APARTADO II Charla n° 11
I. Formación espiritual
II. Santo Rosario
III. Patronos de la Obra: labores encomendadas
I.
Formación espiritual
Para formar a Cristo en
nosotros de modo que seamos no ya alter Christus, sino ipse Christus, el camino
nuestro es la identificación con el espíritu de la Obra. A eso tiende
la formación espiritual.
No nacemos en posesión del
espíritu de la Obra. Es preciso el esfuerzo de aprenderlo y la voluntad de
amarlo, para asimilarlo día a día, mediante una incesante lucha
ascética.
3- Non veni pacem mittere, sed gladium (Mt 10,34).
Labora sicut bonus miles Christi lesu
(2 Tim 2, 3). "Que la vida del hombre sobre la tierra es
milicia, lo dijo Job hace muchos siglos.
-Todavía hay comodones que no
se han enterado" (Camino, n. 306).
4. El nuestro es un ascetismo
sonriente: recia lucha interior con el estilo amable, alegre, optimista y
constante del más apasionante de los deportes: el que alcanza una
corona incorruptible (cfr. 1 Cor 9,24-27). Sin desalientos,
comenzando una y otra vez hasta arribar a las metas propuestas. Sin decir
nunca basta, o yo no sirvo, o yo no puedo. Con la gracia de Dios, possumus! Sin
olvidar que "la conversión es cosa de un instante. La
santificación es obra de toda la vida" (Camino, n. 285).
5. Tozudez sobrenatural: "donde una puerta se
cierra, otra se abre".La lucha misma
es ya una victoria, porque Dios no pierde
batallas. "No nos engañemos: en la vida nuestra, si contamos con brío y
con victorias, deberemos contar con decaimientos y con derrotas. Esa ha
sido siempre la peregrinación terrena del cristiano,
también la de los que veneramos en los altares" (Es Cristo que pasa, n. 76). "En este torneo de
amor no deben entristecernos las caídas, ni aun las caídas graves, si acudimos
a Dios con dolor y buen propósito en el sacramento de la Penitencia. El cristiano no es un maníaco coleccionista de una
hoja de servicios inmaculada" (ibid., n. 75). "Aprende a sacar, de
las caídas, impulso: de la muerte,
vida" (Camino, n. 211).
6. Sólo los cobardes que no
entran en la batalla no sufren heridas o cansancio. La belleza de un
cacharro de barro con lañas: sinceridad con el buen pastor y esperanza
inquebrantable.
7- Cualquier deporte supone
renuncias, sacrificio (cfr. 1 Cor 9,25). También la alegre
lucha por ser santos. La renuncia a
las cosas de la tierra, por Amor, es algo positivo: es libertad de corazón, agilidad, para ascender gozosos hasta
las cumbres del amor. "Yo quiero (...) ver al hombre verdaderamente libre,
que no está atado a las cosas que
brillan sin valor, como las baratijas que
recoge la urraca. Ese hombre sabe prescindir de lo que produce daño a su alma, y se da cuenta de que el
sacrificio es sólo aparente: porque
al vivir así -con sacrificio- se libra de muchas esclavitudes y logra, en lo íntimo de su corazón, saborear todo
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el amor de Dios" (Amigos de Dios, n. 84; Ver n. 114 y
contexto).
8. Descubrir en la oración, con
la gracia de Dios, las pequeñas ligaduras -el hilillo sutil (cfr. Camino, n. 170)- que impide avanzar, remontar el vuelo. Dios premia la
generosidad de cortarlo llenando de
alegría nuestro corazón.
II. Santo Rosario
1. La oración tan querida de la
Santísima Virgen y recomendada por los Romanos Pontífices. Medio maravilloso
para amar a Nuestra
Madre: rezar "bien el Rosario de Nuestra Señora" (Santo Rosario, Introducción). Es nuestra oración a María
y con María, "para meditar, junto
con Ella, los misterios que Ella, como Madre, meditaba en su corazón (cfr. Lc 2,19), y sigue meditando, sigue considerando. Porque esos son los misterios
de la vida eterna" (Juan Pablo
II, Homilía, 21 -X-79). Es aconsejable hacer una breve pausa -de tres o cuatro segundos- después de enunciar cada misterio, para facilitar su contemplación.
La Norma diaria del rezo del
Santo Rosario consiste en la recitación de una sola parte -los cinco
misterios correspondientes al día-, y la brevísima meditación de los diez misterios que no se rezan vocalmente. Naturalmente, como
devoción personal, no hay inconveniente en rezar las tres partes del Rosario
cuando se desee.
Para la contemplación de los
misterios que no se rezan vocalmente en el día, "se trata de decir diez
jaculatorias, una por
cada misterio: preferiblemente, cinco por la mañana y cinco por la
tarde. Basta una breve consideración del misterio, que dé lugar a unas palabras
-con el corazón, internamente-: una jaculatoria que puede ser un texto de la
Sagrada Escritura, una jaculatoria ya
conocida, o cualquier otra cosa que venga a la mente y al corazón en aquel momento. No importa que sea
siempre lo mismo: lo importante es
que hagamos diariamente un poco de oración sobre los misterios del
rosario" (De nuestro Padre). Si algún día,
al hacer el examen de la noche, se ve que se ha olvidado la meditación de esos misterios, se formula el
propósito de cumplirla al día siguiente, pero ese día ya no se hace. En cambio,
si el olvido fuese del rezo de la parte del día, se reza después del examen,
a no ser que el Director indique otra cosa, por razón de enfermedad o de alguna circunstancia
extraordinaria.
III. Patronos de la Obra: labores encomendadas
Los Patronos de la Obra son los
que invocamos en las Preces: los tres Arcángeles, San Miguel, San Gabriel y San
Rafael; y los tres Apóstoles, San Pedro, San Pablo y San Juan.
A San Miguel y San Pedro
encomendamos tanto las tareas de formación de los Numerarios y Agregados y la
de sostener y mejorar su espíritu, como los trabajos apostólicos que
desarrollan. Llamamos a esta labor obra de San Miguel. A San Gabriel y San Pablo,
se encomienda la misma labor, pero referida a los Supernumerarios.
Llamamos a esta labor obra de San Gabriel. Y a San Rafael y San
Juan se encomienda el apostolado de los miembros de la Obra
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con la juventud (obra de San Rafael).
La Santísima Virgen y San José,
Patronos de toda la Obra. A San José le encomendamos especialmente
las vocaciones.
Trato asiduo con nuestros Patronos.
Como es natural, también
encomendamos privadamente a nuestro Padre todas nuestras intenciones y
labores.
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