CONGREGAVIT NOS IN
UNUM CHRISTI AMOR
(28-
VI -1937)
J. M. Escrivá, fundador del
Opus Dei
1) El Amor es el motor de todas las actividades
de la Obra. Estamos en casa de Marta y María, con Lázaro, acompañando a Jesucristo.
Le hablamos de nuestras ansias de inmortalidad..., de nuestros deseos de hacer
perenne nuestro trabajo. Es menester que sea fecundo nuestro espíritu, con
fecundidad personal de buenas obras, y con fecundidad de proselitismo cristiano,
de apostolado.
2) Con luz clara, consideramos a un hombre aislado,
en el que ponemos todas las perfecciones imaginables: sabiduría, poder de
imperio, riqueza... Este hombre pasa. Su labor, más o menos pronto, pero pronto,
pasa también. A lo más, quedará en el recuerdo de las otras criaturas, con
un brillo quizá estéril.
En cambio, muchos hombres unidos, ¡qué fuerza
suponen!: fraternidad. Congregavit nos in unum Christi amor (147). Nos reunió en uno el amor de Cristo. Somos -diluidos
en la sociedad, sin diferenciarnos de los de nuestra clase y condición- como
el azúcar, que se diluye en el agua y le da su sabor. Somos levadura; mejor,
una familia. Quam bonum et quam iucundum habitare fratres in unum! (148). ¡Qué bueno, qué hermoso vivir los hermanos
como uno solo!: con la misma Sangre eucarística de Cristo en sus venas, con
idéntica vibración en el apostolado, con iguales latidos de amor en sus corazones.
147. Himno Ubi caritas.
Afectos, petición de vocaciones.
3) Habla Jesús, y de sus labios sale la parábola
de la vid y los sarmientos: el sarmiento separado de la vid se seca, y será
echado al fuego; y el que está unido a la vid sufrirá la poda, ut fructum
plus afferat (149), para
que dé más fruto.
En el camino del cristiano, el de
cada uno de nosotros, ¡cuántas luchas interiores, cuántas humillaciones, cuánta
incomprensión! ¡Qué huracanes se alzan!: el brillo de los honores y del mando,
la atracción del oro, la carne en racimo jugoso y maduro... Y tantas pequeñeces,
cada día, que se agrandan en un momento hasta parecer cordilleras ingentes,
que no vamos a poder superar. Intranquilidad, zozobra, disgusto de uno mismo
y de lo que nos rodea.
Mira, hijo, es la hora de acordarte
de la vid: examínate, para considerar si ese disgusto, esa zozobra y esa intranquilidad,
no son por ventura -por desventura- los comienzos del frío de la muerte, porque
tú -que eres sarmiento- te has desgajado de la vid, te has apartado de la
cabeza.
(148). Sal 132, 1.
(149). Jn 15, 2.
Si, una vez examinado, concluyes que estás unido
con sencillez y fidelidad a quienes llevan la carga de la dirección de la
Obra, quédate tranquilo: porque es seguro que esta trabazón te une a Cristo,
y eres sarmiento vivo y fructífero. Lo que sientes es el corte de la tijera
de podar. Alégrate: Jesús te pide más. Tu dolor será fecundo: darás más fruto.
¿Temor al enemigo? Recuerda aquellas
palabras de la Escritura, en las que nos dice el Señor que nos cubrirá y guardará
con sus alas como la gallina a sus polluelos (150).
-Barruntos del camino de infancia.
-Afectos. -Visión de la Obra. - Propósitos de sacrificio.
(150). Cfr. Lc 13, 34.
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