2. LA REVELACIÓN
SOBRENATURAL
1. Naturaleza y contenido de la Revelación
a) Noción y finalidad de la Revelación:
"Quiso Dios, con su bondad y sabiduría, revelarse a Sí mismo y manifestar el misterio de su voluntad: por Cristo, la palabra hecha carne, y en el Espíritu Santo, pueden los hombres llegar hasta el Padre y participar de la naturaleza divina. En esta revelación, Dios invisible, movido de amor, habla a los hombres como a amigos"24.
Por lo tanto:
— la Revelación no tiene sólo un carácter
didáctico (conocer verdades), sino salvífico (invitar al hombre a participar de
la vida de Dios);
— Dios se sirve de palabras, pero también de hechos: la Revelación se nos
manifiesta con una lógica histórica: la historia de la
salvación25;
— el cumplimiento de
esta historia salvífica, así como la plenitud de la
revelación de Dios sobre Sí mismo y sus planes de amor,
se manifiestan en Cristo, en el misterio de su Encamación,
Muerte y Resurrección26.
b) Relación entre conocimiento natural y revelación sobrenatural; necesidad de la Revelación.
"Mediante la razón natural, el hombre puede conocer a Dios con certeza a partir de sus obras. Pero existe otro orden de conocimiento que el hombre no puede de ningún modo alcanzar por sus propias fuerzas, el de la Revelación divina27. Por una decisión enteramente libre, Dios se revela y se da al hombre. Lo hace revelando su misterio, su designio benevolente que estableció desde la eternidad en Cristo en favor de todos los hombres. Revela plenamente su designio enviando a su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, y al Espíritu Santo" (Catecismo, 50).
24 CONCILIO VATICANO II, Const Dei Verbum, 2.
25 "La Revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente
ligadas; las obras que Dios realiza en la historia de la salvación manifiestan
y realizan la doctrina y las realidades que las palabras significan; y a su vez
las palabras proclaman las obras y explican su misterio" (ibidem).
"La verdad profunda de Dios y de la
salvación del hombre que transmite dicha revelación, resplandece en Cristo,
mediador y plenitud de la Revelación" (ibidem). 27 Cfr. CONCILIO VATICANO I: DS 3015.
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La Revelación es, pues, una manifestación de Dios a los hombres, para comunicarles verdades naturales y sobrenaturales:
— respecto a las verdades sobrenaturales, la
Revelación divina era absolutamente necesaria para que el hombre llegara a
conocerlas28;
— respecto a las verdades naturales,
considerando la debilidad de la razón y de la voluntad después del pecado original, la Revelación
divina era moralmente necesaria para que todos pudieran conocer las verdades
religiosas naturales con certeza y sin error29.
c) Relación entre revelación externa y revelación interior. Además de los signos externos con que revela, Dios da el impulso interior de la gracia para que el hombre pueda adherirse libremente a esas verdades. La Palabra del Hijo es acogida porque es el Padre quien atrae a Sí los hombres (cfr. loann 6,44), y es el Espíritu Santo quien mueve los corazones (cfr. Act 16,14).
Las personas serán movidas por la gracia y se acercarán a Dios, si escuchan la palabra: "¿Cómo creerán, si no oyeron hablar de Él? ¿Como oirán sin alguien que les predique?" (Rom 10,14). Por lo tanto, hay que enseñar la doctrina cristiana, y poner a cada persona en contacto con la Sagrada Escritura, especialmente con la vida de Cristo a través de la lectura de los Evangelios (cfr. II Tim 4,1-5).
