PRIMERA
PARTE: SOBRE LA PROFESIÓN DE FE O CREDO
1. LA EXISTENCIA DE DIOS
1. Conocimiento natural de Dios a partir de las criaturas
a) La Iglesia "mantiene y enseña que
Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza a partir de las cosas
creadas, mediante la luz natural de la razón humana" (Catecismo,
36).
b) Como el conocimiento de Dios compromete
toda la vida y su sentido, no se trata de una tarea simplemente intelectual, sino al mismo tiempo de un
empeño moral: es necesario
querer conocer a Dios. Si faltan las rectas disposiciones morales, se puede olvidar o rechazar a Dios (cfr. Catecismo, 30).
c) El hombre que busca a Dios descubre ciertas «vías» o
«pruebas de la existencia de Dios»: "no
en el sentido de las pruebas propias de las ciencias naturales, sino en el de «argumentos convergentes y convincentes» que
permiten llegar a verdaderas certezas"
(Catecismo, 31).
Estas vías "tienen como punto de partida la creación: el mundo material y la
persona humana" (ibidem)1.
2. Del mundo material a Dios
a) "A partir del movimiento y del devenir, de la contingencia, del orden y de la belleza del mundo se puede conocer a Dios como origen y fin del universo" (Catecismo, 32)2.
1 .No se trata de pruebas físicas sino
metafísicas (del griego "meta" = "más allá de"; y "physis" = "naturaleza").
En estas pruebas, la inteligencia parte de la naturaleza para llegar a afirmar
con certeza la existencia de alguien que está más allá de la naturaleza: Dios.
2 Es importante remarcar esta idea. Hay cosas que se conocen sin que por
ello sean demostrables (demostrar es llegar desde unas premisas ya conocidas a
una verdad antes desconocida), pues se conocen en virtud de una evidencia
directa (por ejemplo, la propia existencia de cada uno); pero este no es el
caso de nuestro conocimiento de la existencia de Dios, durante la vida terrena.
Ahora bien, es una verdad de fe la posibilidad del conocimiento natural de Dios
(cfr. CONCILIO VATICANO I, Const. Dei Filius: DS 3004); a su vez, la demostrabilidad
de la existencia de Dios a partir de las cosas creadas es una verdad próxima a
la fe, pues si se niega la demostrabilidad, se
terminaría negando la posibilidad del conocimiento de Dios.
12
b) Entre las pruebas de este género destacan las «cinco vías» de Santo Tomás de Aquino3.
— La primera vía se funda en el movimiento, entendido en el sentido amplio
de "cambio". Se parte de la constatación de que todo lo que se mueve
es movido por otro; pero no es posible remontarse hasta el
infinito en la cadena de los que mueven (o "motores"),
pues no habría razón del movimiento; por tanto, se debe afirmar que hay un "primer motor" que mueve a los demás y que no es movido por
nadie: está más allá del mundo del cambio. Este es Dios.
— La segunda vía parte de la constatación de que todo efecto tiene una
causa, y que no hay nada en el mundo material que sea causa de sí mismo. Pero
no puede haber una serie infinita de causas, sino que se ha de llegar a una causa
primera, pues de lo contrario no habría
ninguna causa intermedia ni ningún efecto. Esta causa primera es Dios.
— La tercera vía parte de que todo lo que existe en el mundo es
contingente (es decir, podría no existir), y si pudo no ser,
alguna vez no fue (porque sería contradictorio que algo
pudiera no ser y a la vez existiera siempre)4. Por tanto, para que
haya seres contingentes —como los hay—, debe haber uno
necesario por sí mismo y no por otro. Este ser
absolutamente necesario es Dios.
— La cuarta vía "considera los grados de perfección que hay en las
cosas. Vemos en los seres que unos son más o menos
buenos, verdaderos y nobles que otros (...). Pero el más y el menos se atribuye a las cosas según su diversa
proximidad a lo máximo (...). Por
tanto, ha de existir algo que sea verísimo,
nobilísimo y óptimo, y por ello ser supremo [máxime ens] (...). Ahora bien, lo máximo en cualquier género es causa de todos los que son
de aquél género. Existe, por consiguiente, algo que es para todas las cosas causa de su ser, de su bondad y de todas
sus perfecciones: y le llamamos Dios"5.
