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ALGUNAS INICIATIVAS APOSTÓLICAS

 

 

         Nuestro Padre afirmó repetidamente que el Opus Dei es una gran catequesis, e insistía en que la misión principal de la Obra es formar cristianamente a sus fieles y a otras muchas personas que lo deseen, para que cada uno individualmente ‑como cristiano corriente‑ ejercite su labor apostólica, siendo testimonio de Jesucristo (cfr. Conversaciones, n. 27).

         Los fieles de la Prelatura realizan ante todo un intenso apostolado personal, de amistad y confidencia, especialmente a través de su propio trabajo y de las relaciones familiares y sociales. Además, en colaboración con otros ciudadanos, promueven iniciativas apostólicas, de carácter profesional y civil, que persiguen objetivos educativos, asistenciales, etc. (cfr. Statuta, n. 121 § l).

         Estas labores son un medio para facilitar el apostolado personal y prestar a la sociedad un servicio con espíritu cristiano (cfr. Catecismo de la Obra, n. 276 y Conversaciones, n. 18).

 

1. Obras de apostolado corporativo

 

a) Nociones generales

 

         Las iniciativas apostólicas se llaman obras corporativas de apostolado, o de apostolado corporativo, cuando la Prelatura asume la respon [212] sabilidad de su orientación cristiana, porque el planteamiento, finalidad y dirección de esas tareas cumplen los requisitos necesarios para que el Opus Dei asuma esa responsabilidad específica. También pueden llamarse, simplemente, obras corporativas.

         A veces, para referirse a esas iniciativas apostólicas, interesará emplear expresiones más descriptivas ‑también en folletos informativos, comunicados de prensa, artículos y libros‑, que algunos entenderán más fácilmente; por ejemplo: labores en las que la actividad formativa cristiana está confiada a la Prelatura del Opus Dei.

         De ordinario, estas obras nacen por impulso de algunos fieles de la Prelatura y de otras personas, que solicitan que el Opus Dei intervenga en la orientación cristiana de una determinada labor. Se trata, pues, de iniciativas laicales, promovidas y realizadas por seglares, que las dirigen y administran bajo su responsabilidad, de acuerdo con las leyes civiles de cada país. Aunque su finalidad es eminentemente apostólica, no son obras oficial ni oficiosamente católicas.

         En Anexo 13 se recogen algunas ideas referentes a la naturaleza civil y profesional de estas labores.

         Pueden ser de tipos muy variados, según las circunstancias y las necesidades de las almas, en cada lugar y en cada época, pero nunca de índole económica, política o dirigidas a difundir una determinada posición en cuestiones opinables. Son siempre perfectamente conocidas como actividades promovidas por fieles de la Prelatura del Opus Dei junto con otros ciudadanos; se dirigen a personas de todas las condiciones sociales; y sus puertas están abiertas a cuantos, con buena fe, deseen participar en la labor de formación que allí se realiza. Este carácter abierto explica que haya siempre tantas personas rectas, que no pertenecen a la Prelatura y que, con frecuencia, no son católicas ni aun cristianas, dispuestas a ofrecer con generosidad su colaboración profesional o económica, porque advierten que estas labores facilitan una gran tarea formadora y educativa, de elevación moral, de promoción social o profesional, y de progreso humano. [213]

         Para la necesaria vivificación cristiana de estas labores, el Vicario Regional, previa la venia del Ordinario del lugar, erige un Centro del Opus Dei, de acuerdo con Statuta, n. 123 y Decr. Gen. 1/99, art. 4 § 1. En algunas de estas obras, al Centro erigido no están adscritos fieles de la Prelatura.

         Una consecuencia del carácter civil y laical de las obras de apostolado corporativo, se concreta en que la Prelatura no adquiere más compromisos que los relacionados con el deber de garantizar su orientación cristiana. Las responsabilidades civiles ‑jurídicas, técnicas, económicas, etc.‑ corresponden a la entidad o al grupo de personas que dirige la iniciativa y que realiza los nombramientos de los directivos, siempre de acuerdo con las leyes del país. Estas entidades, lógicamente, han de asegurar las condiciones ‑planteamiento, finalidad apostólica, autonomía de dirección, etc.‑ que permiten que una labor tenga el carácter de obra corporativa de apostolado. Si alguna vez no las cumpliese, dejaría de ser obra corporativa.