2. Las etapas de la Revelación
a) La revelación primitiva:
"Dios, creándolo todo y conservándolo por su Verbo, da a los hombres testimonio perenne de Sí en las cosas creadas, y queriendo abrir el camino de la salvación sobrenatural, se manifestó, además, personalmente a nuestros primeros padres ya desde el principio (...). Después de su caída [por el pecado original] alentó en ellos la esperanza de la salvación con la promesa de la redención, y tuvo incesante cuidado del género humano"30.
b) La Alianza con Noé, Abraham y Moisés. Antes del pecado original, el designio de Dios de revelar y ofrecer a los hombres el misterio de su vida, se manifiesta por la intimidad que existía entre nuestros primeros padres y Dios. Después de la caída, Dios
28 Con sus fuerzas naturales el hombre no podía alcanzar a conocer el
misterio de la Santísima Trinidad, la gracia de la filiación divina, los medios
sobrenaturales que conducen a la salvación. También por Revelación conocemos
que la razón última y más profunda del mundo es la donación gratuita del amor
divino a todas las criaturas para que los hombres, en el Hijo y por medio del Espíritu Santo, conduzcan la creación
entera hacia el cumplimiento de los planes de Dios.
29 CONCILIO VATICANO I: DS 3005.
30 CONCILIO VATICANO II, Const. Dei Verbum,
3; cfr. Catecismo, 54-55. Muchos hombres de
muchos lugares de la tierra donde todavía no ha
llegado ni la Revelación confiada al pueblo elegido de Israel, ni la plenitud
de esta Revelación dada en Cristo, pueden alcanzar un cierto conocimiento de
Dios —aunque debilitado por el pecado— también gracias a esta revelación
primitiva. Las diversas culturas custodian de ella reflejos más o menos claros.
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sigue queriendo este designio: se revela progresivamente a los hombres y les invita a establecer con Él una alianza31.
c) Los profetas y las promesas mesiánicas. "Por los profetas, Dios forma a su pueblo en la esperanza de la salvación, en la espera de una Alianza nueva y eterna, destinada a todos los hombres, y que será grabada en los corazones. Los profetas anuncian una redención radical del pueblo de Dios, la purificación de todas sus infidelidades, una salvación que incluirá a todas las naciones" (Catecismo, 64).
3. Cristo Jesús, plenitud y cumplimiento de la Revelación
a) "En diversos momentos y de muchos modos habló Dios en el pasado a
nuestros padres por medio de los profetas. En estos últimos
días nos ha hablado por medio de su Hijo" (Heb 1,1-2)32. La Revelación realizada por Cristo es
definitiva y nunca pasará. "No hay que esperar otra
revelación pública antes de la gloriosa manifestación de Jesucristo nuestro Señor"33. El encuentro con la Palabra
de Dios es, por lo tanto, el encuentro con la persona de Cristo34.
b) La fe, que es la respuesta del hombre a Dios que se revela35, es
también la respuesta personal del hombre a la persona de Cristo, que llama a
creer en Él por las obras que hace (cfr.
loann 14,11), es decir por la credibilidad de
su vida, obras y palabras, especialmente por su misterio
pascual (cfr. Ioann 7,46 y 15,24). Creer a Dios (que es entregarse a El
entera y libremente, ofreciéndole el homenaje de la inteligencia y de la voluntad) es creer a Cristo (cfr. loann 14,1): seguirle y apoyar toda la vida
en El.
c) La figura de Cristo es diferente a la de cualquier otro fundador de una
religión. Él no sólo tiene la misión de llevar al camino de la verdad y de la
vida, sino que él mismo es el camino, la verdad y la vida (cfr. loann 14,6). Además, no sólo interpreta la historia y el destino del hombre y del mundo, como hicieron profetas de otras
religiones, sino
31 A Noé, Dios le pide que obedezca sus mandatos y le asegura, después del
diluvio, la continuación del género humano (que había pecado gravemente) y le
promete su cuidado sobre todo el cosmos (cfr. Gen 9).
Abram obedece a la llamada de Dios a dejar su
tierra y los falsos dioses, y recibe la promesa de ser padre de una multitud de
naciones. Abraham será entonces
cabeza del pueblo elegido y padre de una descendencia en la que serán
bendecidas todas la gentes (Gen 12,1-3
y 17,5). Dios renueva su alianza y su promesa después
que Abraham no rehusa ofrecerle su hijo Isaac (Gen 22,15-18).