— La quinta vía parte del orden que se observa en el mundo, y
especialmente de la finalidad que se advierte en los seres
vivos6. "Vemos, en efecto, que cosas que carecen de conocimiento, como los cuerpos naturales, obran por un fin, como
se comprueba observando que siempre, o casi siempre, obran
de la misma manera para conseguir lo que más les
conviene; por donde se comprende que no van a su fin obrando al acaso, sino intencionadamente. Ahora bien, lo que carece de conocimiento no
tiende a un fin sino lo dirige alguien que entienda y conozca,
a la manera como el arquero dirige la flecha.
3 Cfr. SANTO TOMAS DE AQUINO, Summa Theologiae, I,
q.2, a.3. A continuación se resumen estas vías, de modo
sencillo, pero es preferible acudir al texto original, más rico y preciso, si
los alumnos están en condiciones de entenderlo. También es importante aclarar
que no se trata de unas demostraciones matemáticas de la existencia de Dios.
Además, una argumentación matemática se restringe a un cierto sector de la
realidad, y puede ser muy clara, pero no por ello es más verdadera que una
argumentación metafísica. Para captar la fuerza probativa de estas vías se
requiere una cierta formación filosófica y capacidad de abstracción. Conviene
por tanto, al explicarlas, evitar caer en dos extremos: presentar como
evidencias inmediatas unos argumentos que no son tales, o desacreditarlos por
la dificultad que se encuentra en su comprensión. Es importante adaptar la
explicación de las vías a la capacidad de los oyentes (no hay que explicarlas
todas necesariamente): se puede aprovechar la facilidad que encuentren el
profesor o los alumnos en alguna o algunas de ellas. Puede ser útil consultar
un buen manual de "Teología natural".
4 Esto, que se dice de modo sencillo, puede ser difícil de comprender,
pues supone otras cosas que se dan por sobreentendidas (cfr.
SANTO TOMAS DE AQUINO, Summa
Theologiae, I, q.2, a.3; puede
consultarse también, si interesa, los apuntes para las clases de Teología
natural y De Deo Uno, o un buen manual de estas
asignaturas).
5 SANTO TOMAS DE AQUINO, Summa Theologiae, I, q.2,
a.3, c.
6 Por ejemplo, en cualquier animal se ve que los diferentes órganos están
organizados entre sí en función de un fin, que es el bien de ese animal.
13
Luego existe un ser inteligente que dirige todas las cosas naturales a su fin, y a éste llamamos Dios"7.
c) La enseñanza de que la inteligencia humana puede llegar desde las criaturas al Creador está contenida en la Sagrada Escritura (cfr. Sab 13,1-5 y Rom l, 19-23)8.
3. Del espíritu humano a Dios
a) En su apertura a la verdad y a la belleza, en su sentido del bien moral, en su libertad y la voz de su conciencia, en su aspiración al infinito y a la dicha, el hombre "percibe signos de su alma espiritual" (Catecismo, 33). Al ser irreductible a la sola materia9, su alma "no puede tener origen más que en Dios" (Catecismo, 33).
— Este camino para llegar a conocer la existencia de Dios a partir de la naturaleza espiritual del hombre, comienza por reconocer la existencia misma del espíritu humano, que trasciende la materia10, pero que es finito; de ahí llega a afirmar la existencia necesaria de Dios, Espíritu infinito11.
b) También se puede decir que:
—el deseo natural de felicidad, que ningún bien creado puede saciar, conduce a reconocer a Dios como Sumo Bien y Causa de todo otro bien. "El deseo de Dios está
7 SANTO TOMAS DE AQUINO, Summa Theologiae, I, q.2, a.3. Esta prueba se ha citado
textualmente sólo porque es quizá la más asequible para personas que aún no
tienen una buena formación intelectual. En efecto, cualquier persona advierte
que si una máquina funciona es porque alguien, una persona inteligente, ha
dispuesto las piezas con un orden determinado; y, por lo mismo, que el orden
admirable que se observa en el mundo —y que no ha sido hecho por el hombre—, ha
de tener un autor inteligente. Si el mundo es inteligible —es decir, si tiene
una "lógica" que advertimos, por ejemplo, en las leyes físicas— es
porque existe "alguien inteligente" que es autor de ese orden. Esta
Inteligencia ordenadora es también creadora del ser.
