13. CREO EN LA SANTA IGLESIA CATÓLICA (II)

CREO EN LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS Y EN EL PERDÓN DE LOS PECADOS

1. Los fíeles: igualdad fundamental y diversidad

a)   Se llaman fieles todos los miembros de la Iglesia, desde el Papa hasta el último recién bautizado. Por tanto, "son fíeles cristianos aquellos que, incorporados a Cristo por el bautismo, se integran en el Pueblo de Dios y participan en consecuencia de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, cada uno según su propia condición, y están llamados a desempeñar la misión que Dios encomendó a la Iglesia en el mundo" (Catecismo, 871).

b)  Hay una igualdad radical de todos los fieles: por la gracia del Bautismo todos los cristianos están llamados a buscar la santidad y a hacer apostolado. Pero hay también una diferencia esencial entre clérigos y laicos, radicada en su participación esencialmente diversa en el sacerdocio de Cristo.

c)   Para edificar el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, el Espíritu Santo la ha provisto de "dones jerárquicos y carismáticos"153:

 

   "dones jerárquicos" significa que en la Iglesia hay unos miembros que, por don de Dios, constituyen la jerarquía154;

   "dones carismáticos" significa que en la Iglesia el Espíritu Santo concede sus gracias (o "carismas") de modo diverso a los diferentes miembros, para la edificación del Cuerpo de Cristo155.

153   CONCILIO VATICANO II, Const Lumen gentium, 4.

154   Son aquellos que han recibido —mediante el sacramento del Orden, en sus diversos grados—, el poder de enseñar, de santificar y de gobernar en nombre de Cristo y con su autoridad (cfr. Catecismo, 873).

155   A muchos les llama a santificarse y a cumplir la misión apostólica en medio del mundo, a través de las realidades temporales: son los fieles laicos. A algunos les llama a buscar la santidad apartándose del mundo —aunque materialmente vivan en él— para dar testimonio, con su consagración a una peculiar forma de vida, de que el fin de la Iglesia no se encuentra en este mundo: son los religiosos



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"Dios ha dispuesto cada uno de los miembros del cuerpo como ha querido; si todos fueran un solo miembro, ¿dónde quedaría el cuerpo?" (I Cor 12,18).

d) Estos dones no hacen santos a quienes los reciben. Lo que hace santos es el amor a Dios, la caridad. Este es el mayor don del Espíritu Santo (cfr. Rom 5,5; I Cor 12,31 y 13,1 y ss.), y lo concede a todos los fieles que no ponen obstáculo a su gracia, pues todos están llamados a la santidad.

2. La jerarquía de la Iglesia

a) Cristo ha fundado la Iglesia como sociedad jerárquica (Catecismo, 874-875):

  de entre todos los discípulos, eligió Doce Apóstoles y les confirió una "potestad sagrada" (sacra potestas) sobre todos los demás fieles. Potestad que consiste en el poder de actuar con su autoridad y en su nombre, para enseñar la Palabra de Dios, administrar los sacramentos y gobernar la Iglesia. En consecuencia, esta potestad sagrada tiene como fin no el dominio sino el servicio a los demás miembros de la Iglesia, como Cristo que "no vino a ser servido sino a servir" (Mt 20,28);

   el Señor designó a Pedro como Cabeza visible del Colegio de los Apóstoles y de toda la Iglesia (Catecismo, 880)156;

   al Colegio de los Apóstoles sucede el Colegio de los Obispos, que tiene como Cabeza al Sucesor de San Pedro como Obispo de Roma, es decir, al Romano Pontífice, Vicario de Cristo en la tierra. Por este motivo, el Papa tiene potestad plena, suprema y universal sobre toda la Iglesia (cfr. Catecismo, 882)157;

   forman también parte de la jerarquía eclesiástica los presbíteros y diáconos, que colaboran con los Obispos por medio de las funciones que son propias de cada uno158.

b) La Jerarquía de la Iglesia tiene el oficio de enseñar la fe ("oficio profético"), con la autoridad de Cristo: "el que a vosotros oye, a Mí me oye" (Lc 10,16). El ejercicio de esta tarea se llama Magisterio auténtico.