
formación realizado en la Casa de Retiros “El Rubín “ del 1 al 22 de julio
de este año, en el que yo participé. En esta convivencia esa persona me acusó
una vez de "estar en la oposición" (oposición ¿a qué?) y me hizo
preguntas en las que manifestaba estar enterado de datos de mi vida personal
que yo nunca le había revelado y que no tenía por qué conocer, no sólo por
no tener jurisdicción sobre mí, sino por el simple hecho de no vivir en Granada,
ya que este Numerario de la Obra es arquitecto municipal en Málaga: entre
ellos, que yo tenía una Academia de Inglés, que en la Academia no me iba excesivamente
bien, que había publicado un libro (Martínez de la Rosa y sus tiempos,
Ariel, 2005) y cuánto me había costado dicho libro. Esas preguntas además
las hizo públicamente delante de otras personas asistentes al Curso anual.
Por el sentido de la insinuación a la que me
he referido más arriba, se traslucía que quería decir oposición a la autoridad
del Prelado Mons. Javier Echevarría, a quien tanto estimo y respeto, y por
el que rezo todos los días. Y de ahí que solicitara las aclaraciones y correcciones
oportunas al Director de la Convivencia, Agustín España, médico de la Clínica
Universitaria de Navarra, y luego al Secretario del Centro, con el que hasta
hace dos meses venía charlando sobre asuntos de mi intimidad espiritual, obteniendo
en ambos casos la callada por respuesta.
[...] tampoco me supo dar cuenta de cómo y por
qué [...] conocía esos extremos, que son asuntos que sólo había comentado
en el contexto de máxima discreción y privacidad de la dirección espiritual
personal. El hecho de que, en este caso, no se haya vivido la confidencialidad
respecto de lo tratado en la dirección espiritual de conciencia, me parece
un abuso lamentable, como reconoce el mismo Catecismo de la Obra en su punto
222, cuando afirma que "quienes se ocupan de atender la charla de sus
hermanos están obligados a guardar el más estricto silencio de oficio sobre
los temas que los demás traten en la Confidencia".
Si en la Iglesia "a nadie le es lícito
lesionar ilegítimamente la buena fama de que alguien goza, ni violar el derecho
de cada persona a proteger su propia intimidad", como afirma en Código
de Derecho Canónico en su canon 220 que me he tomado la molestia de consultar,
¿cómo es que [...] conocía esos extremos de mi vida personal? En efecto, su
actuación presuponía que alguien de la Obra -quizás un Director- le había
informado de pormenores de mi vida personal -lo cual me parece muy grave y
doloroso- y no sólo del ámbito del fuero externo sino también del fuero de
lo interno, lo cual es aún peor. Evidentemente, este Numerario había obrado
informado por alguna autoridad de la Prelatura. Como he dicho, también pregunté
a [...] a mi vuelta de la Convivencia en verano, sobre este respecto, y no
me supo dar razones.
Según te decía en relación a tu actual interés
en hablar conmigo, me ha parecido extraña vuestra tardanza en poneros en contacto
conmigo, a pesar de que -por Ismael y por el sacerdote del Centro, a quien
encontré a la salida de una iglesia- sabíais que sigo viviendo mis compromisos
vocacionales. ¿Es una actitud eclesial desentenderse de alguien que mantiene
su decisión de perseverar en la vocación, y que lleva veinticuatro años dedicado
a sacar adelante la Obra de Dios, entregándole con mucha alegría y de muy
buena gana lo mejor de su vida, de su tiempo, y de sus recursos materiales
y espirituales?
Por cierto, en la susodicha conversación con
el sacerdote me quedé muy extrañado de que éste no aceptara ni creyera -tomándolos
por increíbles- los extremos que le pormenoricé acerca de la charla que mantuvo
conmigo el Vocal de san Miguel de la Delegación de Granada, mientras yo realizaba
un Curso de Retiro en el Colegio Mayor Albayzín entre los días 25 al 31 del
mes de diciembre de 2005. En esa entrevista, que era prolongación de otra
conversación que habíamos sostenido en la primera quincena de ese mes en la
Sede que la Delegación tiene en Granada, el vocal me dijo textualmente que
"lo único que le interesaba de mí era mi dinero". Y añadió que,
en nuestra anterior conversación, yo "le había hablado como un enemigo
de la Obra", simplemente porque -como señala el Código de Derecho Canónico
en su canon 212, párrafo 2: "los fieles tienen derecho a manifestar a
los Pastores de la Iglesia sus necesidades, principalmente espirituales y
sus deseos"-. Y además, en su párrafo 3°: "tienen el derecho y a
veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y
prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello
que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestar a los demás fieles, salvando
siempre la integridad de la fe y las costumbres, la reverencia hacia los Pastores
y habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas".
Todo ello sin prejuicio de lo que establecen nuestros reglamentos acerca de
poner en conocimiento de los Directores inmediatos las faltas contra el espíritu
-le expuse noble y sinceramente algunos comentarios y rumores que circulan
en la calle acerca de los atentados a la confidencialidad en la dirección
espiritual, que algunas veces ocurren en la Obra, y que alejan a muchas personas
de los medios de formación, y que yo había padecido aquellos días, porque
habían visto en labios de otras personas de la dirección de la Obra en Granada
que conocían preocupaciones de conciencia mías, que yo no había comentado
fuera de la dirección espiritual personal-.
Asimismo, el Director me espetó que, si no estaba
dispuesto a asumir todas las praxis de la Obra, buscara otra espiritualidad,
lo cual me pareció muy arbitrario e injusto, sobre todo porque la Prelatura
ya se pronunció positivamente sobre mi aptitud para vivir el espíritu de la
Obra al concederme la Fidelidad.
