IV FORMACIÓN
1. Importancia de la labor de formación
Cada fiel del Opus Dei es consciente de la
importancia de fomentar el sentido de responsabilidad
personal, para sostener y mejorar su propia vida
interior y la de los demás; de cuidar con delicadeza la asistencia y la
puntualidad a las reuniones familiares, de piedad o de formación; de procurar fortalecer la unidad y hacer que la convivencia
esté siempre llena de alegría y de paz, de sentido
sobrenatural y de calor humano.
Los Directores locales tienen presente la
necesidad de formar muy bien, de ayudar a cada
persona a profundizar en su entrega a Dios, con una orientación
siempre positiva y constante, para enamorarse más y más del Señor, sabiendo que
esa prestación no ha de cesar en ningún momento: la formación no termina nunca.
El progreso, la perseverancia y la fidelidad
a las exigencias de la vida espiritual, son
consecuencia del amor a Dios, no producto del voluntarismo o del sentimentalismo, ni -mucho menos- el resultado del simple
cumplimiento externo de un conjunto de prescripciones. El secreto de la perseverancia -escribió
San Josemaría- es
el Amor. —Enamórate, y no «le» dejarás (cfr. Camino, n.
999).
Es muy conveniente, por tanto, que se
sugieran metas a cada uno, también en su labor apostólica
y se aliente a su cumplimiento. Los buenos pastores saben
darse cuenta inmediatamente de si alguno desentona, para averiguar la causa de la falta de sintonía y poner a tiempo,
lo an-
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tes posible -aunque siempre es tiempo-, el remedio oportuno. Ninguno es un verso suelto, sino que forma parte de un poema divino.
Por consiguiente, resulta necesario
proporcionar a todos con puntualidad y esmero los medios de formación, desde
el primer momento, cuidando especialmente
la dirección espiritual personal. El Consejo local tiene la responsabilidad de
ofrecer a cada uno esta ayuda, desde
el primer día, enseñándole y facilitándole la sinceridad en un espíritu de libertad. El interesado ha de ser como una brasa encendida; nadie puede apagarse porque se le haya atendido sólo
superficialmente.
Un cristiano no se jubila nunca en su servicio a las almas. Por eso, cuando una persona, por circunstancias de edad o de enfermedad, se ve obligada a recortar la actividad profesional o el intenso trabajo en
tareas apostólicas -que es tarea también profesional-,
además de ayuda espiritual, puede necesitar
orientación para que encuentre una ocupación adecuada a
sus circunstancias, dentro del inmenso quehacer del trabajo apostólico,
persuadido de que hay diversos modos de servir y de continuar la atención de las almas, que es su única ambición.
La puntualidad brota como consecuencia de la
caridad con Dios y con los demás, del orden y del deseo de
aprovechar el tiempo. Por este motivo, las reuniones
familiares, las actividades que se organicen -conferencias,
retiros, Círculos, reuniones en general-, y las tareas personales empiezan y terminan a la hora prevista. No sería razonable
retrasarlos cuando alguno llegue tarde, porque, de ese modo,
se haría perder el tiempo a los que acuden puntualmente. Por tanto, nada más
lógico que quien tenga la responsabilidad de esa
actividad esté en el lugar señalado con antelación
suficiente, para facilitar que se cumpla el horario fijado.
a) Atención de Numerarios y
Agregados
Requiere particular esmero la atención de los
Numerarios que, a causa de su trabajo profesional o por otro
motivo, residen en una ciudad donde no hay un Centro de la
Prelatura. Resulta muy oportuno -lo agradecen los
interesados- que pasen los fines de semana, u otros días, en el Centro al que están adscritos. De esta manera, tienen más facilidad para
recibir los medios de formación y de dirección
espiritual, al mismo tiempo que pueden descansar y
renovar su afán de lucha y su vibración apostólica.
