Experiencias
de las labores apostólicas
ROMA,
6-X-2003
Parte II
OBRA DE SAN GABRIEL
I. CENTROS DE SUPERNUMERARIOS, 115
1.
Responsabilidad de los Directores en el desarrollo de la labor de San Gabriel, 115
2. Organización
del Centro y personas que colaboran con el Consejo local, 117
3. Celadores, 121
4. Sobre
la sede de los Centros, 123
II. ATENCIÓN ESPIRITUAL DE LOS SUPERNUMERARIOS,
126
1.
Desprendimiento y templanza en el uso de los bienes materiales, 126
2. Viajes, 131
3.
Traslados a otras Regiones o países, 133
4. Personas ancianas o impedidas, 134
5. Cuidados durante la enfermedad y en el fallecimiento, 137
III. LABOR APOSTÓLICA, 142
1. Santificación del propio hogar, 144
2.
Ejemplaridad en el descanso y períodos de vacaciones, 150
3.
Apostolado en el campo de la familia y la educación, 153
4. Trabajo profesional y relaciones sociales, 156
5.
Responsabilidad y participación en las iniciativas apostólicas, 161
6. Entrelazamiento de las labores de San Gabriel y San Rafael, 162
7.
Medios tradicionales de apostolado, 165
a) Cursos básicos de formación humana y cristiana, 165
b) Retiros
y cursos de retiro, 168
c) Obras de misericordia, 171
8. Migración
apostólica y labor con personas de otros países, 172
9. Otros criterios sobre al apostolado, 174
IV. COOPERADORES, 178
1. Nombramiento, 180
2. Atención de los Cooperadores, 182
3. Círculos de Cooperadores, 184
4. Convivencias de Cooperadores, 187
I. CENTROS DE SUPERNUMERARIOS
1. Responsabilidad de los Directores en el desarrollo de la labor de San Gabriel
La vocación al Opus Dei es única y común a Numerarios, Agregados y Supernumerarios. Los miembros del Consejo local y los encargados de Grupo han de conocer a fondo los criterios de selección (cfr. Vademécum, 19-III-2002, pág. 26 ss), repasarlos con frecuencia y darlos a conocer oportunamente a las personas que tienen encomendadas, en los medios de formación personales y colectivos.
Se ha de tener presente que no basta ser buen Cooperador para proponer a una persona la vocación a la Obra (cfr. Instrucción, mayo-1935/ 14-IX-1950, n. 9 y nota 254). Para la cabal comprensión de la llamada divina, es necesario mantener un tono alto de exigencia ya desde antes de la petición de admisión. Por tanto, los Directores locales, los encargados de Grupo y quienes colaboran en esta labor se preocupan de seguir de cerca la formación y el apostolado de las personas que dan esperanzas de vocación a la Obra, con el fin de ponerles en condiciones de que respondan con generosidad, si el Señor les llama.
A quienes manifiestan el deseo de solicitar la admisión en la Obra, se les hace ver la grandeza y hermosura de la vocación con todas sus exigencias. Hay que explicar bien lo que supone recibir la llamada divina,
115
de modo que comprendan que a la Obra se viene a entregar la vida, porque Dios nos ha buscado, y la vocación lleva a santificar todo: vida espiritual, vida matrimonial y familiar, trabajo, trato con los amigos, diversiones.
Antes de proponer a alguien la posibilidad de que pida la admisión, el Consejo local se asegura de su capacidad de entrega —dedicarse al servicio de Dios y de los demás, olvidándose de sí mismo— y de que reúne las condiciones necesarias para responder con plenitud a la elección divina.
Es misión de los Directores velar para que la formación que reciben los Supernumerarios les ponga en condiciones de corresponder, con una entrega más fiel y generosa cada día, viviendo —en todas las circunstancias de su vida— con plenitud de vocación.
Por tanto, deben conocer y meditar con frecuencia lo relacionado con los diversos aspectos de la formación que reciben los fieles de la Prelatura (cfr. Vademécum, 19-III-2002, cap. IV).
