Experiencias de las labores apostólicas
ROMA,
6-X-2003
Parte III
OBRA DE SAN RAFAEL
I. NATURALEZA Y OBJETIVOS DE LA LABOR DE SAN RAFAEL, 191
1. Comienzo, desarrollo y continuidad, 192
2. Algunos aspectos de la tarea formativa, 196
a) Virtudes
humanas e ilusión profesional, 197
b) Caridad fraterna y ambiente, de familia, 198
c) Vida de piedad, 199
d) Formación doctrinal, 200
3. Algunos
apostolados, 203
a)
Labor con universitarios y con estudiantes de bachillerato superior, 203
b)Labor con muchachos de otros países, 204
c) Apostolado "ad fidem", 205
4. Responsabilidad del Consejo local, 207
II. MEDIOS TRADICIONALES DE LA LABOR DE SAN RAFAEL, 211
1.
Cursos de Formación, 211
a) Curso Preparatorio, 212
b) Cursos Profesionales, 217
2.
Otros medios de formación, 219
a) Catequesis, 219
b) Visitas a los pobres de la Virgen,222
c)
Dirección espiritual, 224
d)
Meditaciones, retiros y cursos de retiro, 226
e) Romería de mayo, 229
f) Colaboración en la instalación y mantenimiento del Centro, 230
III.
ACTIVIDADES AUXILIARES, 232
1. Cursos básicos de formación humana y cristiana, 233
2.
Convivencias,
236
3. Actividades culturales, 238
4. Actividades sociales, 240
5. Actividades deportivas, 241
6. Otras actividades, 242
IV. RESIDENCIAS, 243
1. Admisión de residentes, 243
2. Reglamento de la Residencia, 246
3. Ambiente de familia, 249
4. Orden y cuidado material, 254
5. Vida de piedad, 255
6. Labor apostólica con los residentes, 256
7. Labor que se realiza desde la Residencia, 258
8. Asociaciones de antiguos residentes, 259
I. NATURALEZA Y OBJETIVOS DE LA LABOR DE SAN RAFAEL
La obra de San Rafael ofrece una formación sobrenatural y humana, según el espíritu del Opus Dei, a universitarios y estudiantes de escuelas secundarias, y a jóvenes de diversas profesiones y condiciones sociales, sin distinción alguna. Por lo tanto, con el nombre de obra de San Rafael se denomina el apostolado que los fieles del Opus Dei hacen con la juventud, sin que pueda nunca entenderse o considerarse como una asociación o agrupación, porque no lo es.
La doctrina de la Iglesia llega a muchas personas a través de esta labor, con el espíritu de la Obra. El celo apostólico mueve a cada fiel de la Prelatura a ampliar constantemente el número de los que participan en la labor de San Rafael, con el fin de formar a muchos jóvenes, para que sean cristianos consecuentes en su vida profesional y social, y se comporten como hijos fieles de la Iglesia y ciudadanos ejemplares.
Al mismo tiempo, esta profunda formación espiritual y humana pone a muchas personas jóvenes —con edad suficiente para saber bien qué hacen— en condiciones de recibir la llamada divina a la Obra: es el medio ordinario con que cuenta Dios —descuidarlo sería desoírle, obligarle a conceder gracias extraordinarias— para preparar las futuras vocaciones, que serán así instrumentos apostólicos eficaces desde el pri-
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mer momento, y asimilarán el Programa de formación inicial con el máximo provecho.
1. Comienzo, desarrollo y continuidad
En cuanto hay un Centro en una ciudad, o incluso antes, se puede y se debe iniciar la obra de San Rafael. Basta comenzar con un grupo pequeñísimo. Nuestro Padre dirigió el primer Círculo con tres estudiantes. No es difícil lograr que frecuenten el Centro tres o cuatro muchachos, y que acudan a la dirección espiritual. Muchas veces, serán compañeros de estudio o de trabajo de algún miembro del Opus Dei. Después, estos chicos invitarán a sus amigos, colegas o parientes, y se irá ampliando y multiplicando la labor. Por su parte, los Supernumerarios que viven en una ciudad en la que no existe aún Centro, si realizan un intenso apostolado personal, facilitarán el comienzo de las clases de San Rafael, en cuanto puedan ser atendidas desde un Centro de Numerarios o Agregados.
