Anexo
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SUGERENCIAS PRÁCTICAS SOBRE ALGUNAS NORMAS Y
COSTUMBRES
1. Oraciones vocales
Para poner mayor atención y fomentar la piedad
personal, puede ser útil leer, de ordinario, los textos
correspondientes al rezar las Preces de la Obra, el Trium puerorum, el
Adoro te devote, el Salmo II,
etc.
2. Santa Misa y Eucaristía
También es aconsejable utilizar el misal de
fieles, al asistir a la Santa Misa, aunque se celebre
en lengua vernácula: sirve para unirse más a las palabras
del sacerdote, durante la Liturgia eucarística.
Los jueves, en los Centros, también en los
oratorios que no tienen sagrario o sagrario con puerta
de cristal y cuando, excepcionalmente, no se haya podido hacer la oración ante
el Santísimo expuesto, se reza o se canta el himno Adoro te devote en familia, antes o
después de la meditación de la mañana, excepto si se va a cantar o rezar ese
mismo día, a otra hora, durante la exposición y bendición
eucarística.
3. Antífona mañana de los sábados
De acuerdo con lo que indicó San Josemaría en
diversas ocasiones, los sábados se canta o se recita una
antífona mariana apropiada al tiempo litúrgico. Durante el
período pascual, la Liturgia prevé el Regina
coeli. En el resto del año, la Salve
Regina u otras propias de los diversos tiempos litúrgicos: Alma Redemptoris Mater, en Adviento; Ave, Regina codorum, en Cuaresma; o las
que se incluyen en Iubilate Deo, ed.
altera, 1986: Ave,
maris stella y Magnificat.
Después de la antífona, se reza una oración
conclusiva, que puede ser: en Pascua, Deus, qui, per resurrectionem Filii tui Domini nostri Iesu Christi, mundum laetificare
dignatus es...; y el resto del año: Omnipotens sempiterne Deus, qui gloriosae Virginis Matris Maiae, corpus et
animam, ut
dignum Filii tui habitaculum effici mereretur...
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Se concluye con la invocación: Divinum auxilium maneat semper nobiscum, a la que se responde Amen.
En los Centros de San Rafael, cuando la meditación semanal se organiza en un día distinto del sábado, no se suele cantar ni rezar la antífona mañana. En estos casos, los sábados se tiene también la bendición con el Santísimo y el canto de la antífona mariana, aunque no haya meditación.
4. Cartas al Padre
La Costumbre de escribir al Padre nació espontáneamente, como manifestación del cariño y del buen espíritu de sus hijas y de sus hijos. Estas cartas han hecho y seguirán haciendo mucho bien. Para los que escriben, son un medio más de abrir con espontaneidad y sencillez su corazón al Padre. También son utilísimas para el Padre -¡cuántas veces me ayudan a hacer oración!, señalaba San Josemaría-, porque le dan a conocer detalles edificantes de la vida de los fieles de la Prelatura y pormenores de la actividad apostólica de los Centros. Además, le sirven para tener muy en cuenta -y para presentar ante el Señor- las necesidades concretas de sus hijos.
Es lógico no descuidar esta muestra de cariño; se suele escribir al Padre al menos dos veces al año; una para la fiesta de San José y otra unos días antes del 2 de octubre. Se aconseja enviarlas a través del Director del Centro, en vez de mandarlas directamente por correo postal, aunque naturalmente pueden escoger el sistema que prefieran.
Son cartas de familia, de hijos que escriben a su Padre, con sencillez y con entera libertad, como resulta natural a cada uno, con delicadeza y corrección, sin perder la espontaneidad: por eso, no se suelen emplear abreviaturas o expresiones desusadas.
Antes de enviar a la Comisión Regional una carta para el Padre, como la mayor parte de las veces no llevará, ni tiene por qué llevar, el apellido en la firma, el Director o el mismo interesado lo añade a lápiz, con caracteres de imprenta.
Además, se señala si es Numerario, Agregado, Supernumerario, Agregado o Supernumerario de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz.
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Si, por su contenido o por cualquier circunstancia, interesa que una carta sea leída cuanto antes, el Director local escribirá, en el sobre, la indicación urgente. Y en algunos casos -por ejemplo, si es respuesta a una carta personal del Padre- se manda directamente a Roma.
Todos deben saber que si entregan las cartas abiertas o sin sobre -como es habitual-, se entiende que dan tácitamente permiso para que el Director del Consejo local pueda leerlas, por si le parece conveniente hacer alguna sugerencia al que ha escrito la carta, pero guarda sobre este tema la más delicada reserva, pues forma parte del silencio de oficio.
Si, al escribir al Padre, un Numerario o un Agregado, ya incorporado al menos temporalmente a la Prelatura, desea manifestar su disponibilidad para ser sacerdote si es llamado por el Padre, lo señala al Consejo local, para que lo advierta a la Comisión Regional al enviar la carta.
Además de estas cartas ordinarias, como es natural, todos pueden dirigirse directamente al Padre cuando quieran comunicarle asuntos -personales o relativos al Opus Dei- que les parezcan importantes: en estos casos, procuran extremar la prudencia, la objetividad y la serenidad, para no dar siquiera la impresión de faltar a la justicia o a la caridad. Estas cartas pueden enviarse en sobre cerrado al Vicario Regional -con la seguridad de que nadie las abrirá-, para que las mande cuanto antes al Padre, o por correo, si se prefiere.
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