8 "Vanos son por naturaleza los hombres en quienes hay desconocimiento
de Dios, que por los bienes visibles no supieron conocer al que es, ni por la
consideración de las obras reconocieron al artífice; sino
que al fuego, al viento, al aire veloz, o al círculo de los astros o al agua
impetuosa, o a las lumbreras del cielo tomaron por dioses rectores del
universo. Si, encantados por su hermosura, tomaron esas cosas por dioses,
conozcan cuánto más hermoso es el Soberano de todas ellas, pues el autor de la
belleza es quien las creó. Si quedaron sobrecogidos ante su poder y actividad,
comprendan por ellas cuánto más poderoso es quien las
formó. Pues partiendo de la grandeza y hermosura de las criaturas, se puede
conocer a su Hacedor" (Sab 13,1-5).
"Desde la creación del mundo, las perfecciones invisibles de Dios,
su eterno poder y su divinidad, son cognoscibles a través de sus obras, de
suerte que ellos son inexcusables" (Rom 1,20).
9 Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. Gaudium et spes,
18.
10 La espiritualidad del alma humana se trata en el tema 6. Aquí es
suficiente señalar la experiencia común de que la persona humana tiene una
dimensión espiritual, es un ser esencialmente meta-físico (es decir, que
trasciende la naturaleza física). Esto se puede
ilustrar de modo sencillo con el fenómeno del lenguaje humano. Cada vez que
hablamos, por ejemplo sobre un tema científico, estamos transformando un sonido
(físico) en sentido (algo que está más allá de lo físico, metafísico). En esta operación, el que habla y el que escucha no se
comportan como simples aparatos materiales que emiten o reciben señales, sino
que tienen conciencia de lo que están haciendo ellos mismos, lo refieren a su "yo". Esto sólo es posible por la
presencia de una realidad espiritual en el hombre: el almahumana.
11 En síntesis, se puede explicar que el espíritu humano, a pesar de
trascender la naturaleza física, es consciente de su propia finitud. Todo lo
que percibe en el mundo puede referirlo a sí mismo como a un centro de
referencia, pero a la vez advierte que él no se ha puesto a sí mismo, y
concluye que debe haber sido puesto por Otro.
También se puede llegar a lo mismo partiendo de la experiencia de la
propia libertad que, siendo verdadera
libertad, sin embargo es una libertad limitada y finita, que no tiene su razón
de ser en sí misma. El hombre que experimenta esta libertad capta que tiene que
haberla recibido de Alguien cuya libertad sea infinita, absoluta y propiamente
creativa; Alguien que no tiene razón de ser fuera de Él mismo, sino en Sí
mismo.
14
inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios (...) y sólo en Dios encontrará la verdad y la dicha que no cesa de buscar" (Catecismo,
27);
— la existencia de una la ley natural, que se manifiesta por la convicción espontánea de la diferencia entre el bien y el mal, y de la obligación de hacer el bien, conduce a reconocer a Dios como Suma Verdad, Sumo Bien y Supremo Legislador.
4. La posibilidad de negar a Dios: causas morales e intelectuales del ateísmo
a)
El
hombre no capta la existencia de Dios como una evidencia inmediata, y puede no querer reconocer a Dios e
impedir que su entendimiento llegue a la verdad (cfr.
Catecismo, 37). Sin embargo, el ateísmo —que niega la
existencia de Dios—, no es nunca una postura razonable, porque la razón puede llegar a demostrar que
Dios existe y porque el hombre sin Dios no
consigue dar una respuesta definitiva a los problemas últimos de la existencia12. "En cuanto rechaza o niega la
existencia de Dios, el ateísmo es un pecado contra la virtud de la
religión (cfr. Rom
1,18)" (Catecismo, 2125).
b)
"Con frecuencia
el ateísmo se funda en una concepción falsa de la autonomía humana, llevada hasta el rechazo de toda dependencia
respecto a Dios13. Sin embargo, el reconocimiento de Dios no se opone en ningún modo a la dignidad del
hombre, ya que esta dignidad se
funda y se perfecciona en el mismo Dios" (Catecismo, 2126).
