Experiencias
de las labores apostólicas
ROMA,
6-X-2003
Parte I
OBRA DE SAN MIGUEL
I. ORGANIZACIÓN Y AMBIENTE DE LOS
CENTROS ,11
1.
Aspectos generales,11
a) Tono humano y porte externo de las personas,11
b) Tertulias,14
c) Celebraciones,17
2. Centros de Numerarios,18
a) Horario de los Centros v reuniones familiares, 18
b) Comidas, 22
3. Centros de
Agregados,26
a) Grupos, 27
b)
Celadores, 27
II. RÉGIMEN
DE VIDA DE LOS AGREGADOS, 30
1. Vivienda, 30
2. Agregados mayores y jubilados en el trabajo profesional, 36
3. Sacerdotes Agregados de la Prelatura, 37
III. SANTIFICACIÓN DEL TRABAJO PROFESIONAL,39
1. Indicaciones de carácter general, 40
2. Rectitud de intención y disponibilidad, 44
IV. DESPRENDIMIENTO EN EL USO DE LOS BIENES MATERIALES, 46
1.Consecuencias prácticas de la pobreza cristiana, 48
2. Bienes procedentes del trabajo profesional, 49
3. Otros aspectos prácticos de desprendimiento, 53
4. Responsabilidad económica, 56
5. Agregados con régimen de cabeza de familia, 59
6. Bienes no procedentes del trabajo profesional, 60
7. Testamentos, 65
8. Empleo de bienes en actividades profesionales, 66
9. Ayudas familiares, 70
1. Criterios generales, 73
2. Viajes a Roma y a otras Regiones, 74
3. Viajes en automóvil, 76
4. Estancia de Numerarios en los Centros durante los viajes, 77
VI. RELACIONES CON LAS FAMILIAS, 80
1. Apostolado en el ámbito
familiar, 80
2. Relaciones
de los Numerarios con sus respectivas familias, 82
3. Características de la vida de los Agregados, 84
VIII.
DESCANSO,
CUIDADO DE LA SALUD Y ATENCIÓN
A LOS ENFERMOS, 91
1. Descanso y cuidado de la salud, 91
2. Uso de la televisión y del cine, 96
3. Atención y cariño con los enfermos, 99
4.
Hospitalización de enfermos y convalecencia, 102
5.
Regímenes de comida en los Centros, 103
6.
Donación de órganos y de sangre, 104
IX.
FALLECIMIENTO
Y SEPULTURA,
107
I
ORGANIZACIÓN Y AMBIENTE DE LOS CENTROS
1. Aspectos generales
a) Tono humano y porte externo de las personas
El tono humano —que incluye una extremada delicadeza en el trato— es una exigencia de la vocación a la Obra. Con cierta periodicidad, se recuerdan los consejos oportunos a través de los medios de formación, de modo que todos cuiden siempre los buenos modales y los detalles de delicadeza en las relaciones de convivencia.
Aunque las formas de expresarse en la conversación varían según los lugares y las épocas, es preciso evitar el uso de modismos o palabras chabacanas, bromas de doble sentido, el empobrecimiento del lenguaje, etc. La espontaneidad al hablar y al escribir se combina perfectamente con la buena educación. Por eso, también en las cartas, en los mensajes electrónicos, etc., no se emplean términos y expresiones de tipo coloquial que denotan vulgaridad. Como la zafiedad —auténtica basura— está muy difundida en el lenguaje de películas, canciones y lecturas, conviene fomentar en todos una gran finura, que sepa cortar de inmediato con lo que desdice de una educación correcta. Un medio muy eficaz, que ayuda a vivir estos detalles, es la corrección fraterna, especial-
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mente cuando hay riesgo de que se descuiden
con más facilidad; por ejemplo, al practicar algún deporte.
También hay que
explicar, con don de lenguas, que ciertos lugares y ambientes —muy frecuentados
sobre todo por la gente joven— y algunos comportamientos, presentados
desgraciadamente como normales en los medios de comunicación, no se adecúan a un
hijo de Dios que quiere tomarse en serio su vocación cristiana. Una conducta
frívola o inmoral, aunque fuera mayoritaria y pudiera tener mucha influencia,
nunca ha sido ni será norma rectora válida.
