21. LA EUCARISTÍA COMO
SACRIFICIO
1. La Santa Misa, verdadero Sacrificio
a) Dios Nuestro Señor fue preparando, durante los siglos del Antiguo Testamento, el momento crucial del Sacrificio perfecto del Gólgota y la institución de su perpetua renovación por la celebración de la Eucaristía.
— Se anunciaba simbólicamente en los sacrificios de la antigua ley y, sobre todo, en la inmolación del cordero pascual (Ex 12,18; Ps 109,4; Hebr 5 y 7). Su ofrecimiento en toda la tierra lo anuncia así el profeta Malaquías: porque desde el nacimiento del sol hasta el ocaso es grande mi nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrece a mi nombre un Sacrificio humeante y una ofrenda pura (Malaq 1,11) (cfr. Catecismo, 1330 y 1333-1336).
b) La Eucaristía es sacramento y sacrificio:
— el término "Eucaristía", que
significa acción de gracias, designa el sacramento del Cuerpo y de la Sangre del Señor; esto es,
las mismas especies consagradas bajo las cuales está
presente Nuestro Señor Jesucristo.
— además, en las mismas
palabras que Jesucristo pronunció al instituir este sacramento en la Ultima Cena, se manifiesta que la Eucaristía es un
Sacrificio: "Esto es mi cuerpo, que es entregado por vosotros... Este es
el cáliz de mi Sangre, que es derramada por vosotros" (Lc 22,19-20; cfr. Catecismo, 1365).
c) La última Cena y el sacrificio del Calvario forman una unidad. En la
última Cena, Nuestro Señor instituyó el sacramento
por el que había de re-presentarse (=hacerse presente
de nuevo) el Sacrificio de la Cruz. La última Cena fue la anticipación sacramental del sacrificio de la Cruz
(cfr. Catecismo,
1366).
d) Por esto, el nombre de "Eucaristía" significa también la
"celebración de la Eucaristía"; esto es, la
celebración litúrgica en la que Cristo se
hace presente por la consagración del pan y del vino en su
Cuerpo y en su Sangre, y se ofrece por nosotros renovando el Sacrificio del Calvario. "En la Eucaristía Cristo
entrega el mismo cuerpo que ha entregado por nosotros en la Cruz,
y la misma sangre que ha derramado por muchos en remisión
de los pecados" (Catecismo, 1365). "El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son un único
sacrificio" (Catecismo, 1367).
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e) Esta celebración litúrgica se llama Santa Misa. La esencia del Sacrificio de la Misa es la Consagración del pan y del vino, que re-presentan de modo incruento el Sacrificio cruento de Cristo en la Cruz.
—
La
Comunión del sacerdote no pertenece a la esencia de la Santa Misa, sino a su integridad272.
—
Las
demás ceremonias de la Misa tienen, todas, enorme importancia. Nadie puede quitar o añadir a su antojo nada
de lo que ha sido establecido por la Iglesia en la Liturgia de la Santa Misa273.
—
"La
liturgia de la Eucaristía se desarrolla conforme a una estructura fundamental
que se ha conservado a través de los siglos hasta nosotros" (Catecismo,
1346). Comprende la liturgia de la
Palabra (hasta el Ofertorio), y la
liturgia eucarística (a partir del Ofertorio). "La Liturgia de la
Palabra y la liturgia eucarística constituyen juntas «un solo acto de
culto»" (Catecismo, 1346)274.
f) La Santa Misa "es el memorial de la Pascua de Cristo, la actualización y la ofrenda sacramental de su único sacrificio, en la liturgia de la Iglesia" (Catecismo, 1362). En el sentido empleado por la Sagrada Escritura, el memorial no es solamente el recuerdo de los acontecimientos del pasado. "Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, hace memoria de la Pascua de Cristo y ésta se hace presente: el sacrificio que Cristo ofreció de una vez para siempre en la cruz, permanece siempre actual (cfr. Hebr 7,25-27)" (Catecismo, 1364)275. "Cuantas veces se renueva en el altar el sacrificio de la cruz, en el que Cristo, nuestra Pascua fue inmolado, se realiza la obra de nuestra redención"276.
g) Se dice que "se realiza la obra de nuestra Redención" porque en la Cruz, Cristo se ofreció a sí mismo como víctima inmaculada a Dios Padre por el Espíritu Santo (cfr. Hebr 9,14). Este sacrificio fue la realización de su perfecta obediencia a la voluntad del Padre: Cristo se hizo "obediente hasta la muerte y muerte de Cruz" (Philip 2,8). Para esto había asumido nuestra naturaleza: para identificar la voluntad humana con la voluntad divina (cfr. Lc 22,42; Hebr 5,5-10).