EXPERIENCIAS
SOBRE EL MODO DE LLEVAR
CHARLAS FRATERNAS
Roma, 19 marzo 2001
PRESENTACION
El 19 de marzo de 1975, durante una tertulia, nuestro
Padre decía que la charla fraterna es un medio bendito, sobrenatural, de sabor
evangélico, de primitivos cristianos; en cuanto abrimos el corazón, sin trampa,
dejando que entre la luz, la claridad, hasta el último rincón, nos quedamos
felices, serenos, tranquilos, se nos quitan las falsas enfermedades y vamos
con alegría a las enfermedades verdaderas1. Y en muchas otras ocasiones
también le escuchamos afirmar que la Confidencia —esa charla sincera,
llena de sentido sobrenatural— es el medio de santificación más soberano que,
aparte de los sacramentos, tenemos en el Opus Dei2.
Este
medio de dirección espiritual personal nació en la Obra por una especial
providencia de Dios, con espontaneidad, con naturalidad, como una
fuente: porque el agua está allí y no puede dejar de brotar; porque es parte de
la vida nuestra3. Los primeros tomaron voluntariamente —libérrimamente— la costumbre de contar a nuestro Padre
todas sus cosas, de abrir la conciencia de par en par. Después,
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cuando el desarrollo de la labor apostólica hizo que resultase
físicamente imposible que pudiera escucharles personalmente, comenzaron a
abrir su alma al Director, con la misma visión sobrenatural, con la misma
sencillez y confianza con que hablaban a nuestro Fundador.
Desde
entonces, todos los fieles del Opus Dei somos conscientes de que la charla
fraterna es un medio sobrenatural, dispuesto por el Señor para nuestra
santificación en el mundo: los Directores son instrumentos de Dios, y cuentan
con las gracias convenientes para ayudarnos; por tanto, acudimos
siempre con disposiciones de completa sinceridad, con el deseo de que sea cada
vez más claro, más pleno, más íntimo el conocimiento que tienen de nuestra
lucha ascética4, deseando facilitar, a quienes tengan la misión de
formarnos, el conocimiento de todas nuestras circunstancias personales (...): nos ha de dar alegría hacer que nuestra alma sea
transparente5. Y esto, independientemente de quien sea la persona designada para
llevar nuestra charla, porque a la Confidencia no se va por amistad, ni
por motivos personales; sino por motivos
sobrenaturales; cualquiera que sea quien recibe la
Confidencia, es vuestro mismo Padre quien la recibe6.
Por
eso, todos en el Opus Dei agradecemos que, a través de la charla fraterna -así
se nos ha explicado desde que llegamos a la Obra-conozcan el Padre y sólo los
Directores a los que corresponda nuestras disposiciones personales, nuestros
talentos y limitaciones, nuestro modo de ser, para que puedan ayudarnos a
crecer en santidad y nos confíen los trabajos y encargos apostólicos que
podamos desempeñar con mayor eficacia, en servicio de Dios y de la Iglesia. Es
una tarea que se ha llevado siempre -y se lleva- con una delicadeza extrema.
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Por su parte, quienes reciben el encargo de escuchar
las Confidencias fomentan constantemente en su corazón el afán de ser —con
su oración, con su mortificación, con su cariño humano y sobrenatural, con
su petición asidua de luces al Espíritu Santo— buenos pastores, transmisores
fieles de la voluntad de Dios para cada alma, estando siempre dispuestos a
dar, como Cristo, la vida por sus hermanos.
Hemos
de suplicar al Señor, a través de la intercesión de San Josemaría,
que nos ayude con su gracia para que todos en el Opus Dei crezcamos
continuamente en la visión sobrenatural, en la sinceridad y en la docilidad con
que vivimos este medio tan fundamental de dirección
espiritual, teniendo siempre presentes aquellas palabras de nuestro queridísimo
Padre: a Jesús siempre se va y se vuelve
por María, y ya sabéis cómo se va: por la Confidencia
y la Confesión7.
1
De nuestro Padre, palabras tomadas en una tertulia, 19-III-1975, en
Noticias, IV-75, p. 49.
2 De
nuestro Padre, palabras tomadas en una tertulia, en Crónica, VII-84, p. 9.
3 De
nuestro Padre, palabras tomadas en una tertulia, 28-X-1970, en Crónica, 1-71, p. 36.
4
Cfr. Catecismo
de la Obra, n. 208.
5 De
nuestro Padre, Carta 24-III-1931, n.
41.
6
De nuestro Padre, Instrucción,
31-V-1936, nota 132.
7
De nuestro Padre, apuntes tomados en una tertulia, en Crónica 1-78, p. 14.
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