Es preciso afrontar
estos temas con claridad en la labor de apostolado y en la dirección
espiritual, pero siempre con gran delicadeza —aunque el lenguaje actual sea más
crudo—, precisamente para mantener y ayudar a conservar altos el tono humano y
cristiano: la menor concesión influye muy negativamente en la vida espiritual,
pues impide o dificulta la oración, corta las alas al apostolado, hace menos
eficaz la entrega y empaña la visión sobrenatural.
Los
Directores, los sacerdotes y los que atienden charlas fraternas, han de cuidar los
modales y expresiones que emplean, especialmente cuando están ejercitando su
función formativa. Además, siguiendo el espíritu de San Josemaría, saben que la
exigencia en la dirección espiritual —consecuencia del amor a Dios y a las
almas— ha de ir muy unida al cariño: se dicen las cosas claras, con tono amable
y alentador, nunca de modo desgarrado o agresivo. Es importantísimo cuidar la
buena educación y, por eso, si alguna vez no se ha vivido así, se pide
inmediatamente perdón y se rectifica. Se trata de poner a las almas frente a su
responsabilidad ante Dios, para que sean capaces de responde afirmativamente,
sin herir: una persona herida corre el riesgo de cerrarse a la verdad.
También es preciso
cuidar con esmero lo que se escribe, para evitar que, por precipitación, por no
haber revisado lo que se ha redactado, o por otras causas, se hagan
afirmaciones poco ponderadas o con falta de objetividad.
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Es compatible estar en casa, en familia, en el propio hogar, y vestir con corrección —de acuerdo con el ambiente social de cada uno—, aunque el modo concreto varíe según las circunstancias. Desde luego, han de conservarse con naturalidad el pudor y la modestia, sin dejarse llevar por frivolidades pasajeras ni por la negligencia; así como cuidar un tono de elegante respeto a los demás, con una presencia digna.
Todos se esmeran especialmente en ese porte externo cuando están en el oratorio y en el comedor: por delicadeza con el Señor —como una manifestación de la veneración al Santísimo Sacramento— y con la Administración del Centro.
Una de las funciones del Secretario del Consejo local es ayudar a que las personas adscritas al Centro dispongan de lo necesario para presentarse correctamente, de acuerdo con su situación profesional y social. La calidad y la cantidad de ropa será diferente según el clima y las circunstancias personales. En ambientes calurosos, por ejemplo, la gente suele disponer de más prendas, para cambiarse con mayor frecuencia; y quien ocupa un cargo representativo en la vida profesional utiliza, como es lógico, ropa de mejor calidad que un estudiante. Además, es preciso esmerarse en los pequeños detalles que influyen en la presentación personal: el buen estado de los cuellos y puños de las camisas, la limpieza de los zapatos, llevar el traje planchado, etc.
Como hacen los padres en cualquier familia normal, es bueno aconsejar que cada uno se cambie de ropa con la debida frecuencia —diariamente, si es preciso— también para no pasar a lavar prendas demasiado sucias, que ocasionan más trabajo de limpieza y más desgaste de la tela: es preferible entregar semanalmente más mudas.
Del mismo modo que en un hogar, cuando un Numerario o un Agregado tiene que comprar ropa, calzado, etc., de ordinario le acompaña otro, que pueda orientarle prudentemente, aunque sea el interesado quien elija, siempre con espíritu de pobreza cristiana y con buen gusto. Este modo de proceder resulta aún más razonable cuando una persona procede de otro país, o de distinto ambiente, y desconoce los precios o las costumbres locales.
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Una manifestación práctica de la pobreza
cristiana es sacar a las cosas todo su rendimiento: muchas veces —como es
habitual en tantas familias— los más jóvenes usan trajes, abrigos, o prendas,
que se encuentran en buen estado, después de haberlos utilizado otra persona
mayor. Antes de decidir nuevas compras, se mira qué hay en la casa, por si algo
pudiera servir para quien lo necesite.
