13. CORRECCION FRATERNA
Cap’tulo 13 de la publicaci—n
ŐinternaŐ del Opus Dei: Vivir en Cristo
Tenemos este mandamiento de Dios: que el que ama a Dios, ame tambiŽn a su hermano l. El Se–or mismo nos ha ilustrado con par‡bolas, como la del buen samaritano, c—mo hemos de vivir esa doctrina, y nos ha dado ejemplo pr‡ctico de esta caridad: exemplum enim dedi vobis... os he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con vosotros, lo hag‡is vosotros tambiŽn 2. Sobre todo, nos ha mostrado la mayor prueba de amor con su muerte redentora: no hay amor m‡s grande que el de aquŽl que da la vida por sus amigos 3.
El precepto de la caridad, mandatum novum y primero de los mandamientos, entre otros deberes incluye el de hacer la correcci—n fraterna. Si tu hermano peca -dice expresamente el Se–or-, anda y corr’gele a solas. Si te escucha, habr‡s ganado a tu hermano 4.
VALOR DE LA CORRECCIîN FRATERNA
Jesucristo nos ha querido como colaboradores suyos en su tarea redentora, no solamente para que extendiŽramos su reino con vibraci—n apost—lica, sino tambiŽn para que lo mantuviŽramos a travŽs de esa ayuda generosa a nuestro pr—jimo. La correcci—n fraterna es por eso un derecho y un deber; un deber del que no pueden excusamos nuestros propios defectos, porque no corregimos en nombre propio, sino por mandato de Dios y en su nombre. Y un derecho que adquirimos
(1) Ioann.
IV, 21;
(2) Ioann. XIII, 15;
(3) Ioann. XV, 13;
(4) Matth. XVIII, 15;
con el bautismo, al incorporarnos a Cristo y convertirnos en corredentores.
As’ entendieron y practicaron los primeros cristianos esta doctrina. San Pablo, escribiendo a los fieles de Tesal—nica, insiste en el car‡cter verdaderamente fraternal de esta advertencia: si alguno no obedece a lo que decimos en esta carta... no le mirŽis como a enemigo, sino corregidle como a un hermano 5. En su carta a los G‡latas indica que esta correcci—n ha de hacerse in spiritu lenitatis 6, con dulzura y no s—lo para apartar del mal, sino tambiŽn para mover a la virtud: corregid a los inquietos, animad a los pusil‡nimes, sostened a los dŽbiles, tened paciencia con todos 7.
La correcci—n fraterna es un modo eficac’simo de compartir los trabajos que impone la santificaci—n, ayudando a nuestros hermanos con palabras de est’mulo cuando lo necesiten. Y esta obligaci—n de amor recae particularmente en los que han recibido mayores gracias del Se–or. Hermanos, si alguno cae en un delito, vosotros, que sois espirituales, amonestadle con dulzura... Llevad los unos las cargas de los otros, y as’ cumplirŽis la ley de Cristo 8.
Del mismo modo, Santiago el Menor anima a los fieles a vivir esta costumbre, record‡ndoles la recompensa de que se hacen merecedores: si alguno de vosotros se desv’a de la verdad y otro hace que vuelva a ella, debe saber que quien hace que el pecador se convierta de su extrav’o, salvar‡ el alma de la muerte y cubrir‡ la muchedumbre de sus propios pecados 9.
Como en los primeros tiempos de la Iglesia, en el Opus Dei hemos vivido
siempre esta Costumbre: la correcci—n fraterna es siempre una prueba de sobrenatural cari–o y
de confianza: agradecedla a vuestros hermanos.
ÁLa correcci—n fraterna nos hace paladear el regusto de la primitiva
cristiandad!
Esta Costumbre naci— en la Obra de forma natural y con unas caracter’sticas propias. En primer tŽrmino, la correcci—n fraterna es para nosotros un medio sobrenatural: es mucho m‡s que el consejo de un buen amigo o la advertencia cari–osa de un padre a su hijo, porque directa o indirectamente tiene un objetivo sobrenatural: ayudarnos a ser
(5) II Thess. III, 14 y
15;
(6) Galat. VI, 1;
(7) I Thess. V, 14;
(8) Galat. VI, 1 y 2;
(9) Iacob. V, 19 Y 20;
m‡s santos, acercarnos m‡s a Dios. El
que hace o recibe la correcci—n
fraterna, que es siempre eficaz si se cumple
lo que est‡ dispuesto, no debe olvidar que esa norma de nuestra vida espiritual es caridad de Cristo, cari–o humano; y que, a veces, tanto para el que la hace como
para el que la escucha, es heroica
10.
