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Anexo 9
EXPERIENCIAS SOBRE
EL MODO DE
ORGANIZAR LA
PROYECCIÓN DE FILMACIONES
DE TERTULIAS CON
NUESTRO PADRE
O CON SUS SUCESORES
Es necesario que el local resulte acogedor y digno, en consonancia con lo que se va a ver, y con el número y la condición de los asistentes; se utilizará un proyector de calidad y en buen estado, que reproduzca fielmente la imagen y el sonido, y no estropee la película o el vídeo. Siempre se ha de saber quiénes acuden a la proyección: para que participen los que puedan entender, y vayan todos con rectitud de intención‑, es preciso asegurarse de que nadie utilice registradores u otros aparatos para hacer copias de la imagen o del sonido.
El que proyecte ha de cuidar con esmero todos los detalles: por ejemplo, haber enfocado antes de que entren a la sala las personas; tener regulado previamente el volumen del sonido; evitar que salgan en la pantalla las colas del principio o del final de la película, etc. Las películas están en los lugares donde se proyecten sólo el tiempo necesario, y se devuelven cuanto antes a donde indique la Comisión Regional.
Si a la
proyección asiste gente que aún tiene poca relación con la Obra, se suele
comenzar con una breve charla introductoria ‑ordinariamente bastan cinco
o diez minutos‑, para ayudarles a aprovecharla mejor. Se les puede
explicar la ocasión en que fue tomada la película, y decirles además, si se
trata de la película de una tertulia con nuestro Padre, que practican sus
enseñanzas miles de personas de toda raza, len [248] gua, nacionalidad, condición, estado, edad y
profesión, que, cuando el Señor quiso llevarse a nuestro Padre al Cielo, el
Opus Dei estaba extendido por los cinco continentes, y había personas de la
Obra de ochenta nacionalidades diferentes; que ellos participarán de esa
incansable predicación de nuestro Padre, que va, con la gracia de Dios, a charlar con cada uno, en la intimidad del alma; a hablar de Dios, para que veáis
cómo El os quiere; que han de procurar aprovechar las palabras de nuestro
Fundador para mejorar, para hacer propósitos, como a veces decía a mitad de una
tertulia: pero propósitos... Que yo
no hablo por hablar.
De modo análogo se procede en la proyección de vídeos.
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