         Entre estas condiciones, se incluye que:

         — los objetivos de la iniciativa estén bien definidos y todas sus actividades respondan a una finalidad apostólica bien determinada;

         — el espíritu de la Obra se refleje en todos los aspectos de la labor: fidelidad al Magisterio de la Iglesia, afán apostólico y proselitista, respeto de la libertad, cumplimiento de las leyes civiles, etc.;

         — el planteamiento económico sea viable y permita prever la permanencia de la iniciativa;

         — las instalaciones resulten conformes a la labor y tengan el tono humano adecuado.

         La principal certeza de la orientación cristiana de la obra corporativa reside en la estable participación de fieles de la Prelatura en la promoción y dirección de esas labores. Por esto, los promotores de la iniciativa se preocupan de pedir sugerencias y orientaciones a la Comisión Regional para contar con personas idóneas en los principales cargos de gobierno de cada labor y, en su caso, para la enseñanza de Teología, An [214] tropología, Ética, Deontología, etc. Todos asumen ese trabajo con entera libertad personal.

         Quienes forman parte del organismo de gobierno de una labor de apostolado corporativo de enseñanza, se preocupan de que todos los profesores, y especialmente los que explican materias que inciden más directamente sobre la formación moral y, en general, quienes ocupan puestos de responsabilidad, sean personas que puedan desempeñar su trabajo con criterio recto y en conformidad con el ideario de esa labor.

         Como las personas que se acercan a esa labor esperan recibir un testimonio inequívoco de profundo sentido cristiano, los directivos no invitan ‑por ejemplo‑ a explicar una asignatura a personas que públicamente estén mal consideradas, o que vivan ‑también públicamente‑ en situación personal contraria a la ley de Dios.

         En todo caso, las personas que intervienen en la promoción y gestión de esas entidades actúan con plena responsabilidad personal, porque son suyos los fines educativos, asistenciales, etc., de cada actividad. Dedican su tiempo, energía y experiencia profesional al gobierno de esas labores, conscientes de que contribuyen así a dilatar la misión apostólica de la Prelatura.

         Aunque la Comisión Regional no decide sobre cuestiones técnicas y económicas, debe tener un conocimiento próximo y directo de la marcha de las obras de apostolado corporativo, mediante la información que recibe, para hacer las observaciones oportunas y coordinar la labor apostólica que se realiza en y desde cada una.

         Se envían a la Comisión Regional los proyectos de estatutos, reglamentos y otros documentos jurídicos análogos de la obra corporativa, para información, y por si considera oportuno transmitir alguna sugerencia.

 

b) Sostenimiento

 

         Las obras de apostolado corporativo se sostienen económicamente, del mismo modo y con análogas fuentes de financiación que otras acti [215] vidades civiles semejantes. Por tanto, sus directivos consiguen ‑con diligencia, con espíritu de iniciativa‑ los correspondientes donativos subvenciones, etc.

         Las personas que trabajan en esas entidades deben saberse administradores de un patrimonio que está vinculado a una finalidad apostólica por deseo de los donantes (patrimonio afectado a un fin), y con la obligación de conferir estabilidad ‑también económica‑ y continuidad a esa actividad.

         A veces, será necesario constituir un Patronato, organizado de la manera más conveniente, con o sin personalidad jurídica propia, para dar continuidad al esfuerzo del grupo promotor y de la correspondiente entidad gestora; para conseguir que la labor se sostenga; para obtener las nuevas ayudas que se necesiten ‑por ejemplo, para cubrir el déficit en los primeros años de funcionamiento‑; para crear un fondo de becas, etc.

         Con un Patronato bien organizado, que haga resaltar el fin benéfico, de promoción social, cultural, etc., y, en definitiva, apostólico, de las actividades, cada obra corporativa resuelve por sí misma las distintas cuestiones que se plantean en la gestión económica.

