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Anexo 1

 

SOBRE EL MODO DE VIVIR

 

ALGUNAS NORMAS Y COSTUMBRES

 

 

1. Oraciones vocales

 

         Para poner mayor atención y fomentar la piedad personal, de ordinario, conviene leer los textos correspondientes al rezar las Preces de la Obra, el Trium puerorum, el Adoro te devote, el Salmo II, etc.

 

2. Devoción a la Eucaristía

 

         También es aconsejable utilizar el misal de fieles para las oraciones y las lecturas, al asistir a la Santa Misa: sirve para unirse más a las palabras del sacerdote, durante la Liturgia eucarística.

         Los jueves, en los Centros, también en los oratorios que no tienen sagrario o sagrario con puerta de cristal y cuando, excepcionalmente, no se haya podido hacer la oración ante el Santísimo expuesto, se reza o se canta el himno Adoro te devote en familia, antes o después de la meditación de la mañana, excepto en los casos indicados en De spiritu et de piis servandis consuetudinibus, nota (36).

 

3. Antífona mariana de los sábados

 

         En el plan de vida espiritual, se incluye la Norma semanal: "cantuss aut recitatio antiphonae Beatae Mariae Virginis, sabbatis". Nuestro Padre indicó en diversas ocasiones que, en ese día, se puede usar la antífona mariana más apropiada al tiempo litúrgico. Esta indicación del Coeremoniale Operis Dei ha de entenderse en el sentido litúrgico preciso: por [224] tanto, no se refiere a himnos marianos de carácter popular.

         Para el período pascual, la Liturgia prevé el Regina coeli. Durante el resto del año, la Salve Regina u otras antífonas marianas; concretamente, Alma Redemptoris Mater, en Adviento; Ave, Regina coelorum, en Cuaresma; y también las que se incluyen en Iubilate Deo, ed. altera, 1986: Ave, maris stella y Magnificat.

         Después de la antífona, se reza siempre una oración conclusiva, que puede ser: en Pascua, Deus, qui, per resurrectionem Filii tui Domini nostri Iesu Christi, mundum laetificare dignatus es ... ; y el resto del año: Omnipotens sempiterne Deus, qui gloriosce Virginis Matris Mariae corpus et animam, ut dignum Filii tu¡ habitaculum effici mereretur...

         Se concluye con la invocación: Divinum auxilium maneat semper nobiscum, a la que se responde Amen.

         En los Centros de San Rafael, cuando la meditación semanal se organiza en un día distinto del sábado, no se canta o reza la antífona mariana. En estos casos, los sábados se tiene siempre la bendición con el Santísimo y el canto de la antífona mariana, aunque no haya meditación.

         En los colegios, si no hay clases los sábados, los alumnos pueden cantar la antífona mariana otro día de la semana.

 

4. Cartas al Padre

 

         La Costumbre de escribir cartas al Padre nació espontáneamente, como manifestación del cariño y del buen espíritu de sus hijas y de sus hijos. Estas cartas han hecho y seguirán haciendo mucho bien. Para los que escriben, son un medio más de abrir con espontaneidad y sencillez su corazón al Padre, un aspecto de la dirección espiritual. También son utilísimas para el Padre ¡cuántas veces me ayudan a hacer oración!, señalaba nuestro Fundador—, porque le dan a conocer detalles edificantes de la vida de los fieles de la Prelatura y pormenores de la actividad apostólica de los Centros. Además, le sirven para tener muy en [225] cuenta —y para hacer presentes ante el Señor— las necesidades concretas de sus hijos.

         Los Numerarios y los Agregados con la Fidelidad suelen escribir al Padre al menos dos veces por año: en la fiesta de San José y a finales del mes de septiembre; los demás le dirigen el número de cartas que aconseje el Director Espiritual Regional a través de los Directores locales: de ordinario, no menos de cuatro al año. Naturalmente, todos tienen la máxima libertad para escribir al Padre, siempre que quieran.

         Los Supernumerarios también escriben al Padre cuando lo desean; en alguna ocasión, el Director se lo sugiere, con motivo de alguna fiesta de la Obra, de su propia familia de sangre, etc. Se les aclara que, muchas veces, la lectura de su carta será necesariamente la contestación del Padre, llena de cariño, por lo que todos han de estar contentos por esa respuesta del Padre. Se les aconsejará que las entreguen al Director del Centro, en vez de mandarlas directamente por correo postal, aunque pueden enviarlas como prefieran.

         Las cartas se redactan con el tono propio de los hijos que escriben a su Padre, con sencillez y con entera libertad, como resulte natural a cada uno. Por eso, no se hacen muchas indicaciones o correcciones sobre el estilo o las expresiones que utilizan. Es preferible esperar: ya aprenderán poco a poco a escribir al Padre, con delicadeza y corrección, sin perder la espontaneidad.

         Antes de enviar a la Comisión Regional una carta para el Padre, como la mayor parte de las veces no llevará, ni tiene por qué llevar, el apellido en la firma, el Director o el mismo interesado lo añade a lápiz, con caracteres de imprenta.

         Además, se señala si es Numerario, Agregado, Supernumerario, Agregado o Supernumerario de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz.

         Si, por su contenido o por cualquier circunstancia, interesa que una carta sea leída cuanto antes, el Director local escribirá en el sobre la indicación urgente. Y en algunos casos ‑por ejemplo, cuando es respuesta a una carta personal del Padre‑ se mandará directamente a Roma. [226]

         Todos deben saber que si entregan las cartas abiertas o sin sobre ‑como es habitual‑, se entiende que dan tácitamente permiso para que el Director del respectivo Consejo local pueda leerlas, sobre todo las de los más jóvenes, pero guarda sobre este tema la más delicada reserva, pues forma parte del silencio de oficio. Cuando lee alguna de estas cartas, el Director no tacha nada en absoluto; sólo comunica alguna indicación o aclaración al interesado, si es necesario, para facilitarle que escriba con más claridad, sencillez y naturalidad.

         Las cartas al Padre ‑y las que se envían entre sí los fieles de la Prelatura‑ reflejan la naturalidad propia de su condición: ciudadanos cristianos corrientes. Por eso, no se encabeza la carta con el saludo Pax!, ni se utilizan abreviaturas o expresiones desusadas.

         Si un Numerario o un Agregado, que haya hecho la Oblación, manifiesta su disponibilidad para ser sacerdote si es llamado por el Padre, el Consejo local lo advierte a la Comisión Regional al enviar la carta.

         Además de estas cartas ordinarias, como es natural, todos pueden dirigirse directamente al Padre, en sobre cerrado, cuando quieran comunicarle asuntos ‑personales o relativos a la Obra­- que les parezcan importantes: en estos casos, procuran extremar la prudencia, la objetividad y la serenidad, para no dar siquiera la impresión de faltar a la justicia o a la caridad. Estas cartas pueden enviarse al Vicario Regional ‑con la seguridad de que nadie las abrirá‑, para que las mande cuanto antes al Padre.

         Si se mandan estas cartas por correo postal ordinario, es mejor enviar el sobre a nombre de uno de los miembros del Consejo General. Dentro se incluye el otro sobre, con la carta para el Padre.

 

 

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