Para impulsar esta labor, es necesario rezar con perseverancia, ser constantes y tratar a muchas almas, abriéndose en abanico. De este modo, va adquiriendo poco a poco madurez, la gracia de Dios provoca verdaderas conversiones en los chicos, y muchas personas jóvenes llegan a pedir la admisión: la obra de San Rafael se pone así en marcha, y será cada vez más abundante, más amplia, más profunda. Además, esta tarea apostólica de los fieles de la Prelatura, empujados por el amor a Dios y a las almas, mantiene siempre vibrante su vida espiritual y aleja innecesarias preocupaciones personales.
Con una amistad honda y sincera —y con una santa desvergüenza para hablar de Dios—, acercarán al Señor a esos muchachos, y les contagiarán el fuego del amor de Dios. Esa amistad surge con más naturalidad, si se emplean los medios sobrenaturales —oración, mortificación—, y si se dedica tiempo, con generosidad y espíritu de sacrificio, para estar con los compañeros de estudio o de trabajo, sin descuidar la propia preparación profesional. El apostolado no se limita nunca a meras invita-
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ciones a los medios de formación. Tampoco se puede esperar que los muchachos vayan solos a un Centro: hay que buscar las almas allí donde están, compartiendo sus mismos afanes, y participando en actividades culturales y deportivas, reuniones de curso, etc.
Buena parte de la formación se encauza a través del apostolado de amistad y de confidencia, sabiendo escuchar, comprender, disculpar, ayudar con una exigencia llena de cariño y de paciencia, fruto de un ejemplo que arrastra, porque no se reduce a dar lecciones, sino que se afana en servir con alegría y sacrificio. Sin amistad y confidencia, no habría labor de San Rafael, ya que cada miembro de la Obra recibe gracia específica de Dios para hacer el apostolado de este modo.
En cuanto hay tres o cuatro chicos que lo deseen y reúnan condiciones, se ponen en marcha las clases del Curso Preparatorio —parte esencial de la obra de San Rafael—, que facilitan la intensificación del apostolado personal con ellos: les resultará natural hablar espontánea y confiadamente con el director del Círculo o con otro seglar, y acudir, si no la tienen todavía, a la dirección espiritual con el sacerdote. Las visitas a los pobres de la Virgen, que se iniciarán cuanto antes, sirven también para mejorar su formación.
Desde el principio, se enseña a los chicos de modo práctico a hacer apostolado, animándoles a presentar a sus amigos, y orientándoles sobre las actividades que mejor podrían servir a esos compañeros: por ejemplo, la posibilidad de frecuentar la sala de estudio, participar en una visita a los pobres de la Virgen, asistir a una meditación, a una actividad cultural o deportiva, etc. Los chicos han de darse cuenta de que su tarea en la obra de San Rafael exige sacrificio, esfuerzos por ser buenos estudiantes o trabajadores competentes, deseo de progresar en la vida espiritual y de ayudar a los demás, y propósitos de ser mejores hijos de sus padres y mejores hermanos de sus hermanos.
Lo primero que se busca es la formación cristiana de todos los que se acercan con buena voluntad. Por este espíritu de caridad cristiana, jamás se deja de lado a ninguno porque no dé esperanza de vocación. También se evita, como es natural, que se aparten muchachos de valía,
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por no haber tenido paciencia para formarles poco a poco, o por haberles planteado la posibilidad de su vocación a la Obra antes de estar preparados. En consecuencia, se les inculca las exigencias de una vida coherentemente apostólica, al ritmo que permitan sus circunstancias personales, dándoles con calma y en pequeñas dosis el espíritu del Opus Dei.
