(28-VI-1937)
Laqueus contritus est, et nos liberati sumus
(151); el lazo ha sido roto y hemos quedado libres. Ante
la imposibilidad actual de seguir los ejercicios como querríamos, renovamos
el propósitode acudir a este medida de formación en cuanto sea posible. ¡Pero
ni siquiera es posible un retiro corriente! (152).
En ésta, que debiera ser plática de perseverancia, más
bien haremos un -examen que inquiera si hemos realizado la limpieza necesaria para
quitar el polvo y las salpicaduras de la revolución, que el enemigo metió en
las junturas de nuestro carácter, en nuestras almas.
¿Pero vamos a preocupamos de nosotros solos? No. Pensamos
en los demás: en nuestros hermanos. Y en tantos otros más. ¿Nos atreveremos a
cerrar nuestros oídos a la voz del Maestro: alias oves habeo! (153), tengo otras ovejas que no son de este rebaño..., y conviene
traerlas? Pensamos en los que han entrevisto la Obra y los sabemos bien
dispuestos: los encomendamos. Pedimos que vengan tantos otros, que todavía no
conocemos, pero que están predestinados para vivir nuestra fraternidad.
(151). Sal 123, 7.
(152). Se nota, en estas palabras, la pena del Beato Josemaría ante la enorme dificultad de hacer un retiro
espiritual, en aquellas circunstancias, con tantas personas alrededor.
(153). Jn 10, 16.
Frutos: en nuestras almas, en nuestras
actividades.¿Miedo al huracán que pueda destrozar el fruto? Pero contamos con
el gran remedio: Sancta Maria, Spes! y ponernos unas anteojeras, como
las de los borricos, para no mirar más que el camino. ¡Un camino! Pero, en las
lindes, ¡cuántos atractivos!, que, si muchas veces no llevan al descamino, por
lo menos retardan y obstaculizan la marcha...
Por eso, ¡qué seguro es tener esta idea madre: ¡no
hay más amor que el Amor!
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