APARTADO
I Charla nº 10
Santo
Rosario
Pureza
La Obra es esencialmente mariana. Ha nacido y se ha desarrollado bajo el manto de
Nuestra Señora. Ella ha sido la mediadora de la gracia soberana que implica nuestra vocación. Es lógico que no nos cansemos, al
contrario, de alabarla y piropearla como a Ella le gusta: rezando con inmenso cariño el Santo Rosario.
El Santo Rosario es oración a María y con María, "para meditar, junto a Ella, los
misterios que Ella, como Madre, meditaba en su corazón (cfr. Lc 2,19)» y sigue
meditando, sigue considerando.
Porque ésos son los misterios de la vida eterna" (Juan Pablo II, Homilía,
21-X-1979).
En Casa, todos los días rezamos, al menos, una de las partes del Santo Rosario, en
un momento adecuado, en las circunstancias más diversas; pero siempre poniendo la cabeza y el corazón en
cada Avemaría: "Procura -nos dice el Padre- que cada Avemaría que reces sea una oración
dirigida a la Santísima Virgen. Que nuestra Madre quede contenta y diga: este
hijo mío está rezando con
mucha devoción. Cuando te des cuenta de que repites muchas Avemarías distraído, le
pides perdón, y recomienzas, esforzándote en contemplar las palabras del
Padrenuestro y del Avemaría. Así, cada oración es como una rosa que se entrega
a la Santísima
Virgen. Si luchas por hacer esto, ya te habrás propuesto una meta muy
ambiciosa, porque ¡que mayor ambición que procurar
alabar a nuestra Madre del Cielo, que nos une al Señor! Además, recuerda, hijo mío, que por
mucho empeño que pongas en recitar el Rosario, será poco en comparación con lo que Santa María -que es muy buena pagadora- se ocupa de
ti" (Del Padre, cn 1978, pp. 886-887).
Es parte de esta Norma, la meditación de los misterios que no se recen vocalmente en
el día: "Se trata de decir diez jaculatorias, una por cada misterio: preferiblemente, cinco por la mañana y cinco por la tarde. Basta
una breve consideración del misterio, que dé lugar a unas palabras -con el corazón, internamente-: una jaculatoria
que puede ser un texto de la Sagrada
Escritura, una jaculatoria ya conocida, o cualquier otra cosa que venga a la mente y al
corazón en aquel momento. No importa que sea siempre lo mismo: lo importante es que hagamos diariamente un poco de oración sobre
los misterios del Rosario" (De nuestro Padre, cn 1967, p. 112).
Si algún día, al hacer el examen de la noche, se ve que no se ha hecho la
meditación de esos misterios, se formula el propósito de cumplir la Norma al día siguiente, pero ese día ya no se
hace (cfr. ibid. , p. 114).
En cambio, si el olvido fuese del
rezo de la parte del día, se reza después del examen, a no ser que el Director indique
otra cosa, por razón de enfermedad o de alguna circunstancia extraordinaria.
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Pureza
1. Hablar de la santa pureza es hablar de amor. "El sexo no es una
realidad vergonzosa, sino una dádiva divina que se ordena limpiamente a la
vida, al amor, a la fecundidad" (Es Cristo que pasa, n. 24). "Mirad, hijos míos: el Señor se ha servido del amor de nuestros padres, limpio, bueno, bendito,
para darnos nuestro cuerpo. Ha
puesto en nuestra cabeza la inteligencia, que es como un chispazo del entendimiento de Dios. ¡Qué bueno es el Señor! ¿verdad? Y en nuestro cuerpo ha puesto la posibilidad de engendrar,
que es una participación del poder creador de Dios, que se debe ejercitar dentro del matrimonio.
"Pero Dios no obliga a engendrar a todos y a cada uno de los
individuos, porque la especie se puede continuar y perpetuar sin que todos los
miembros de la especie ejerciten esa función. Cuando una persona, por razones sobrenaturales,
divinas, por amor ala gente, por motivos sociales muy altos, no quiere
engendrar y decide vivir el celibato, no sólo no ofende a Dios, sino que hace un acto maravillosamente
heroico que no redunda en daño de la humanidad, porque siempre es inmensa la mayoría de los que desean ir al matrimonio, y hacen bien.