El empeño sobrenatural y humano por el mejoramiento espiritual de esos muchachos lleva a atenderlos con cariño y delicadeza, para que se formen bien y ahonden progresivamente en el trato con Dios. Se les facilita cada avance, sin brusquedades, con comprensión y, a la vez, pidiéndoles siempre algo más de lo que piensan que pueden dar: en su lucha interior, en el apostolado, en la colaboración material y económica. Notarán así el espíritu de filiación divina y de fraternidad, vivido por motivos sobrenaturales, y lo irán haciendo suyo.
Cuando alguno no responde, o parece incluso que retrocede, es indispensable tener más paciencia todavía, ayudarle con la oración y con el trato personal, aunque sea menos intenso durante una temporada: así se demuestra también la rectitud de intención de una amistad sincera. Entonces y siempre, es necesario prevenirles de los peligros, enseñarles a superar los obstáculos —sin excluir los que pueden derivarse de situaciones extremas que quizá, por desgracia, surgen en su propio hogar—, y ponerles en guardia frente a la tentación del desaliento. Es decir, se prestará especial atención a cuanto pueda hacer más difícil la continuidad en el apostolado.
Para servirles en su vida cristiana, es necesario conocer muy bien a los chicos: sus disposiciones, sus circunstancias. De este modo se puede tratar a cada uno según lo ha hecho Dios y según lo lleva Dios (...), dedicar a cada alma el tiempo que necesite, con la paciencia de un monje del medioevo para miniar —hoja a hoja— un códice (Carta 8-VIII-1956, n. 38). En la vida espiritual no caben soluciones "en serie", ni tampoco otros modos de actuación contrarios a la prudencia sobrenatural: la precipitación, el miedo a exigir, el afán exagerado de seguridad que impide avanzar al paso de Dios, etc.
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Al ir desarrollando este apostolado, es posible que, de diez que se han tratado, se marchen seis o siete sin haber podido proporcionarles toda la formación deseada. No hay que preocuparse: es una consecuencia del espíritu de sacrificio y de la exigencia que comporta una vida auténticamente cristiana, a la que la criatura se resiste; y no se puede olvidar que siempre se les habrá transmitido algún bien. Si se sigue adelante con el mismo empeño, y con fe en Dios, acudirán otros en su lugar, y habrá un buen núcleo de verdaderos chicos de San Rafael, que aprovechan con regularidad su plan de formación.
La labor apostólica no se interrumpe en ninguna época del año. Para conseguir continuidad durante los períodos de vacaciones, se adaptan las actividades a las circunstancias de la vida de los muchachos, que suelen ser distintas de las habituales en épocas de clases o de trabajo. Se mantiene el trato apostólico con los que se quedan en la ciudad, y se les ofrece la posibilidad de frecuentar más el Centro, promoviendo actividades de verano, pidiéndoles que colaboren en el cuidado material de la casa, etc. Hay que seguir en contacto también con los que se marchan a otros sitios: escribirles, organizar Convivencias, visitarlos, ponerlos en relación con otros Centros de la Obra. Este esfuerzo para atenderles, precisamente cuando suelen estar expuestos a más dificultades, es una muestra de verdadera caridad cristiana, que les estimulará a ser más responsables y a sentir el deber de formarse con constancia. En consecuencia, se atiende a todos para que no abandonen su lucha espiritual, para que no pierdan el tiempo y, naturalmente, para que también ellos hagan apostolado.
De modo semejante, cuando pasan una temporada en otra ciudad o en otro país, se procura que no descuiden la formación que empezaron a recibir: es muy útil que el Consejo local avise al Centro correspondiente —si es en otro país, a través de la Comisión Regional—, sobre los viajes de aquéllos que desean seguir en relación con la Obra.
La labor de San Rafael no está encorsetada: presenta múltiples manifestaciones, de acuerdo con las características de cada lugar. Lo que no debe suceder jamás es que se apague o se detenga, porque los fieles
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de la Obra promoverán iniciativas apostólicas o, en pocas palabras, demostrarán con hechos que han escogido lo mejor —el Amor de Dios— y que el Señor les ha impuesto la bendita obligación de darlo a conocer. Los fines de esta tarea apostólica se consiguen con visión sobrenatural y con constancia, y no abandonando los medios tradicionales: de este modo, mucha gente se beneficia del espíritu de la Obra, y hay abundantes vocaciones, que vienen ya maduras y con su perseverancia en gran parte asegurada.