La correcci—n fraterna es, adem‡s, un medio de formaci—n: con ella nos ayudan a descubrir y enderezar posibles h‡bitos que no estŽn de acuerdo con el esp’ritu de la Obra; nos ense–an a mejorar nuestro comportamiento social y la eficacia de nuestro trabajo, a adquirir el tono sobrenatural y humano que exige nuestra vocaci—n; y, en circunstancias dif’ciles, cuando quiz‡ sin saberlo podr’amos ocasionar un da–o grave a nuestra alma o a la Obra, tambiŽn hay una voz fraterna que nos advierte. Va por senda de. vida el que acepta la correcci—n; el que no la admite, va por falso camino 11.
OBLIGACIîN DE CARIDAD
La correcci—n fraterna no es algo que puede hacerse o dejarse de hacer. Es un mandato, una obligaci—n de amor, de caridad. Si por ley natural se ha de asistir al pr—jimo en sus necesidades espirituales y materiales, con cu‡nta m‡s raz—n habr’a de proponernos el Se–or esta asistencia como precepto: en esto conocer‡n todos que sois mis disc’pulos, si os am‡is los unos a los otros 12. Y el Padre, comentando esa ense–anza del Se–or, nos dice que esta caridad nos obliga a instruir y amonestar a los socios, sin embargo, dentro de los l’mites de la correcci—n fraterna 13. La raz—n es obvia: entre los actos de amor al pr—jimo, el de orden m‡s elevado es la caridad espiritual. Por eso, sin dejar de dar el debido peso a las obras de caridad material -la limosna, por ejemplo-, practiquemos con esfuerzo, especialmente, el proselitismo, la correcci—n fraterna, y la oraci—n por todos nuestros hermanos, por todas las criaturas 14.
Nadie puede sustraerse a esta obligaci—n de amor pensando en su inexperiencia, en su escasa edad o en los pocos a–os que lleve en la Obra. La correcci—n fraterna es obligaci—n de todos, tanto de los que tienen misi—n de gobierno como de los dem‡s, porque su fundamento
(10) Instrucci—n, 8-XII-1941 , n. 24;
(11) Prov. X,
17;
(12) Ioann. XIII,
35;
(13) De
Spiritu, n. 71;
(14) Instrucci—n, mayo-1935, 14-IX-1950, n. 76;
no radica en una especial misi—n que el Se–or haya dado a determinadas personas, sino en la caridad, impulsada adem‡s en la Obra por el compromiso gustosamente aceptado de ayudarnos a ser santos. El amor, si es verdadero, no puede encontrar barreras ni excusas. Intentar desligarnos de ese lazo ser’a una infidelidad, una falta contra la fraternidad, que puede incluso llegar a ser causa de pecado. Callar, cuando puedes y debes reprender, es consentir; y sabemos que est‡ reservada la misma pena para los que hacen el mal y para los que lo consienten 15.
San Agust’n dirige palabras todav’a m‡s duras, para los que ven a un hermano en serio peligro y le niegan esa asistencia. Si lo dejas estar, peor eres tś; Žl ha cometido un pecado, y con el pecado se ha herido a s’ mismo; Ŕno te importan las heridas de tu hermano? Le ves perecer o que ha perecido, Ŕy te encoges de hombros? Peor eres tś callando que Žl faltando 16.
En el Opus Dei este compromiso de amor se hace m‡s apremiante, porque todos formamos una śnica familia de v’nculo sobrenatural. As’ que, mientras tenemos tiempo, hagamos bien a todos, y especialmente a quienes, mediante la fe, son de la misma familia que nosotros 17. Nuestra vida no es m‡s que una fraterna colaboraci—n de caridad en el trabajo humano, dando con cari–o la doctrina de nuestra Madre la Iglesia, ha escrito el Padre. Y refiriŽndose entre otras cosas a la correcci—n fraterna -que es cr’tica sobrenatural y positiva-, ha a–adido: implete gaudium meum, llenadme de alegr’a (Philip. II, 2), y haced que ningśn hijo m’o -nadie en la Obra- sienta la crueldad de la indiferencia 18.