A través de los medios de formación se alimenta en los Supernumerarios la conciencia de la propia vocación divina, se les descubre la amplitud de horizontes en la vida espiritual y se fomentan los ideales grandes. Al enseñar o recordar los compromisos que se adquieren con la incorporación a la Prelatura, la explicación se ha de encuadrar en esos grandes planteamientos que vuelven atractiva la lucha y fácil la exigencia ascética, evitando subrayar sólo el cumplimiento de unas obligaciones. No se trata simplemente de cumplir, sino de amar a Dios con todo el corazón: de buscar seriamente la santidad.
Los Supernumerarios, como los demás fieles de la Prelatura, han de ser conscientes de que les corresponde llevar el peso de la Obra: se encuentran en primera fila y tienen idéntica responsabilidad que los Numerarios y Agregados de sacarla adelante. En primer lugar, con una correspondencia total a la llamada divina, en todas y cada una de las circunstancias de su vida, desarrollando un intenso apostolado personal. Y también, de acuerdo con las posibilidades de cada uno, colaborando
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con iniciativa en los apostolados propios de la Obra, dedicando tiempo y energías a buscar los medios necesarios para promover actividades de servicio a las almas y llevando adelante la gestión; fomentando el afán noble de complicarse la vida por amor a Dios, a la Obra y a las almas. La consideración de esta realidad movió a nuestro Padre a escribir: Causa gran alegría ver a mis hijos Supernumerarios, con todo su corazón y con todas sus energías y con todo su talento, sin perjudicar jamás a su familia —más bien favoreciéndola, porque Dios premia los esfuerzos de los hombres—, entregados a las tareas espirituales codo con codo con los demás miembros de la Obra, sus hermanos (Carta 24-XII-1951, n. 137).
2. Organización del Centro y personas que colaboran con el Consejo local
Para facilitar la formación espiritual y apostólica de los Supernumerarios, se les distribuye en Grupos homogéneos, según el tiempo que llevan en la Obra, la edad, las circunstancias sociales y culturales, etc. Se procura que haya personas de diferentes profesiones, sin que predomine ninguna; por ejemplo, en el caso de obreros o empleados, es aconsejable evitar Grupos con trabajadores de una misma empresa.
Cada Grupo tiene un número adecuado de miembros, que asegure el ambiente de familia, pero lo bastante reducido, para evitar todo peligro de gregarismo y fomentar el afán proselitista: diez o doce personas es una buena cifra.
Los Supernumerarios que son hermanos de sangre, están adscritos a Grupos distintos, aunque pertenezcan al mismo Centro. Como regla general, no acuden juntos a la misma Convivencia.
Los fieles de la Prelatura que atienden cada Grupo de Supernumerarios se llaman encargados de Grupo. El Consejo local distribuye la tarea de seguir a los Grupos entre las personas nombradas para este encargo por la Comisión Regional o el Consejo de la Delegación.
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Además de contar con Numerarios, se puede confiar esta tarea a Agregados incorporados a la Obra por la Fidelidad, que reúnan las condiciones necesarias de edad, piedad y formación, y hayan llevado bien charlas de Supernumerarios.
Cuando en el Centro hay Supernumerarios que atienden charlas fraternas, también pueden ser nombrados encargados de Grupo (cfr. Decr. Gen. 3/99, art. 5, 2°). En estos Grupos, un miembro del Consejo local dirige el Círculo de Estudios por lo menos una vez al mes.
Los encargados de Grupo no ejercen ninguna misión de dirección, pero, siguiendo fielmente las indicaciones y orientaciones del Consejo local, asumen la inmediata responsabilidad de la formación de los Supernumerarios; y, con el apoyo de los Celadores, fomentan el ambiente de cariño fraterno y de vibración apostólica dentro del Grupo.
Cada Grupo cuenta con uno o dos encargados; si son dos, uno hace cabeza. Cuando haya sólo uno, habrá que prever quién le sustituye en su ausencia.
Los Consejos locales han de poner mucho empeño en la constante mejora de la formación específica de los encargados de Grupo, porque de su tarea —y de la de los Celadores— depende, en gran parte, el crecimiento de la labor de San Gabriel en cada Centro. A través de despachos periódicos y de los medios de formación ordinarios, les dan las orientaciones necesarias para ayudarles a realizar las funciones de su encargo con iniciativa y sentido de responsabilidad. Cuando reciben charlas fraternas, se les recuerdan con frecuencia los criterios para atender bien este medio personal de formación.
