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 Tus escritos: Numeraria auxiliar durante 35 años (24).- Maripaz

077. Numerarias auxiliares
Maripaz48 :

NUMERARIA AUXILIAR DURANTE 35 AÑOS (24)

Maripaz, 11 de junio de 2008

 

 

Cuando casi estoy acabando mi testimonio, he enviado mi foto para "Quienes somos", me la hice esta primavera. Quiero que pongais cara a mis relatos y deciros gracias por haberlos leido. Me he sentido acompañada, querida, y he sacado lo que llevaba dentro y lo he compartido con vosotros... Podeis observar que no estoy triste ni enferma ¡Estoy feliz!

 

De toda la época de mi enfermedad, recuerdo el montón de veces que acudí a la delegación porque me llamaba la directora de auxiliares para charlar conmigo. Era una persona muy dulce y parecia que te escuchaba y se interesaba y parecia querer poner remedio a lo que me ocurria, pero la verdad que nunca vi solución alguna para mis problemas despues de haberselos contado miles de veces...



Yo hablaba con ella con naturalidad y con la mayor sinceridad que podía, llamando a las cosas por su nombre, claramente... Más de una vez le dije que me parecia que les interesaba más el dinero que yo como persona... Ella se ponia una coraza de "buen espiritu" y le resbalaba lo que yo le decía, porque obedecía unas directrices y mi versión era solo eso, mi versión...

 

Me parece que a la segunda vez que acudí a charlar con ella, le plantee que habia tomado la decisión de irme... En mi interior se iba fraguando la idea cada vez con mas fuerza. Al principio, no me atrevía ni a planteármelo a mi misma, hasta que un dia fui capaz de expresarlo externamente y esa idea que al principio me asustaba, fue tomando cuerpo cada vez con mas fuerza y me fui llenando de una energía interior para llevarlo a cabo.

 

Me habia cambiado el carácter y tenia grandes ataques de ansiedad que solo lograba calmar tomando un montón de ansioliticos. Muchas mañanas, me levantaba con una angustia vital tan tremenda que bajaba a dirección y si no me habian puesto la medicación en mi cajita, esperaba que la directora me la diese para tomarla antes que se metiera en el oratorio para hacer la oracion de la mañana.

 

Por entonces, habia una encargada de ir por los pueblos y visitar a los sacerdotes agregados o profesores de instituto, que nos concertaban visitas de gente joven conocida que podian llegar a ser futuras alumnas del los internados. Solía ir con frecuencia y le acompañábamos alguna del centro. Muchas veces la directora, que me entendía bien, solía ir con ella y me invitaba a acompañarlas. En la parte trasera del coche, la mitad de las veces dormida por la medicación, me pasaba largas horas por aquellas carreteras llenas de un sol implacable de la provincia de Badajoz la mayoria de las veces.

 

Comiamos de bocadillo y al llegar a los pueblos, teniamos varias direcciones donde acudir a visitar a las familias de las chicas. Recordaba que así me habian reclutado a mi en mi pueblo hacia un montón de años y qué lejos estaba ahora de aquella ilusión juvenil, con la que emprendi mi aventura...

 

Me sentía cansada, triste, sin fuerzas para seguir adelante y no podía expresar si no con una mirada de escepticismo cuando veia el interés y la ilusión con la que las chicas acogían nuestra invitación. ¡Nunca habia sentido una tristeza tan profunda!

 

La directora era una persona viva, llena de ideas renovadoras, que suponian esfuerzo y dejar a un lado la rutina, a nivel del trabajo de la administración y a veces no encontraba quien la secundase. La mayoría de las veces, viendo que yo la seguía, se apoyaba en mi para llevar adelante muchas de las cosas que se le ocurrian. A mi me venia muy bien como terapia, para salir adelante, me sentí util, necesaria y mi autoestima y mi animo se venian arriba. Al poco tiempo la cambiaron de centro y me volvi a quedar sola y perdida...

 

La nueva directora era seria y exigente, tenia una dureza especial en su mirada. No sé, nunca la vi mirarme con ternura, siempre desde la exigencia de su cargo. Era valiosa, responsable, trabajadora, se dejaba la piel... Siempre me trató bien, pero nunca llegué a conectar con ella a pesar de haber vivido con ella en otro centro de nuevo. Pienso que como nos pasaba a todas, el espiritu encorsetado de la obra respecto al mundo de los afectos, no la dejo nunca ser ella misma.

 

Mi padre la escribió varias veces, para que le tuviera al corriente de mi estado de salud. Un dia, al poco tiempo de morir mi padre, revolviendo en sus papeles y saboreando sus recuerdos, encontré las cartas que ella le contesto, frías, austeras, formales como el mundo de sus sentimientos...

 

Por aquella época abrieron un nuevo centro de auxiliares que habian edificado nuevo en un solar al lado del Colegio Mayor donde estuve de monitora. Al poco tiempo me mandaron a vivir alli... Me sentí muy mal con la noticia, me quedaría en la administración mientras las demás iban a trabajar fuera. Me sentia enterrada en vida, por entonces había ya muchas auxiliares con enfermedades psicosomaticas, con el alma, el cuerpo y el corazón roto...

 

Aquel centro se me antojaba un cementerio de elefantes...

 

Me resistí lo que pude, pero pudo mas la obediencia.

 

Recuerdo nitidamente mi nueva habitación, con ducha individual y todo, una colcha de colores alegres y mucha luz que se colaba a través de una hermosa ventana con unas cortinas a juego... Pero cuánto lloré en aquella habitación..., cuántos ratos de soledad angustiosa, qué amargura tremenda sentí en el corazón tantas veces...

 

Dos o tres habitaciones mas, al lado de la mía, se hoya llorar con la misma amargura a otra auxiliar, recién llegada de Roma, donde habia pasado casi toda su vida. Estaba en los huesos, tomaba pastillas a granel ,impresionaba cuando te miraba, como ausente, una mirada como de loca...

 

Hace poco contacté con una auxiliar que vivía por aquella época alli, ya fuera también, y me comentaba que sentía el mismo pánico cuando la miraba yo, con fijeza.

 

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Publicado el Viernes, 11 julio 2008



 
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