DEBER DE JUSTICIA
Adem‡s de ser un compromiso de amor, la
correcci—n fraterna es obligaci—n de justicia, pues si la falta de una persona
es perjudicial para su autor, repercute tambiŽn en otros, a los que puede hacer
da–o o desedificar; en este caso, corregir al que falt— es un deber de justicia
que viene exigido por el bien comśn 19. Adem‡s, siempre que alguien tiene derecho a recibir la correcci—n, a
ese derecho a ser ayudado, corresponde un deber en quien se ha comprometido a
ayudar: del mismo
(15) San Bernardo, Sermo in nativ. Ioann. 9;
(16) Sermo 82, 7;
(17) Galat. VI, 10;
(18) Instrucci—n, 8-XII-1941,
n. 64;
(19) Cfr. Santo Tom‡s, S. Th. II-II, q. 33, a. 1 c;
modo que quien debe dinero ha de buscar a su acreedor y pagarle a su tiempo; as’ el que tiene espiritualmente cuidado de alguno, debe buscarlo para corregirle del pecado 20.
En la Obra se dan todas estas condiciones que hacen de la correcci—n fraterna un deber de justicia. En primer lugar, porque el Opus Dei es un cuerpo org‡nico, en el que las faltas de uno afectan a la totalidad: la Obra somos todos y es de todos: hemos sido llamados por Dios para hacer el Opus Dei en la tierra, siendo cada uno Opus Dei 21. En segundo tŽrmino, nuestros hermanos tienen derecho a recibir de nosotros esa ayuda: nuestra vocaci—n nos confiere el derecho y el deber de recibir en la Obra una adecuada direcci—n espiritual 22; y medios de direcci—n personal son la Charla, la confesi—n y la correcci—n fraterna.
No es algo puramente defensivo, medicinal, como se dir’a en terminolog’a cl‡sica; la correcci—n fraterna es est’mulo, voz de ‡nimo que incita a seguir luchando a pesar de los obst‡culos y las desviaciones, apoy‡ndonos en nuestros hermanos. Dios cuenta con nuestras flaquezas, con nuestra debilidad, y con la debilidad de los dem‡s; pero cuenta, tambiŽn con la fortaleza de todos, si la caridad nos une. Amad la bendita correcci—n fraterna, que asegura la rectitud de nuestro caminar, la identidad del buen esp’ritu 23.
El Padre nos ha resumido as’ esta doctrina: no os olvidŽis de que cada uno de vosotros, adem‡s de ser oveja que est‡ en
este redil, de algśn modo es tambiŽn Buen
Pastor. Porque es deber de todos, y no s—lo de los Directores o Dirertoras y de
los sacerdotes, ejercer una direcci—n espiritual, prudente y a veces heroica, con los hermanos que tienen
alrededor 2;. Bonus Pastor animam
suam dat pro ovibus suis (Ioann.
X, 11), el Buen Pastor da la vida por sus ovejas. DarŽis vuestra
vida, como buenos pastores de vuestros hermanos, preocup‡ndoos unos de otros
con caridad, ejerciendo la correcci—n fraterna, cumpliendo con amor aquel
mandato del Se–or: compelle intrare
(Luc. XIV, 23),
ayud‡ndoles a seguir con alegr’a el
camino de su dedicaci—n al servicio de Dios.
(20) Ibid., a. 2 ad 4;
(21) Carta Divinus Seminator, 28-III-1955,
n. 3;
(22) Ibid., n. 13;
(23) Carta Videns eos, 24-III-1931,
n. 56;
(24) Carta Divinus Seminator, 28-III-1955,
n. 30;
extra–as, Ácu‡nto m‡s querr‡ que usŽis una santa coacci—n con los que son hermanos vuestros y ovejas del mismo reba–o de Jesucristo! Esta hermos’sima coacci—n de caridad, lejos de quitar la libertad a vuestro hermano, le ayuda delicadamente a administrarla bien 25.