La tarea de los encargados de Grupo requiere vida interior, celo apostólico y suficiente dedicación: este encargo ocupa un lugar preferente entre sus quehaceres. Conscientes de la importancia y responsabilidad de esta misión, sentirán la necesidad de ir por delante con el ejemplo de su entrega, de su piedad y de su vibración apostólica.
Fomentan el calor de familia —de pequeña comunidad cristiana—, tan propio del espíritu de la Obra, que se reflejará en muy variadas ma-
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nifestaciones de unión y de fraternidad entre los miembros del Grupo: dar noticias de los que, excepcionalmente, no hayan podido asistir al Círculo de Estudios; visitar a los enfermos; acompañar a los que sufren alguna desgracia familiar o de índole laboral; etc. Ninguno puede sentirse solo en sus penas ni en sus alegrías. Estos temas ocupan una parte de la breve tertulia —charla sobre asuntos de la Obra y sobre los apostolados— al final de cada Círculo de Estudios, que se prepara y desarrolla con el afecto y la naturalidad propios de un hogar cristiano.
Los encargados de Grupo, con los Celadores, impulsan diligentemente el apostolado de cada Supernumerario en su propia familia, con los amigos, con los compañeros de trabajo, en las relaciones sociales, en las asociaciones en que coopere, etc. Participan también, en la medida de lo posible, en las actividades apostólicas de los de su Grupo: acudiendo a los retiros y a las Convivencias de Cooperadores, asistiendo o dirigiendo algunos Círculos de Cooperadores, etc.; así conocen, de modo natural, a los amigos de los Supernumerarios y pueden hacerles las oportunas sugerencias o indicaciones, para mejorar su trabajo con las almas.
También colaboran con el Consejo local otros fieles de la Prelatura, que reciben charlas de Supernumerarios. Estas personas dependen del Consejo local del Centro de Supernumerarios para todo lo relacionado con esta labor, y despachan con el Consejo local —o con alguno de sus miembros— por lo menos una vez al mes.
Como es lógico, para que un Supernumerario atienda las charlas fraternas de otros Supernumerarios, ha de reunir las debidas condiciones. Concretamente, además de tener una profunda vida interior y cuidar con gran delicadeza el silencio de oficio, conviene que:
a)
esté incorporado por la
Fidelidad y sea —o haya sido— Celador;
b)
haya finalizado el Curso de Estudios;
c)
posea las condiciones humanas
necesarias, y sea del mismo o superior nivel cultural al de los Supernumerarios
que se le encomiendan;
d)
disponga de tiempo suficiente,
para que la dedicación a este en-
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cargo no vaya en perjuicio de sus obligaciones familiares y
profesionales;
f) no haya solicitado la admisión con una de las dispensas a que se
refiere Decr. Gen. 2/99, art. 5.
Cuando el Consejo local considera que en su Centro hay Supernumerarios
que reúnen estas condiciones, lo propone a la Comisión Regional.
En el caso de que, a través de la Comisión Regional, se confíe ese
encargo a algunos Supernumerarios, asisten antes a una Convivencia especial;
hacen luego su charla personal con un Numerario del Consejo local de su Centro,
o, si esto no es posible, con un Agregado —si lo hay— de ese Consejo local, y
asisten mensualmente a un Círculo de Estudios específico para ellos, presidido
por el Director del Centro.
No es procedente que el número de los que hacen la Confidencia con
otro Supernumerario sea muy elevado; por ejemplo, que supere el 25% del total
de los Supernumerarios del Centro.
Sin embargo, sólo los Numerarios —y, si es necesario, también los
Agregados— se ocupan de recibir las charlas personales de los más recientes; y
sólo ellos se encargan de explicar el Programa de formación inicial.
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3. Celadores
En cada Grupo de Supernumerarios hay dos Celadores: su labor de consejo y de ayuda espiritual supone una dedicación solícita, que informa el buen espíritu de los demás, fortalece la unidad y mantiene vivo el cariño humano y sobrenatural. El nombramiento de Celador no implica el encargo de recibir charlas fraternas.