Finalmente, en otro alarde no excesivamente
dialogante y no muy sobrado de caridad, me comentó que por mi carácter no
podría volver a vivir en ningún centro de la Obra, lo que me pareció una
inmensa injusticia: si mi personalidad no aconseja que viva en un Centro de la
Obra, ¿por qué no me lo dijeron antes de hacer la incorporación definitiva? Y,
puesto que entonces no lo hicieron, ahora no es el momento: si después de la
Fidelidad surgen obstáculos, lo justo es llevarlos con paciencia mientras se
procura remediarlos. Pero, si el interesado no rechaza la ayuda, no se le puede
lícitamente excluir.
En resumen, teniendo en cuenta estos
antecedentes necesito saber de qué asuntos quieres que tratemos y en qué
términos quieres que hablemos, pues no estoy dispuesto a permitir más abusos.
Me parece de justicia una rectificación previa por parte de los Directores
implicados. Y ruego que me mandes por escrito las aclaraciones que te he
reclamado como requisito previo a cualquier entrevista mía con los Directores
del Opus Dei: estando en juego la salvaguardia de una vocación divina, no estoy
dispuesto a permitir más maniobras poco claras, que, en todo caso atentan
contra el espíritu de caridad imperantes en la Iglesia y en nuestra Madre
Guapa, la Obra.
Mientras tanto, asegurándote mi oración
diaria por los del Centro y por el Padre y los Directores, te envío un cordial
saludo,
* * * * * * * * * *
Granada, 2 de enero de 2007.
Sr. D. [...]
Estimado [...]:
En primer lugar, te deseo a ti y a toda la
gente del centro Dílar lo mejor para este nuevo año que comienza. Que este año
sea estupendo, lleno de las bendiciones de Dios Nuestro Señor, y lleno de
frutos para todos. Os he encomendado diariamente, y también a los Directores
del Centro de la Delegación de Granada y al Padre. Mis felicitaciones quedaron
patentes en los mensajes escritos telefónicos que le puse a Ismael y a ti mismo
ayer día 1.
El motivo de esta segunda carta es comentarte
lo que me dijiste en la reunión que tuvimos en el Hotel Victoria.
En primer lugar, no salgo de mi sorpresa en
relación a lo que me afirmaste que [...] ya no se acordaba de nada de lo que
me dijo en la convivencia de El Rubín el pasado mes de julio de 2006. Sobre
todo porque a continuación me dices que Pablo te ha comentado que el sentido
de sus palabras “pero tú ¿no estás en la Oposición?” era el de referirse a
que yo estaba estudiando Oposiciones de Instituto. No se si te fijarás que
tanto en sus palabras como en las tuyas hay una contradicción interna pues
si no se acordaba de sus palabras, ¿cómo es que recuerda el sentido que quiso
darle a ellas? O Pablo miente, o Pablo necesita una visita urgente al siquiatra
pues se contradice a sí mismo. ¿Quién había comentado a Pablo que yo estaba
estudiando Oposiciones? Yo, desde luego no se lo dije. Por otra parte, como
sabes, el caso lo comenté con [...], el Director de la Convivencia, y si yo
hubiese dado un sentido equívoco a las palabras de Pablo, me imagino que bien
Agustín, o bien Pablo mismo me habrían corregido o explicado que yo había
dado una interpretación errónea a sus palabras, y eso no se produjo. Y ya
sabes que el que calla, otorga.
En segundo lugar, no sé si Pablo necesitará
un curso de lingüística castellana, pues, como tú muy bien sabes, cuando alguien
te dice que “estás en la Oposición” se refiere no precisamente a que estés
estudiando para superar un examen oficial, sino que te opones a algo o a alguien.
Una persona que quisiera preguntarme por cómo llevo mis estudios me hubiera
preguntado: “Que tal la Oposición”, o bien ”Cómo llevas la Oposición”, por
ejemplo. El sentido de las palabras de Pablo era inequívoco y demostraba claramente
que alguien le había planteado al Consejo Local que llevaba el gobierno de
la convivencia, las dudas y preguntas que le formulé al Vocal de San Miguel
en nuestra reunión de diciembre de 2005 en la Delegación de la Prelatura del
Opus Dei en Granada, sobre la confidencialidad en la labor de dirección espiritual
que proporciona la Obra. Si no, no hubiera sido posible ese comentario desafortunado
de Pablo que evidenciaba que tenía una información que yo no le había proporcionado.
Y con tranquilidad estos días he recordado la costumbre que existe entre los
Directores de la Prelatura –desconocida por la Iglesia, ya que no se hace
alusión a ella en los documentos oficiales que la Obra ha proporcionado a
la Jerarquía sobre su naturaleza y funcionamiento- de comentar a los directores
de las convivencias detalles peculiares de la vida íntima de los asistentes.
Eso lo pude comprobar un día de esa convivencia cuando, al hacer un rato de
dirección espiritual con el sacerdote numerario don [...], me comentó que yo estaba rechazando cumplir
el encargo que me habíais dado de cuidar a don José Meroño los lunes y los
miércoles. Como tú muy bien sabes, ya os dije que no podía cumplir ese encargo
debido al cuidado que he de prestar a mi madre enferma y también a que me
cuesta mucho estudiar. Don José necesita una persona que le cuide de modo
total y profesional, como se merece por sus largos años de dedicación a la
Obra y por su edad y estado físico. ¿Quién le había informado a don Amador
de esta situación? Además, la impresión que de la situación tenía don Amador
era la de que yo era un desobediente y persona muy poco caritativa, lo cual
implica que se le dio una información torticera y mentirosa, rayana en la
difamación.
