SURGE ET AMBULA!
(21-V-1937,
Viernes de las Témporas de Pentecostés)
Unas palabras, antes de
daros a Cristo en la Comunión. Ahora, al ir a recibirlo, se va nuestra tristeza
de hoy y recobramos nuestra verdadera alegría. Aquí está Él y todo es indigno
de su presencia: un cajón, unas maletas...; sin cáliz, sin patena (70). Pero yo lo voy a dejar
en vuestros pechos, para que allí encuentre el calor de amor que busca, el
único homenaje que ahora pide de nosotros. Le repetiremos con el Introito de la
Misa: llénese mi boca de tus alabanzas, para que pueda cantar: Aleluya (71). ¡Y con qué firme
esperanza, llena de alegría, añadimos: en Ti, Señor, espero, no sea yo
confundido para siempre (72)! ¿Cómo puede caber en nosotros
la preocupación, la tristeza? Yo tengo en Él la esperanza segura de que pronto
estaremos sueltos, para trabajar por su gloria (73).
(70). Al
ocupar, con sus acompañantes, una pequeña habitación en el Consulado, el Beato
Josemaría debía celebrar la Santa Misa valiéndose de un cajón de botellas,
sobre el que colocaban unas maletas, que servía de altar; con un vaso de
cristal por cáliz y un pequeño plato que hacía de patena, sin ornamentos
sagrados... No había otra posibilidad de renovar el Santo Sacrificio, en esos
meses de persecución religiosa.
(71).
Misal Romano de San Pío V, Viernes de las Témporas de Pentecostés, Intr.(Sal
70, 8).
(72).
Ibid.,Ant. ad Intr. (Sal 70, 1).
(73). Por aquellas fechas, parecía próximo el
momento en que podrían salir del Consulado de Honduras y ser evacuados de
Madrid. Pero, una vez más, las gestiones en curso fracasaron.
Dice la Epístola, con
palabras que se acomodan a nosotros, como anillo al dedo: vosotros, hijos de
Sión, alegraos y gozaos en el Señor vuestro Dios, que os ha dado un
doctor de santidad y hará descender sobre vosotros lluvias de otoño y de
primavera como antiguamente. Y las eras se henchirán de trigo y los lagares
rebosarán de vino y aceite (74). Sí, sin ningún género de duda,
la Obra va a salir de estos trances robustecida; va a conocer, si somos fieles,
una plenitud, un despertar, un rebosamiento de fuerza y de vida, que a nosotros
mismos nos asombrará. El campo se ha abonado y nos espera una cosecha segura.
(74).Ibid., Ep. (Jl 2, 23-24).
Continúo
leyendo la profecía de Joel, de quien son estas palabras: y conoceréis que
en medio de Israel estoy Yo, y que Yo soy el Señor vuestro Dios, y no hay otro;
y mi pueblo jamás será avergonzado (75). ¿A qué preocuparse, para qué
prisas, para qué desazones? Dios está en medio de nosotros, Dios está con
nosotros. No estamos solos, hay que repetirlo. Él nos acompaña y ahora nos
asegura: "Si Yo estoy contigo, ¿qué temes? ¿Por qué ha de estar revuelto
todo lo tuyo? ¿Porqué no has de esperar y confiar en Mí?". ¡Dios está con
nosotros! No, Dios mío, no serán avergonzados los fieles que en Ti esperan, lo
dice esto el Señor Todopoderoso (76).
(75).
Ibid. (Jl 2,
27).
(76). Ibid.
El Evangelio
nos habla de aquel paralítico a quien, con atrevimiento, hijo de la santa
desvergüenza, colocaron para su curación delante de Cristo. Las palabras de
Jesús suenan dentro de nuestro corazón y lo llenan de aliento: tibi dico, surge (77),
a ti te digo, levántate. Después de la prueba, después de haber puesto los
medios para salir de esa situación, surge etambula! (78), ¡levántate y anda! Y los
caminos se abren, cuando el horizonte parecía más cerrado. Tibi dico, surge!
Nos lo dice ya a nosotros; ¿no te vamos a creer? Sí, Dios nuestro, creemos
y esperamos en Ti, queremos poner los medios para obtener de tu mano la
curación. Sabemos que la recompensa de nuestra fe y de nuestra esperanza serán tus
palabras de vida, palabras que devuelven la alegría y la luz: surge el
ambula!
(77). Ibid., Ev. (Lc 5, 24).
(78). Ibid.
La respuesta de Cristo es cierta, indefectible;
pero, para obtenerla, creamos y esperemos en Él y amémosle, con un amor fuerte
que haga verdadera en nosotros nuestra afirmación de siempre: non est amor,
nisi Amor (79).
(79). Cfr. Camino, n. 417.
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