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Los Directores ayudan a los sacerdotes de la
Prelatura a esmerarse en el cumplimiento de las obligaciones propias de su ministerio:
con delicadeza y respeto, pero con fraterna
firmeza, cuando se necesite. Han de mostrar una especial solicitud por
estos hermanos suyos, facilitando su vida de
piedad, cuidando de su salud, de su necesario descanso -conscientes de que, a
veces, les puede resultar difícil encontrar el tiempo o el modo de hacerlo-, y
de cuanto contribuya a facilitarles el camino de santidad y el cumplimiento de su ministerio
sacerdotal. Esto exige que el Consejo local conozca con el detalle
oportuno qué tareas pastorales tienen encomendadas y pueda -de acuerdo con los
Directores regionales o de la Delegación-
tomar las medidas para orientarles eficazmente.
Los horarios de la actividad sacerdotal se preparan de
modo que los sacerdotes puedan recibir los medios de formación con regularidad,
junto con las demás personas del Centro. Por
su parte, los sacerdotes Numerarios procuran asistir -con mucha
frecuencia, si no es posible todos los días-
a la meditación de la mañana en el propio Centro. Se les recomienda que dediquen al menos unos minutos de
recogimiento -si no les resulta posible hacer media hora de meditación-
para prepararse a la celebración de la Santa
Misa, también cuando deben celebrarla antes del horario habitual.
Aunque un sacerdote bine habitualmente, se
esmera en dedicar a la oración personal el
tiempo previsto, por la mañana y por la tarde, en el plan de vida espiritual que siguen los fieles
de la Prelatura. En épocas de especial actividad pastoral, en las que predica
por la mañana y por la tarde, se les
puede aconsejar que dediquen además otro rato a la oración, para cuidar su propia vida interior.
Cuando en una ciudad hay aún pocos sacerdotes
dedicados a la atención pastoral de los que participan en las distintas labores
apostólicas, se puede consultar la
posibilidad de binar, como está previsto por el derecho, para que -en lo
posible- se celebre el Santo Sacrificio en todos los Centros. En estos casos, será muestra de delicadeza tratar de acomodar el horario del Centro, para facilitar la
piedad y el descanso del sacerdote:
por ejemplo, puede celebrar la segunda Misa a última hora de la mañana,
o por la tarde -si va bien para los asistentes-; así, el sacerdote tendrá más holgura de tiempo, sin que deba ir
precipitadamente de un
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Centro a otro, y se evita su desgaste espiritual y físico. Otra
solución es establecer un turno entre varios sacerdotes,
para que uno mismo no celebre habitualmente dos Misas seguidas y a primera
hora.
Para hacer frente a los gastos necesarios en
la atención de los apostolados dependientes de los Centros de
mujeres de la Prelatura, los sacerdotes actúan de acuerdo
con las orientaciones del Vicario Regional o del Vicario
Secretario Regional. Cuando se les proporcionan esas cantidades en el Centro donde residen, el Consejo local comunica mensualmente el importe a la Comisión Regional, para que estudie cómo sufragar esos gastos.
A veces, junto a una iglesia confiada a la
Prelatura, tiene su sede un Centro de Numerarios. En
estos casos, el horario del Centro se organiza de modo que sea compatible con el trabajo de los sacerdotes
que atienden la iglesia y que, al mismo tiempo, permita
que todos asistan con regularidad a las reuniones familiares.
Quienes se ocupan -sacerdotes y laicos- de
atender a personas que no han realizado estudios de grado superior, tienen muy
presente que entre los cristianos -y, por tanto, entre los
fieles de la Prelatura- no hay clases ni castas, y han de
saber adaptarse a la mentalidad de todas las personas. Esta
caridad fraterna -que nadie puede confundir con un falso paternalismo- se manifestará aun en los pequeños detalles: explicándoles con más detenimiento algo que no entiendan, acomodando a su modo de ser las conversaciones y los propios gustos, etc.
- Grupos
Para facilitar la formación espiritual y
apostólica de los Agregados, se les distribuye en
Grupos homogéneos, según el tiempo que llevan en la
Prelatura, la edad, las circunstancias sociales y laborales, etc. Se procura
que, en cada Grupo, haya personas de diferentes profesiones, sin que predomine ninguna; y lo mismo en los medios de formación: no se prevén, por ejemplo, retiros sólo para los trabajadores de una
misma empresa, o exclusivamente con personas de edad muy avanzada, etc.