Esto choca con lo afirmado por el Código de
Derecho Canónico que en su artículo 220 señala que “a nadie le es lícito
lesionar ilegítimamente la buena fama de que alguien goza, ni violar el derecho
de cada persona a proteger su intimidad”. En relación a esto, te recuerdo lo
que señala el canon 984 del CIC en su parágrafo 1, de que “está terminantemente
prohibido al confesor hacer uso, con perjuicio del penitente, de los
conocimientos adquiridos en la confesión”. Dicho canon en su parágrafo 2,
señala además que “quien está constituido en autoridad no puede en modo alguno
hacer uso, para el gobierno exterior, del conocimiento de pecados que haya
adquirido por confesión en cualquier momento”. Si esto se dice de los
sacerdotes, ¡Cuánto más de los laicos!. A éstos ni se les menciona porque ya
presupone la Iglesia que éstos no tienen por qué conocer el fuero interno de
los subordinados y si lo conocen, les está terminantemente prohibido hacer uso
de estos conocimientos como instrumento de gobierno.
Te recuerdo a este respecto el Decreto
Quemadmodum de León XIII, de 7 de diciembre de 1890 que dice:
“I. Su Santidad irrita, abroga, y en adelante
declara de ningún valor cualesquiera disposiciones de las Constituciones de las
Pías Uniones, de los Institutos de mujeres sean de votos simples o solemnes, y
aún de varones laicos de cualquier tipo, aunque las mencionadas Constituciones
hubieran recibido la aprobación de la Sede Apostólica de cualquier forma,
también la que suele llamarse especialísima, sobre este aspecto: a saber, en
cuanto regulan, por su nombre y de cualquier otro modo, la manifestación íntima
de la conciencia y del corazón. Y así, por esta causa, a los Directores o
Directoras de ese tipo de Institutos, de Congregaciones y Sociedades, se les
impone seriamente la carga de suprimir del todo las mencionadas disposiciones,
y eliminarlas totalmente de las propias Constituciones, Directorios o Manuales.
Igualmente irrita y suprime cualesquiera usos sobre esta materia o costumbres
aun inmemoriales.
II. Es más: a los mencionados Superiores o
Superioras de cualquier grado o preeminencia, rigurosamente se les prohíbe que
induzcan a sus súbditos directa o indirectamente, por precepto, consejo, miedo,
amenazas o halagos, a que les hagan a ellos mismos una manifestación de la
conciencia de ese tipo. Y, correlativamente, se manda a los súbditos que ante
los Superiores mayores denuncien a los Superiores menores que a ellos osaran
inducirlos a tales conductas. Y, si los inductores fuesen el Director o la
Directora General, se manda entonces que ellos hagan la denuncia ante esta
Sagrada Congregación”.
Y esto se hace habitualmente en la Prelatura,
pues se comentan a los directores el estado no solamente externo sino de
conciencia de cada fiel de la Prelatura, llegándose a comentar sus faltas y
pecados fuera del sacramento de la Confesión aprovechando el continuo reclamo
que se hace a los miembros para que sean sinceros con sus directores. Cuando en
nuestra conversación del Hotel Victoria te recordé estos cánones, me
respondiste con una carcajada que indicaba lo poco que te preocupa la
legislación oficial de la Iglesia en estos puntos. Y cuando te dije que tú
haces Informes de Conciencia no negaste mi afirmación, lo cual equivale a una
confirmación de que tú realizas esa labor ilegal desde un punto de vista
eclesial, lo que te sitúa en enfrentamiento con la Iglesia. ¿No lo sabías? Pues
espero que esto te ayude.
Por otro lado no me aclaraste como te pedí,
cómo Pablo sabía que yo había publicado un libro y que además me había costado
un dinero sufragar los costes de edición, pues me preguntó varias veces que
quería saber cuánto me había costado el libro. De nuevo te pregunto: ¿Quién
le proporcionó esa información a Pablo?
En tercer lugar, en la conversación que tu vimos
en el Hotel Victoria, te dije que yo estaba cumpliendo todos mis deberes de
mi compromiso como numerario de la Obra. Así es, pues todos los días y todas
las semanas realizo mis Normas del Plan de Vida, las Mortificaciones, las
Costumbres, las Normas Mensuales y Semanales así como las de siempre. No estoy
asistiendo al Círculo Breve de formación porque en primer lugar Ismael me
desaconsejó por teléfono que fuera al Centro y porque los Directores de la
Delegación no me han pedido que asista al Círculo de otro centro, así que
he tenido que organizar mi formación de modo más personal hasta tanto tengáis
a bien indicarme otra cosa. Me extrañó que me dijeras que yo no estaba cumpliendo
con la Obra porque no estaba haciendo la llamada Charla Fraterna.
En primer lugar, te recuerdo que dicha
Costumbre no aparece recogida en los Estatutos de la Prelatura, y que solo
aparece en los documentos internos de la Obra que la Iglesia desconoce, y que
de conocerlos, no los aprobaría. Y no los aprobaría por las siguientes razones
porque además del citado Decreto Quemadmodum, el canon 630 del CIC, determina
en su parágrafo 5º que “los miembros deben acudir con confianza a sus
Superiores, a quienes pueden abrir su corazón libre y espontáneamente. Sin
embargo, se prohíbe a los Superiores inducir de cualquier modo a los miembros
para que les manifiesten su conciencia”. Sin embargo en la Obra los miembros
están obligados, y obligados a hacerlo semanalmente en el caso de numerarios y
agregados y además a hablar de fe, de pureza y de vocación, de sus actos
externos e internos.