Ser Buen Pastor exige entrega y esp’ritu de servicio. Si nos centr‡ramos en nosotros mismos, en nuestros problemas y preocupaciones, nos desentender’amos de los dem‡s, dejar’amos de ser buenos pastores de nuestros hermanos; y escuchar’amos entonces aquel reproche del Se–or: no alimentasteis a las ovejas flacas, ni curasteis a las enfermas; no vendasteis a las heridas, ni reunisteis a las descarriadas; no buscasteis a las que se hab’an perdido 26. Dios nos exigir‡ cuenta de esta obligaci—n de cuidar a nuestros hermanos, porque las almas son suyas: si el centinela, viendo llegar la espada, no toca la alarma para que la gente se aperciba, y llegando la espada hiere a alguno, este quedar‡ preso en su propia iniquidad, pero yo demandarŽ su sangre al centinela 27.
MEDIO DE SANTIDAD
La pr‡ctica de la correcci—n fraterna es fuente de santidad personal en cuanto supone el ejercicio de muchas virtudes. En primer lugar, la caridad, porque es precisamente el cari–o lo que nos mueve a hacerles esas advertencias. Es ese amor fraterno lo que explica esta Costumbre nuestra.
La correcci—n fraterna nos ayuda a practicar la humildad, tanto si hacemos una correcci—n -sabiendo que tambiŽn nosotros podemos estar en la misma situaci—n-, como si la recibimos, aceptando con autŽntico agradecimiento esa observaci—n que est‡ guiada por el buen deseo de vernos siempre mejores, m‡s santos, m‡s cerca de Dios.
Ejercitamos la prudencia, al examinar en presencia de Dios lo que pudiera ser motivo de correcci—n fraterna, sin dejarnos guiar por una apreciaci—n primeriza y ligera; y porque acudimos al asesoramiento de quien, por la gracia de su cargo, puede ayudarnos a discernir con objetividad.
El amor que sentimos hacia nuestros hermanos se hace fuerte con la correcci—n fraterna. El cari–o no nos ciega de modo que no veamos los defectos de quienes conviven con nosotros; tenemos que
(25) Carta Divinus Seminator, 28-III-1955, n. 32;
(26) Ezech. XXXIV, 2-4;
(27) Ibid., XXXIII, 6;
vivir la fortaleza necesaria para hacerles esa observaci—n oportuna, de modo que as’ nuestro cari–o, en vez de debilitarse, se fortalezca.
Adem‡s, la correcci—n fraterna nos ayuda a mejorar en nuestra formaci—n humana; esas advertencias facilitan el desarraigo de defectos, man’as o costumbres que desdicen; son correcciones que tienden a hacernos m‡s corteses y educados: es menester que sea tal vuestra formaci—n, que llevŽis, con naturalidad, vuestro propio ambiente, para dar Çvuestro tonoČ a la sociedad con la que conviv‡is 28.
En el trabajo apost—lico y profesional, la correcci—n fraterna es una ayuda inestimable para dar eficacia a nuestros esfuerzos personales, porque a veces nuestro comportamiento puede ser un obst‡culo: con ese aire de suficiencia resultas un tipo molesto y antip‡tico, te pones en rid’culo, y, lo que es peor, quitas eficacia a tu trabajo de ap—stol 29.
La correcci—n fraterna facilita el trato mutuo, haciŽndolo m‡s sobrenatural y, a la vez, m‡s agradable en el aspecto humano. En la convivencia entre diversas personas, es l—gico que alguna vez surjan peque–as dificultades debidas a las diferencias de mentalidad o costumbre; pero eso no es nunca un punto de fricci—n, porque tenemos la seguridad de que, respetando el modo de ser de cada uno, si hay algo objetivamente corregible, nos lo dir‡n con confianza. As’ nuestro comportamiento ser‡ siempre natural, sin sentirnos coartados; tenemos la seguridad de que nuestros hermanos velan por nosotros y nos ayudar‡n siempre que sea preciso. No teng‡is miedo a quereros como hermanos; quereos de verdad, hijos m’os. Protegidos por este amor, por esta caridad de Cristo, no habr‡ dificultad que no pod‡is superar, y serŽis fieles; os apoyarŽis unos en otros, y el que fuera a caer, se sentir‡ sostenido: alter alterius onera portate, et sic adimplebitis legem Christi (Galat. VI, 2) 30.