Normalmente, cada Grupo cuenta con un número
adecuado de Agregados, para asegurar el ambiente de
familia y fomentar el afán apostólico: diez o doce es una
buena cifra. Si algunos son hermanos, de
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ordinario, se adscriben a Grupos
distintos, aunque pertenezcan al mismo Centro. Además,
no suelen acudir juntos a la misma Convivencia.
A veces, para retiros, tertulias en días
señalados, o algunas clases, se reúnen los Grupos que participan en labores
apostólicas semejantes o los que, esparcidos por varios
pueblos, dependen del mismo Centro.
- Celadores
En cada Grupo hay dos Celadores, nombrados
por el Vicario Regional entre Agregados incorporados
definitivamente a la Prelatura, sugeridos por el
Consejo local del Centro.
Cuando el Consejo local considera muy
conveniente que se nombre Celador a un Agregado que
no ha hecho la Fidelidad, lo comunica a la Comisión
Regional, explicando las circunstancias. En ese caso, si se le confía ese encargo, conviene que realice la declaración previa a la
Fidelidad, antes de ocuparse de esa tarea.
La labor de los Celadores es de consejo y
ayuda espiritual, y exige una dedicación solícita, pues
les corresponde la responsabilidad de fomentar el buen
espíritu y la vibración apostólica de los demás, fortalecer la unidad, y
mantener vivo el cariño humano y sobrenatural entre los fieles de la Prelatura. Impulsan a todos -yendo ellos por delante- a
cuidar la
fraternidad, con medios sobrenaturales y un afecto sincero, que se traduce en hechos de servicio y en interés por lo
que ocupa a cada uno.
En el desempeño de su encargo -que no es
tarea de dirección- siguen las orientaciones del Consejo local del Centro; saben tener
iniciativas para mejorar la atención de sus hermanos, tanto en la parte espiritual
como en la material; e informan al Consejo
local de las necesidades que descubran,
aun de las más pequeñas. Es imprescindible que los Celadores cuenten con tiempo suficiente para ocuparse de
las personas del Grupo.
Como los Celadores constituyen pieza clave,
puente y elemento de unidad, los Directores les ayudan a ser
especialmente luz, ejemplo de fidelidad y de vibración apostólica, y a sentir
vivamente la responsabilidad que se les confía. Con la
periodicidad conveniente, se organizan para ellos algunas clases sobre cuestiones
que contribuyan a mejorar el modo de
desempeñar este encargo.
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Cada mes se puede tener un Círculo Breve
exclusivamente para los Celadores -siempre que estén nombrados más de dos en el
Centro-, con el fin de transmitirles experiencias útiles para
su misión y aumentar su vibración interior y su afán de almas; las demás
semanas asisten al Círculo con los miembros
de su Grupo.
b) Atención de Supernumerarios
La formación que reciben los Supernumerarios
ha de ponerles en condiciones de corresponder plenamente, cada
día con mayor fidelidad y generosidad, a su llamada a la santidad en medio del
mundo. En efecto, en las circunstancias en las que providencialmente Dios los
ha colocado, quienes están casados -el matrimonio es verdadero
camino vocacional, como enseñó San Josemaría-
se esfuerzan por corresponder con generosidad total a cuanto el Señor les pide.
En su situación específica, procuran servir sin reservas, como ciudadanos
católicos responsables, a la Iglesia Santa, al Romano Pontífice y a todas las
almas.
Esa formación les ayuda a aprovechar bien el
tiempo, asegurando la rectitud de intención en el estudio
-serio y profundo- o en el trabajo profesional, que ha de
ser intenso, y también incide en los detalles de tono humano
-manifestaciones de caridad- que exigen el espíritu de la Obra y la eficacia apostólica -delicadeza en el trato y en las
conversaciones, corrección en el vestir, etc.-, de manera
que contribuyan positivamente con su ejemplo en los ambientes que frecuentan:
así actuaban los primeros cristianos (cfr. Discurso a Diogneto,
cap 5-7; Tertuliano, Apologético,
cap. 42).
— Grupos
Para facilitar la formación espiritual y apostólica de los Supernumerarios, se les distribuye en Grupos
homogéneos, según el tiempo que
llevan en la Prelatura, la edad, las circunstancias sociales y culturales, etc.