Otra muestra de buena educación y también de
caridad, que facilita el apostolado, es evitar —o corregir— aspectos
aparentemente insignificantes, como la caspa, el mal estado de la boca o la
obesidad. Especial atención merece la halitosis, para tratarla con las medidas
oportunas.
Los Directores están más pendientes de los
Numerarios que viven en una ciudad donde no hay Centro, también para que no
abandonen el cuidado de detalles —hasta los más materiales— que aseguran ese
tono de corrección y de buen porte humano. Interesa que, con la debida
frecuencia, usen los servicios de lavandería y planchado que existen en todas
las ciudades, y que no se abandonen en el modo de vestir. De todas formas, si
es posible, entregan su ropa a la Administración cuando van a su Centro.
Por la sensibilidad que existe actualmente
hacia el tabaco —en muchos sitios públicos está prohibido fumar—, cuando se
asiste a una reunión o se está en el lugar de trabajo de otra persona, es
recomendable preguntar si se puede o no fumar. Los sacerdotes han de ser
especialmente delicados en este punto: de ordinario, es preferible que se
abstengan de fumar por la calle y —según las circunstancias del país y del
ambiente— han de evitar hacerlo en público.
b)
Tertulias
Las tertulias son un medio excelente para
mejorar la formación, una oportunidad de manifestar la entrega a los demás en
multitud de pequeños detalles. Por eso, todos procuran que sus obligaciones
profesionales y sociales no les impidan participar en las tertulias previstas.
Para los Numerarios, constituyen una necesidad de la vida en familia: por eso,
procuran asistir al menos, a una diaria, y a las dos —mediodía y noche— los
fines de semana.
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El Consejo local está pendiente de que en esos momentos se mantenga siempre el tono sobrenatural y humano propio de la Obra, y de que todos contribuyan a lograr este clima, sin que alguno esté habitualmente pasivo, por timidez o comodidad, quizá sin darse cuenta. Uno de los temas más frecuentes será el apostolado y el proselitismo, a través de las noticias que cuenta cada uno, con la debida prudencia. Por eso, al relatar anécdotas apostólicas o al pedir que los demás encomienden a algún amigo, se habla siempre con gran respeto a la intimidad de las personas y se evita todo lo que pueda resultar una falta de discreción o peyorativo para alguien.
Resultaría chocante e imprudente colocar en cualquier lugar de la sede del Centro —o durante los Cursos anuales, etc.— una lista de nombres de personas que se tratan o que pueden pedir pronto la admisión, para que se acuerden de encomendarlos. Cada uno, si lo desea, puede tener apuntados de manera prudente algunos de esos nombres, si esto le facilita rezar por ellos y encomendar el proselitismo.
De modo natural, como una preocupación que está en el corazón de todos, es aconsejable comentar con frecuencia, en esas reuniones familiares, aspectos relacionados con la intención mensual.
Algunas veces, principalmente con ocasión de fiestas de familia, la tertulia se orientará hacia temas más íntimos de la vida de la Obra, de su historia, canciones de Casa, etc. El Consejo local puede encargar a alguno, que conozca bien esos aspectos, que los trate con prudencia y criterio. Otras veces, por ejemplo, podrá contar la historia de su vocación a la Obra; pero siempre por iniciativa personal y con el lógico respeto de la propia intimidad. No sería pertinente proponerlo a personas mayores —aunque no tengan un cargo de dirección—, inmediatamente antes de empezar la tertulia.
Lógicamente, con sencillez y naturalidad —sin caer en la pedantería—, se tocan de vez en cuando materias de cierta altura, adecuadas a la formación profesional y cultural de los asistentes. No sería razonable rehuir habitualmente —o tomar a broma, con superficialidad— esas conversaciones, con mayor motivo si se trata de personas con estudios superiores.
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En ocasiones, las tertulias versan sobre acontecimientos o cuestiones con implicaciones sociales, políticas, económicas, etc. En estos casos, el Director —y todos— evitan que, por inadvertencia o poca precisión al hablar, se expongan enfoques doctrinalmente erróneos. Si se trata de un Centro de Estudios o de un Curso anual de gente joven, puede ser conveniente que alguno —con la necesaria preparación— exponga la doctrina de la Iglesia sobre la materia, si existe. De todos modos, hay ciertos temas —de teología moral, por ejemplo— que no son propios de una tertulia.