Por otra parte, la correcci—n fraterna encauza el posible esp’ritu cr’tico, que lleva a juzgar -seguramente sin malicia, pero con sentido poco cristiano- el comportamiento de los dem‡s. Ese esp’ritu cr’tico... no debes ejercitarlo con vuestro apostolado, ni con tus hermanos 31. Precisamente en esas situaciones, en vez de pensar para nuestros adentros o juzgar internamente la conducta de otro socio del Opus Dei, de-
(28) Camino, n. 376;
(29) Ibid., n. 351;
(30) Instrucci—n, 31-V-1936,
nota 133;
(31) Camino, n. 53;
bemos corregirle sustituyendo la cr’tica negativa por la ayuda leal.
La correcci—n fraterna impide tambiŽn las murmuraciones, las bromas sobre defectos de nuestros hermanos, las indirectas, ro–a que podr’a almacenarse en el alma del que no tuviera la preocupaci—n de dar salida a lo que resulta chocante por el cauce ordinario y sobrenatural de la correcci—n fraterna. Hemos de estar atentos para no desvirtuar el esp’ritu de la correcci—n fraterna. Es m‡s f‡cil aludir con una indirecta a un defecto de otro que dec’rselo a solas, cara a cara, y con cari–o; es m‡s f‡cil, pero no es de nuestro esp’ritu. No escuchŽis jam‡s delaciones. Si alguno os va a referir cosas m‡s o menos culpables, decidle que tenga la lealtad y la caridad de hacer la correcci—n fraterna a su hermano. Si se supiera que el Director escucha delaciones, los que. est‡n confiados a su gobierno no ser‡n cordiales con Žl jam‡s 32. Insisto en que la correcci—n fraterna es parte principal de nuestras Normas. Si cuesta hacerla algunas veces, siempre da un fruto de eficacia sobrenatural: porque os sabrŽis mortificar, hablando con claridad y procurando no mortificar a los dem‡s; En una palabra, tendrŽis rectitud de intenci—n y no serŽis descorteses con nadie 33.
La correcci—n fraterna contribuye a dar mayor eficacia a la labor de
toda la Obra, porque a travŽs de esta Costumbre se hace m‡s eficaz la labor de
todos, y porque utilizamos un medio sobrenatural, en consonancia con el fin
sobrenatural que perseguimos. Cuando hacŽis la correcci—n fraterna, adem‡s
de vivir la caridad con vuestros hermanos, est‡is amando a la Obra, porque la
santific‡is.
Esta Costumbre nuestra fortalece tambiŽn la unidad de la Obra: todos nos sentimos seguros y protegidos, sabiendo que nuestro amor superar‡ siempre cualquier diferencia y pondr‡ remedio a nuestros defectos: frater qui adiuvatur a fratre, quasi civitas firma 34.
As’, la pureza de nuestro esp’ritu est‡ garantizada por la pr‡ctica de
la correcci—n fraterna; y con ella, nuestra santidad. ÁBendita correcci—n fraterna!
ÁCu‡nto contribuye a hacer alegre y amable
el camino de la santidad, saber que nos quieren; que rezan por nosotros; que
nos dicen las cosas noblemente, a la cara, para ayudarnos; que sufren si
sufrimos! La correcci—n fraterna, adem‡s, es una nece-
(32) Instrucci—n, 31-V-1936,
n. 90;
(33) Ibid., n. 24;
(34) Prov. XVIII,
19;
sidad. Es medicina maravillosa y tiene una raz—n de ser sobrenatural: que cada uno no puede conocerse bien a s’ mismo, y precisa de la ayuda de los dem‡s. La correcci—n fraterna es un buen remedio para nuestra flaqueza: un remedio eficaz, divino y humano. Y es una de las mejores manifestaciones de la caridad con nuestros hermanos y con la Obra 35.
(35) Instrucci—n,
31-V-1936, nota 133.
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