Es decir, yo no tengo que comentar a nadie
obligatoriamente mis asuntos de conciencia, fuera del Sacramento de la
Confesión. Por supuesto que la dirección espiritual es un instrumento estupendo
de formación, al que yo estoy muy pronto a acudir, siempre que en la persona
que me lleva vea yo un sincero deseo de ayudarme, y no de servir de mera correa
de transmisión a decisiones que se toman en otros despachos. Y para mí ayudarme
es ponerme metas que yo pueda hacer, pues si yo os digo que no puedo y me estáis
presionando todas las semanas con el mismo tema, el asunto de la dirección
espiritual se convierte en un diálogo de sordos.
Además, espero que te des cuenta de que va contra
de las leyes de la Iglesia tener que daros cuenta forzosamente de mis asuntos
de fuero interno. Si además, no respetáis esa confidencialidad, entonces,
al hacer esa Charla Fraterna, me coloco fuera de las Leyes de la Iglesia.
Y si me coloco fuera de las Leyes de la Iglesia ya no soy católico, con lo
que la salvación de mi alma está en gravísimo peligro. Y lo que quiero ser
es Hijo fiel de la Santa Iglesia Católica y salvar mi alma. Al ser la Charla
Fraterna tal y como ahora es concebido en la Prelatura del Opus Dei un medio
de formación y no pocas veces de presión y de coacción no aprobado por la
Iglesia y que la Iglesia no conoce ni ha aprobado porque no puede aprobarlo
ya que ha manifestado en documentos públicos su postura en este asunto, es
abuso muy grave que quieras imponerme la Charla Fraterna. Y es un abuso muy
grave no solo tuyo sino del director que me dijo en la segunda conversación
que tuvimos en Albayzin durante el curso de Retiro del 25 al 31 de diciembre
de 2005 que “en la Obra todos hacemos la Charla y tratamos de estos temas
de fuero interno para localizar y extirpar el cáncer espiritual desde el principio”,
“que en la Obra las cosas se hacen así” (o sea, que la Obra es un caso aparte
en la Iglesia, un islote amurallado en el que la legislación de la Iglesia
no es tenida en cuenta) y que “el Código de Derecho Canónico se refiere a
los seminarios y a los religiosos, no a nosotros, que somos laicos”. Evidentemente
[...] desconoce el Decreto Quemadmodum que como ya reseñé antes dice: “Su
Santidad irrita, abroga, y en adelante declara de ningún valor cualesquiera
disposiciones de las Constituciones de las Pías Uniones, de los Institutos
de mujeres sean de votos simples o solemnes, y aún de varones laicos de cualquier
tipo”.
La inobservancia de estos preceptos sitúa a
la Obra -y lo digo con un gran dolor- como una estructura al margen de la
Iglesia. En mi opinión todo ello nace de un error cometido por Nuestro
Amadísimo Fundador, San Josemaría, que no tuvo en cuenta este Decreto, bien por
ignorarlo o por que sus formadores en el Seminario lo desconocieran, siendo así
que cuando Nuestro queridísimo Padre estudió en el Seminario, este Decreto
hacía apenas treinta años que se había promulgado, lo cual hace mucho más
curioso este asunto pues Nuestro Padre hubo de estudiar o debió habérsele
comentado ese Decreto. Es como si a un seminarista moderno no se le enseñara el
Decreto Perfectae Caritatis o no se le hablara de la Populorum Progressio, por
poner un ejemplo. También está la responsabilidad en los colaboradores de
Nuestro Santo Fundador, que bien por ignorancia o por error no supieron
informarle de este asunto.
De modo, estimado [...], que el problema de
fondo mío es un problema que no es mío ni tuyo, sino que es institucional,
pues afirmando que somos una partecita de la Iglesia, en realidad le decimos
a la Jerarquía que obramos de un modo pero obramos de otro, ya que existen
otras reglamentaciones internas desconocidas por la Iglesia que indican otro
modo de hacer las cosas, que sitúan la praxis de la dirección espiritual en
un ámbito ilegal y antieclesial que yo no puedo aceptar, pues con su práctica,
estamos de facto, engañando a Nuestra madre la Santa Madre Iglesia, Católica,
Apostólica y Romana, y estáis engañando a multitud de personas sencillas a
las que no reveláis estos detallitos comprometedores, tan pequeños, pero tan
grandes, que reaccionarán con furia cuando descubran la ocultación de la verdad
que se hace con ellas. Y lo sabrán algún día, pues no te olvides que no hay
secreto oculto que no acabe por saberse. Luego, si la Charla no es conocida
por la Iglesia, y si ésta la conociera la prohibiría porque en ella se obliga
a la manifestación de la conciencia, y si además la habéis convertido en un
instrumento de transmisión de máximas de los directores ajenos a esa conversación
(ajenos, pero informados porque le comunicáis verbalmente o por escrito el
estado de cada cual) entonces no estoy obligado a hacer esa Charla Fraterna,
porque ello me sitúa fuera de la Iglesia en las condiciones en que ahora se
hace: 1) con obligación de hacerla todas las semanas. 2) con obligación de
hacerla con quien designan los directores. 3) con obligación de hacer confesión
del fuero interno. 4) Sabiendo que ese fuero interno es materia de gobierno
y que es comunicado fuera del ámbito de la Confidencia.