         No se trata de crear Patronatos de honor ‑que pueden constituirse, si conviene, pero que tienen otro fin‑, sino de reunir personas dispuestas a trabajar, para sacar adelante la labor de apostolado. Esta colaboración es una ocasión magnífica para conocer a mucha gente y ampliar la obra de San Gabriel, y un medio eficaz para hacer apostolado, también con no católicos, que al principio se sienten atraídos por la nobleza humana de una labor determinada, y tantas veces como fruto de una amistad que respeta siempre la libertad personal, llegan a aprecia el espíritu de la Obra y, algunos, a recibir la gracia de la fe.

         Si se trata de un centro de enseñanza superior, los directivos pueden concertar una colaboración con empresas privadas ‑de buena fama‑ por medio de una actividad profesional de ese centro de enseñanza, que sea como un desarrollo práctico ‑una proyección‑ de su [216] labor docente. Es conveniente que el convenio correspondiente se realice entre la industria y la institución, no con un departamento o con algunos profesores, aunque podrán beneficiarse económicamente todos ellos y, a veces, también los alumnos.

         Además de las soluciones técnicas que se adopten, la más importante y la de mayor garantía de continuidad será siempre que, alrededor de cada iniciativa, haya una base de apostolado amplia y, concretamente, una labor de San Gabriel desarrollada. Se conseguirá así que colaboren eficazmente muchas personas, de acuerdo con su edad, profesión y posibilidades económicas. Además, sabrán mover a otras personas de su ambiente. El modo de encauzar jurídicamente esta colaboración ‑mediante un Patronato, una asociación, una fundación, etc.- ­dependerá de las circunstancias de cada caso.

         En cambio, ordinariamente no corresponde al tono profesional, humano y apostólico de las obras de apostolado corporativo organizar rifas, subastas y actividades semejantes, para conseguir fondos. Si en algún caso muy excepcional pareciese oportuno recurrir a uno de esos procedimientos, es prudente informar previamente a la Comisión Regional. Si se realizan, han de aprovechar estas actividades para ampliar la base de la labor apostólica.

 

c) Petición de ayudas

 

         Las gestiones para obtener los medios precisos en la promoción y sostenimiento de las obras corporativas, se realizan con sentido apostólico y mentalidad profesional, con la preparación y el orden necesarios para reflejar fielmente el espíritu de la Obra ‑un trabajo bien acabado, con espíritu cristiano‑, y conseguir la máxima eficacia en beneficio de las almas.

         Es lógico, y puede ser de justicia, que los propietarios y gestores soliciten subvenciones de organismos públicos, porque esas labores realizan un hondo y sacrificado servicio a la sociedad, y la contribución de esos organismos suele representar sólo una parte del coste de esas ini [217] ciativas, generalmente menor de lo que supondría si las llevaran directamente entidades públicas.

         Estas solicitudes, como es usual, han de ir acompañadas de un informe técnico y económico bien preparado, que describa adecuadamente la función cultural, social o asistencial de esas labores. Al redactarlos, es lógico tener presente la finalidad de la institución a la que se dirige la solicitud, para resaltar aquellos valores que serán mejor apreciados por los directivos que decidirán.

         Las personas que dirigen estas labores, además de agradecer las ayudas, se esmeran en el exacto cumplimiento de las condiciones que comporten; justifican puntualmente los gastos efectuados; dan cuenta de la realización del programa, etc. El cuidado de estos aspectos refleja el espíritu de la Obra, que anima a sus promotores, y es la mejor recomendación para que concedan nuevas subvenciones.

         La prudencia aconseja prever el riesgo de falta de autonomía de las labores, y también de inestabilidad, que quizá comportan las subvenciones oficiales. Por tanto, interesa estudiar modos de asegurar su planteamiento económico, en el caso de que fallasen esas fuentes de ingresos.

         Desde luego, se evita recibir donativos que disminuyan la autonomía de dirección, signifiquen privilegios o den una imagen equivocada ante la opinión pública.

         Puede suceder que, al entregar una ayuda económica particularmente importante, el donante manifieste su deseo de que se coloque en un local una placa como agradecimiento. No hay inconveniente en proceder así, siempre que sea una placa sencilla, discreta y que no llame la atención. Existen otras posibilidades, en consonancia con el tono de la labor: dar el nombre del donante a una sala de la biblioteca, a un laboratorio, a un aula, etc.; colocar un busto del benefactor; instituir un Álbum de Honor; nombrar doctores honoris causa por mecenazgo; agradecer públicamente la ayuda en un acto solemne, etc. [218]

         No hay inconveniente, consultando previamente a la Comisión Regional, en presentar solicitudes y efectuar gestiones ante fundaciones de otros países que habitualmente conceden ayudas al exterior.