Además, se pueden nombrar muchos Cooperadores entre los chicos que no puedan seguir recibiendo esta formación. Se facilita también así que se pongan en relación con la labor de San Gabriel, inmediatamente o más adelante.
2. Algunos aspectos de la tarea formativa
A través del apostolado personal y de los medios de formación, se atiende a los chicos de San Rafael en los siguientes puntos:
• en el aspecto humano: en ocasiones, se debe empezar por mostrarles, incluso, detalles elementales de educación en el trato o de corrección en el vestir. Con ejemplos prácticos, hay que explicarles el modo de vivir las virtudes —sinceridad, reciedumbre, generosidad, valentía, etc.—, comprobando, en el clima de confianza con que se les trata, que aprenden a administrar su libertad responsablemente y a respetar la de los demás, siendo leales y nobles;
• en la profesión: es importante exigir mucho en el estudio o en el trabajo, y enseñarles a ejercitar la justicia y la caridad en el ejercicio de estos deberes. Interesa cuidar de modo especial el ambiente de estudio en el Centro; todos se ilusionarán con planteamientos profesionales elevados, fomentando su inquietud cultural y alentándoles a organizar, ellos mismos, actividades que completen su preparación: estudio de idiomas, clases de oratoria y redacción, etc.;
• en la doctrina: frecuentemente, por desgracia, no consiste sólo en llenar un vacío, sino en sanar conciencias quizá deformadas. Es preciso
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hablar con cada uno —sin dar nada por supuesto y descendiendo a puntos concretos— acerca de lo que oyen en las meditaciones y en las clases, con el fin de aclararles posibles dudas o inquietudes, ayudarles a aplicar los principios morales a su propia conducta, y orientarles positivamente en sus lecturas y diversiones;
• en la vida espiritual: aunque a veces hay que comenzar con las oraciones vocales más elementales, enseguida se les abren los horizontes de la vida interior, sin beaterías. Se procura que sigan cuanto antes un plan personal, en el que no falte la Confesión sacramental frecuente; que aprendan a rezar con la piedad de los hijos de Dios; que recurran a la intercesión de la Santísima Virgen y de los Ángeles Custodios; que entiendan y practiquen la mortificación, para conservar limpia el alma, para luchar contra corriente y ser sobrios, desprendidos, dóciles;
• en el apostolado: la formación suscita, en cada uno, ideales altos de servicio a la Iglesia y a la sociedad; fomenta el sentido auténtico de la amistad, plena de comprensión, de solidaridad y compañerismo, porque no es cristiano encerrarse en un círculo reducido, despreocupándose del prójimo. De este modo, se decidirán a ofrecer pequeños sacrificios por los demás; y a vencer respetos humanos, para interesarse por la situación cristiana y humana de sus compañeros y amigos, y para tratar de acercarles a los medios de formación, invitándoles —por ejemplo— a las visitas a los pobres de la Virgen.
a) Virtudes humanas e ilusión profesional
Para que un muchacho se incorpore a la obra de San Rafael y asista a los Cursos de Formación, es necesario que tenga la preocupación de formarse también en el plano profesional. Por eso, hay que fomentar en su comportamiento las virtudes humanas y las ambiciones nobles, descubriéndoles la posibilidad de sobrenaturalizarlas. Concretamente, se les recuerda con frecuencia el valor humano y sobrenatural del estudio y del aprovechamiento del tiempo, y se les repite que, para ellos, estudiar o trabajar es obligación grave. Se les impulsa a considerar, al mismo
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tiempo, su responsabilidad de adquirir una sólida formación profesional, con el fin de llegar a ser buenos profesionales, e incluso a destacar en su ambiente.