Los fieles de la Prelatura que atienden cada Grupo de Supernumerarios se llaman
encargados de Grupo. El Consejo local distribuye la tarea de seguir a los
Grupos entre las personas nombradas para este encargo por la Comisión Regional o el Consejo de la Delegación. Además de contar con Numerarios, se puede confiar esta
tarea a Agregados in-
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corporados definitivamente a
la Prelatura, que reúnan las condiciones necesarias de
edad, piedad y formación y tengan experiencia en la atención personal de los Supernumerarios. Cuando en el Centro hay Supernumerarios que reciben charlas fraternas, también pueden ser nombrados encargados de Grupo.
En cada Grupo de Supernumerarios hay dos
Celadores: su labor de consejo y de ayuda
espiritual supone una dedicación solícita, que informa el
buen espíritu y la vibración apostólica de los demás, fortalece la unidad y
mantiene vivo el cariño humano y sobrenatural.
Los Celadores han de estar definitivamente
incorporados a la Prelatura. Antes de proponer a la Comisión
Regional, o al Consejo de la Delegación, el nombramiento de
un Supernumerario como Celador, el Consejo local
comprueba que:
a)
es una persona madura en la vocación, con buen espíritu, de probada vida interior y arraigada mentalidad laical;
b)tiene vibración, celo
por las almas y desarrolla un intenso apostolado
personal;
c)
posee condiciones humanas: prudencia, constancia,
optimismo, talento, etc.;
d)
dispone de tiempo suficiente, de modo que la dedicación a este encargo no cause un perjuicio a su familia o a su quehacer
profesional;
e)
no haya solicitado la admisión con la dispensa de lo establecido en Statuta, n. 20 §2 o después de haberse encontrado
en la situación mencionada en Statuta, n. 33. No obstante, si en algún caso
muy particular, después
de estudiarlo a fondo, el Consejo local estima conveniente proponer a la Comisión Regional el nombramiento como Celador de un Supernumerario en esas circunstancias, que ya lleva muchos años
de fidelidad en el Opus Dei, es oportuno que explique muy bien los motivos de esa propuesta;
f)
se esmera en vivir con extrema delicadeza la unidad con el Consejo local y el encargado de Grupo; en hacer
de su casa un hogar luminoso y alegre; en cuidar la sobriedad y la templanza; en
ayudar a los demás con cariño y delicadeza y, siempre que sea
necesario, practicando la corrección fraterna.
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Han de ser, en resumen, hombres entregados,
competentes y apostólicos; verdaderos instrumentos de
comunicación, de encendimiento del espíritu del Opus
Dei.
Si en un caso extraordinario no se consigue
que un Grupo de Supernumerarios tenga por lo menos un Celador,
cabría la posibilidad muy excepcional de que el Consejo
local, cuando lo estime verdaderamente conveniente por el
bien de la labor, proponga el nombramiento como Celador de
un Supernumerario que lleve al menos dos o tres años incorporado a la Prelatura y reúna las demás condiciones requeridas. En ese
caso, antes del nombramiento, hará la declaración
previa a la Fidelidad.
Con el fin de asegurar la atención espiritual
prevista, los Consejos locales, los encargados de grupo y los
sacerdotes dedican a su encargo -según las circunstancias
personales- un mínimo de horas semanales, de acuerdo con
las orientaciones recibidas de la Comisión Regional y conforme a las circunstancias que se presentan en cada lugar.
Además, han de ser conscientes de que la dedicación a su
encargo no puede ser nunca una tarea marginal: es materia de su santidad.
Los Consejos locales realizan su trabajo con
visión de conjunto, orden y constancia, sin dejarse llevar sólo por lo
inmediato. Tienen sus reuniones con puntualidad, despachan con los encargados
de grupo con la frecuencia prevista, y les recuerdan que
se reúnan con los Celadores.
Siempre que sea oportuno, principalmente en
Centros numerosos, se organizan reuniones breves -una o dos
veces al año, por ejemplo al comienzo del curso académico
o del verano- con los encargados de Grupo, para
concretar las pautas del trabajo de los próximos meses. Pueden incluir una charla, una meditación y una sesión o tiempo de trabajo.
Es muy importante que los sacerdotes puedan
atender regularmente a las personas que se les han
encomendado, de modo que todos reciban, con la frecuencia
adecuada, la ayuda y los consejos necesarios para
progresar en el camino de santidad.