— Otra forma de ateísmo se basa en la idea de que la religión es un obstáculo para el progreso "porque, al orientar la esperanza del hombre hacia una vida futura ilusoria, lo apartaría de la construcción de la ciudad terrena"14. Pero esto es falso, porque "el mensaje cristiano no aparta a los hombres de la edificación del mundo ni los lleva a despreocuparse del bien ajeno, sino que, al contrario, les impone como deber el hacerlo"15.
c) El agnosticismo pretende sostener que es imposible afirmar o negar la existencia de Dios. Esto "equivale con mucha frecuencia a un ateísmo práctico" (Catecismo, 2128). Generalmente procede de un indiferentismo voluntario: "una huida ante la cuestión última de la existencia, y una pereza de la conciencia moral" (ibidem). La Sagrada Escritura enseña que Dios "quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (I Tim 2,4).
5. Religión natural y religión revelada
a) La Religión (de re-ligare) es el conjunto de creencias, normas de conducta y actos de culto que manifiestan el vínculo del hombre con Dios. Es, pues, una realidad objetiva, por serlo Dios, la criatura y la dependencia y ordenación de la criatura respecto
12 Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. Gaudium et spes, 19-21; Catecismo, 49.
13 Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const Gaudium et spes, 20.
14 Ibidem.
15 CONCILIO VATICANO II, Const Gaudium et spes, 34.
15
a Dios. No se reduce a un simple sentimiento subjetivo. La Religión es también una virtud que lleva a vivir personalmente de acuerdo con esa realidad objetiva que el hombre puede conocer con su sola razón natural16.
b) A lo largo de la historia, los hombres han expresado su búsqueda de Dios de modos diversos (creencias y comportamientos religiosos: oraciones, sacrificios, culto, etc.). A pesar de los errores y ambigüedades que pudieran tener estas formas de expresión, su universalidad da testimonio de que el hombre es un ser religioso (Catecismo, 28). Naturalmente está inclinado a conocer y a tratar a Dios, no al ateísmo ni al indiferentismo. Sin embargo, muchos factores17 influyen en el abandono de la búsqueda o en el rechazo de Dios (cfr. Catecismo, 30).
— En particular, para no pocas personas resulta difícil entender cómo es compatible la presencia del mal en el mundo —que es evidente— con la existencia de Dios (con su Bondad y su Omnipotencia). Esta cuestión sólo encuentra respuesta en el Cristianismo18 .
c)
"En
las condiciones históricas en que se encuentra, el hombre experimenta muchas dificultades para conocer a Dios
con la sola luz de su razón" (Catecismo,
37). Por esto,
Dios ha querido revelar al hombre "verdades religiosas y morales que de
suyo no son inaccesibles a la razón, a fin
de que puedan ser, en el estado actual del género humano, conocidas de
todos sin dificultad, con una certeza firme y sin mezcla de error" (Catecismo,
38)19.
d)
Además,
Dios ha querido revelar al hombre otras verdades que de suyo son inaccesibles a la razón humana
(verdades sobrenaturales); sobre todo, el misterio de la Santísima Trinidad. Esta Revelación,
comenzada en el Antiguo Testamento, ha alcanzado su plenitud con la venida de
Cristo (cfr. Catecismo,
50). La religión cristiana no consiste sólo en una
búsqueda que parte del hombre, sino que es Dios quien ha tomado —y toma— la iniciativa: se revela y se da al hombre.
16 La Religión exige por tanto a vivir de acuerdo con la ley moral natural
(cfr. tema 26, n.2). Esto,
por lo que se refiere a las relaciones con Dios, lleva a rendirle el homenaje
que sólo a Él se debe (cfr. Catecismo, 2095): a darle culto interno y externo (adoración,
sacrificio, oración), y también público (de la sociedad en cuanto tal).
17 Por ejemplo, la ignorancia, la rebelión contra el mal en el mundo, la
indiferencia religiosa de muchos y el mal ejemplo de algunos creyentes, el afán
desmedido de bienestar material, y la actitud del hombre pecador que se esconde de Dios por miedo o para
justificar su conducta, y huye ante su llamada, etc. (cfr.