Moisés. "Después de la etapa de los patriarcas, Dios constituyó a Israel
como su pueblo salvándolo de la esclavitud de Egipto. Estableció con él la
alianza del Sinaí y le dio por medio de Moisés su
Ley, para que lo reconociese y sirviera como al único Dios vivo y
verdadero" (Catecismo, 62)
La liberación de Israel de Egipto, la alianza
del Sinaí y la entrada en la tierra prometida son
figuras de la liberación del pecado, de la nueva y eterna alianza realizada por
Cristo, y de la entrada futura en la patria celestial. Los mandamientos de la
ley mosaica tenían que preparar la humanidad a recibir la ley evangélica.
32 Dios envió a su Hijo "para que habitara entre los hombres y les
contara la intimidad de Dios. (...) Él, con su presencia y manifestación, con
sus palabras y obras, signos y milagros, sobre todo con su muerte y gloriosa
resurrección, con el envío del Espíritu de la verdad, lleva a plenitud toda la
Revelación y la confirma con testimonio divino" (CONCILIO VATICANO II,
Const. Dei Verbum,
4; cfr.
Catecismo, 65-66).
33 Ibidem.
34 Acoger la Revelación, además de ser la adhesión a un contenido y a una
doctrina de verdad, es primeramente la adhesión vital a la persona del Cristo, que
es la misma Verdad hecha visible a los hombres con su vida.
35 Cfr. tema 3, n.l.
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que Él es "la Imagen del Dios invisible" y "en Él han sido creadas todas las cosas" (Colos 1.15-16)36. Por eso, Cristo revela al hombre lo que es el hombre37.
4. La transmisión de la Revelación divina
a) El depósito de la Revelación es el conjunto de verdades reveladas que Cristo entregó a la Iglesia. Este depósito se contiene en la Sagrada Escritura y en la Tradición50 y el Magisterio eclesiástico lo custodia.
b) La Revelación divina se contiene en la Tradición y en la Sagrada Escritura, que constituyen un único depósito sagrado de la Palabra de Dios.
— "La Sagrada Escritura es la palabra de Dios, en cuanto
escrita por inspiración del Espíritu Santo"39. "Dios,
autor e inspirador de los libros de ambos Testamentos, ha dispuesto las cosas
tan sabiamente que el Nuevo Testamento está latente en el Antiguo, y el Antiguo está patente en el Nuevo"40.
— "La Sagrada Tradición recibe la palabra
de Dios, encomendada por Cristo y el Espíritu Santo a los Apóstoles, y la transmite íntegra a
los sucesores para que ellos la conserven, la expongan y la difundan fielmente en su predicación"41.
Los Santos Padres, en lo que asienten con
unanimidad moral, son testigos autorizados de la Tradición de la Iglesia (cfr. Catecismo, 78).
c) La Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y compenetradas: ambas surgen de la misma fuente y tienden a un mismo fin. La Tradición tiene prioridad de tiempo respecto a la Sagrada Escritura: la predicación del evangelio empezó oralmente y es gracias a la Tradición, por ejemplo, que la Iglesia conoce cuáles son los libros inspirados de la Sagrada Escritura (libros canónicos). Al mismo tiempo, la Escri-
36 Cfr. loann 1,1-3; Heb 1,2-3; Rom 5,12-21.
37 "El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo
Encarnado. (...) Cristo, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor,
manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de
su vocación" (CONCILIO VATICANO II, Const. Gaudium el spes, 22).
38 "Dios quiso que lo que había revelado para salvación de todos los
pueblos, se conservara íntegro y fuera transmitido a todas las edades. Por eso
Cristo nuestro Señor, plenitud de la Revelación, mandó a los Apóstoles predicar
a todo el mundo el Evangelio. (...) Este mandato se cumplió fielmente, pues los
Apóstoles con su predicación, sus ejemplos, sus instituciones, transmitieron de
palabra lo que habían aprendido de las obras y palabras de Cristo y lo que el
Espíritu Santo les enseñó; además, los mismos Apóstoles y otros de su
generación pusieron por escrito el mensaje de la salvación inspirados por el Espíritu
Santo.
