7. LA ELEVACIÓN SOBRENATURAL Y EL PECADO ORIGINAL

1. La elevación sobrenatural

a)  Dios ha querido destinar al hombre a un fin último sobrenatural: la participación en la vida íntima de la Santísima Trinidad como hijos adoptivos (cfr. Ephes 1,3-5).

b) Este fin sobrenatural es completamente gratuito; aunque convenga en razón de la creación del hombre "a imagen y semejanza de Dios" (Gen 1,26), no es algo exigido por la naturaleza humana, y es inalcanzable con las solas fuerzas naturales.

c)  Para alcanzar su fin último, el primer hombre fue no solamente creado bueno, sino también constituido en un "estado de santidad y de justicia original" (cfr. Catecismo, 374-375).

d) "La gracia de la santidad original era una «participación de la vida divina»105" (Catecismo, 375).

e)  Junto con la gracia santificante, Dios concedió a nuestros primeros padres otros dones que ellos debían trasmitir a sus descendientes. Estos dones, que suelen llamarse preternaturales, eran: la integridad, o perfecto sometimiento de los sentidos a la razón; la inmortalidad; la inmunidad de todo dolor; y la ciencia proporcionada a su estado.

f)   De este modo, "todas las dimensiones de la vida del hombre estaban fortalecidas" (Catecismo, 376):

 

   "mientras permaneciese en la intimidad divina, el hombre no debía ni morir (cfr. Gen 2,17 y 3,19) ni sufrir (cfr. Gen 3,16)" (Catecismo, 376);

   el hombre gozaba del «dominio de sí»: "estaba íntegro y ordenado en todo su ser por estar libre de la triple concupiscencia (cfr. I Ioann 2,16), que lo somete a los placeres de los sentidos, a la apetencia de los bienes terrenos y a la afirmación de sí contra los imperativos de la razón" (Catecismo, 377).

105 CONCILIO VATICANO II, Const. Lumen gentium, 2.



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g) El hombre fue colocado por Dios en el paraíso ut operaretur, "para que trabajara" (cfr. Gen 2,15); el trabajo no es un castigo por el pecado; pero antes del pecado original no experimentaba fatiga alguna en el trabajo (cfr. Gen 3,17-19). El trabajo es, desde los inicios de la humanidad, "colaboración del hombre y de la mujer con Dios en el perfeccionamiento de la creación visible" (Catecismo, 378).

h) "La armonía interior de la persona humana, la armonía entre el hombre y la mujer, y, por último, la armonía de ellos con toda la creación constituía el estado llamado «justicia original»" (Catecismo, 376). Toda esta armonía, prevista para el hombre por designio de Dios, se perdió por el pecado de nuestros primeros padres (cfr. Catecismo, 379).

2. El pecado original

a)   El hombre, tentado por el diablo, perdió confianza en la bondad paternal de Dios y desobedeció al mandamiento que le había dado, abusando de su libertad (cfr. Gen 3,1-11). En esto consistió el primer pecado (cfr. Rom 5,19) y en esto consiste también todo pecado (cfr. Catecismo, 396-397).

b)   El diablo y los otros demonios son ángeles que por soberbia se rebelaron contra Dios y fueron arrojados del cielo (cfr. Apoc 12,9). El diablo es "padre de la mentira" (loann 8,44), y con engaños trata de alejar al hombre de Dios, como hizo para tentar a Eva: "seréis como dioses" (Gen 3,5; cfr. Catecismo, 391-395).

c)   Como consecuencia del pecado, nuestros primeros padres empiezan a mirar a Dios con miedo y recelo (cfr. Catecismo, 399), pierden los dones sobrenaturales y preternaturales, y la misma naturaleza —aunque no esencialmente corrompida— queda herida: la inteligencia debilitada para conocer la verdad, cae fácilmente en la ignorancia y en el error; la voluntad, debilitada para el bien, se inclina fácilmente al mal; los sentidos no obedecen a la razón: "la armonía en que se encontraban queda destruida" (Catecismo, 400) y, sobre todo, se realiza la consecuencia explícitamente anunciada para el caso de desobediencia (cfr.