Anexo 4
ALGUNAS MANIFESTACIONES PRÁCTICAS DE DESPRENDIMIENTO Y SOBRIEDAD EN EL USO DE INSTRUMENTOS DE TRABAJO
Todos en la Obra deseamos vivir siempre las virtudes cristianas, sin
menoscabar sus exigencias; también a medida que el progreso económico o
tecnológico ofrezca mayores posibilidades de utilización de instrumentos
técnicos. Y para crecer en las virtudes —siempre apoyados en la gracia divina—,
se necesita el ejercicio constante de manifestaciones concretas, prácticas,
reales.
La pobreza no es pobretería; más aún, se debe conjugar con la
magnificencia, que nos lleva a buscar medios materiales para ponerlos al
servicio de Dios. Pero la pobreza ha de notarse en la vida de cada uno, porque
de lo contrario significaría que no se está cuidando.
En este sentido, nunca agradeceremos suficientemente a Dios la
capacidad pedagógica que concedió a San Josemaría, que le permitió acuñar
enseñanzas de gran hondura teológica, ascética y jurídica, en breves frases
llenas de sabiduría sobrenatural y humana, que serán perennemente válidas para
todos nosotros. Por lo que se refiere a esta virtud, podemos recordar —sólo a
título de ejemplo: hay muchas otras— la siguiente: aquí tenéis algunas señales de la verdadera
pobreza: no tener cosa alguna como propia; no tener nada superfluo; no quejarse
cuando
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falta lo
necesario; cuando se trata de elegir algo para uso personal, elegir lo más
pobre, lo menos simpático1.
Hemos de usar las cosas, con rectitud, en la medida en que sean
necesarias, sabiendo ofrecer también la falta de lo que podemos considerar como
imprescindible o muy conveniente. Para no caer en una casuística innecesaria, y
precisamente porque muchos de estos medios son en sí mismos buenos, a la hora
de vivir esta virtud hay que tener presente aquella advertencia de San Pablo a
los de Corinto: «Todo me es lícito». Pero no todo conviene. «Todo me es lícito».
Pero no me dejaré dominar por nada2. En definitiva, la pregunta clave que cada uno
debe formularse no es si "se puede" (tener
esto, hacer aquel plan, usar un objeto), sino más bien: "¿concederme
esto —que me apetece, o que me sería útil, o que mucha gente tiene...—, me acercará
más a Dios? ¿Cómo se comportaría nuestro Padre
en esta situación?".
Este planteamiento, además de elevar el horizonte de la lucha a su justa dimensión —el deseo de imitar a Cristo—, muestra con facilidad
la necesidad
de consultar y de obedecer, precisamente porque deseamos amar a Dios en cada caso, y todos tenemos
experiencia de lo fácil que resulta
engañarse uno mismo cuando se siente la atracción más intensa hacia alguna cosa: el espíritu propio es mal consejero3, palabras escritas por
nuestro Padre para todos los cristianos.
Por el mismo motivo, agradecemos que los Directores nos ayuden a progresar en el
camino hacia la santidad, con consejos o indicaciones concretas; y rectificamos si alguna vez sentimos —como primer
movimiento— el pequeño o gran zarpazo de la tentación de protesta ante un cambio de plan, ante una decisión sobre ver o no
ver una película, etc. Esas reacciones
serían precisamente índice de la lucha que debemos mantener, y de que lo hacemos con auténtico deseo
sobrenatural, con conciencia de
afrontar todo sólo para el Señor, con la libertad interior de los hijos de Dios.
1. san josemaría, Instrucción, 31-V-1936, nota 137.
2. I Cor 6, 12.
3. san josemaría, cfr. Camino, n. 59.
