Anexo 3
GUIÓN PARA UNA CHARLA SOBRE LA SEPARACIÓN ENTRE HOMBRES Y MUJERES DE LA PRELATURA
El siguiente guión contiene algunas ideas, que pueden servir de pauta
a los Consejos locales para una o más charlas en los
Cursos anuales y en las Convivencias de Supernumerarios, o en el Círculo Breve
y Círculo de Estudios. Se ha de tratar con detenimiento,
para que se ayude a afinar. También es conveniente abordar este tema en las Convivencias de sacerdotes: ellos, en primer lugar,
han de ser ejemplares e intransigentes en cumplir y en impulsar que
todos respeten esa separación.
Conviene
citar algunas manifestaciones concretas, sin pretender exponer un elenco
exhaustivo de situaciones posibles: la casuística sería enorme. Pero interesa, al comentar
estas consideraciones, dejar también claro lo que no se debe hacer.
A lo largo de su vida terrena, nuestro Padre se esforzó heroicamente por corresponder a las luces y gracias que Dios le daba para fundar el Opus Dei. Fruto de su continuo desvelo ha sido que el fin, el espíritu, la fisonomía y los modos de apostolado peculiares de la Obra hayan quedado —como solía decir— esculpidos.
Por eso, repetía con
profunda convicción: en nuestro Derecho, todo está cuajado de una manera tan divina, que yo os aseguro que no
es mío. ¡Es de El! ¡Amadlo! ¡Veneradlo! Es el medio que nos ha dado Dios
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Nuestro Señor para que vosotros y yo vayamos por ese camino y no nos podamos descaminar1.
Como afirmaba don Álvaro con delicada exigencia, es preciso permanecer «en vigilia de amor y de correspondencia, defendiendo —primero con la piedad, luego con las obras— el genuino espíritu del Opus Dei. Alimentando —como hasta ahora— este empeño en el cuidado de la Prelatura, en que nada se desvirtúe, en que todos los detalles se conserven tal como Dios se los mostró a nuestro Padre, evitaremos siempre que se produzcan pequeñas fisuras que, adquiriendo luego más profundidad, anchura y relieve, desharían o dejarían inhabitable esta Casa de Dios»2.
La labor apostólica de la Prelatura es el resultado de la colaboración orgánica de todos sus fieles, sacerdotes y laicos, mujeres y hombres. «La eficacia proviene del mutuo complementarse de las actividades apostólicas que —con la gracia de Dios, y con correspondencia personal de cada uno— se llevan a cabo en tantos ambientes. La unidad de la Obra se realza y resplandece más mediante la multiplicidad de situaciones que existe entre los fieles de la Prelatura. Y el tapiz primorosamente acabado que, entre todos, procuramos ir tejiendo día tras día para Dios, se enriquece con belleza nueva en cada jornada, hasta el fin de los tiempos»3.
A la vez, junto con la unidad, se presenta como característica esencial de nuestro espíritu la rigurosa separación que, por voluntad divina, existe entre los apostolados de los hombres y de las mujeres. Éste es el sentido en que nuestro Padre se refería a las dos Secciones de la Obra, de las que afirmaba que son como dos borriquillos que tiran de un solo carro en la misma dirección. Tiran juntos, uniendo fuerzas en el mismo sentido: con unidad de espíritu, con una sola cabeza4.
Desde el principio, y hasta el último día de su vida en la tierra, nuestro Fundador nos enseñó, con su palabra y su ejemplo, a vivir con una
1. san
josemaría, Apuntes
tomados en una meditación, 12-IV-1954.
2. don alvaro del portillo, Carta, 24-1-1990,
n. 35.
3. don alvaro del portillo, Carta, 24-1-1990,
n. 36.
4. san
josemaría, Palabras
publicadas en Noticias VIII-69, p. 76.
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delicadeza extrema esta separación, sin admitir ni permitir excepciones. En los Estatutos de la Obra, sancionados por la Santa Sede al aprobar su configuración jurídica definitiva como Prelatura personal5, aparece también recogido este rasgo fundacional para que se cuide como se ha hecho desde los comienzos, produciendo, gracias a Dios, multitud de frutos en servicio de la Iglesia y de las almas6.
No se trata, en consecuencia, de una mera razón de elemental prudencia en el trato —que evidentemente es siempre necesaria—, sino de algo más esencial: define una condición de la eficacia misma de toda nuestra labor, porque responde al querer positivo de Dios, tal y como lo recibió y nos lo ha transmitido nuestro Padre. No podrá, por eso, modificarse con el paso del tiempo, ante nuevas circunstancias históricas, o por una equivocada pretensión de adaptarse mejor a determinados ambientes o a presuntas exigencias profesionales, o por una falsa naturalidad: las mujeres y los hombres del Opus Dei tienen sus propios apostolados, entre los que no hay interferencias.