"Para perpetuar la especie, el Señor ha puesto en el acto de engendrar una satisfacción,
lo mismo que en el acto de comer, porque si no hubiera esa satisfacción, no habría nadie que hiciera semejantes cosas. En cambio,
de cara a Dios, y dentro del matrimonio
cristiano, es algo santo, y ese goce es un premio de Dios, porque perpetúan la
especie" (De nuestro Padre, cn 1970, p. 1026).
La facultad generativa "es una cosa noble que nos ha dado Dios. Ahora, si me tiro de las
orejas, que son para oír, entonces soy un necio, un loco. ¿Lo entendéis, me entendéis, sin decir yo más?
"Respetad el sexo, que es un don de Dios, y sabed que sólo se puede
emplear dentro del matrimonio cristiano, y con el fin de procrear. Evitar
los hijos es un mal tremendo, un crimen horrendo (...) Evitar engendrar
dentro del matrimonio es un pecado horroroso; y fuera del matrimonio, no debe hacerse
uso de la facultad generativa."
(De nuestro Padre, cn 1970, pp. 1026-1027).
Desde
el punto de vista material, son distintas las obligaciones
que la castidad impone "a los solteros, que han
de atenerse a una completa continencia; y a los casados,
que viven castamente, cumpliendo
las obligaciones propias de su estado" (Amigos de Dios, n. 177).
Mas aún: "existe una castidad de los que sienten que se despierta en ellos el desarrollo de la pubertad, una castidad de los que se preparan para casarse,
una castidad de los que Dios llama al celibato, una castidad de los
que han sido escogidos por Dios para vivir el matrimonio" (Es Cristo
que pasa, n. 25). En cualquier
caso, se trata no de una negación, sino de una afirmación gozosa (Amigos de
Dios, n. 177), de un corazón que
ama limpiamente, a Dios y a las criaturas de Dios, con el orden que la razón descubre y la fe confirma y
subraya.
"Para
una persona normal, el tema del sexo ocupa un cuarto
o quinto lugar (...)" (Amigos de Dios, n. 179).
"Para vivir la virtud de la castidad, no hay que esperar a ser
viejo o a carecer de vigor. La pureza nace
del amor y, para el amor limpio, no
son obstáculos la robustez y la alegría de la juventud (...)"
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(Es Cristo que pasa, n. 40). Sin embargo, la
des cristianización de
amplios sectores de la sociedad, ha creado artificialmente dificultades que se añaden al
desorden de las pasiones personales causado por el pecado de origen: procacidad en las costumbres, pornografía, etc.
4. Se hace preciso, en consecuencia, una especial vigilancia en
"la custodia atenta de los sentidos y del corazón; la valentía -la valentía de ser
cobarde- para huir, de las ocasiones; la frecuencia de los sacramentos, de modo particular la Confesión sacramental; la sinceridad
plena en la dirección espiritual personal; el dolor, la contrición, la reparación después de las faltas. Y
todo ungido con una tierna devoción a Nuestra Señora, para que Ella nos obtenga de Dios el
don de una vida santa y limpia (Amigos de Dios. n. 185).
5. "La santa pureza la da Dios cuando se pide con humildad" (Camino, n. 118). Todas las noches, antes de acostarnos, rezamos a la Virgen tres
Avemarías, pidiendo por nuestra pureza y la de nuestros hermanos.
Ser muy sinceros -con Dios, con nosotros mismos, y en la dirección
espiritual-, para "afinar nuestra conciencia, ahondando lo necesario hasta tener la seguridad de haber
adquirido una buena formación,
distinguiendo bien entre la conciencia delicada -auténtica gracia de Dios- y la conciencia escrupulosa, que es algo distinto" (Amigos de Dios, n. 185).
"Hace falta una cruzada de virilidad y de pureza que contrarreste y anule la labor
salvaje de quienes creen que el hombre es una bestia.
-Y esa
cruzada es obra vuestra" (Camino, n. 121).
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