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Si queremos vivir para el Señor, no podemos vivir para los sentidos: por eso, entendemos que las indicaciones sobre el uso de la TV, el cine, etc., en los Centros, no son unas normas externas que "hay que cumplir, porque así se ha mandado", sino que son medidas de prudencia para facilitar nuestro señorío sobre lo sensible, y evitar que —a través de imágenes más o menos frívolas— los mismos sentidos favorezcan o agudicen los ataques de la concupiscencia: es algo que deseamos personalmente zanjar, incluso sabiendo que, en algún caso, pueda costarnos. Y pensamos siempre en nuestros hermanos y en las almas: si esto o aquello puede dificultar o entorpecer su camino de santidad, non manducabo carnem in aeternum1, gustosamente lo evitaré.
Con esta actitud de fondo, se aman y se cumplen con la máxima delicadeza, sin buscar escapatorias o justificaciones, las indicaciones concretas sobre estas materias. Por ejemplo:
— desprendimiento real del automóvil, manifestado —es sólo un detalle— en dejar las llaves en Dirección, en cuanto se llega a casa,
o en prescindir de su uso cuando no sea necesario;
— dejar de utilizar en algunos momentos —por ejemplo, durante el Curso anual— aparatos o instrumentos que se deben emplear habitualmente, por
motivos profesionales;
— no disponer de cassettes, CD, vídeos, cámaras fotográficas,
magnetofones, etc., como propios (por tanto, sólo se utilizan cuando se debe, y para lo que se debe: así, por ej., si uno va al Curso anual, o a una
Convivencia, no se lleva "sus" CD, o
"su" cámara fotográfica, etc.);
— por supuesto, aunque sea más o menos común en algunos ambientes, de ordinario es mejor no trabajar con música (aunque no
distraiga, o aunque se piense que permite concentrarse
mejor, o aunque se haga sin molestar a otras
personas): es una cuestión de sobriedad personal;
— también a la hora de la diversión y del descanso, hemos de tener siempre
presente, como es lógico, aquella norma de conducta que nos
4. 1 Cor 8, 13.
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enseñó nuestro Fundador: comportarnos como un padre de familia numerosa y pobre; así se entiende que no practiquemos deportes que resulten caros —mucho menos, si además son arriesgados—, que no alimentemos un número excesivo de aficiones, que los paseos semanales sean sobrios, que busquemos siempre modos sencillos de descansar;
— tampoco sería lógico llenarse de "cosas", o querer tener "de todo": disponer del último producto en material de trabajo, o de ropa, o de deporte, o de discos de música, o de novelas.
En los últimos años, el campo de la electrónica ha experimentado un gran avance técnico, ofreciendo notables posibilidades positivas para el desarrollo de las ciencias y de la vida práctica. El abanico de nuevos instrumentos es muy grande y, como es lógico, cada uno tiene su atractivo y su interés, aunque sea sólo parcial. Por eso, hay que vigilar para no crearse necesidades superfinas, o para que la propaganda, o la moda, no lleve a un modo de vivir ligero, superficial, esclavo del capricho o de la diversión. Algunos ejemplos:
— ordenadores y agendas electrónicas: antes de adquirir un aparato, o de cambiar el que se utiliza por otro más moderno —y, por lo tanto, con funciones mucho más avanzadas—, es preciso preguntarse sinceramente si es necesaria o muy conveniente esa compra;
— el hecho de que el teléfono móvil esté muy difundido, o resulte económico —incluso gratis, por una circunstancia particular—, no
significa que sea necesario, ni tampoco que se utilice para llamadas superfinas o excesivamente prolongadas ("como no cuesta
dinero..."), o en momentos inadecuados (por ej.,
que no se respeten las tertulias, el tiempo de la noche, el
de la oración mental, etc.);
— algo semejante habría que decir del correo electrónico: es razonable —por motivos de orden, de sobriedad, de mortificación, de aprovechamiento del tiempo—, que con este medio no se envíen mensajes sin necesidad y se tomen medidas de prudencia análogas a las
utilizadas para el correo postal. Si, como es lo habitual, usar correo
electrónico comporta también la posibilidad
de "navegar" por internet, será necesa-
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rio que en los Centros se establezcan horas y lugares determinados, para que lo use quien de verdad lo precise. En muchos Centros no hace falta disponer de la posibilidad de "navegar" por internet (quienes lo necesiten lo tendrán sólo en su lugar de trabajo); basta con que esté instalado el correo electrónico —si se considera oportuno— sin otras conexiones a internet.
