16. CREO EN LA
RESURRECCIÓN DE LA CARNE Y EN LA VIDA ETERNA
1. La resurrección de los muertos es una verdad revelada por Dios
a) El último artículo del Credo proclama la fe en la resurrección de los muertos, que tendrá lugar al final de los tiempos. Es una verdad esencial de la fe, revelada por Cristo (cfr. Catecismo, 989,991 y 994)214.
b) Al resucitamos, Dios, en su omnipotencia, reúne nuestro cuerpo y nuestra alma, que habían sido separados en el momento de la muerte (cfr. Catecismo, 997).
c) Resucitarán todos los hombres: "los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación" (loann 5,29; cfr. Catecismo, 998).
— los cuerpos de los santos serán "gloriosos" (cfr. Philip 3,21) y "espirituales" (cfr. I Cor 15,44; cfr. Catecismo, 999)215.
d) Una vez que Dios nos ha revelado esta verdad, la razón, iluminada por la fe, encuentra varios motivos de conveniencia:
—
cada criatura tiende a lo que conviene a su naturaleza, y es natural al alma
humana estar unida a su
propio cuerpo;
—
la resurrección de los muertos es conforme a la bondad divina, pues ya que
los hombres obraron el
bien o el mal en cuerpo y alma, es congruente que sean premiados o castigados también en cuerpo y alma;
214 Desde el principio, "en ningún otro punto la fe cristiana ha
encontrado tanta oposición" (SAN AGUSTÍN, Enarrationes in Psalmos, 88,2,5).
Ya San Pablo escribió: "¿Cómo dicen algunos entre vosotros que no hay
resurrección de los muertos? Porque si no hay resurrección de los muertos
entonces tampoco Cristo habría resucitado (...). Pero
no, Cristo ha resucitado de entre los muertos, como primicia de los que han
muerto" (I Cor 15,12-14.20).
215 Para ilustrar esto, en Teología se suele distinguir entre
"propiedades" de los cuerpos resucitados —que son las prerrogativas
naturales y preternaturales (a saben inmortalidad e integridad)— y
"dotes", que son los dones y gracias celestiales (impasibilidad,
claridad, agilidad y sutileza). De las
"propiedades" participarán también los cuerpos de los condenados; de
las "dotes" sólo los cuerpos gloriosos.
100
—
la resurrección de los cuerpos conviene a la gloria de Cristo resucitado,
nuestra Cabeza; de este modo los miembros son conformes a su Cabeza, pues
así como Cristo ha
resucitado y vive para siempre, todos nosotros resucitaremos en el último día;
—
por haber recibido en nuestros cuerpos la Santísima Eucaristía, que es el Cuerpo glorioso de Cristo resucitado,
llevamos en nuestra carne el germen de la resurrección (cfr. Catecismo, 1000).
e) La veneración de las reliquias de los Santos es una manifestación de la fe de la Iglesia en la resurrección del propio cuerpo.
2. El sentido cristiano de la muerte216.
a) La muerte es el final de la vida
terrena. Esta realidad "da urgencia a nuestras vidas" (Catecismo,
1007). Sirve para hacernos pensar que no contamos
más que con un tiempo limitado para
aprovechar los dones divinos, es decir, para hacer el bien y decidir nuestro
destino eterno.
b) La muerte es natural, en el sentido de
que la naturaleza humana es mortal (el alma puede separarse del cuerpo); pero sabemos por la fe
que es consecuencia del pecado (cfr. Catecismo, 1008;
Rom 5,12)217. Cristo
"asumió la muerte en un acto de sometimiento
total y libre a la Voluntad del Padre" (Catecismo,
1009). Con su obediencia, venció la muerte
y ganó para nosotros la resurrección y la vida eterna. Sabemos que "si morimos con Cristo, también viviremos con Él"
(II Tim 2,11)218. Por eso,
"gracias a Cristo, la muerte
cristiana tiene un sentido positivo" (Catecismo,
1010).
c)
Para
un cristiano, la muerte no es el fin, sino el principio de la Vida eterna219.
Esta seguridad nos ayuda
a sobreponemos a la tristeza por la muerte de los nuestros. También nos empuja a obrar rectamente,
sabiendo que recibiremos bienes eternos.