En conclusión, yo no me opongo a hacer la
Charla, pues de todos es conocido lo que ayuda una opinión ajena. Sí me opongo
a hacerla en esas condiciones El problema es que no estoy dispuesto a realizar
prácticas prohibidas por la Iglesia. Eso lo tiene que solventar el Padre y los
Directores Mayores, ¿no te parece? Porque si no, tengo que dudar de la
legalidad de la praxis de la dirección espiritual en la Obra.
Hay una segunda parte que nos atañe más personalmente.
Nuestra conversación del Hotel Victoria no me satisfizo. En primer lugar,
me dolió que dudaras de mi sinceridad cuando te manifesté que el director
me dijo en nuestra conversación del Colegio Mayor Albayzin, sobre que “a mí
lo que me interesa es tu dinero” (sic) que dudabas de la sinceridad de mis
palabras, con lo que estabas poniendo en duda mi seriedad, mi honestidad y
mi honradez de cristiano y de hijo de Nuestro Padre que soy y seguiré siendo
siempre aunque desees -como me manifestaste en nuestra conversación- que me
marche de la Obra.
No supiste contestar ninguna de las preguntas
que formulaba en la carta anterior en la que me decías que “lamentabas lo
que estaba sucediendo”, y tampoco me prometiste el cambio de actitud de los
directores, respecto a mi persona, que os pedía. Por tu actitud general manifestabas
que no sentías “lo que estaba sucediendo”, como me manifestaste en la respuesta
a mi carta anterior. Viniste a exigirme que hiciera la Charla Fraterna, o
sea, que me enfrentara a mi Madre, la Iglesia Santa de Dios. Fue una tomadura
de pelo que no estoy dispuesto a tolerar. Por tanto ya te prevengo que no
voy a acudir a más “entrevistas-trampa” y no voy a contestar ninguna carta
o aviso que me hagáis mientras en ellas no reconozcáis vuestros errores, pidáis
perdón y os manifestéis dispuestos a un giro radical conmigo en lo que toca
a la dirección espiritual. Mientras esto no suceda, y lo manifestéis tal como
a aquí lo pongo y por escrito, no puedo en la presente situación reintegrarme
a la labor de formación ordinaria, ni mantener entrevista alguna con los Directores
locales o regionales del Opus Dei. Me habéis tratado mal y de un modo sucio,
barriobajero, sectario, mafioso e indigno. Me habéis presionado sicológicamente
hasta lograr romper mi serenidad y estabilidad aunque por muy breve tiempo,
sabiendo el estado de tensión interior que tengo por la enfermedad de mi madre
y la precariedad de mi trabajo. En esta labor has desobedecido el parágrafo
3º del artículo del artículo 88 de los Estatutos que conoce la Iglesia, que
afirma taxativamente respecto a la relación entre la labor de dirección espiritual
y el trabajo de los miembros que “en lo que afecta a la acción profesional,
(…) cada fiel de la Prelatura dentro de los límites y en todo caso, de la
fe y costumbres de la doctrina católica, goza de la misma plena libertad,
de que gozan los demás ciudadanos católicos. Realmente, las Autoridades de
la Prelatura deben abstenerse completamente de dar consejos en estas materias
por parte de cualquiera (…)”. Tus indicaciones sobre mi encargo con don José
Meroño estaban afectando a mi trabajo y a mi futuro profesional y no has sabido
entenderlo a pesar de que lo manifesté así a [...], Secretario del Centro,
con el que entonces charlaba sobre asuntos de mi vida interior, y recuerdo
que Ismael se sorprendió de que le tocara el tema de los Estatutos. Entonces,
dime: ¿somos una Institución de la Iglesia o un grupo de amigos? ¿Somos una
sociedad de derecho o nos regimos por los criterios secretos que se han inventado
unos pocos, de modo que los Estatutos son una concesión a la galería pero
luego hacemos lo que queremos aunque sea atropellando a las personas?
Me habéis insistido en hacer encargos que no
puedo cumplimentar. Habéis comentado mis debilidades y mis pecados entre
vosotros, y los habéis trasladado al papel. Y me habéis difamado dando una
interpretación torticera y sesgada de la realidad al director espiritual del
Curso Anual. Y después de un largo curso de trabajo, me hacéis una insidia de
tipo sectario en el Curso Anual. Por eso, para evitar que siguierais pecando, y
para protegerme de vuestra agresión y de vuestro mobbing he tenido que
retirarme de la labor de formación de la Obra. En vuestra labor conmigo os
habéis olvidado de aquello que afirma el Decreto Perfectae Caritatis del
Concilio Vaticano II en su punto 14, cuando afirma: “Gobiernen a sus súbditos
como a hijos de Dios, y con respeto a la persona humana, fomentando su sumisión
voluntaria. Déjenles por ello, especialmente la debida libertad en cuanto al
sacramento de la penitencia y dirección de conciencia”. Espero que ahora, por
lo menos, lo recordéis.
Por todo ello, no tengo más remedio -en
conciencia- que consultar con mi Madre la Iglesia Santa el modo en que lleváis
la dirección espiritual de mi alma, y poner en consideración de la Sagrada
Penitenciaría Apostólica esta situación.
Mientras recibo instrucciones de la Misma, os
envío un saludo afectuoso, con mi perdón y mis oraciones diarias por el Padre y
los Directores
Pedro Pérez de la Blanca Sales
* * * * * * * * * *
Granada, 16 de marzo de 2007.
Sr. D. [...].