Para que este Evangelio se conservara siempre
vivo y entero en la Iglesia, los Apóstoles nombraron como sucesores a los
Obispos, dejándoles su propio cargo del Magisterio" (CONCILIO VATICANO II,
Const. Dei Ver-bum, 7).
39 CONCILIO VATICANO II, Const. Dei Verbum, 9; Catecismo, 81. Dios es el autor principal
de la Sagrada Escritura. Los hagiógrafos son también verdaderos autores, en
cuanto instrumentos que pusieron libremente sus facultades y talentos servicio
de la inspiración divina, para escribir todo y sólo lo que Dios quiso (cfr. Catecismo, 106).
40 CONCILIO VATICANO II, Const Dei Verbum, 16.
41 CONCILIO VATICANO II, Const Dei Verbum, 9; Catecismo, 81.
La Iglesia no saca exclusivamente de la Escritura la
certeza de todo lo revelado (cfr. Catecismo, 82).
A través de la Sagrada Tradición, "la Iglesia con su enseñanza, su vida, su
culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree"
(CONCILIO VATICANO II, Const Dei Verbum, 8).
La liturgia de la Iglesia, por ser expresión
de lo que la Iglesia vive y cree, es una de las fuentes de la Tradición: lex orandi, lex credendi.
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tura es norma para la Tradición: la Iglesia puede transmitir sólo lo que ha recibido del Señor y puede profundizar en la inteligencia de la Palabra gracias al texto inspirado.
d) La Tradición es una realidad viva. "Esta Tradición, que deriva de los Apóstoles, progresa en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo: crece la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian meditándolas en su corazón (...), y cuando las proclaman los Obispos, sucesores de los Apóstoles con carisma cierto de la verdad"42.
5. El Magisterio de la Iglesia y la interpretación del depósito de la fe
a)
Oficio del Magisterio. "El oficio de interpretar
auténticamente la palabra de Dios oral o escrita, ha sido encomendado solamente al Magisterio vivo de
la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de
Jesucristo; es decir, a los Obispos en comunión con el sucesor de Pedro, Obispo de Roma" (Catecismo, 85)43.
b)
Interpretación correcta de la Sagrada
Escritura. La Sagrada
Escritura se interpreta
correctamente:
—
dentro
de la Tradición viva de la Iglesia,
—
teniendo
en cuenta que toda la Escritura forma una unidad,
—
y considerando la «analogía de la fe» (es decir la cohesión de las
verdades de la fe entre
sí) (cfr. Catecismo,
112-114)44.
c) Unidad entre Magisterio, Sagrada Escritura y Tradición. La Tradición, la Escritura y el Magisterio de la Iglesia, están unidos y ligados, de modo que ninguno puede subsistir sin los otros45.
— El error protestante de la sola Scriptura consiste en afirmar que la Revelación se contiene sólo en la Sagrada Escritura, y que su interpretación corresponde a cada fiel, ayudado en privado por el Espíritu Santo, y no al Magisterio de la Iglesia46.
42 CONCILIO VATICANO II, Const Del Verbum, 8.
Sin el testimonio de los santos que han vivido y encamado las enseñanzas de
Cristo, el Evangelio podría aparecer a los ojos del mundo sólo como el relato
de una época histórica pasada. La vida de los santos muestra, en cada momento
de la historia, la actualidad del Evangelio, su capacidad de iluminar las nuevas
situaciones y problemas, y su fuerza para transformar los corazones e informar
—empapar— la sociedad con el espíritu de Cristo.
43 "El Magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio,
para enseñar puramente lo transmitido, pues por mandato divino y con la
asistencia del Espíritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente,
lo explica fielmente; y de este depósito de la fe saca todo lo que propone como
revelado por Dios para ser creído" (CONCILIO VATICANO II, Const Dei Verbum, 10).
