8. JESUCRISTO, DIOS Y HOMBRE VERDADERO

1. La venida de Cristo

a)   "Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer" (Gal 4,4). "El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (loann 1,14). Esta verdad es "el punto esencial por el que el cristianismo se diferencia de otras religiones. En el cristianismo no es solamente el hombre quien busca a Dios, sino que es Dios en Persona quien viene al hombre"114.

b)   La existencia histórica de Nuestro Señor Jesucristo es una verdad de fe (cfr. I Ioann 4,2) y es también un hecho que se puede probar fácilmente115. Jesucristo nació, vivió y murió en un preciso momento histórico (cfr. Le 2,1-2 y 3,1-2). Es Hombre verdadero: "trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre..."116; no es un mito, ni una creación de los hombres117.

114   JUAN PABLO II, Carta Tertio millennio adveniente, (10-XI-94), 6.

115   Juan Pablo II, en la Carta Tertio millennio adveniente, n. 5, además de citar el testimonio de los Evangelios, de los demás escritos del Nuevo Testamento —fuentes históricamente fiables—, y de la tradición cristiana, cita también las referencias a Jesucristo en otras fuentes antiguas, como las obras de Flavio Josefo (a. 93-94), Plinio el Joven (a. 111-113), Tácito (a. 115-120) y Suetonio (a. 121). A estos testimonios podrían añadirse otros muchos, de diverso orden.

116   CONCILIO VATICANO II, Const Gaudium et spes, 22.

117   Tampoco tiene fundamento distinguir entre el "Cristo de la fe" (el que conocemos por el Evangelio, transmitido en la Iglesia) y el "Jesús de la historia" (el que realmente vivió, cuyos hechos y enseñanzas habrían sido, al menos en parte, creados por la primitiva comunidad cristiana).

"Es contrario a la fe cristiana introducir cualquier separación entre el Verbo y Jesucristo. San Juan afirma claramente que el Verbo, que «estaba en el principio con Dios», es el mismo que se «hizo carne» (loann 1,2.14). Jesús es el Verbo encarnado, una sola persona e inseparable: no se puede separar a Jesús de Cristo, ni hablar de un «Jesús de la historia», que sería distinto del «Cristo de la fe». La Iglesia conoce y confiesa a Jesús como «el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16). Cristo no es sino Jesús de Nazaret, y éste es el Verbo de Dios hecho hombre para la salvación de todos" (JUAN PABLO II, Enc. Redemtoris missio, (7-XII-1990), 6.

"La Santa Madre Iglesia ha sostenido y sostiene con firmeza que los cuatro Evangelios referidos —cuya historicidad afirma sin duda alguna— transmiten fielmente lo que Jesús, Hijo de Dios, hizo y enseñó efectivamente durante su vida entre los hombres, para su salvación eterna hasta el día en que fue levantado al cielo" (CONCILIO VATICANO II, Const Dei Verbum, 19).



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c) El mismo Jesucristo declaró que era Dios, Hijo Unigénito de Dios, de la misma naturaleza que el Padre, y manifestó su divinidad con su vida, su doctrina y sus milagros, sobre todo con su gloriosa Resurrección118.

2. La unión hipostática

a)   El Verbo se hizo carne no por transformación de la divinidad en humanidad, sino mediante la asunción de la naturaleza humana —alma y cuerpo— por la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. "La Encarnación del Hijo de Dios no significa que Jesucristo sea en parte Dios y en parte hombre, ni que sea el resultado de una mezcla confusa entre lo divino y lo humano. Se hizo verdaderamente hombre sin dejar de ser verdaderamente Dios. Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre" (Catecismo, 464). A esta unión de la naturaleza humana con la naturaleza divina en la Persona del Hijo se llama unión hipostática.

b)   La Iglesia debió defender y aclarar esta verdad de fe durante los primeros siglos frente a las herejías que la falseaban:

 

   el "docetismo" negaba que la Humanidad de Cristo fuera verdadera (decían que era aparente); esta herejía fue rechazada por los Apóstoles (cfr. I loann 4,2-3; Catecismo, 465);

   el "arrianismo" (herejía de Arrio), es un error sobre la Divinidad de Cristo; decía que el Hijo de Dios "era de una substancia distinta de la del Padre". Fue condenado en el Concilio de Nicea (a. 325), que enseñó que el hijo es "de la misma substancia (homousios) que el Padre" (Catecismo, 465);

118 «El Padre y yo somos una sola cosa" (loann 10,30). "Antes de que Abraham existiera, yo soy" (loann 8,58). "El que me ha visto