Estimado [...]:
Ayer día 15 de los corrientes, me comunicó mi
madre que me habías llamado a casa para charlar conmigo. Aunque estoy muy abierto
a conversar, querría saber de qué cosas quieres que hablemos y en qué términos,
pues no estoy dispuesto a que se repita la triste entrevista que celebramos el
día 17 de diciembre de 2006, en la que no supiste dar respuesta a mis
preguntas.
Por ello, a efecto de ahorrarnos una pérdida
de tiempo, ya te comunico que no celebraré ninguna entrevista contigo a menos
que me respondas minuciosamente y por escrito a las siguientes cuestiones que a
continuación te expongo:
a) ¿Por qué [...] me dijo en la Convivencia celebrada en el pasado mes de julio en El Rubli? de Baeza que "yo estaba en la Oposición"? Como te dije en mi carta de 2 de enero, sabe que miente al afirmar que "ya no se acuerda", de lo sucedido en Baeza, ya que. como te escribí entonces, le comenté el caso a [...], director de la Convivencia, y el hecho suscitó una viva tensión entre nosotros dos, de modo que es imposible que a Pablo se le haya olvidado el asunto. Además, si hubiera hablado en broma al conocer mi falsa interpretación de sus palabras, hubiera aclarado en seguida que me encontraba en un error. En ningún momento me pidió que charláramos para aclarar el asunto, ni [...] me hizo aclaración alguna. Por otra parte no entiendo que Pablo te dijera que él había hablado en el sentido de que yo estaba preparando una oposición de Instituto. Entonces ¿cómo es que se acuerda del sentido de sus palabras y no se acuerda de la situación que él generó?
Hay una contradicción en la que el propio Pablo cae sin darse cuenta y que desvela la mentira que hay en sus palabras. En cuanto a estar en la Oposición, como actitud de oponerme a los directores y al Prelado, yo he acatado con el máximo interés y cariño las disposiciones del Prelado don Javier Echevarría Rodríguez, rezo y me mortifico por él, y ofrezco mi trabajo y estudio por su persona e intenciones, y leo sus cartas mensuales y las medito en la presencia de Dios Nuestro Señor. Yo no se si eso podrá ser catalogado como "estar en la oposición". Es cierto que no he podido cumplir el encargo que me habíais puesto de atender a don José Meroño por coincidir con mi horario de trabajo. Te recuerdo lo que se afirma en el artículo 88 de los Estatutos de la Obra en donde se afirma que "en lo que afecta a la acción profesional (...) cada fiel de la Prelatura dentro eje los límites y en todo caso de la fe y costumbres de la doctrina católica, goza de la misma plena libertad, de que gozan los demás ciudadanos católicos. Realmente, las Autoridades de la Prelatura deben abstenerse completamente de dar consejos en estas materias por parte de cualquiera".
b) Por qué [...] me preguntó reiteradamente
y en público por mi libro Martínez de la Rosa y sus tiempos, y "lo
que me había costado sacar ese libro". Ese dato, que yo había pedido
un préstamo bancario, solo lo conocíais las personas del Consejo Local de
Dílar y en la Delegación de la Prelatura en Granada. ¿Quién y por qué le comentó
a Pablo ese extremo?
c) En diciembre de 2005 sostuve dos conversaciones
con el Subdirector de San Miguel en la que expuse mis serias dudas de conciencia
en relación al tratamiento que se da en la Obra sobre los asuntos de conciencia
de sus miembros expuestos en la práctica llamada "Charla Fraterna",
tan desconocida por la Iglesia, que en el punto 5° del canon 630 prohíbe a
los Superiores inducir de cualquier modo a los miembros para que les manifiesten
su conciencia. A mi me preocupa la práctica habitual que existe en la Obra
y que solo los Directores conocéis, por la cual la persona que ha recibido
la Confidencia comunica a los directores inmediatos los contenidos de la misma
bien oralmente o bien por escrito faltando de modo muy grave los cánones 220
y 630 del Código de Derecho Canónico. En nuestra reunión del Colegio Mayor
Albayzin, en diciembre de 2005, comentó que todo esto sólo afectaba a los
religiosos y no a las personas de la Obra, que no son religiosos, evidenciando
no solo su desconocimiento del Código en los artículos referidos, sino el
Decreto Quemadmodum de León XIII de 1890, que prohíbe terminantemente a los
superiores hacer uso para gobierno de cuestiones de fuero interno manifestadas
en la dirección espiritual. Y si el CIC actual lo prohíbe para los seminaristas
y los miembros de los Institutos Religiosos y Seculares, es que ni se plantea
tal situación con los fieles corrientes como nosotros. Entonces la pregunta
a la que quiero que me respondas por escrito es por qué si los directores
conocen esta legislación, en la Obra se sigue una praxis totalmente distinta
y por ello no eclesial.
d) Como sabes, ese director me dijo en el Colegio
Mayor Albayzin, que "yo le había hablado como un enemigo de la Obra",
que "lo que le interesaba de mí era mi dinero", y que si estaba
dispuesto a acatar la Charla Fraterna y el modo de dirección espiritual que
existe en la Obra, "buscara otra espiritualidad". Como sabes, de
acuerdo con el CIC en su canon 212, "los fieles tienen derecho a manifestar
a los Pastores de la Iglesia sus necesidades, principalmente espirituales,
y sus deseos" (párrafo 2). Y en su párrafo 3 afirma que "tienen
el derecho y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento,
competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión
sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia". Para mí es claro
que o bien ese u otro Director de la Delegación expuso estos comentarios míos
al Consejo Local de la Convivencia de El Rubín, y que enfocó mi postura como
un acto de crítica interna o de rebelión contra el Padre y los Directores,
en la reunión preparatoria que se tiene en las sedes de las Delegaciones antes
de empezar las convivencias, y en las que además de cuestiones organizativas
se comunica cuestiones de conciencia de los miembros faltando gravemente al
sigilo y secreto que exige el Código de Derecho Canónico. Y esto te lo puedo
decir porque he sido miembro de consejos locales en convivencias de supernumerarios
y se ha comentado detalles de la vida interior de algunos de los asistentes
a las convivencias. Mi pregunta es ¿por qué ése o algún otro Director
de la Delegación comentó estos detalles de mi vida interior al Consejo Local
de la Convivencia o al propio Pablo?