A propósito de las manifestaciones concretas de esta separación, el Catecismo de la Obra señala —entre otras— las siguientes: «Ayudan al Prelado y a sus Vicarios —para atender a los hombres o a las mujeres— los propios organismos de gobierno, en sus tres grados: general o central, regional y local. También es independiente el régimen económico. En fin, no se da de hecho la más mínima interferencia, porque se evita el trato entre personas de las dos Secciones»7.
Por lo que se refiere a este último aspecto, conviene tener presente que, con la extensión de la labor apostólica, es cada vez más frecuente
5. «In
utraque pariter Operis Dei Sectione, virorum scilicet ac mulierum, eadem est
unitas vocationis, spiritus, finis et
regiminis, etsi unaquaeque Sectio proprios habeat apostolatus» (Statuta,
n. 4, § 3).
6. «Todos sabéis —y lo habéis agradecido al Señor conmigo— con cuánta delicadeza se ha vivido siempre esta separación: gráficamente os he dicho en muchas ocasiones que es como si viviéramos a quinientos, a mil, a cinco mil kilómetros de distancia, sin dejar por eso de tener unidad de espíritu» (SAN josemaría, Carta 19-III-1954, n. 12).
7. Catecismo de la Obra, 7a ed., n. 15.
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que
lleguen a coincidir en una misma empresa o lugar de trabajo fieles de la
Prelatura varones y mujeres, como consecuencia de la propia carrera profesional
o laboral.
De otro lado, se han multiplicado también en todo el mundo las
iniciativas apostólicas, de diversa naturaleza, promovidas por fieles de la
Obra con otras personas, o que cuentan con su participación, y que conllevan
situaciones semejantes: obras corporativas de enseñanza, entidades culturales,
ONGs, asociaciones pro-vida, etc.
Como es lógico, el empeño personal por asimilar y conservar la
separación, llevará a todas y a todos a vivirla con extremada fidelidad,
siempre y en cualquier circunstancia, de manera que sepan descubrir prontamente
aquello que pudiera suponer menoscabo, también en el ámbito del ejercicio
profesional, para no ceder ni un milímetro.
Precisamente por ser un rasgo constitutivo del Opus Dei, afecta por
igual a todos — Numerarios, Agregados y Supernumerarios, sacerdotes y seglares
—, porque todos nos movemos con el mismo espíritu. Se trata de respetar con especial
finura cuanto dispuso nuestro Padre; por eso, los Directores han de saber dar
criterio en las charlas, Círculos y otros medios de formación personales y
colectivos, diciendo también de modo neto lo que no se debe hacer. Lógicamente, cuando sea preciso,
hay que ayudarse con la corrección fraterna. Sin exageraciones, es preferible
que se caiga en un aparente rigorismo a cualquier cesión por pequeña que parezca.
Cuando se trata de personas que se encuentran en condiciones laborales
en las que se hace particularmente importante cuidar estas medidas, será
necesario que quienes atienden su charla fraterna sepan preguntar cómo afrontan
las situaciones que se les presentan, para darles criterio y ayudarles a
superar aquello que pudiera antojárseles como una dificultad.
Además, conviene que los Directores repasen con frecuencia las disposiciones contenidas en las Regulae Internae pro Administrationibus, así como lo que está recogido en Vademécum, 19-III-2002, pág. 207, 3 — 210,1, y las comenten con la periodicidad prevista (cfr. ibid., pág. 207, 3).
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Hemos de pedir al Señor que infunda, en cada uno de nosotros, el mismo afán que impulsó a nuestro Padre a defender con toda su alma la fisonomía de nuestro espíritu, como comentaba en alguna ocasión: Invocad a la Virgen Santísima con esta jaculatoria: Cor Mariae Dulcissimum, iter para tutum! Es un grito filial que me venía constantemente al corazón y a la boca, en unos momentos muy concretos de la historia de nuestra Obra; algún día, cuando yo ya no esté aquí, lo sabréis (...). Querían romper esta bendita unidad de las dos Secciones, que era lo mismo que partirme el alma (...). No teniendo a quien recurrir aquí en la tierra, acudí a nuestra Madre del cielo, para que las dos Secciones de la Obra sigan siempre como dos borriquillos tirando del mismo carro divino adelante por un camino seguro que se va abriendo con la suave violencia de las obras de Dios (...). No olvidéis, hijos, que la seguridad de ese camino depende también de vosotros, del empeño que pongáis en ser fieles, en ser santos8.
8. san josemarÍa, Notas de una conversación, tomadas en el año 1956.
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