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 Tus escritos: Numeraria auxiliar durante 35 años (25).- Maripaz

105. Psiquiatría: problemas y praxis
Maripaz48 :

 NUMERARIA AUXILIAR DURANTE 35 AÑOS (25)

Maripaz, 16 de julio de 2008

 

 

Contaba en mi ultimo escrito que, al lado de mi cuarto, se oía llorar con la misma amargura que la mía, a una auxiliar que acababa de llegar de Roma donde habia pasado casi toda su vida. Pero no era ella sola, a veces escuchaba unos alaridos impresionantes de otra habitación al lado de la mia, que me ponían los pelos de punta... eran de otra auxiliar que segun me han contado sigue en la obra y a lo mejor ya no da los alaridos, pero muy bien me dicen que no anda.

 

Enfrente de mi ventana podia observar por el estado de la persiana, cómo estaba la auxiliar que alli vivía. La mayoría de los dias permanecía cerrada a cal y canto y con un silencio sepulcral. Pasaba dias enteros encerrada sin querer ver a nadie. Esta chica era muy joven y me impresionaba más si cabe.

 

Poco a poco, iban cayendo más en el mismo estado. A las directoras se les habia ido de las manos…



Aquel centro era deprimente, por eso a mí, intuyéndolo, me había costado tanto ir a vivir en él. Se marchaban la mayoría a trabajar fuera y quedábamos casi sólo las que no estabamos muy bien. Podéis imaginar el ambiente, se podia cortar la soledad y el dolor de cada una.

 

Por aquella época, tenia cuarenta y siete años, y viendo que mi salud estaba resentida de por vida, un dia me dijeron que pidiese la baja laboral. Hacia tiempo que el gobierno les habia obligado a cotizar a la Seguridad Social usando para ello métodos persuasivos, que consistían en presentarse sin previo aviso en las horas de trabajo en los Colegios Mayores, para hacer una inspección del personal que alli trabajaba y recuerdo que nos escondiamos o nos ibamos a la calle, para no delatar el numero elevado de empleadas de hogar que trabajábamos sin estar aseguradas.

 

Al llevar tantos años trabajando en la administración, fui de las primeras que empecé a cotizar. Acudi varios meses a recoger el parte de baja, hasta que el medico viendo que no mejoraba mi estado, me sugirió solicitar una invalidez temporal. Por supuesto aquello alegró a la directora de mi centro, que ya me habia dicho varias veces que con mi trabajo tan mermado, no me ganaba la vida y empezaba a ser deficitaria.

 

Y entonces, descubrí el mundo de los derechos de los trabajadores. Empezaba a estar segura de querer marcharme y pensaba en mi supervivencia del futuro.

 

Me concedieron la invalidez temporal y asi pude aportar a las arcas del centro mi pequeña pensión y quedarme tranquila de no estar comiendo el pan de balde... Me llevaron a una entidad bancaria y abrieron una cuenta corriente a mi nombre y al de otra persona para que me ingresaran el dinero. Yo sola no podia tener la cuenta, me dijeron.

 

Al poco tiempo, me dijeron que habian pensado que fuese a ayudar a las auxiliares que trabajaban en un centro de numerarios, un Club Juvenil cercano.

 

Cada mañana cruzaba el Parque de Maria Luisa sola, pues iba un poco mas tarde que las otras auxiliares. Me encantaba observar a los niños jugar con las palomas, a los abuelos tomar el sol de primavera, a los turistas sacar fotos a los monumentos y jardines. Era un mundo de luz, de la alegria de la vida y me parecia que el sol cada mañana me invitaba con un guiño a ser uno mas de ellos.

 

Pero tenia que pasar deprisa si no queria llegar tarde para encerrarme entre las cuatro paredes del planchero, cosiendo los vaqueros de los jovenes residentes.

 

Con el paso del tiempo, después de mi salida de la obra, he comprobado que la vida idilica no es real, que hay que trabajar en todos los sitios, que la responsabilidad existe igual fuera, que el vivir diario es costoso. Pero saborear la libertad, no tiene precio. Ser dueño de tu propia vida, compartida con alguien o no, es algo único. Quitarse de un plumazo todas las minucias de un espiritu estrecho y represor, te hace disfrutar de las cosas mas sencillas que los demás mortales no valoran.

 

El ambiente del parque, a la vuelta del trabajo, era especial. La gente aprovechaba para pasear o tomar un refresco a la caida de la tarde.

 

Una tarde, observe que habian acordonado la zona por donde solía pasar y me acerqué sorprendida a ver qué ocurría .Mi sorpresa fue mayuscula, estaban rodando una escena de una película de Isabel Pantoja. La gente se apretujaba para verla y el director reclamaba silencio. Aparecia la artista, vestida de gitana, en un coche de caballos y a su paso soltaban un buen numero de palomas que revoloteaban asustadas por el cielo andaluz. La escena se repetía hasta que salia bien, la gente aplaudia y la llamaba guapa, guapa. Despues de compartir sonrisas y alegria con la gente, salí corriendo, tenia el tiempo justo de hacer la oración antes de la cena y perezosamente, me encaminaba a mi centro, pensando que habia otra vida allá afuera...