El cariño fraterno del Consejo local por los
Supernumerarios de su Centro se manifiesta también en poner
remedio, a tiempo, a las dificultades que se presenten; en
asegurar que la dedicación de los encarga-
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dos de Grupo sea
suficiente; en el esfuerzo para mantener la
estabilidad en la dirección espiritual personal; en
mejorar constantemente la preparación doctrinal de los que
tienen encargos de formación y en considerar cómo reciben
esa atención espiritual los Supernumerarios que, por sus circunstancias, necesiten más ayuda.
- Atención espiritual de Supernumerarios que
son estudiantes o profesionales jóvenes
Los estudiantes o trabajadores jóvenes, que piden la admisión en la
Prelatura como Supernumerarios, normalmente siguen frecuentando el mismo Centro al que venían acudiendo y
dependen de un Centro de
Supernumerarios que, habitualmente, existe en esa sede. Así se facilita
su labor apostólica y que reciban la formación inicial más intensamente.
Si no es posible que en la misma sede haya un
Centro de Supernumerarios, puede ser útil que el Subdirector
del Centro de Numerarios se dedique más directamente a
su formación y a impulsar su apostolado, aunque todos
los miembros del Consejo local son igualmente responsables de su atención. Cuando
el número de Supernumerarios del Centro sea
muy grande, o los miembros del Consejo local del Centro de San Rafael no dispongan de tiempo, se estudia la
conveniencia de proponer a la Comisión Regional el nombramiento de algún
encargado de Grupo.
Aunque estos Supernumerarios jóvenes acuden a
sus propios medios de formación, con independencia de los
Numerarios y Agregados, se aconseja que asistan también con ellos
a algunas meditaciones y tertulias: así se consigue más
unidad en la labor apostólica que se realiza en el Centro, y
quizá algunos adviertan que el Señor les invita a ser Numerario o Agregado.
Desde la petición de admisión, suelen asistir
a un Círculo de Estudios -si es preciso, se organiza para uno solo-, a una
Convivencia y a un Curso de retiro organizados específicamente
para ellos. Ordinariamente la duración
de la Convivencia puede ser de 10 ó 12 días; y allí se les explica alrededor de la mitad de las clases de doctrina católica
previstas
en el Programa
de formación inicial.
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También se ha demostrado una buena experiencia
planear un retiro mensual para ellos. Si hay alguna
dificultad, basta programarlo cada dos o tres meses, y que el
resto del año asistan a los que acuden sus amigos que
frecuentan la labor apostólica.
Se ha de poner especial cuidado para
facilitar a estos Supernumerarios que formen bien su conciencia -sin dar nada
por supuesto-, para que cultiven con delicadeza todas las
virtudes cristianas, de acuerdo con sus circunstancias. Se les proporciona, por
tanto, los criterios morales claros sobre
lecturas, noviazgo, diversiones, espectáculos, etc., además de aconsejarles que traten de estas
materias en la dirección espiritual.
Por otra parte, es lógico que guarden una oportuna reserva y eviten comentar temas personales
-especialmente cuando se refieren al
desarrollo de un noviazgo, etc.- en las tertulias, conversaciones con varias personas, etc.
Dentro siempre de un completo respeto a su
libertad personal, los Directores procuran fomentar entre estos
Supernumerarios la ilusión por dedicarse a
tareas, adecuadas a sus aptitudes y capacidades, que ofrezcan un especial interés apostólico por su
repercusión cristiana: trabajos en
otras ciudades o países; especialidades y salidas, como
-a título de ejemplo- las
relacionadas con la enseñanza, la cultura y los medios de comunicación,
determinadas especialidades médicas, servicios de ayuda técnica dependientes de organismos internacionales, etc.
Como todos los fieles de la Prelatura, sienten
la necesidad de promover y sostener los instrumentos
apostólicos: cada uno de acuerdo con sus posibilidades, pero siempre con
esfuerzo y sacrificio personales. Además,
es natural que realicen gestiones con sus amigos, parientes y otras personas, para que ayuden a cubrir los
gastos de la labor apostólica en la
que participan más directamente.