Catecismo, 29)
18 El el tema 6 se trata de nuevo este punto al hablar de la
Providencia divina. Aquí es suficiente señalar que Dios ha creado un mundo
bueno, y que nos ha destinado a una felicidad eterna (en el Cielo no hay mal). Dios no quiere el mal, pero ha creado al hombre libre y
respeta nuestra libertad. El mal ha entrado en el mundo como consecuencia del
pecado. Sin embargo ha sido ocasión para que se manifestara la grandeza de la
Bondad y Omnipotencia divinas. Dios Hijo se ha hecho hombre y ha sufrido
voluntariamente las consecuencias del pecado: el dolor y la muerte. De este
modo nos ha reconciliado con el Padre y nos ha abierto de nuevo la entrada en
la gloria. Para llegar ahí hemos de recorrer el mismo camino (con la gracia del
Espíritu Santo): el dolor es ahora —como el dolor de Cristo— un medio para amar
y unir nuestra voluntad humana a la Voluntad divina: "Esta ha sido la gran
revolución cristiana: convertir el dolor en
sufrimiento fecundo; hacer, de un mal, un bien. Hemos
despojado al diablo de esa arma...; y,
con ella, conquistamos la eternidad" (Surco,
887).
19 Cfr. PÍO XII, Enc. Humani generis: DS 3876; CONCILIO VATICANO I: DS 3005. CONCILIO
VATICANO II, Const. Dei Verbum, 6;
SANTO TOMAS DE AQUINO, Summa Theologiae, I,
q.l, a.l.
16
6. Sólo hay una Religión verdadera
a)
"No
hay más que un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para el
cual somos; y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por el
cual somos nosotros"
(I Cor 8,6). "A Dios
nadie lo ha visto jamás; el Hijo único que está en
el seno del Padre, El lo ha revelado" (loann 1,18; cfr. Mt 11,27). Por medio de Jesucristo, Verbo encarnado, "Dios se ha dado a
conocer del modo más completo; ha dicho a la humanidad quién es"20. Cristo es el único mediador
entre Dios y los hombres (cfr. I Tim
2,5). "Los hombres, pues, no pueden entrar en
comunión con Dios si no es por medio
de Cristo"21.
b)
Como hay un solo Dios verdadero, y un solo
mediador entre Dios y los hombres, hay una sola religión verdadera en la que se
encuentra la verdad completa y los medios
para llegar a la comunión con Dios (medios de salvación).
"La única verdadera Religión
subsiste en la Iglesia Católica y Apostólica"22. En las demás
religiones hay sólo una parte de la
verdad, junto con ignorancia y con errores (cfr. Catecismo, 28).
c)
"Todos
los hombres están obligados a buscar la verdad, sobre todo en lo que se refiere a Dios y a su Iglesia, y,
una vez conocida, a abrazarla y practicarla"23.
d)
El
apostolado adfidem es el apostolado con personas que no
conocen la verdadera
Religión, para atraerles a ella.
Bibliografía básica:
Catecismo de la Iglesia Católica, 27-49.
Lecturas recomendadas:
Cuadernos 1, (Sobre nuestra fe): "El conocimiento de Dios", pp. 21-32.
20 JUAN PABLO II, Enc. Redemptoris missio, (7-XII-1990), 5. Sobre la
Revelación sobrenatural, cfr. tema 2.
21 Ibídem.
22 CONCILIO VATICANO II, Declar. Dignitatis humanae,
1. En el terna 13 se expone esta verdad de
fe, y los "signos de su credibilidad" (que muestran que es razonable
creer en esta verdad).
"Cristo se ha proclamado Hijo de Dios, últimamente
unido al Padre, y, como tal, ha sido reconocido por los discípulos, confirmando
sus palabras con los milagros y su Resurrección. La Iglesia ofrece a los
hombres el Evangelio (...), que responde a las exigencias y aspiraciones del
corazón humano (...). La Iglesia no puede dejar de
proclamar que Jesús vino a revelar el rostro de Dios y alcanzar, mediante la
Cruz y la Resurrección, la salvación para todos los hombres" (JUAN PABLO
II, Enc. Redemptoris missio, (7-XII-1990), 11).
23 Ibidem.
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