44 Para descubrir la intención de los autores sagrados es preciso tener en
cuenta las condiciones históricas y culturales de su tiempo y los géneros
literarios usados. Con diversos métodos científicos se puede profundizar en los
textos bíblicos, pero sin olvidar los criterios que se acaban de señalar, ya
que la Sagrada Escritura no es un libro como los demás (tiene autores humanos,
pero inspirados por el Espíritu Santo, que es el Autor principal).
45 Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. Dei Verbum,
10.
46 Los protestantes opinan generalmente que el Magisterio católico pretende
estar por encima de la Palabra de Dios, y no entienden que está a su servicio,
como se ha dicho más arriba (vid. nota 43).
22
— Otro error difundido es el fundamentalismo, que también separa la Sagrada Escritura de la Tradición y del Magisterio, pero sin dejarla a la interpretación de cada uno, sino fundándose únicamente en la literalidad47.
6. Inmutabilidad del depósito de la Revelación
a)
La Revelación está completa. Después de la venida de Cristo, que es el Verbo (la
Palabra) Encarnado, "no hay que esperar otra revelación pública antes de
la gloriosa manifestación de Nuestro Señor
Jesucristo" al final de los tiempos48.
b)
La Revelación no está completamente
explicitada. "Corresponde
a la fe cristiana
ahondar gradualmente en su contenido, en el transcurso de los siglos" (Catecismo, 66). Cabe un progreso en la
inteligencia del depósito de la fe (intellectus fidei), fruto de la contemplación y estudio de la verdad revelada,
y sobre todo del Don de Sabiduría (cfr. Catecismo,
94)49.
c)
Inmutabilidad y desarrollo homogéneo
de los dogmas. Los dogmas son las verdades reveladas que la
Iglesia ha definido como tales. "El Magisterio de la Iglesia ejerce plenamente la autoridad que
tiene de Cristo cuando define dogmas, es decir, cuando propone, de una forma que obliga al pueblo
cristiano a una adhesión irrevocable de fe, verdades contenidas en la Revelación divina o
verdades que tienen con ellas un vínculo
necesario" (Catecismo, 88). "Los dogmas son luces en el camino de nuestra fe, lo iluminan y lo hacen seguro" (Catecismo, 89)50.
Bibliografía básica:
Catecismo de la Iglesia Católica, 50-133.
47 "La fe cristiana no es una «religión del Libro».
El cristianismo es la religión de la «Palabra» de Dios, no de un verbo escrito
y mudo, sino del Verbo encamado y vivo" (Catecismo, 108). Estas palabras señalan
el error de los grupos y sectas fundamentalistas
de origen protestante.
48 CONCILIO VATICANO II, Const Dei Verbum, 4; cfr. Catecismo,
66.
"A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas
«privadas», algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la
Iglesia. Estas, sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe. Su función no
es la de mejorar o completar la Revelación definitiva de
Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la
historia" (Catecismo, 67).
49 El estudio humilde iluminado por los dones del Espíritu Santo, la
necesidad de defender el depósito revelado ante nuevos errores, el esfuerzo
para transmitir el mensaje evangélico de forma siempre más inteligible en las
distintas épocas y culturas, el progreso en los
conocimiento de las ciencias históricas, humanas y naturales, son factores que
pueden contribuir positivamente a progresar en la explicitación
del contenido de la Revelación.
50 Cabe un cierto desarrollo e incremento de los dogmas debido a la progresiva
explicitación del contenido de la Revelación. A
veces, la Iglesia puede cambiar el lenguaje utilizado para expresar algunas
verdades, pero nunca el sentido ni el contenido de la verdad que se quiere
transmitir.
La proclamación de un nuevo dogma no añade
nada al depósito revelado, sino que explícita alguna verdad ya contenida en ese
depósito.
Lectura recomendada:
Cuadernos 1, (Sobre nuestra fe): "Magisterio y jurisdicción en la Iglesia", pp. 151-158 (sobre el Magisterio)
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