 

d) Colaboración con las obras de apostolado corporativo

 

         Consultando antes a la Comisión Regional, los Directores locales pueden facilitar a los gestores de las entidades correspondientes el nombre de algunos fieles de la Prelatura, y también de Cooperadores y amigos, que estén dispuestos a colaborar en las obras de apostolado corporativo, por si desean confiarles encargos determinados.

         Cuando los dirigentes de una obra corporativa desean pedir una colaboración profesional ‑ temporal o estable‑ a un fiel de la Prelatura de otra Región, consultan con suficiente antelación a la propia Comisión Regional, para que lo transmita a aquélla de la que depende esa persona. Si la respuesta es afirmativa, los dirigentes de la obra de apostolado corporativo se relacionan directamente con el interesado, siguiendo el cauce profesional acostumbrado. En el caso de un colaborador temporal, pero habitual, de la obra corporativa, no hace falta consultar cada vez: basta informar a la Comisión Regional.

         De modo semejante, se consulta a la Comisión Regional antes de establecer relaciones habituales entre obras corporativas ‑u otras labores apostólicas‑ de distintas Regiones.

 

2. Labores personales

 

         En el mar sin orillas de las actividades de apostolado, que realizan los fieles de la Prelatura en colaboración con otras personas, puede haber algunas, sobre todo de tipo educativo, que, por su finalidad, estructura y exigencias de personal cualificado ‑sin reunir las condiciones de Lina obra corporativa de apostolado‑, requieren una participación estable de personas del Opus Dei, laicos y sacerdotes, para asegurar su incidencia y continuidad apostólicas. [219]

         Los Directores procuran orientar y prestar una adecuada formación espiritual y apostólica a los fieles que ‑junto con otras personas ajenas al Opus Dei‑ llevan adelante estas iniciativas. Sin embargo, la Prelatura no asume oficialmente la garantía moral de estas labores, ni siquiera en el caso de que el Ordinario de la Prelatura nombre a los capellanes, de acuerdo con Statuta, n. 121 § 2. Por eso, no se erige un Centro del Opus Dei para esa iniciativa.

         En Anexo 13, se recogen algunas ideas referentes a la naturaleza civil y profesional de estas labores.

         Para referirse a este tipo de tareas, se emplean las expresiones: labores personales, apostolados no corporativos, obras no corporativas, etc.; es decir, se trata de actividades de evidente contenido apostólico, que exigen la colaboración de varias personas, porque exceden las posibilidades del apostolado estrictamente individual, que realiza cada uno en su propio ambiente. Sin embargo, a veces resulta preferible emplear expresiones más descriptivas, como “labores a las que la Prelatura facilita una ayuda espiritual o una asistencia pastoral”, detallando la colaboración concreta que se presta; por ejemplo, "a petición de los promotores, la atención pastoral está encomendada a sacerdotes del Opus Dei".

         En otros casos, no hace falta aludir expresamente a la Prelatura: basta informar, cuando sea necesario, de que en la promoción, dirección o realización de la iniciativa trabaja a título personal un fiel ‑o varios- de la Prelatura del Opus DeL

         Si los promotores desean la colaboración estable de algún sacerdote de la Prelatura para la asistencia espiritual, se transmite ese deseo a la Comisión Regional; conviene que sepan que no será necesario siempre proceder a un nombramiento formal de capellán. Si se tratara de una labor de enseñanza, interesa concordar también con los promotores la selección de los que se encarguen de las clases de Religión.

         No es necesario formalizar un acuerdo entre la Prelatura y la entidad promotora: basta un simple intercambio de cartas, en las que cons [220] te la petición de ayuda espiritual y la correspondiente prestación. Además, se determina ‑de acuerdo con las personas que dirigen y administran esas iniciativas‑ un procedimiento sencillo para la información y comunicación con la Prelatura.