En los despachos con los encargados de Grupo, los Consejos locales siguen de cerca la formación de los Supernumerarios que, en un futuro más o menos próximo pueden ser nombrados Celadores, con el fin de llegar en cuanto sea posible al número previsto, para asegurar la buena atención de los Supernumerarios del Centro.
De acuerdo con lo que establece el Decr. Gen. 3/99, art. 6, § 1, 8°, los Celadores han de estar incorporados a la Prelatura por la Fidelidad. Además, antes de proponer a la Comisión Regional, o al Consejo de la Delegación, el nombramiento de un Supernumerario como Celador, el Consejo local ha de comprobar que reúne las condiciones para desempeñar con eficacia ese encargo:
a)
ser una persona madura en la
vocación, con buen espíritu, probada vida interior y
arraigada mentalidad laical;
b)
tener vibración, celo por las
almas y haber desarrollado un intenso apostolado personal;
c)
poseer condiciones humanas:
prudencia, constancia, optimismo, talento, etc.;
d)
disponer de tiempo suficiente,
de modo que la dedicación a este encargo no cause un
perjuicio a su familia o a su quehacer profesional;
e)
no encontrarse en el caso
contemplado en Statuta,
n. 20 § 2, y Decr. Gen. 2/99, art. 5 §§ 2-3). No
obstante, si en algún caso muy particular, el Consejo
local estima conveniente proponer el nombramiento como Celador de un Supernumerario en esas circunstancias, sólo lo consultará
si la persona en cuestión lleva muchos años de fidelidad
en la Obra, después de estudiarlo a fondo, y explicando muy
bien los motivos que impulsan a obrar así.
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Junto con estas condiciones, en las que se ha de ser muy exigentes, se requiere que estos Supernumerarios luchen con empeño por vivir con extrema delicadeza la unidad con el Consejo local y el encargado de Grupo; por hacer de su casa un hogar luminoso y alegre; por cuidar la sobriedad y la templanza; por ayudar a los demás con cariño y delicadeza y, siempre que sea necesario, practicando la corrección fraterna; y por realizar un intenso apostolado en su propio ambiente.
Han de ser, en resumen, hombres entregados, competentes y apostólicos (Instrucción, mayo-1935/14-IX-1950, n. 100); verdaderos instrumentos de comunicación, de encendimiento del espíritu del Opus Dei (Instrucción, 31-V-1936, n. 19).
Si en un caso extraordinario no se consigue que un Grupo de Supernumerarios tenga por lo menos un Celador, cabría la posibilidad muy excepcional de que el Consejo local, cuando lo estime verdaderamente conveniente por el bien de la labor, solicite la autorización (cfr. Decr. Gen. 3/99, art. 6 § 1, 8°) para nombrar Celador a un Supernumerario que lleve al menos dos años desde la Oblación y reúna las demás condiciones requeridas. Antes del nombramiento, hará la preparación necesaria para la Fidelidad. La experiencia demuestra que no se suelen dar estos casos.
Es importante que los Consejos locales cuiden con especial interés y cariño la formación de los Celadores; por eso, su charla fraterna la atiende un miembro del Consejo local.
Se puede organizar mensualmente un Círculo de Estudios exclusivamente para ellos, dirigido por uno de los miembros del Consejo local. En este caso, se lleva a cabo durante la semana en que los Supernumerarios acuden al retiro mensual, con el fin de que los Celadores asistan a todos los Círculos de su Grupo. Si se tuviese en otro momento, no es necesario que vayan esa otra semana al Círculo de su Grupo: lo harán sólo los que dispongan de más tiempo; pero es importante que, si no participan, los demás Supernumerarios del Grupo conozcan la causa de la ausencia, para no dar ocasión a que alguno pueda quitar importancia a ese medio de formación.
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Los Celadores despachan periódicamente, con puntualidad y con la necesaria hondura, con el encargado de Grupo; y asisten cada año, en lo posible, a una Convivencia especial. En el Anexo 7 se recogen los temas para las charlas de esta Convivencias, que pueden servir también de orientación para los despachos. A la Convivencia anual, asisten de ordinario con su respectivo Grupo.
