ROMA, 19-III-87
En 1936, con ocasión de la ansiada expansión de la labor apostólica fuera de Madrid (se pensaba abrir un Centro en París y otro en Valencia), nuestro Fundador quiso poner por escrito su experiencia de aquellos años, para ayudar a los que comenzasen en esas nuevas ciudades. Surgió así la Instrucción para los Directores (31-V-1936), donde se contienen los criterios fundamentales que han de presidir las tareas de formación y dirección dentro de la Obra. Luego, durante toda su vida, nuestro Padre continuó viviendo ejemplar y heroicamente la prudencia y la justicia sobrenaturales, mientras impulsaba y guiaba —con la fortaleza y el afecto del Buen Pastor— la difusión del apostolado por todo el mundo, siempre con un especial desvelo por la formación de los hijos suyos que llamaba a ser Directores.
Precisamente este vademecum surge de esa ocupación paterna y materna de nuestro Padre. Son advertencias llenas de sentido sobrenatural y de experiencia
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humana, de amor a las almas y de espíritu de servicio a la Iglesia, para facilitar a los fieles de la Prelatura la consecución del fin de santidad a que el Señor les ha llamado.
En todas estas anotaciones se trasluce la naturaleza exclusivamente sobrenatural de esta labor: los Directores trabajan con almas, a las que transmiten con vibración y fidelidad —prescindiendo de sus propios puntos de vista— el espíritu querido por Dios para el Opus Dei, justamente para ayudarles a ser Opus Dei; y conceden, por tanto, la debida primacía a los medios sobrenaturales: todo lo fían fundamentalmente a la gracia divina, y jamás se apoyan sólo en sus personales cualidades. Así, hasta en el cariño con que conducen a sus hermanos —caridad acompañada siempre de la fortaleza— se revela la eficacia formadora, al estar purificado y vivificado por el amor de Cristo. De este modo, cada Director, cualquier miembro de un Consejo local, se entrega por completo a sus hermanos, sin hacer nunca acepción de personas, siendo perfectamente desinteresado, liberal, atento, caritativo, afable 1.
Especial responsabilidad compete a los Directores en la formación de las nuevas vocaciones. Todo en este punto es primordial: desde el discernimiento de los signos de idoneidad para formar parte del Opus Dei, a la constancia y puntualidad con que se ha de dar la formación inicial, requisitos importantísimos para la perseverancia en la vocación y para la eficacia de la labor apostólica.
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Nuestro Padre esperó siempre de sus hijos Directores una entrega abnegada a su misión de formadores, con una disposición alegre y sobrenatural de servicio, para pensar sólo y siempre en las almas que les están confiadas; y, al mismo tiempo, les pedía un sincero desprendimiento del puesto que ocupan, al repetir incesantemente que, en la Obra, los cargos son de veras cargas, otro modo —más exigente— de servir a los demás.
Esa actitud humilde del Director, tal como ha quedado esculpida en el espíritu del Opus Dei, es inseparable de la colegialidad en el desempeño de su función: el Director nunca manda solo. En el Opus Dei no puede existir tiranía, porque cualquier decisión —por pequeña que sea— la toma el Consejo local. Es contrario al espíritu de la Obra que haya en algún sitio un Director propietario 2. La prudencia de contar para todo con el parecer de los demás miembros del Consejo local refleja hambres sinceras de servicio leal y prueba fehaciente de humildad. Es, en definitiva, sentido común y sentido sobrenatural, porque ni vosotros ni yo nos podemos fiar exclusivamente de nuestro criterio personal. Y esto no está dispuesto sin una particular y especial gracia de Dios 3.
Ante estas exigencias humanas y sobrenaturales de las tareas de dirección, se comprende, en fin, que nuestro Fundador subrayase con fuerza que lo más importante para un Director es su propia vida espiritual, porque nadie da lo que no tiene: Es el Director civitas supra montem posita, como una ciudad puesta sobre un
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monte (cfr. Matth. V, 14): todos los ojos están puestos en él. Ha de ser, por tanto, ejemplo de todos: los mayores y los pequeños vibran con la vibración del Director. Y los nuevos, las vocaciones recientes, se fijan hasta en el más menudo detalle de aquél que hace cabeza. ¡Cuántas almas y cuánta labor dependen de vuestro encendimiento! 4.
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