e) Quiero también que me respondas por qué me
habéis sometido a la presión sicológica y moral que ejercisteis sobre mí durante
los últimos meses del curso 2005-2006 y el mes de septiembre de 2006 en relación
a don José Meroño. Esa presión a la que me sometiste en la Charla Fraterna
y a la que me sometió el Secretario del Centro, que entonces me llevaba mi
Charla, me provocó una enorme angustia y conturbación de modo que tuve que
dejar de veros y asistir a los medios de formación para poder reencontrar
la paz y el equilibrio interior, porque sabía que en vez de ayudarme solo
ibais a repetirme una y otra vez el asunto de don José Meroño. Como te escribí
en enero "habéis utilizado la dirección espiritual para presionarme sicológicamente,
en vez de ayudarme, sabiendo la carga emocional que me supone la enfermedad
de mi madre y la precariedad de mi trabajo", a lo que yo añado lo que
ya te expliqué de lo mucho que me están costando las Oposiciones de Instituto,
que me exigen una gran concentración incompatible con la atención a un enfermo
por otra parte tan querido como don José, que se merece una atención profesionalizada
en razón de su enfermedad y sus largos años de servicio a Dios en el Opus
Dei.
f) Por parte vuestra me he sentido tratado como
una cosa, sin interés ninguno por mi persona y he visto claro que no habéis
tenido ningún deseo de ayudarme, porque para vosotros lo primero es la Obra
y no os importa si las personas son trituradas y sufren, contradiciendo gravemente
el Mandatum Novum que campea en las salas de estudio de nuestros centros,
y el n. 14 del Decreto Perfectae Caritatis del Vaticano II que afirma "Gobiernen
a sus súbditos como a hijos de Dios, y con respeto a la persona humana. Déjenle
por ello, especialmente la debida libertad en cuanto al sacramento de la penitencia
y dirección de conciencia". ¿Puedes por tanto explicarme la contradicción
entre lo establecido por Nuestro Señor y por el Concilio, vuestra conducta
conmigo? ¿Por qué se me dijo que de mí solo le interesaba mi dinero? ¿Por
qué me espetó que me buscara otra espiritualidad siendo así que por la Fidelidad
ya pertenezco a la Obra para siempre? ¿Tu crees que animarme a buscar otra
espiritualidad conviene con la aprobación que los Directores me dieron cuando
me concedieron la Fidelidad? ¿Tú crees que eso es un comportamiento humano
y justo con una persona que se ha entregado a Dios?
Finalmente una última reflexión. Nosotros
siempre hemos dicho que somos una partecita de la Iglesia. Si resulta que la
Iglesia desconoce el modo de llevar la dirección espiritual en el Opus Dei, ¿te
parece esa conducta la propia de un hijo con su madre? Porque un buen hijo
siempre informa de todo lo que hace a su madre, ¿no es verdad? Y los directores
siempre nos encarecéis que seamos muy sinceros. Por favor, ¿podrías explicarme
el por qué de esa conducta tan poco eclesial? ¿Podrías explicarme por qué la
Iglesia no conoce la Charla Fraterna y los Informes de Conciencia que realizáis
sobre los miembros? ¿Podrías explicarme por qué los supernumerarios y los
agregados y muchísimos numerarios no conocen esos Informes? Porque de la Charla
Fraterna no se habla para nada en los Estatutos y sí solamente de
"dirección espiritual". Entonces, resulta que tenemos un Derecho ante
la Iglesia y ante los fieles de la Prelatura "de a pie". Pero además
tenemos un Derecho propio, particular, que solo conocéis los que hacéis cabeza.
El problema es que ese Derecho constituido por normas y prácticas que la
Iglesia no conoce, y que está escrito en documentos que la Iglesia y los fieles
o no conocen o no pueden tener acceso a ellos, es la base de ese juego de
información personal que realizáis sin conocimiento de los interesados ni de la
Iglesia, y, además con el agravante de que muchas veces se da una información
sesgada y torticera, parcial e incorrecta, que de por sí, constituye pecado de
difamación. Y a este respecto, aún me acuerdo el asombro que noté en el bueno
de don Amador García Bañón cuando me comentó como de pasada el asunto de don
José Meroño. La impresión que don Amador tenía de mí era la de un numerario
rebelde, desobediente y muy poco caritativo.
En la carta que te he pedido que me escribas
aclarándome estas cuestiones, una por una, y desde la primera a la última, te
ruego que me pidas perdón por vuestro comportamiento conmigo, y que aparezca
claramente especificado que los directores desean un nuevo trato conmigo. En
concreto deseo que se me exonere de la obligación de la llamada Charla
Fraterna, por su clara antieclesialidad ya que contradice abiertamente los
cánones que te he mencionado del Código de Derecho Canónico y todos los
ordenamientos vigentes en la actualidad en la Iglesia.