Para alcanzar ese objetivo —tan íntimamente unido a la necesidad de una profunda formación doctrinal—, es imprescindible que quienes se dediquen a esta labor apostólica den ejemplo y, en consecuencia, cuiden personalmente su propia formación profesional —el estudio, el trabajo—, a la que han de dedicar horas de ocupación intensa y seria. En resumen: han de ser laboriosos, para que prenda también en los muchachos el deseo de aprovechar bien el tiempo. Este es el modo de lograr que se sientan especialmente atraídos los chicos estudiosos, los buenos trabajadores. Este espíritu de laboriosidad les ayuda a comprender que, viviendo con orden e intensidad los ratos de estudio o de trabajo, pueden perfectamente asistir —sin perjuicio de su rendimiento profesional— a los medios que completan su formación en un plano más importante que el de sus estudios profesionales, y también a otras actividades e iniciativas culturales, deportivas, etc.
Como resultado práctico del espíritu de santificación a través del trabajo ordinario, en los Centros hay un serio ambiente de laboriosidad y de aprovechamiento del tiempo. Así se fomenta también en los muchachos la responsabilidad de adquirir una sólida preparación profesional. Para facilitar esta realidad, el horario de los Cursos de Formación, actividades culturales, etc., permitirá a todos obtener el mayor rendimiento de las horas de estudio o de trabajo. Si no son estudiantes, se mantendrá siempre el oportuno ambiente, con modos apropiados de no perder espacios de la jornada.
b) Caridad fraterna y ambiente de familia
El estudio o el trabajo son ocasión de apostolado. Muchas veces se estudia con los compañeros, repasando materias comunes, o preparando juntos algún examen. Este trabajo en equipo es otra forma eficaz para formar a los jóvenes en el espíritu de generosidad. En todo caso, se
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les inculca un hondo sentido de caridad, para que vivan —entre sí y con los demás— detalles prácticos de fraternidad: así aprenden, como una característica muy peculiar de la ascética de la Obra, a comprender a todos, a disculpar, a unir, a convivir; y nace en ellos, de modo natural, el deseo eficaz de hacer apostolado con sus amigos y compañeros.
En las Residencias y en los otros Centros de San Rafael se celebran las fiestas propias de la Obra, con algunos actos litúrgicos y de familia, en compañía de los residentes y de los chicos de San Rafael. Por ejemplo, en las fechas acostumbradas, se puede tener Misa de medianoche; aunque será preferible que no se celebre a esa hora si —por cualquier motivo lógico— pudiese causar algún tipo de molestia en el horario, trabajo, etc. Con naturalidad y con prudencia, se pueden aprovechar las tertulias de esos días para hablar más de la Obra: los muchachos se compenetran más con la labor, y aprecian el sentido familiar de esas fiestas.
No hay inconveniente en que, en las Residencias y en los Centros de San Rafael, los chicos se queden alguna vez a comer o a cenar —de ordinario, abonando el importe de la comida—, siempre que no suponga mucho aumento de trabajo para la Administración.
En los Centros de San Rafael suele instalarse todos los años el belén: de esta manera surge espontáneamente un amable ambiente de familia, y los chicos ayudan y se encariñan más con la labor apostólica. Se debe evitar, no obstante, que, si emplean materiales como el yeso, se estropee la casa o los muebles; y se les enseña también a no ensuciar, y a limpiar lo que se manche.
c) Vida de piedad
Como primer fruto de la formación, se consigue, generalmente desde el comienzo, que los chicos frecuenten los sacramentos. Y, con el buen aprovechamiento de los diversos medios —dirección espiritual, colectiva y personal, libremente deseada—, reciben una profunda preparación doctrinal, aprenden a ser almas de oración, a estar en la presencia de Dios a lo largo de los quehaceres ordinarios de cada día, y a
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apreciar el espíritu de sacrificio. En una palabra, se les impulsa a conseguir una vida de piedad recia y honda, y a amar de modo singular a la Trinidad Beatísima, a la Santísima Virgen, a la Santa Iglesia, al Papa y al apostolado de la Obra.
Como consecuencia del amor y respeto que se tiene en el Opus Dei a la libertad de las conciencias, no se imponen a nadie unas prácticas de piedad: se recomiendan a cada uno aquellas devociones tradicionales de la Iglesia, que parecen más provechosas a las necesidades del alma, para que libremente las adopten o no. De acuerdo con este criterio, en el apostolado personal, y en los medios de formación, se recuerda con frecuencia el valor y la necesidad del sacramento de la Confesión, y se fomenta la Comunión frecuente y la piedad eucarística.
