APARTADO II Charla nº 20
I. Corrección fraterna
II. Mortificación corporal y rezo de la
Salve o Regina Coeli, los sábados
III. Costumbres. Devoción a la Sagrada
Eucaristía
I.
Corrección fraterna
1. Querer de verdad a nuestros hermanos es ayudarles
a ser santos; querer como Dios quiere: tal
como cada uno es, pero luchando con
sus defectos. La caridad -cariño humano y sobrenatural- nos obliga a ayudar a nuestros hermanos en su camino hacia la santidad: con la oración, con el
sacrificio, con el ejemplo, y con la
corrección fraterna. La corrección fraterna es, con la Charla y la confesión, un medio importantísimo de dirección
espiritual personal, de santificación, que tiene raigambre evangélica (cfr. Lc 17,1; Gal 6,1-3).
La corrección fraterna es la advertencia, llena de
delicadeza y de sentido sobrenatural, con la que se procura apartar a un
miembro de la Obra de algún hábito ajeno a nuestro espíritu.
"No os olvidéis de que
cada uno de vosotros, además de ser oveja que está en este
redil, de algún modo es también Buen Pastor. Porque es deber de todos, y no
sólo de los Directores o Directoras y de los sacerdotes, ejercer una
dirección espiritual, prudente y a veces heroica, con los hermanos que
tiene alrededor, Bonus Pastor animam suam dat pro ovibus suis (Ion 10,11), el Buen Pastor da la vida por
sus ovejas. Daréis vuestra vida, como buenos
pastores de vuestros hermanos, preocupándoos unos de otros con caridad, ejerciendo la corrección fraterna,
cumpliendo con amor aquel mandato del
Señor: compelle intrare (Lc 14,23), ayudándoles
a. seguir con alegría el camino de su
dedicación al servicio de Dios" (De nuestro Padre).
4- La consulta al Director no es en modo alguno
delación -nada más lejos de nuestro
espíritu-, sino norma de prudencia sobrenatural y humana, que garantiza
la oportunidad y eficacia divina de la
corrección fraterna.
5- Las materias de la corrección fraterna son:
Los hábitos que, en contra del
espíritu o de las Normas y Costumbres del Opus Dei, adquiera alguno de los
miembros.
Los detalles referentes al
comportamiento social, al modo de trabajar, a la educación, etc., que
desdigan del tono sobrenatural y humano de la Obra.
Las faltas aisladas de un
miembro, pero sólo en el caso de que puedan acarrear un grave perjuicio a
su alma, a la Iglesia, o a la Obra.
6. Antes
de consultar la corrección fraterna al Director, se debe pensar el
asunto en la presencia de Dios y preguntarse si aquel defecto no estará más
bien en nosotros que en quien nos parece haberlo visto, y en la duda
sobre la objetividad de la propia apreciación, se consulta siempre. Se
encomienda a aquel hermano nuestro y se procura hacer por él alguna
pequeña mortifica-
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ción. Así, con total rectitud
de intención y con delicadeza extrema -pero de modo que se entienda bien- se
hace la corrección fraterna, en privado. Después, se comunica que se ha hecho,
al Director; y se olvida. La prontitud en la corrección fraterna es muy
importante para su eficacia.
7- "El que hace o recibe
la corrección fraterna, que es siempre eficaz si se cumple lo que está
dispuesto, no debe olvidar que esa norma de nuestra vida espiritual es caridad
de Cristo, cariño humano; y que, a veces, tanto para el que la
hace como para el que la escucha, es heroica" (De nuestro
Padre).
8. Hemos de recibir la
corrección fraterna con profundo agradecimiento; así, además,
facilitamos que nos hagan todas las necesarias. Llevarla a la
oración y a la Charla, para que se traduzca en propósitos de lucha ascética.
9. Las falsas razones para no
cumplir ese hermoso deber de caridad y de justicia: la propia
inexperiencia; los propios defectos; el temor a contristar, etc.
10. "Cuando hacéis la
corrección fraterna, además de vivir la caridad con vuestros
hermanos, estáis amando a la Obra, porque la santificáis" (De
nuestro Padre). "¡Bendita corrección fraterna! ¡Cuánto contribuye a
hacer alegre y amable el camino de la santidad, saber que nos
quieren; que rezan por nosotros; que nos dicen las cosas
noblemente, a la cara, para ayudarnos; que sufren si sufrimos!" (De
nuestro Padre).
II. Mortificación corporal y rezo de la
Salve o Regina Coeli, los sábados
El sábado es,
tradicionalmente, un día especialmente mariano. Para mejor expresar nuestro
cariño a la Santísima Virgen, en la Obra es una Norma ofrecerle:
Una mortificación corporal, que
-cuando se vive en familia- consiste en suprimir la merienda, o en
otra equivalente, fijada por los Directores. Cuando se vive con otras
personas ajenas a la Obra, por ejemplo, en una Residencia de estudiantes, cada
uno -de acuerdo con el Director- puede hacer una mortificación distinta
para no llamar la atención de quienes conviven con ellos.
El canto o rezo de la Salve, o
-durante el tiempo pascual- del Regina Coeli, que suele hacerse
después de la bendición con el Santísimo, en nuestros Centros.
III. Costumbres. Devoción a la Sagrada
Eucaristía
1. Amor con amor se paga.
"Hay que tratar a Jesucristo en la Eucaristía y en la oración,
en la palabra y en el Pan, amando su Humanidad Santísima,
tratándole como se trata a un amigo. Las madres aman el alma y el
cuerpo de su hijo: el hijo entero. Yo os quiero también enteros, como os
quieren vuestras madres. Así entenderéis la conveniencia de amar la Divinidad y
la Humanidad de Jesús. Tenéis que enamoraros de la Santísima Humanidad de
Cristo"
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(De nuestro Padre).
2. En nuestros Centros, se
tiene Exposición solemne durante la semana siguiente al Corpus Christi, y en
otras fiestas durante el año.
3. El primer viernes de mes, en nuestros Centros, se
tiene vela al Santísimo o un cuarto de hora de oración por la noche.
4. El himno Adoro Te devote:
En todos los Centros de la Obra
donde se haga el jueves
la meditación de la mañana ante el Santísimo expuesto -aunque sea con la puerta
de cristal del sagrario-, los asistentes
rezan o, mejor, cantan el himno Adoro Te devote. Los demás procuran
rezarlo personalmente a cualquier hora del día.
Además, todos .hemos de llevar
ese himno a la oración
de la mañana o de la tarde del jueves.
Esta Costumbre ha nacido como
una expresión de nuestra devoción a la Santísima Eucaristía, ante circunstancias de
confusionismo, y fue establecida para siempre por nuestro Padre.
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