Internet ha abierto una perspectiva nueva para las comunicaciones, la adquisición e intercambio de conocimientos científicos, las relaciones comerciales, etc. Junto a eso, puede provocar muy fácilmente el vicio de la curiosidad, en la búsqueda de noticias o de conocimientos superfluos —un simple revoltijo de noticias o informaciones—, que no contribuyen a la formación de la persona. "Navegar" por internet para "estar enterados" de lo que sucede aquí o allá, para buscar información innecesaria, para leer varios periódicos al día, etc., además de una pérdida de tiempo, constituiría un error, porque fomenta la disipación de los sentidos.
También es del todo lógico —y agradecemos que se viva así—, que normalmente no tengamos conexión directa con internet desde el ordenador de uso habitual: sabemos que, por desgracia, la red está muy contaminada por la pornografía, etc., y es mucho más prudente acceder, cuando sea necesario, en un lugar abierto, o durante unas horas determinadas; y esto no es desconfianza o infantilismo, es sentido común y sentido sobrenatural, que desea sinceramente poner los medios —con la ayuda de los Directores— para evitar cualquier ocasión de pecado.
En este sentido, para quienes se dedican más especialmente al cultivo de las ciencias es de mucho interés el comentario que hacía Santo Tomás de Aquino a las palabras de San Pablo: scientia inflat, caritas vero aedificat5. Explicaba lo siguiente: «El Apóstol no aprueba saber muchas cosas si ese saber no respeta el recto orden que debe tener la ciencia. Para que el conocimiento sea recto, deben ser adecuados el orden, el esfuerzo y el fin con que se adquiere. El orden, para buscar en primer lu-
5.1 Cor 3,1.
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gar lo que conduce
más inmediatamente a la salvación; el esfuerzo, para poner más empeño en lo que facilita el amor de Dios; el fin, para no
querer nada por curiosidad o vanidad, sino para la
santidad personal y la del prójimo. Hay personas que desean saber sólo por
saber, y eso es curiosidad; otras, para alcanzar
fama, y eso es vanidad; otras, para enriquecerse con su ciencia, y ése es un
negocio torpe; otras, para ser edificadas, y eso es
prudencia; otras, para edificar a los demás, y eso es caridad»6.
Al exponer estas ideas, los Directores no deben caer en una casuística innecesaria, ni aferrarse a una especie de elenco: se trata de
que ayuden a todos en el camino de almas contemplativas, a
estar desprendidos, a vivir libres de apegamientos, a no crearse necesidades
superfluas, a no admitir una actitud de mínimos. En la
dirección espiritual personal, han de estar pendientes
de que se traten estos temas, sabiendo preguntar, percibiendo posibles síntomas de aburguesamiento o dispersión, llegando a la raíz de las manifestaciones exteriores, y haciendo entender a
todos que las exigencias de nuestra entrega a Dios no son "límites" a
las posibilidades humanas, sino todo lo contrario: Os
recuerdo una comparación que he puesto muchas veces.
Pensad en esos pájaros que
tienen el vuelo majestuoso, señorial. No
sienten el peso de las alas, y son grandes
y verdaderamente pesadas. Si se
las cortasen, o pudieran desprenderse de las alas voluntariamente, ellos
pesarían menos, pero no podrían volar. Vividme siempre el
espíritu del Opus Dei con el convencimiento
de que vuestras obligaciones no son peso, no son algo negativo. Al
contrario, son una continua afirmación de Amor auténtico.
Y con este fiel cumplimiento volaremos altos, muy altos, porque —siendo muy poca cosa cada uno— viviremos vida de Dios,
llegaremos muy cerca del sol, como llegan
las águilas en su vuelo de ascensión7.
6. santo tomás de aquino, In Ep l ad Cor., cap. 8,
lect. 1, Ed. Marietti, n. 425.
7. san josemaría, Apuntes tomados en una tertulia, 25-VIII-1968,
en Crónica XI-68, pp. 24-25.
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