A través de estos medios, se fomenta en estos fieles el sentido sobrenatural en el cumplimiento de su encargo, la necesidad de ser almas de oración y la unidad con el Consejo local y el encargado de Grupo, procurando abrirles horizontes sobrenaturales para el desempeño de su encargo: desvelo por los Supernumerarios del Grupo, vibración en el apostolado, etc. Por otra parte, es necesario también que cuiden la lectura espiritual, en la que conviene incluir periódicamente los temas doctrinales que interesa que asimilen, para saber dar razón del porqué de una determinada manera de actuar.
Pueden dirigir el Círculo de Estudios y ocuparse de la organización de los retiros. A los primeros Círculos de Estudios que dan, conviene que asista el encargado de Grupo. Cuando el Celador va llevando bien el Círculo, basta que se ocupe el encargado de Grupo una vez al mes.
Conviene facilitarles la preparación del Círculo: entregarles un guión detallado, explicarles la forma de desarrollar los temas de las intenciones mensuales, señalarles algún libro de espiritualidad adecuado para consultar, etc.
Con el fin de facilitar su misión, se explica a los otros Supernumerarios —especialmente a los más recientes— qué asuntos pueden y deben tratar con los Celadores, y de vez en cuando se pregunta a los Supernumerarios sobre este punto, en la charla fraterna.
4. Sobre la sede de los Centros
Los Centros de Supernumerarios no tienen una sede material. La Comisión Regional o el Consejo de la Delegación, de acuerdo con las circunstancias concretas de cada ciudad, determinará los lugares que con-
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sidere más oportunos para realizar actividades de la obra de San Gabriel. Esta labor apostólica se puede y se debe desarrollar en todas partes: en los lugares de trabajo, en las casas de los Supernumerarios, en la calle... (cfr. Instrucción, mayo-1935/14-IX-1950, nn. 85-86).
Una posibilidad es utilizar algunos locales, durante un horario previamente concretado, en las sedes de las obras corporativas y de las labores personales. Allí puede haber más facilidad para cuidar la formación de los Supernumerarios: que hagan la Confidencia, asistan al Círculo de Estudios y al retiro mensual, utilicen bibliografía para preparar los diversos medios de formación, etc. Además, permite atender mejor el apostolado con Cooperadores y amigos.
También cabe el empleo de alguna zona, en determinados Centros de Numerarios, de modo que su uso no interfiera con la vida de los que allí residen.
En los casos en que no se cuente con alguno de estos instrumentos, para los retiros mensuales se puede recurrir a la utilización de iglesias, siempre que no sean de religiosos o de religiosas, con el fin de evitar toda confusión.
Es muy importante poner los medios para que los Supernumerarios puedan leer las publicaciones internas —mejor, en castellano; y, si no, en las traducciones aprobadas—: aprovecharán así la riquísima doctrina que contienen, y asimilarán mejor el espíritu de la Obra. Las soluciones que se adopten han de armonizar la facilidad para consultar esas publicaciones —así como los guiones de charlas, etc.— con la seguridad de que no se extravíe ese material.
Ordinariamente, los Supernumerarios —y, con mayor razón, los Cooperadores— no asisten a Misa en los oratorios de los Centros donde no se hace labor apostólica externa: acuden, como es natural, a sus parroquias o a otras iglesias. Sin embargo, podrían ir a Misa en estos Centros —excepcionalmente, y no de modo habitual—, en el caso de que encontrasen ciertas dificultades para participar en la Santa Misa: por la distancia grande a la iglesia más próxima, sobre todo en países de mi-
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noria católica o con escasez de clero; o por incompatibilidad de horarios, etc.
En los oratorios de los Centros de la Prelatura donde se realiza labor apostólica externa, no hay inconveniente en que vayan a Misa los Supernumerarios —y también los Cooperadores— que tengan alguna dificultad para oírla en otro lugar. Pero, habitualmente, conviene fomentar que se desplacen a las iglesias o parroquias de la ciudad.
Los estudiantes o profesionales jóvenes, que piden la admisión como Supernumerarios, siguen frecuentando el Centro de San Rafael al que acudían y dependen de un Centro de Supernumerarios que habitualmente habrá en esa sede. Para todo lo referente a su formación, cfr. Vademécum, 19-III-2002, pág. 77-80.
