APARTADO II Charla n° 5
I. El trabajo y las circunstancias de la vida
ordinaria, medios de santificación
II. Plan de vida: ofrecimiento de obras
III. Comentario a las Preces (I)
I. El trabajo
y las circunstancias de la vida ordinaria, medios de santificación
El hombre ha sido creado ut
operaretur (Gen
2,15)- "Tenemos una enfermedad crónica en el Opus Dei, que es el trabajo.
Una enfermedad contagiosa, incurable y progresiva" (De nuestro Padre).
El trabajo es el quicio, el eje
de nuestra santificación. "Vuestra vocación humana es parte, y parte
importante, de vuestra vocación divina" (Es Cristo que pasa, n.
46). Vocación divina y vocación humanase entrecruzan en unidad de vida.
El conjunto de aptitudes y circunstancias personales que determinan la
vocación humana es asumido por la vocación divina, que la penetra
e ilumina, manifestando su íntimo sentido sobrenatural. El trabajo
es medio, camino y materia de la santidad que el Señor nos
pide. Santificar la profesión, santificarse en la profesión, santificar
con la profesión.
Para santificar la profesión,
hemos de realizar el trabajo "con perfección humana y con perfección cristiana"
(Conversaciones , n. 10): es decir, con
competencia profesional y por amor a la Voluntad de Dios y en servicio de los
hombres.
a) Parte esencial de la santificación del trabajo ordinario es la buena realización del trabajo
mismo, la perfección también humana,
el buen cumplimiento de todas las obligaciones profesionales y sociales.
"No podemos ofrecer al Señor algo que, dentro
de las pobres limitaciones humanas, no sea perfecto, sin tacha, efectuado atentamente también en los
mínimos detalles (...) el trabajo de cada uno, esa labor que ocupa nuestras
jornadas y energías, ha de ser una ofrenda digna para el Creador, operatio Dei,
trabajo de Dios y para Dios: en una palabra, un quehacer cumplido,
impecable" (Amigos de Dios, n. 55).
No ser chapuceros. Acabar las
cosas. "De modo que si un zapatero arregla bien los zapatos, puede ser del
Opus Dei; si los arregla
mal, no puede ser del Opus Dei. Y un profesor, si enseña bien, puede ser del Opus Dei. Y un comerciante, un
industrial, un obrero del campo o de
una fábrica; un guardia de la circulación o un guardia suizo, lo mismo"
(De nuestro Padre).
b) "Pon un motivo sobrenatural a tu ordinaria labor profesional, y habrás santificado el trabajo"
(Camino, n. 359)- Hacerlo todo para
la gloria de Dios (cfr. 1 Cor 10,31). "El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena
al amor" (Es Cristo que pasa, n.
48). Trabajar y vivir con afán de servicio: "Servir a Dios, y por amor a Dios, servir con amor a todas las criaturas de la tierra, sin distinción de
lenguas, de razas, de naciones o de
creencias; sin hacer ninguna de esas diferencias que los hombres, con más o menos falsía, señalan en la vida de la sociedad" (De nuestro Padre).
c) El trabajo es ocasión de actualizar las virtudes
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cristianas: la fe, la esperanza, la caridad; la
prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza; la humildad y el
desprendimiento verdadero de los bienes temporales y de las glorias humanas .
De este modo, el trabajo es oración cuajada en obras, diálogo incesante con nuestro
Padre Dios, que se nutre de las más diversas
incidencias de la tarea diaria.
No se santificaría el trabajo
si no fuese anzuelo para pescar almas. "El trabajo profesional es
también apostolado, ocasión de entrega a los demás hombres, para revelarles a Cristo y llevarles hacia Dios Padre, consecuencia de la
caridad que el Espíritu Santo derrama
en las almas" (Es Cristo que pasa, n. 49).
La santificación del trabajo y
de las circunstancias en la vida ordinaria supone el esfuerzo por
conseguir un orden que permita el máximo aprovechamiento del tiempo,
para dar a Dios toda
la gloria posible. A quien le sobrara tiempo, le sobraría también tibieza. El orden permite la
compatibilidad del estudio y el
trabajo con el cumplimiento fiel y sosegado de la Normas; y también con los encargos internos, que deben
realizarse con sentido sobrenatural y
mentalidad profesional.
II.
Plan de vida: ofrecimiento de obras
Comenzamos la jornada con el
ofrecimiento de obras: después de levantarnos puntualmente, viviendo el minuto heroico, hacemos una ofrenda de amor y de servicio
-serviam! -, de todo cuanto somos y
podemos.
Es recomenzar una vez más, con
ilusión nueva, la lucha por la santidad. Besar el suelo -o hacer una
inclinación profunda, puestos de rodillas-, y decir serviam!: manifestación de
humildad y de deseo de servicio.
Momento para recordar los
propósitos del examen de la noche anterior.
Conveniencia de renovar el
ofrecimiento frecuentemente a lo largo del día.
III.
Comentario a las
Preces (I)
Las Preces son una oración de
toda la Obra, la oración oficial de la Obra, que reza con la boca y el
corazón de sus miembros; por lo tanto, de gran fuerza delante de Dios.
Ningún miembro de la Obra ha de dejar de rezarlas diariamente.
Se rezan en latín, con pronunciación romana, para reforzar aún más la unidad. Es también una industria
humana eficaz para actualizar y agradecer a Dios los estrechos vínculos sobrenaturales que nos unen a todos nuestros hermanos
de las más diversas lenguas.
3- Poner mucho amor. A nuestro
Padre le dolía mucho cualquier distracción. Rezarlas con pausa y atención.
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