La conciencia de la vocación cristiana lleva a
abrirse en abanico y a realizar una intensa labor de apostolado
en todos los ambientes que cada uno frecuenta. Estos
Supernumerarios, por su edad, tienen aún más posibilidades
de acercar a los medios de formación a muchachos que
descubran la grandeza del celibato apostólico y la sigan: si esta responsabilidad
incumbe a todos, de manera singular les corresponde a ellos, por su trato con gente joven.
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De ordinario, continúan desarrollando su
apostolado en la labor de San Rafael, y se les confía
un encargo apostólico adecuado a sus circunstancias: por ejemplo, promover y
asistir con sus amigos a las clases del curso
preparatorio o profesional, o a los cursos básicos de formación humana y cristiana; atender catequesis y
organizar visitas a los pobres de la Virgen; impulsar y dirigir actividades culturales, deportivas, de prensa, en el Centro; colaborar en las
actividades de los clubes juveniles, etc.
Suele dar buenos resultados que los de más
edad se encarguen de sacar adelante asociaciones de
antiguos alumnos de residencias, de colegios, de clubes,
ya sean obras de apostolado corporativo o labores personales; y de mantener el
trato apostólico con los chicos que han dejado -o dejarán
pronto- de participar en la labor de San Rafael, para que muchos sean nombrados Cooperadores y se incorporen a la labor de San
Gabriel. Como de ordinario tienen bastante estabilidad en su lugar de residencia o de estudio, a través de ellos se facilita también una
mayor continuidad en las tareas apostólicas.
También es muy positivo contar con su ayuda
para la atención de las actividades apostólicas
que, en los Centros de San Rafael y en los clubes
juveniles, se organizan durante las vacaciones: Convivencias, cursos de idiomas, campamentos, etc. De esta forma, además de la valiosa colaboración que prestan, se logra que estén bien atendidos espiritualmente durante esas temporadas.
Como -por su edad y sus circunstancias- de
ordinario no cuentan todavía con la preparación
específica precisa, no se les encarga dirigir clases del
curso preparatorio, ni los cursos básicos de formación para chicos que vayan a incorporarse a la labor de San Rafael. En cambio,
no hay dificultad en que algunos, si poseen la adecuada
formación y están ya en los últimos años de carrera -o tienen la edad
equivalente-, dirijan cursos básicos de formación para sus amigos y
conocidos que, por la edad, se incorporarán
a la labor de San Gabriel.
Cuando el Consejo local considera que a
algunos -por comenzar a ejercer su carrera o
profesión o por contraer matrimonio- les conviene pasar a
depender de otro Centro, lo expone a la Comisión Regional o al Consejo de la Delegación.
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c) Cuidado de la salud y del descanso
La caridad y el sentido de responsabilidad de
quienes dirigen una labor de almas les impulsa a
preocuparse no sólo por la salud espiritual de las personas
que atienden, sino también de su salud física.
Para llevar a cabo los fines apostólicos del
Opus Dei, se requiere una vida de sacrificio (cfr. Mt 16, 24) y trabajo intenso, generoso,
alegre; y, con la ayuda de la gracia, la disposición de
llegar al heroísmo en el servicio de Dios y de las almas. A la vez, en el
desempeño de las tareas, hay que ser muy humanos -de lo
contrario, no se podría ser sobrenaturales-, y tener presente que la gracia supone la naturaleza. Ciertamente, Dios
puede suplir los medios humanos, pero de ordinario desea que se empleen. Por
eso, supondría un grave error permitir que alguno -sin verdadera necesidad-
permaneciera en unas circunstancias que le exigieran una
tensión excesiva y continua, sin considerar que normalmente estas situaciones han de ser pasajeras y que se han de adoptar las
medidas oportunas para que cesen. De lo contrario, se
causaría un daño serio a las almas y a la eficacia de
la labor apostólica.