Un aspecto permanente en el ambiente de los Centros es que se evitan siempre las discusiones, las polémicas. Cada uno tiene sus puntos de vista, sus razones, y los demás saben escucharlas y respetarlas, aun en temas que suelen apasionar. Con calma, se oyen, se estudian y se valoran los pros y los contras de las opiniones ajenas, sin necesidad de disputar, subrayando en cada caso lo más relevante para aclarar un determinado punto de la conversación, o para resolver un problema. Y cuando son cosas de poca importancia, se dice lo que se piensa —a veces, ni siquiera se dirá—, o se deja pasar la opinión contraria sin reiterar el propio criterio.
Si alguna vez fuese necesario —ocurrirá muy raramente—, el Director recordará a todos, con naturalidad, el exquisito respeto a la libertad que en asuntos temporales, y muy concretamente en las opiniones políticas de cada uno, nos enseñó siempre nuestro Padre.
La alegría y el buen humor, característica esencial del espíritu de la Obra, se refleja también en las tertulias. Pero se evita crear en torno a alguno de los participantes —por ejemplo, con la excesiva insistencia en las mismas bromas— la fama de que descuida ciertos detalles o de que le falta fijeza, puntualidad o una cualidad semejante. Fácilmente se lesionaría en estos casos la caridad y podría suceder que el interesado llegase a considerar esa carencia como algo divertido o indiferente, y no pusiese los medios para corregirse. Los defectos, en su caso, serán objeto de corrección fraterna.
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c) Celebraciones
Toda familia numerosa y pobre —eso es el Opus Dei—, procura celebrar con un pequeño agasajo el santo o cumpleaños de cada uno de sus miembros: una sola de las dos fechas. Cuando un Numerario o Agregado cumple los 40 años, el Consejo local del Centro se ocupa de que se celebre de modo extraordinario, aunque con prudencia, en la vida en familia, y sólo en una de las comidas.
Tanto en esas ocasiones como en las fiestas de la Obra, a veces puede resultar difícil que se reúnan todos los Agregados que están adscritos a un mismo Grupo; sin embargo, se ha de encontrar el modo adecuado de festejar en su día los aniversarios más señalados.
De acuerdo con las costumbres del país, se vive también en los Centros de Numerarios y de Agregados la fiesta de los Reyes Magos o la propia de cada lugar: la Befana, Santa Claus, Weihnachtsbescherung, etc. Ese día se hace un regalo a cada uno, que consiste en uno o dos objetos útiles, de no gran valor, pero tampoco de mala calidad. Además, suele acompañarlo una pequeña broma amable. Pueden servir también para estas ocasiones objetos de más precio que se hayan recibido como regalo: un reloj, una pluma estilográfica buena, etc.; sin embargo, en muchos casos será mejor entregarlos a quienes los necesiten, en otro momento.
Las personas adscritas al Centro —sobre todo cuando son aún jóvenes— pueden conseguir de sus parientes buena parte de los regalos, o incluso todos, si se prevé con tiempo; pero, como es lógico, a nadie se le entrega como regalo un objeto que proceda de su propia familia.
En todos los países suelen subir los precios durante los días anteriores a esas fechas; por eso resulta preferible organizar las compras necesarias con suficiente antelación.
Cuando un sacerdote cumple los veinticinco años de ordenación sacerdotal, se le encomienda y se le felicita, demostrando con naturalidad el cariño que nos tenemos; pero no se hacen celebraciones especiales.
No se festejan las despedidas. Se subraya así que en la Obra no nos separamos nunca, pues estamos unidos por un espíritu que trasciende
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todas las distancias; tampoco el final de la carrera universitaria, salvo en aquellos países donde ese hecho se rodea de una especial solemnidad, aun en los hogares de escasos recursos económicos; en estos casos, se sigue la costumbre general, acomodándose, sin exagerar, al modo propio de cada sitio.
