XIII. EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA Y DE LA RECONCILIACIÓN
1. IMPORTANCIA Y NECESIDAD DE LA CONFESIÓN AURICULAR
Uno de los temas doctrinales en los que actualmente es necesario insistir de modo particular, también porque tiene grandes consecuencias prácticas para las almas, es todo lo que se refiere a la noción de pecado y a la naturaleza del sacramento de la Penitencia.
Algunos autores afirman que Dios no podría ser ofendido por un hombre, y por tanto sólo es pecado aquello que daña (desune) a la comunidad eclesial. De este modo, desvirtúan la noción misma de pecado como ofensa a Dios, y lo reducen a un mal de tipo socio-económico.
En otros casos se desconoce la realidad ontológica de la gracia santificante, que se pierde por el pecado mortal; por lo que de modo inmediato se sigue el silenciar o negar la distinción entre pecado mortal y pecado venial1. Como consecuencia, muchos no saben ya qué es pecado y qué no lo es.
Por desgracia, a veces se presenta el sacramento de la Penitencia como un simple rito encaminado a manifestar ante la comunidad de los creyentes las disposiciones personales, silenciando que ha sido instituido por Cristo para perdonar realmente los pecados cometidos después del Bautismo. Ese error teórico lleva consigo un desprecio práctico de la confesión auricular y secreta, calificada por algunos como una práctica individualista, apta sólo para tranquilizar artificialmente conciencias inmaduras.
1. Cfr. Juan Pablo II, Exhort. Apost. Reconciliatio et Poenitentia, 2-XII-1984, n. 17.
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Entre los factores que han favorecido esta situación, pueden señalarse principalmente los siguientes:
a)
la disolución de los principios morales en un relativismo ético, que ha
provocado en muchos la pérdida del sentido del pecado, en particular por lo que se refiere a las
materias relacionadas con la castidad;
b) &nb