APARTADO III Charla nº 7
Nuestra vocación es única
Pertenecemos al Opus Del personas muy diversas: sacerdotes y laicos, hombres y
mujeres, solteros, casados y viudos, sanos y enfermos... Sin
embargo, todos, sin excepción, tenemos el mismo alimento espiritual,
porque la vocación es única: una sola llamada que se
adapta a todos los caracteres, a los diversos modos de ser y de
estar en el mundo. Todos tenemos la misma obligación de
santificarnos, a través de las circunstancias ordinarias en
que se desenvuelve la vida de cada uno.
No hay diferentes clases de
miembros (Numerarios, Agregados, Supernumerarios), sino circunstancias
personales distintas, en las que hemos de
vivir idéntico espíritu.
3. La unidad de vocación no
nos uniforma, porque el camino es amplísimo: "Dentro de esta gran
carretera, ancha, que es el espíritu del Opus Del, cada uno tiene
su propio camino personal, que debe recorrer facilitando
generosamente la acción del Espíritu Santo en su alma. Nadie puede pretender que
los demás sigan sus mismos pasos: cada uno
anda a su manera. Lo importante es tener el corazón en Dios, del todo y sin
condiciones, no salirse de la
carretera y poner empeño en ir hacia; adelante" (De nuestro Padre). Unidad y variedad (cfr. Camino, n. 947). "El
camino de la santidad no es un túnel
encarcelados, un molde de acero. El camino es ancho y se puede recorrer
de muchas maneras: andando, corriendo, en
bicicleta o en coche; pararse a la derecha o a la izquierda, con tal de no salirse del canino"
(De nuestro Padre). "Evitamos la uniformidad, hasta en los más pequeños detalles materiales. Por eso, cuidamos de no crear un
dialecto interno: ¡hablamos como
todo el mundo!” (De nuestro Padre).
Una consecuencia de esa maravillosa unidad en la
variedad, es que "En el Opus Dei no hay
más que una doctrina para todos: un
mismo puchero. Cada uno, según su necesidad, toma del puchero común lo
que le haga falta, pero la substancia, el alimento, es siempre el mismo" (De nuestro Padre). "Hijos míos, nosotros somos una familia sana y, por tanto, no tenemos más que un
puchero. Sólo en las familias donde hay enfermos, han de preparar comidas distintas. Tenemos un solo alimento, un
solo puchero: es necesario decir a todos lo mismo, porque la Obra es para las
almas, y todas las almas tienen la misma posibilidad para santificarse, con el espíritu y las Normas de vida en la
Obra" (De nuestro Padre).
Los sacerdotes de la
Prelatura (Numerarios y Agregados) tampoco forman una clase de
miembros distinta: son "un pequeño tanto por
ciento", respecto a los demás miembros del Opus Dei.
Y los sacerdotes Agregados y Supernumerarios socios de la Sociedad
Sacerdotal de la Santa Cruz, viven también el mismo espíritu
de la Obra.
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Tenemos la misma vocación,
el mismo espíritu, y por tanto, idéntica responsabilidad de hacer el Opus Del en la tierra, porque la Obra somos
todos y es de todos. "La Obra pide a todos sus miembros una personal dedicación,
libre, responsable, completa. No podemos
decir que en el Opus Dei hay distintas clases de miembros: una sola clase, pero con dedicación completa" (De nuestro Padre).
"Los que habéis sido llamados al Opus Dei como Supernumerarios:
estáis con una vocación idéntica a la mía. En el Opus Dei no Hay más que una
vocación, que no nos hace cambiar de estado (...).
Hijas e hijos míos, si
vosotros y yo hemos recibido la misma vocación, acomodada
al estado de cada uno, tenemos que poner
todos el hombro. No vaya a ser que yo hable, predique, dejándome
la vida a pedazos por el mundo -lo hago muy a gusto-, y vosotros estéis tranquilitos
en casa... ¡Qué monos! ¡Ah, no! Aquí torea todo el mundo. ¡Todos
al ruedo! ¡El toro lo hemos de torear todos!
De modo que haced vuestro examen de conciencia. Si no sacáis
tiempo... ¡No tengo tiempo!: ésos son los que me
interesan, los que no tienen tiempo. Los que tienen tiempo son unos
vagos que
no sirven para nada. Los que no tenéis tiempo, lo sacareis para servir a Dios" (De nuestro Padre).
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