2. Centros de Numerarios
Como regla general, los Numerarios se incorporan de modo estable a la vida en familia, en la sede de un Centro de la Prelatura, cuando son mayores de edad. Para las excepciones, si comienzan a una edad inferior la carrera universitaria, o estudios superiores análogos, es necesario que los padres manifiesten por escrito que están de acuerdo en que su hijo vaya a vivir a tal Residencia, Centro Cultural, etc. Si se trata de un aspirante, no es oportuno hacer esa excepción.
De todos modos, un Numerario puede vivir perfectamente su entrega sin residir en un Centro; y no es infrecuente que, por motivos muy variados, algunos Numerarios no hagan vida en familia durante una temporada más o menos larga. En estos casos, los Directores del Consejo local del Centro al que está adscrito se esmeran aún más en su atención espiritual.
a) Horario de los Centros y reuniones familiares
Los Directores locales procuran que no falte el orden necesario en cada Centro. Por eso, señalan un mínimo de directrices, que regulan su marcha normal, y un horario sencillo para las reuniones familiares, que envían a la Comisión Regional.
Este horario se establece de modo compatible con el trabajo de los que viven en el Centro —sacerdotes y seglares—, de forma que todos puedan asistir con regularidad a esas reuniones.
Como las obligaciones laborales de los Numerarios son plenamente compatibles con estas amables exigencias, todos ponen empeño en ate-
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nerse al horario del Centro y en tomar parte en las reuniones familiares; y cuidan con esmero los detalles materiales de la casa, que contribuyen a crear el ambiente de hogar.
Si con motivo de su trabajo profesional, o por otras circunstancias, un Numerario no puede acomodarse por una temporada al horario familiar del Centro donde vive, será suficiente que, en la Confidencia, se concrete su plan personal.
Se suele retrasar algo la hora de levantarse los domingos y las fiestas, sobre todo cuando en los días laborables es muy temprana; de todas formas, en general, la diferencia de horarios no conviene que sea grande. Se estudia el plan de las vísperas para aprovechar bien el tiempo, sin prolongar excesivamente la tertulia de la noche ni dejar intervalos difícilmente aprovechables.
Para que los actos litúrgicos y de piedad tengan siempre la dignidad debida, se fija su celebración a una hora oportuna, de modo que no haya premura de tiempo. En general, se tiende a que los actos de culto no duren más de media hora, a no ser los que, por su misma naturaleza, exigen una duración superior: la oración de la mañana unida a la Santa Misa, o las meditaciones seguidas de bendición con el Santísimo. Los sacerdotes y los seglares que asisten a una función litúrgica de duración extraordinaria —por ejemplo, la Misa in Cena Domini del Jueves Santo, los oficios de Viernes Santo, la Misa de la Vigilia Pascual—, pueden considerar hecha con ese acto la Norma de la oración de la tarde o de la mañana, según los casos, tratando de vivir intensamente esas ceremonias.
Como se ha hecho siempre, al acercarse a comulgar, se evita hasta la impresión de que se va por turno, para que nadie se pueda sentir mínimamente coaccionado a recibir la Comunión.
Para hacer referencia a las pocas Normas y Costumbres que cumplen juntos los fieles de la Prelatura que residen en un Centro, se emplea la expresión reuniones familiares, porque eso son. En los Centros de Numerarios mayores son, diariamente, la oración de la mañana, la Misa y la acción de gracias, las Preces, la visita al Santísimo, el examen del me-
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diodía, el comentario del Evangelio y el examen de la noche. En los Centros de Estudios, además, se reza en familia una parte del Rosario. Naturalmente, también las tertulias son reuniones familiares, que tienen —como decía nuestro Padre— la misma importancia que la oración. Es muy aconsejable, finalmente, en todos los Centros, rezar juntos el Rosario, en los días en que suele hacerse la exposición con el Santísimo Sacramento.