Una manifestación —entre otras— es la vela al Santísimo, durante la noche anterior a los primeros viernes de mes. Si, con los que frecuentan o residen en el Centro, se logra un número suficiente para que la vela dure toda la noche, se procura, al elaborar los turnos, que las primeras horas de la noche y las de la mañana siguiente correspondan a quienes vengan de fuera, de manera que no tengan que salir o volver a sus casas a horas intempestivas; los demás tiempos se reservan para los que viven en el Centro. Cuando no resulta posible organizaría de este modo, es preferible hacer solamente un cuarto de hora de oración ante el Santísimo expuesto, a última hora del jueves.
d) Formación doctrinal
La tarea de dar una formación profunda se hace más necesaria en tiempos de confusión doctrinal, porque a muchos chicos les falta, incluso, la preparación cristiana más elemental: hay que multiplicar el número de los que participan en los cursos básicos de formación humana y cristiana, en las clases de Catecismo de la doctrina cristiana, en otros cursos doctrinales y en la labor de catequesis.
Pueden recibir las clases de Doctrina Católica que se organicen para los que han pedido la admisión, de acuerdo con el Programa de formación
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inicial. Estas lecciones se prestan particularmente para que muchos Numerarios con años en la Obra colaboren, con naturalidad y eficacia, en esta labor, ya que los temas de las lecciones —excepto los de Teología Moral— los explican laicos.
Como complemento fundamental de la formación, se establece un plan para repasar o dar a conocer los elementos básicos de la fe cristiana, siguiendo el Catecismo de la Iglesia Católica o alguna de sus adaptaciones, de modo que se fije claramente el contenido de la catequesis cristiana en fórmulas sencillas e inequívocas. Suele venir bien organizar sesiones semanales o quincenales, e incluso Convivencias, para el estudio del catecismo o para preguntar a los chicos sobre lo que han estudiado; sin embargo, esas clases no se incluyen entre las señaladas en los Cursos de Formación. En el caso de que coincidan con el día de este medio de formación, se imparten antes o después, y si es posible en otra habitación, para que se note claramente que son dos actividades distintas.
A través de los Círculos de San Rafael y en las meditaciones, se recuerdan, con el detalle oportuno en cada caso, los fundamentos doctrinales (de fe y moral) de los correspondientes temas ascéticos.
Durante los cursos de retiro, se dan dos pláticas cada día, sobre aspectos doctrinales de importancia para la vida cristiana, con sus aplicaciones prácticas (por ejemplo, sacramento de la Penitencia; cómo hacer una buena confesión; el espíritu de mortificación; la santa pureza). Se tienen también clases o charlas de doctrina cristiana: al menos, una cada día.
En general, los sacerdotes y los seglares realizan una gran catequesis a través de los medios de dirección espiritual personal —sin convertirlos en clases—, completando particularmente la formación doctrinal de quienes charlan con ellos.
Otro aspecto de la formación consiste en aconsejar sobre las asociaciones y los clubes a que pertenecen, en lo que tenga relación con la fe y con las costumbres. También se les orienta en las lecturas, sugiriéndoles obras de criterio sano o desaconsejando otras; y se les habla —breve,
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pero claramente— sobre la doctrina de la Iglesia en materia de lecturas. Como es natural, se les recomienda asimismo que no lean revistas ni periódicos que puedan causarles daño espiritual.
Igualmente, es cada vez más necesario facilitarles orientación oportuna acerca del uso de internet y sobre las películas o los programa de televisión que no son adecuados para cristianos que desean ser coherentes con su fe, ni para las personas honradas.