Mientras no llegue a mi poder esta carta y queden, punto por punto, aclaradas estas preguntas y no se me asegure que va a haber un cambio conmigo y que se me va a exonerar de la obligación de dar cuentas de conciencia fuera de la Confesión mientras sigan vigentes las prácticas que están vigentes en la Obra sobre uso de la información de conciencia como instrumento de gobierno, creo que no podemos vernos, y que huelga cualquier llamada o entrevista entre nosotros, pues ante todo soy hijo de mi Madre, la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, y mientras la Obra admita estas prácticas, que no son católicas, entiendo que Dios Nuestro Señor me libera de cumplimentarlas.
Os deseo una feliz fiesta de renovación de la
entrega por San José. Transmitid al Padre y a los Directores locales y
regionales mi aprecio y oraciones por ellos.
* * * * * * * * * *
Granada, 28.IV.2007.
Estimado [...]:
Por la presente, te remito la carta que he
escrito al Padre, solicitándole la dispensa de los compromisos realizados con
la Fidelidad.
Lamento profundamente que no me hayáis
contestado a lo que os pedía en mi última Carta: una petición sincera de perdón
por las presiones y las manipulaciones de que me habéis hecho objeto durante el
pasado Curso Anual, y por el Consejo Local que tu presides y una explicación
del funcionamiento de la Dirección Espiritual en la Obra. Entiendo que al no
contestarme, es porque no os ha quedado más remedio que admitir que todo lo que
os decía en mis cartas era verdad.
Por tanto, entiendo, en la presencia de Dios
Nuestro Señor, que tendrás que responder ante el Tribunal de Dios de las
presiones infames a las que me has sometido, contrarias a todo derecho humano,
eclesiástico y divino. Y por supuesto, los Directores de la Delegación de
Granada que estaban al corriente de mi vida interior por vosotros y que han
inspirado, fomentado y permitido las presiones y agresiones injustificables de
que he sido objeto. Ojalá que El tenga Misericordia de ti y de los que me
habéis hecho tanto daño.
Que sepas que os perdono y os comprendo pues
quien ha recibido una formación equivocada y sectaria como la que tú y los
Directores habéis recibido, no puede por menos de equivocarse. Sin embargo, ni
Dios ni la Iglesia ni la Sociedad de los Hombres permiten que donde pueda haber
luz haya tinieblas, donde tenga que haber verdad haya mentira, y donde tenga
que haber Libertad haya manipulación y opresión, y menos teniendo al alcance de
la mano la Luz que viene de la Doctrina de la Iglesia y de los Romanos
Pontífices.
Tenemos el derecho de obrar con la Luz de la
Verdad, porque sólo la Verdad nos hará libres. Al que no le interesa la Verdad,
busca la Oscuridad, para disimular sus errores. Pero Dios Nuestro Señor que ha
vencido a la Oscuridad con la Luz de su Resurrección gloriosa, no permite que
los que se llaman hijos de la Luz actúen como hijos de las Tinieblas,
burlándose de los derechos humanos, engañando a la Iglesia y burlándose de su
derecho canónico, atropellando a infinidad de personas que de buena fe buscan a
Dios y fanatizándolos de tal modo que os convertís y convertís a la gente que
gira a vuestro alrededor en hijos de la Ira y en sembradores de amargura y de
tristeza.
Por eso, aunque tengáis a Jesucristo en el
Sagrario, Él no puede bendecir una Labor en la que se engaña a la Iglesia por
El fundada al precio de su Cuerpo y de Su Sangre derramadas en el Calvario por
nosotros. No puede bendecir una Labor en la que os inventáis y os sacáis de la
manga vocaciones que no perseveran porque nunca fueron concedidas por Dios, y
no puede bendecir una Labor llena de intereses materiales, de presiones sin
cuento, de murmuración institucional y de faltas de respeto a la libertad de
las conciencias y a la intimidad personal, por mucho que la Obra vaya ahora a
cinco países como si quiere ir a diez. A las pruebas me remito: el fracaso
rotundo de la campaña de los 500. Todo eso es labor humana, esfuerzo humano,
empeño humano que no cuenta con la bendición de Dios, porque no es eclesial,
porque está viciada de base por el erróneo concepto que tenéis de dirección
espiritual.
No le he querido contar al Padre los
atropellos y las burlas de las que he sido objeto en estos últimos años en la
Obra, ni el oscuro mundo de delaciones y complicidades que os traéis todos,
hasta el punto de que me dais asco y repugnancia. ¡Que pena que la Obra de Dios
haya acabado en una secta intraeclesial! ¡Si, secta intraeclesial por más que
la Obra sea una Prelatura porque habéis engañado al Vaticano, que no conoce
vuestros manejos y engañáis hasta a los propios miembros! Pero eso será hasta
que Dios lo permita y desde luego tendréis que dar muy estrecha cuenta a Dios
Nuestro Señor de haber engañado, maltratado y manipulado a tantas personas
buenas que no se pueden defender.
Me dais pena y me das pena. Ver tu cinismo
del Hotel Victoria y vuestros corazones secos y sin amor, llenos de prácticas
farisaicas, de muchos tiquismiquis, de tanta hipocresía y de tanta mentira.
La comunicación de la concesión de la Dispensa
la puedes dejar en el buzón como otras veces. Entiendo que cualquier otra
comunicación sobra para siempre. Le dices a don [...] que gracias por su amistad,
pero que no puedo aceptarla mientras siga colaborando con el sistema de dirección
espiritual que habéis creado.
Que Dios os perdone.
Pedro Pérez de la Blanca Sales.