10. LA PASIÓN Y LA MUERTE EN LA CRUZ
1. Jesucristo padeció y murió por nuestros pecados
a)
Como
consecuencia del pecado original, los hombres nacemos esclavos del pecado, del demonio y de la muerte131.
La Redención (que significa rescaté) sólo
podía venir de Dios. Los
hombres no temamos posibilidad alguna de reparar por nosotros mismos y satisfacer a la justicia
divina, ni podíamos merecer el perdón y alcanzar la gracia y la amistad con Dios132.
b)
La
Voluntad del Padre es que todos los hombres se salven (cfr.
I Tim 2,4). Por amor
nuestro, Dios Padre entregó a su Único Hijo (cfr. Ef 2,4-5; I loann 4,9-10). Cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió a su
Hijo Unigénito, para que, redimidos los hombres del pecado, fuéramos constituidos hijos de Dios (cfr.
Gal 4,5), partícipes de lavida divina de la Santísima Trinidad.
c)
Cristo,
"por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo... y por nuestra causa fue crucificado" (Credo):
—
El
pecado es desobediencia a la Voluntad divina. Para redimimos, Cristo se hizo
"obediente hasta la muerte y muerte de Cruz" (Philip 2,8).
Toda la vida de Cristo es cumplimiento de la Voluntad del Padre, y la entrega
de su vida en la Cruz es la suprema manifestación de su obediencia a la
Voluntad divina (cfr. Le 22,42; Catecismo, 606-607).
—
"Jesús, al
aceptar en su corazón humano el amor del Padre hacia los hombres «los amó hasta
el extremo» (Ioann
13,1)... aceptó libremente su pasión y su muerte por amor a su Padre y a los hombres que el Padre
quiere salvar" (Catecismo, 609).
131 Cfr. CONCILIO DE
TRENTO: DS 1521. Que los hombres nazcan "esclavos del pecado"
significa, entre otras cosas, que nacen con una inclinación a pecar, porque la
naturaleza humana ha quedado herida (aunque también están inclinados al bien,
porque la naturaleza no ha quedado totalmente corrompida).
"Esclavos del demonio" significa que el demonio tiene poder sobre los
hombres, ya que están inclinados a seguir sus tentaciones. "Esclavos de la
muerte" significa que, como consecuencia del pecado los hombres perdieron
el don de la inmortalidad y fueron condenados a la muerte, a la separación
entre el alma y el cuerpo.
132 En Teología se suele explicar esto diciendo que la ofensa hecha a Dios
por el pecado era, en cierta manera, infinita, por la dignidad del ofendido (Dios),
y que para reparar se requería una satisfacción también infinita que el hombre
no podía realizar.
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— El dolor y la muerte habían entrado en el mundo como justo castigo por el pecado. Cristo los asumió en su naturaleza humana para obedecer a la voluntad del Padre, y de este modo los transformó en medio para redimirnos. Sufrió los mayores dolores, tanto en el alma como en el cuerpo. El ofrecimiento de su vida tuvo valor infinito pues era la vida humana del Hijo de Dios.
2. El sacrificio del Calvario
a) Jesucristo anticipó en la Última Cena la ofrenda de su vida,
instituyendo la Santísima Eucaristía: "Este es mi Cuerpo
que será entregado por vosotros"
(Lc 22,19). "Esta es mi Sangre de la Alianza que será derramada por muchos para remisión
de los pecados" (Mt
26,28). La Eucaristía es "memorial" de
su sacrificio en la Cruz (cfr. I Cor 11,25)133.
Jesucristo instituyó a los Apóstoles como sacerdotes y les mandó: "Haced esto en conmemoración mía" (Le
22,19) (cfr. Catecismo,
610-611).
b) En la Cruz, Cristo se ofreció a sí mismo como víctima inmaculada a Dios
Padre por medio del Espíritu Santo (cfr.
Heb 9,14).
Jesucristo, Sacerdote y Víctima a la vez, realizó un
verdadero y perfecto sacrificio, pues
entregó su vida, en un acto de amor y obediencia a la
voluntad del Padre, y "se ofreció a Dios por nosotros en oblación y hostia de olor
suavísimo" (Ef
5,2; cfr. Catecismo,
613). "Este sacrificio es único, da plenitud y sobrepasa a todos los sacrificios (cfr. Heb 10,10)" (Catecismo, 614).
c) El Sacrificio de Cristo tiene "valor de redención y de reparación,
de expiación y de satisfacción" (Catecismo, 616), porque nos redime
(rescata) de la esclavitud del pecado, repara
(sana, levanta) la enfermedad o la caída del pecado, expía o sufre, en nuestro lugar, la pena del pecado, y satisface por la ofensa a Dios —la culpa
del pecado— reconciliándonos con Él.
— Lo que co