En bastantes lugares, se debe dedicar una atención especial al problema de la droga y también del alcohol —que muchas veces es un paso previo al consumo de estupefacientes—, incluso en la labor con gente muy joven, ya que cada vez proliferan más los modos de diversión —fiestas, discotecas, etc.— donde se difunden. Además, habrá que ayudar a los padres a adelantarse en la formación de sus hijos en aspectos importantes de la virtud de la castidad, ya que por desgracia se ha extendido una mentalidad que juzga normales algunos comportamientos que, por el contrario, son gravemente inmorales. Sin alarmismos, es preciso no dar nada por supuesto y saber preguntar con delicadeza en la dirección espiritual personal, para hacerse cargo de si tienen suficientemente formada la conciencia, si saben discernir las manifestaciones de afecto que resultarían improcedentes con personas de distinto o incluso del mismo sexo, etc. Resulta muy necesario impartir doctrina clara y precisa sobre estos temas, y proporcionar a los jóvenes los ordinarios medios ascéticos para prevenirles de posibles influencias de ambientes, amistades, lecturas, etc. A la vez, se ha de tener mucho cuidado, tomando —excepcionalmente— medidas enérgicas y radicales para evitar que alguno cause daño a otros.
Con la labor de San Rafael, en resumen, se cuida muy especialmente de la gente joven, nutriendo sus almas con doctrina, para que puedan también defenderse y contrarrestar el mal ambiente en el que muchas veces se desenvuelven; y se les ayuda a vivir con limpieza los años de la adolescencia y de la juventud —como preparación para la recta conducta cristiana que habrán de llevar en el celibato o en el matrimonio—, enseñándoles a poner los medios necesarios para la lucha cotidiana.
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3. Algunos apostolados
a) Labor con universitarios y con estudiantes de bachillerato superior
Los fieles de la Obra y los chicos de San Rafael que estudian en la universidad o el bachillerato superior, realizan su principal y primer apostolado —de amistad y de confidencia— con sus propios compañeros. Descuidar esta labor podría encubrir comodidad, o ser consecuencia de rehuir el esfuerzo de un estudio o de un trabajo intensos, que permiten alcanzar el prestigio profesional indispensable para el apostolado con los colegas. Por eso, cada uno sabe sacar tiempo para tratar a esos estudiantes, sin dedicarse exclusivamente a otras tareas apostólicas, en apariencia más fáciles o más fecundas.
Si todo cristiano debe llevar la luz de Cristo a los diversos ámbitos de la sociedad, es muy necesaria su presencia activa en la vida universitaria, especialmente en las iniciativas de más categoría —asociaciones, clubes, sociedades, etc.— que atraen a los mejores alumnos: ahí se encuentran ocasiones propicias para dar buena doctrina y hacer apostolado.
El atractivo humano de las actividades realizadas en los Centros de la Obra, también facilita y sirve de apoyo para el apostolado personal. El buen estudiante presenta un dinamismo grande, un noble interés y un ansia de compromiso en tareas humanas de altura; por lo tanto, esas actividades —cursos, congresos, conferencias, etc.—, se preparan con la seriedad debida, como respuesta auténtica a las inquietudes y necesidades de los mejores universitarios.
Presenta particular interés dirigirse a estudiantes de primeros años de universidad, especialmente si frecuentan centros docentes prestigiosos. Además de promover actividades como las tutorías, seminarios de asignaturas más difíciles, etc., se sentirán atraídos si se consigue dar a conocer el Centro como un lugar propicio para estudiar, gracias a sus buenas instalaciones, a la biblioteca y, sobre todo, al ambiente de trabajo.
Por eso, el Consejo local de un Centro donde se realiza labor con universitarios, conviene que revise con frecuencia cómo fomentar la iniciativa de los fieles de la Prelatura —también profesores universitarios— y que
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sugiera a la Comisión Regional o a la Delegación los nombres de quienes podrían colaborar con talento y capacidad en la promoción de actividades. Así se facilita también a los profesores el trato con sus alumnos.
La formación humana y cristiana impartida en los colegios —obras corporativas o labores personales—, aporta una energía apostólica que no se puede perder cuando los alumnos se incorporan a la universidad: es preciso poner particular empeño para mantener la relación con todos esos estudiantes.
En las ciudades donde hay un solo Centro de San Rafael, el particular