         Cuado se vea necesario, el presidente de la entidad promotora de la iniciativa ‑con el asesoramiento de la Comisión Regional‑ solicita al Obispo diocesano la necesaria licencia para tener un oratorio, en el que se pueda reservar la Santísima Eucaristía.

 

3. Algunas orientaciones sobre labores apostólicas de enseñanza primaria y secundaria

 

         Se desaconseja netamente cualquier iniciativa que no tenga un adecuado planteamiento económico y que, por tanto, no esté en condiciones de obtener los recursos necesarios para sostenerse con continuidad. La experiencia muestra que también es imprescindible contar previamente con una base amplia de apostolado alrededor del proyecto y, concretamente, con una labor de San Gabriel desarrollada.

         A las personas que promueven colegios, liceos o escuelas, y desean encomendar su atención espiritual a la Prelatura, se les recomienda que estudien iniciativas y soluciones para no hacer pesar unas cargas económicas excesivas sobre las familias, especialmente sobre las numerosas, que quizá no podrían llevar a todos sus hijos a esos centros educativos, o les exigiría un sacrificio extraordinario. Se trata de que, como se ha hecho desde el principio, las labores de enseñanza a las que la Prelatura presta atención espiritual estén abiertas a todos, y se beneficie el mayor número posible de personas con escasos medios económicos.

         Estos centros docentes no han sido nunca mixtos, y este criterio se ha demostrado siempre positivo. En los colegios masculinos no hay sección preescolar.

         Además, por evidentes razones formativas, pedagógicas y organizativas, en los colegios o escuelas de chicos, el profesorado está constituido sólo por varones. [221]

         También el personal administrativo de estos colegios, cuando son masculinos, estará constituido de ordinario por varones. Si, por motivos razonables y proporcionados, parece necesaria una excepción ‑contratando a una mujer para funciones administrativas, por ejemplo‑, los promotores comprobarán antes que se trata de una persona católica, de buena fama, y que, por su edad y situación familiar estable, reúne las condiciones exigidas por la prudencia. De todos modos, se procura agotar todas las posibilidades antes de llegar a la excepción.

         Se evita que un centro de enseñanza para chicos quede contiguo a otro para chicas, e incluso que estén muy cercanos.

         Además de la atención de las obras corporativas, los Directores locales ‑siguiendo las orientaciones de la Comisión Regional‑ prestan una adecuada formación a los fieles del Opus Dei que se dedican a las labores personales de enseñanza primaria y secundaria, para avivar su responsabilidad y su afán de almas. Entre otras facetas, les ayudan a vivir algunas exigencias prácticas, que contribuyen a la eficacia apostólica de su trabajo:

         a) el espíritu de unidad, tanto dentro del propio centro de enseñanza, como con los directivos de la entidad gestora: evitar con delicadeza hasta la menor apariencia de murmuración, ejercitar la corrección fraterna, etc.;

         b) la necesidad de estar desprendidos de los encargos de dirección y de considerarlos siempre una ocasión de servir;

         c) el modo ‑lleno de veneración‑ de llevar las relaciones con las autoridades eclesiásticas;

         d) el carácter permanente y prioritario de la participación de los padres y de la labor apostólica con ellos;

         e) la necesidad de que todos los profesores tengan una buena formación cristiana, estén identificados con los fines del centro y sean competentes en el plano profesional; [222]

         f) la debida orientación doctrinal en lo relacionado con los programas y los libros de texto, especialmente de materias como Religión, Filosofía, Historia, etc.;

         g) la conveniencia de que los edificios tengan siempre el tono humano adecuado: orden, limpieza, cuidado de las cosas pequeñas, etc. Éste es un aspecto esencial de la formación;

         h) la necesidad de vivir fidelísimamente las usuales normas de prudencia en el trato entre varones y mujeres, especialmente si una misma entidad tiene colegios para chicos y otros para chicas;

         i) la oportunidad de conocer las experiencias y las soluciones adoptadas en otras labores apostólicas semejantes, por si es útil incorporarlas: por ejemplo, sobre selección y formación de profesores; contratación de gerentes y administradores, y orientación de su trabajo; normas de prudencia en la disposición de fondos; organización de las actividades formativas; viajes de estudios, etc.

 

 

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