APARTADO I
Charla nº 20
Mortificación
Cruz de palo; amor a la Cruz
"Quien encuentre su vida la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la
encontrará" (Mt 10,39). Para Vivir ha de alcanzarnos la Redención operada
por Nuestro Señor Jesucristo. Y para que la Redención sea eficaz en nosotros, y la gracia santificante no resulte vana, hemos
de incorporarnos a la Pasión y Muerte
del Señor, mediante el Bautismo y los demás sacramentos; y también por ese
morir cada día un poco que es la mortificación en mil detalles. Sólo así somos de
veras hijos de Dios, "Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de Cristo; ya que sufrimos con El, para ser con El glorificados"
(Rom 8,17).
La
mortificación voluntaria nada tiene que ver con un pretendido masoquismo. Porque amamos la Vida como el que más, "traemos siempre en nuestro cuerpo, por todas
partes, la mortificación de Jesús, a
fin de que la vida de Jesús se manifieste también en nuestro cuerpo" (2
Cor 4,10). Hay personas que se someten a una dolorosa operación quirúrgica para alcanzar
la salud, o a ejercicios y dietas extenuantes sólo para estar en forma corporal.
3- "Mortificación, hijo mío, mortificación. No comprendo un alma santa sin mortificación" (De nuestro
Padre, Cuadernos
3, p. 118).
"Solamente así sale la Obra: con oración, con mortificación, con
penitencia, y con la alegría de los hijos de Dios; esa alegría que ahora veo en vuestras caras" (Del Padre, cn 1980, pp. 174-176).
"Si no eres mortificado nunca serás alma de oración" (Camino, n. 172). Sin mortificación no adquirimos la sensibilidad necesaria para advertir las
mociones del Espíritu Santo en nuestra
alma; no es posible tener una imagen perfecta de Jesús (cfr. Camino, n. 212); no se puede ser fiel. "Como
el grano de trigo tenemos, hijos
míos, la necesidad de la muerte para ser fecundos. Tú y yo no queremos estar solos. Queremos
multiplicar nuestra familia, dejar un surco hondo y luminoso. Por eso hemos de
dejar al pobre hombre animal y
lanzarnos por los campos del espíritu, levantando todas las cosas humanas y a la vez a los hombres que trabajan en ellas" (De nuestro Padre, cn
IV-1963, p. 13).
"No es espíritu de penitencia el que está sólo en la lengua, o aquél que posee el
que hace unos días grandes penitencias, y se olvida de mortificarse otros.
Tiene espíritu de penitencia
el que todos los días se sabe vencer, ofreciendo cosas por amor y sin espectáculo. Esto es
amor sacrificado, limpio, sin buscar
el aplauso" (De nuestro Padre, cn II-1962, pp.
13-14).
"El
espíritu de penitencia está principalmente en recoger esas flores humildes que encontramos día a día en el camino -actos de amor y de contrición, pequeñas
mortificaciones-, y formar un ramillete al final de cada día: un. hermoso ramillete para ofrecerlo a Dios" (De nuestro
Padre, n. 221).
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"Os he enseñado siempre a
encontrar ocasiones de penitencia
y de mortificación en lo ordinario de cada día. Ahora os sugiero tres puntos muy
concretos: el vencimiento que supone, a veces, el cultivo constante de las virtudes humanas; el afán por buscar y fomentar, entre todos sin distinción, una
convivencia afectuosa; el empeño para que no falte nunca una sonrisa y una palabra de cariño, que haga más amable a todos el
esfuerzo diario por servir
generosamente a Dios en las almas" (De nuestro Padre, n. 183).
"Tu sonrisa puede ser a veces, para ti, la mejor mortificación y aun la mejor penitencia: ese alter
alterius onera portate (Gal 6,2), aquel llevar las cargas de los demás, procurando que tu ayuda pase inadvertida
, sin que te alaben, sin que nadie la vea, y así no pierda el mérito delante de Dios: para que, pasando
oculto como la sal, condimentes nuestra vida en familia y contribuyas a lograr que, en nuestras
casas, todo sea sobrenaturalmente amable y sabroso" (De nuestro Padre, n.
91).
La
mortificación es gaudium etsi laboriosum.
Cruz
de palo; amor a la Cruz
"Me preguntas: ¿por qué esa Cruz de palo? (...): porque la Cruz solitaria está
pidiendo unas espaldas que carguen con ella"
(Camino, n. 277). "(...) esa Cruz es tu Cruz: la
de cada día, la escondida, sin brillo y sin
consuelo, que está esperando el Crucifijo que le falta: y ese Crucifijo has de
ser tú" (Camino, n. 178).
"Esa Cruz es tu Cruz", por eso la besamos ordinariamente al entrar o al salir del
oratorio: amorosamente. Desde que Jesucristo murió en ella, dejó de ser lugar de maldición para ser lugar de bendición, de
predilección divina, fuente de gozo y de sabrosos frutos sobrenaturales. Para ganar las indulgencias con cedidas en relación con la cruz de palo de nuestros
oratorios, basta decir interiormente una
jaculatoria mirando a la cruz, besándola
o haciendo una inclinación de cabeza.
3. Los hay "que pretenden convertir la vida de los cristianos es
un camino fácil, acomodaticio, sin renuncias ni esfuerzos, hasta el punto de
arrancar del culto, o ponerla en un rincón,
la Cruz de nuestro Salvador. Nos decía (nuestro Padre): a algunos les sobran Cruces, y a mí me faltan
Cristos" (Del Padre, cn 1976, p.
1613). Al Señor le faltan discípulos que carguen con su cruz, cada día, y le sigan, siendo con El corredentores.
4. La Cruz no es una tragedia. "Cuando los cristianos lo pasamos mal, es porque no
damos a esta vida todo su sentido divino.
"Donde la mano siente el pinchazo de las espinas, los ojos
descubren un ramo de rosas espléndidas, llenas de aroma" (Via Crucis, VI, n.
5). Tendemos a inventarnos cruces que nos torturan, porque no son la Cruz
de Nuestro Señor Jesucristo. El yugo de Cristo es suave y su carga es ligera. La verdadera Cruz es amable.
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5. "Encontrar la Cruz es encontrar a Cristo. Y con El hay siempre
alegría, aun ante la injusticia, ante la incomprensión, ante el dolor físico. Por esa
razón siento desagrado -aunque comprendo que es un modo usual de decir- cuando oigo llamar cruces a las contradicciones, muchas
veces nacidas de la misma soberbia de la
persona, que no son la Cruz, que no son la verdadera Cruz, porque no son la Cruz de Cristo. Yo no me he
sentido nunca desgraciado, y penas
me las ha mandado abundantes el Señor. ¡Gracias, Señor! Gracias, Señor, porque me has dado una ascética que es la tuya, porque me has hecho entender que tener
la Cruz es tener la alegría, es
tenerte a Ti" (De nuestro Padre, Cuadernos
3, p. 14).
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