Las Preces y la visita al Santísimo se rezan en el momento en el que están todos los Numerarios del Centro: por ejemplo, si, por horario de trabajo, la mayoría no almuerza habitualmente en casa, puede fijarse la hora para después de la comida más importante del día. Los que están en la casa, se reúnen en el oratorio para el examen del mediodía, aunque no vaya precedido o seguido de otra Norma; los que se encuentran fuera, lo hacen donde estén.
Para la exposición y bendición con el Santísimo, el Consejo local fija una hora que permita la asistencia de todos los adscritos al Centro. Si alguno no puede acudir, se aconseja que haga una visita al Sagrario de unos cinco minutos de duración, o rece una comunión espiritual u otra práctica de devoción eucarística, en el oratorio del Centro.
El examen de la noche se tiene antes de acostarse. El tiempo de la noche comienza con el examen o al terminar la tertulia, si ésta precede inmediatamente a aquella Norma; por consiguiente, se evita todo lo que pueda suponer una dificultad para mantener una intensa presencia de Dios: por ejemplo, no se ve después un programa de televisión, a no ser por un motivo excepcional.
La duración de las tertulias se fija en el horario del Centro: ordinariamente, media hora o tres cuartos de hora después de la comida principal; y media hora después de la otra, si lo permite el tiempo de trabajo usual en el país.
Cuando la tertulia de la noche es a última hora, con frecuencia, poco antes de levantarla, el Director, o quien él designe, recuerda que si a alguno le falta alguna Norma, puede vivirla en ese momento; y entonces,
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cada uno por su cuenta, la cumple en el oratorio o en otro lugar.
En los Centros donde, por sus obligaciones laborales, la mayoría de los Numerarios no disponga de tiempo para asistir a la tertulia del mediodía, pueden alargarse la de la noche y las del sábado y domingo al mediodía, por ejemplo, unos diez minutos. Siempre que a mediodía estén al menos dos Numerarios, se reúnen para la tertulia, aunque sea más breve: a veces, se podrá invitar a chicos de San Rafael, si se trata de un Centro donde se realiza esa labor. Cuando, por alguna circunstancia —por ejemplo, un día de fiesta o, en general, durante la época de Navidad—, se prevé que la tertulia del mediodía se prolongará un poco más de lo normal, el Consejo local fija previamente una hora razonable para terminar. Igualmente, después de la Misa de medianoche, la tertulia se levanta sin llegar a una hora avanzada. En cambio, cuando no hay Misa de medianoche, no es oportuno prolongar la tertulia, si eso obligara a perder horas de sueño y a no encontrarse después en condiciones de atender las propias obligaciones.
El tiempo previsto para la tertulia —reunión familiar— no se sustituye por deportes ni paseos, ni por la radio o la televisión, aunque algunas veces puede ser más breve si luego se ve un vídeo, una película de nuestro Padre, etc. Nuestro Padre comentó que atribuía tanta o más importancia formativa a la tertulia, que a la media hora de oración.
Se evita con especial delicadeza cuanto —directa o indirectamente— disminuya la intimidad y eficacia de esos ratos de convivencia fraterna: todos se esmeran en vivir la puntualidad y dejan para otro momento lo que puede esperar; por ejemplo, las llamadas telefónicas. En lo posible, tampoco se llama por teléfono a los Centros cuando se sabe —o se supone— que estarán de tertulia.
Lógicamente en esos momentos se atiende el teléfono, y siempre cabe preguntar —con delicadeza— si pueden llamar en otro momento. Sólo excepcionalmente será oportuno conectar un contestador automático, porque de este modo se dificultaría una comunicación urgente y podría dar la impresión de una oficina, no de un hogar, y hacer menos amable la atención de los que llaman.
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Cuando en un Centro a alguno —por la salud o por otro motivo— le molesta el humo del tabaco, el Consejo local cuida de que se ejercite delicadamente la caridad también en este aspecto, para que todos se encuentren a gusto en la vida en familia. Se ocupa, por ejemplo, de que las habitaciones donde se reúnen varias personas —sala de estar, aulas— estén bien ventiladas, especialmente durante las tertulias, etc. Si fuese necesario en algún caso, se puede aconsejar a los fumadores —personalmente, no mediante avisos generales— qu