Con la necesaria prudencia y sentido común,
hay que prevenir las dificultades psicológicas, que
surgen en algunos casos, con motivo del exceso de trabajo, de la edad o de
enfermedades. Esas dificultades -si aparecen- no son
generalmente consecuencia de un desequilibrio mental o nervioso, sino que suelen deberse al cansancio, a la tensión interior que
comporta una acumulación de ocupaciones o de
responsabilidades; y pueden superarse, de ordinario, con los habituales medios
humanos y sobrenaturales. Con frecuencia, muchos de esos posibles
obstáculos desaparecen cuando se abre el corazón con
sinceridad en la dirección espiritual; pero a veces es
preciso adoptar, además, medidas de otro tipo que faciliten la solución, y que quizá las personas encargadas de la atención espiritual
no han considerado o no se encuentran dentro de sus
posibilidades.
Por eso, aparte de los medios ordinarios de
dirección espiritual, se busca una ocasión para que
el interesado tenga una conversación sobrenatural, honda y fraterna, con uno de
los Directores regionales o con otra persona que
éstos sugieran, que le ayude a enfocar los puntos precisos; y, si es necesario, sugerir que un Numerario o Agregado dedique
un tiempo a descansar de un modo especial, o que
cambie de ocupación
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o de Centro, etc.,
con la idea clara de que, en estas circunstancias, cuesta más adaptarse a cualquier nuevo trabajo.
Sin embargo, no hay que olvidar que una
excesiva tensión -o su desenlace en una actitud de
desaliento o de indiferencia- podría también proceder de
escasa humildad en la aceptación de las propias limitaciones o de los errores en que uno haya incurrido; y entonces conviene mover al interesado a mejorar su contrición, a admitir -con dolor
de amor- la propia responsabilidad en las faltas o en
la ineficacia de su labor, a pedir perdón al Señor
frecuentemente, sin revolver detalles que podrían provocar
escrúpulos. Esto devuelve siempre la paz al alma, sosiega también físicamente y
abre el corazón a la gracia de Dios.
La caridad cristiana pide que los Directores
extremen su cariño y desvelo en situaciones
especiales, que quizá surgen con el paso de los años y se
presentan como crisis en algunas edades.
Puede ocurrir que, durante esas crisis, alguno
llegue a plantearse -sin ningún fundamento objetivo- problemas de orden
profesional o sentimental, e, incluso,
dudas sobre su camino cristiano, a pesar de haber servido fielmente al Señor
durante muchos años, con alegría y con eficacia.
Si se manifestasen estos síntomas, la solicitud de quienes se ocupan de su dirección espiritual les empuja a
estar muy atentos, para saber prevenir,
cuidar y orientarles con especial comprensión, asistiéndoles con delicadeza y prudencia para que superen
esas dificultades. Si se detectan a
tiempo esas situaciones, se pueden suavizar en gran parte con la atención debida y, si fuera necesario,
aconsejando al interesado que
recurra a los cuidados médicos adecuados.
Para evitar que alguien busque causas
imaginarias, es bueno hacerle comprender el origen
natural de ese estado pasajero de ánimo; y, al mismo
tiempo, insistirle en la necesidad de apoyarse más sólidamente en la vida interior y en una confiada docilidad. Como cada vez está
más extendida -por su auténtica utilidad- la práctica de
una revisión médica periódica, esa ocasión facilita pedir la opinión del médico
sobre la necesidad de un seguimiento o de un tratamiento especializados.
Como ha puesto de relieve el Magisterio de la
Iglesia (cfr., por ejemplo, Juan Pablo II, Enc. Veritatis splendor, nn. 4 y 33;
Discursos al
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Tribunal de la Rota Romana, 5-II-1987 y 10-11-1995), hay especialistas en psiquiatría o
psicología que sostienen teorías antropológicas incompatibles con la enseñanza cristiana. Desgraciadamente, con frecuencia,
esos errores se reflejan también en las praxis terapéuticas. Por estas razones,
si alguno debe acudir a la consulta de un psiquiatra (o de un especialista en psicología), resulta lógico que se aconseje con los
Directores, que pedirán también asesoramiento a la Comisión
Regional. Entre otras manifestaciones de delicadeza, conviene
considerar que, para algunos pacientes -especialmente
si son célibes-, la consulta resulta particularmente
incómoda si el psiquiatra o psicólogo es del otro sexo, por lo que es mejor evitar esa entrevista y buscar otro especialista.
Evidentemente, cuando la persona está casada, la decisión
de acudir a un psiquiatra quedará supeditada en muchos casos a
la opinión de su esposa e hijos, de su familia.