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II
ATENCIÓN
ESPIRITUAL DE LOS SUPERNUMERARIOS
Los Supernumerarios reciben la misma formación —humana, espiritual, doctrinal-religiosa, apostólica y profesional— que los demás fieles de la Prelatura, de acuerdo con sus circunstancias concretas. Además de cuanto se recoge en el Vademécum, 19-III-2002, pág. 68-142, conviene tener en cuenta algunos aspectos más específicos de la labor de San Gabriel, que se recogen a continuación.
1. Desprendimiento y templanza en el uso de los bienes materiales
La dedicación plena de los Supernumerarios a su vocación divina pide una entrega y un desprendimiento personal totales, que no afecta a su propia familia. Precisamente por esto, y porque sus circunstancias son variadísimas, se les ha de enseñar con exigencia, paso a paso, con ejemplos concretos, a practicar heroicamente la sobriedad y el desprendimiento, que sin duda contrastarán fuertemente con el ambiente que han de santificar. No han de tener miedo a ir contracorriente en muchas cosas, con coherencia cristiana, sin quiebras ni adaptaciones que aguarían nuestro espíritu. No se puede olvidar que se trata de virtudes necesarias para crecer en unión con Dios —en santidad— y para manifestar
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inequívocamente el bonus odor Christi (2 Cor 2, 12) de su ejemplo, en el apostolado.
El tenor de vida personal de los Supernumerarios ha de estar impregnado de espíritu de pobreza cristiana; por eso evitan los caprichos personales, y dan ejemplo de sobriedad y de conducta alegremente austera, cada uno de acuerdo con su posición en la sociedad. Como todos los cristianos, tienen el deber, en justicia, de procurar proporcionar a su familia el mínimo de bienestar que les permita vivir dignamente, incluso con un cierto desahogo: en consecuencia, buscan lo necesario para asegurar la educación de sus hijos y el futuro de la familia. Al mismo tiempo, contagian a su alrededor —de modo amable y con pillería santa— un clima alegre de amor a la pobreza cristiana: en la instalación de la casa, en las relaciones sociales, en el modo de descansar o de vestir, etc., reflejando un estilo de comportamiento sobrio, que prescinde de muchas cosas, realmente superfluas, aunque estén extendidas por influencia del materialismo o de la mentalidad consumista.
En la educación de sus hijos, llevan a la práctica, con sentido de la oportunidad, tantos consejos cristianos de nuestro Fundador: tenerlos cortos de dinero; no caer en la facilonería de darles todo lo que pidan —distracciones, juegos y aparatos quizá costosos, viajes, etc.—; mantener una vigilancia prudente, para orientarles positivamente sobre los ambientes y diversiones que frecuentan; fomentar la afición por lecturas sanas; enseñarles a cuidar los objetos personales y a prestar pequeños servicios en la vida de la casa: en síntesis, inculcarles el espíritu de laboriosidad —porque el trabajo es el más seguro capital—, y el afán de generosidad ante las necesidades del prójimo.
En los medios de formación personal y colectiva, es preciso poner ejemplos sobre la virtud cristiana del desprendimiento, según las circunstancias del ambiente y posición social en los que se desenvuelvan: organización de los planes de descanso o de las vacaciones; oportunidad o no de un viaje de turismo; evitar regalos que fomentan la ostentación; escándalos que se podrían ocasionar por una actuación profesional equivocada o inmoral; gastos superfluos y diversiones frívolas; excesivo nú-
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mero de prendas de vestir; asistencia a espectáculos por mero pasatiempo —sin que exista un motivo apostólico, familiar, social, etc.—; juegos cuyo único atractivo es ganar dinero y no están justificados por una moderada costumbre social, como la lotería o las quinielas; etc.
En los Círculos de Estudios, se comentan con frecuencia las preguntas del examen relativas a estas virtudes, con el tono positivo, práctico y sobrenatural que aprendimos de nuestro Padre, y que abre tantos horizontes en la lucha ascética. Se hace notar también la necesidad de ejercitar la corrección fraterna sobre estas materias. Todos —y en primer lu