[3]
PRESENTACIÓN
La Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei se rige por las normas del Derecho universal de la Iglesia y por su propio Derecho particular: la Constitución apostólica Ut sit, por la que el Romano Pontífice erigió la Prelatura; el Codex iuris particularis Operis Dei o Statuta, sancionado por la Sede Apostólica mediante la misma Constitución apostólica; y los Decretos y otras disposiciones que puede dar el Prelado en uso de la potestad de régimen que le confiere la Iglesia (cfr Statuta, n. 125, §§ 1-3).
En cambio, el Vademécum del gobierno
local —lo mismo que los otros Vademécums y Experiencias— no tiene por sí mismo carácter jurídico. Además de recordar aspectos
esenciales del espíritu de la Obra y normas establecidas en los documentos
citados en el párrafo anterior, recoge orientaciones prácticas para la correcta
aplicación de esas disposiciones; criterios técnicos para la promoción de la
labor apostólica, etc.
Ya en 1936, con ocasión de la ansiada expansión de la labor
apostólica fuera de Madrid (se pensaba abrir un Centro en París y otro en
Valencia), nuestro Fundador quiso poner por escrito su experiencia de aquellos
años, para ayudar a los que comenzasen en esas nuevas ciudades. Surgió así
la Instrucción
para los Directores [4] (31-V-1936) donde se contienen los criterios fundamentales que han de presidir las
tareas de formación y dirección dentro de la Obra. Luego, durante toda su
vida, nuestro Padre continuó ejercitando ejemplar y heroicamente la prudencia
y la justicia sobrenaturales, mientras impulsaba y guiaba —con la fortaleza
y el afecto del Buen Pastor— la difusión del apostolado por todo el mundo,
siempre con un especial desvelo por aquellos hijos suyos que llamaba a ser
Directores. Este Vademécum
surge precisamente de esa ocupación paterna y materna de nuestro Padre.
Estudiar y ponderar la aplicación de
estos documentos, a la hora de gobernar, es índice claro de amor a las
enseñanzas de nuestro Fundador y, concretamente, a las normas del Derecho
particular del Opus Dei, que hemos de venerar y defender, ya que son el cauce
seguro del camino que Dios quiere para nosotros.
En todas estas anotaciones se trasluce
la naturaleza exclusivamente sobrenatural de la labor de gobierno en la Obra:
los Directores trabajan con almas, a las que transmiten —con vibración y fidelidad—
el espíritu señalado por Dios para el Opus Dei, justamente para ayudarles
a ser Opus Dei; y conceden, por tanto, la debida primacía a los medios sobrenaturales:
todo lo fían fundamentalmente a la gracia divina, y jamás se apoyan sólo en
sus personales cualidades. Así, hasta en el cariño con que conducen a sus
hermanos —caridad acompañada siempre de la fortaleza—, se revela la eficacia
formadora, al estar purificado y vivificado por el amor de Cristo. De este
modo, cada Director, cualquier miembro de un Consejo local, se entrega por
completo a sus hermanos, sin hacer nunca acepción de personas, siendo perfectamente desinteresado, liberal, atento, caritativo, afable (Instrucción,
31-V-1936, n. 15).
Después de tratar las características
esenciales del trabajo de los Consejos locales, y de la aplicación de las
normas en torno a la ads [5] cripción a la Obra, la parte más consistente de este Vademécum se dedica a la formación de los fieles de
la Prelatura: Numerarios, Agregados, Supenumerarios.
No podía ser de otra manera, ya que en esto se resume la tarea del Opus Dei,
como tantas veces recordó nuestro Fundador, que esperó siempre de sus hijos
Directores una entrega abnegada a su misión de formadores, con una disposición
alegre y sobrenatural de servicio, para pensar sólo y siempre en las almas que
les están confiadas.
También se recogen otros aspectos que
los Consejos locales deben conocer a fondo: desde el modo de cuidar las sedes
de los Centros, hasta el trato con las autoridades y los criterios
fundamentales sobre las labores apostólicas promovidas por los fieles de la
Prelatura.
Ante las exigencias humanas y sobrenaturales
de las tareas de dirección, se comprende que nuestro Fundador subrayase con
fuerza que lo más importante para un Director es su propia vida espiritual,
porque nadie da lo que no tiene: Es el Director civitas supra montem posita, como
una ciudad puesta sobre un monte (cfr. Mt 5, 14): todos los
ojos están puestos en él. Ha de ser, por tanto, ejemplo de todos: los mayores
y los pequeños vibran con la vibración del Director. Y los nuevos, las vocaciones
recientes, se fijan hasta en el más menudo detalle de aquél que hace cabeza.
¡Cuántas almas y cuánta labor dependen de vuestro encendimiento! (Instrucción,
31-V-1936,
n. 4).
vuestro Padre
† Javier
Roma, 19 de marzo de 2002.
Volver al índice del Vademécum del Gobierno Local
Ir a Documentos y escritos internos del Opus Dei
Ir a la página principal de la web ‘clásica’