 

En principio, me dijeron que iba a ayudarles con la costura en el planchero.  Eran tres auxiliares o cuatro, la casa era muy grande y casi nunca estaba la plantilla completa. Siempre habia alguna en el curso anual, curso de retiro o convivencias varias.

 

El trabajo se acumulaba y no llegaban a todo. Viendo su agobio empecé a ayudarles en la limpieza, luego a servir el comedor… y al poco tiempo era una mas de la plantilla.

 

A veces, terminaba tan agotada y viendo que todavía quedaban bastantes horas para regresar al centro, sintiendo que no podia con mi alma, tiraba una manta en el suelo -alli no habia camas- en un cuarto que utilizaba la administradora para hacer las cuentas y tenia sus cosas, (apenas la veíamos, siempre estaba atendiendo convivencias de supernumerarias), cerraba la puerta y les decia que necesitaba dormir un poco. Podia pasarme un par de horas sin enterarme de nada y cuando despertaba, a empezar de nuevo la tarea hasta la vuelta a casa. Estaban encantadas conmigo, eran bastante jovencitas todas.

 

Hace poco en un cajón donde guardo lo que queda de aquella época, me encontré una cinta de caset con canciones grabadas y, al intentar escucharlas, comprobé con alegria, que estaba tambien grabada una conversacion que tuvimos durante la comida un dia. En mi afan periodistico, siempre estaba haciendo entrevistas en plan “gamberro" con un viejo caset que habia por alli y un dia decidí grabar nuestra conversación a escondidas, para luego sorprenderlas en la tertulia y reirnos de los comentarios de unas y otras. Mas adelante lo debi guardar y ahora tengo las voces de mis compañeras, aquí, en mi casa. Me hace ilusión conservarla, eran unas chavalas majas… recuerdo sus caras una a una ¡si ellas supieran!

 

El consejo local se renovó y aparecieron numerarias jóvenes, inexpertas del sufrimiento humano, autoritarias en vivir el espíritu y menospreciando la necesidad vital de sentirse amada y comprendida.

 

Y alli empezó para mi un calvario que duró hasta el mismo dia de mi salida de la obra.

 

La subdirectora era hija de un ganadero y recuerdo cuando habia corridas de toros que casi nos obligaba a asistir.

 

Muy bien que ella lo habia mamado desde la cuna, pero yo no soporto la fiesta nacional. Me parece cruel toda manifestación, amparándose en la cultura de un pueblo, si es para maltratar a un ser vivo, aunque sea un animal. No me parece cultura ni tradición tirar una cabra desde un campanario, matar a un toro con lanzas como sádica diversión, poner fuego en los cuernos de un pobre toro que corre despavorido, mientras le golpean una manada desatada de energúmenos que valoran asi su virilidad y fuerza de machos frente a los demas.

 

Lo siento, no quisiera aprovechar la pagina para poner mi granito en defensa de los animales que me encantan como seres vivos que a veces conviven con los seres humanos y nos dan lecciones de humanidad ¡Me he embalao!

 

Todo esto venia por que la subdirectora defendía a capa y espada el mundo taurino y yo le rebatía sus ideas respetándolas por supuesto. Pero no fue esto lo que mas me hizo sufrir de ella.

 

Al poco tiempo me la pusieron de "directora espiritual" y me las hizo pasar "canutas".

 

Recuerdo como hurgaba en lo mas profundo de mi ser, haciendome sentir una persona malvada y sin valor alguno… a pesar de tener mas experiencia de la vida en la obra y mas años que ella.

 

Pero estaba investida del poder que da haber sido nombrada por las altas esferas, defensoras de la causa por encima de todo y eso la hacia poderosísima.

 

¿Qué podia hacer yo?

 

No estaba en mi mejor momento psicológico ni fisico.

 

Era carne de cañón para una aprendiz de directora que, llevada por su cargo recien estrenado, se veia en la obligación de cumplir a rajatabla su mision, aunque se llevase por delante mi corazón roto.

 

No dudo que, a lo mejor, lo hacia pensando que con ese modo de tratarme interiormente, me estaba ayudando, por cuenta propia o con ayuda del consejo local… No quiero ser juez de nadie pero todavia hoy veo su cara y me lleno de tristeza por los malos ratos que me hizo pasar.

 

Algo tan grande como la dirección de un alma, no puede ser encomendada a la primera persona que llegue, sin experiencia, por muy hija de supernumerarios que sea.

 

Puede su falta de tacto y su nula experiencia, producir heridas difíciles de sanar en el alma de las personas que dirige, que quiza ni el paso de los años logre terminar de borrar, porque las heridas del alma suelen ser dificiles de cicatrizar.

 

Aunque desde mi experiencia personal, puedo aseguraros que el rencor no anida en mi corazón y sin el, se puede curar todo.

 

Se empeñaba en sostener que yo tenia una doble vida, que no era sincera, que ocultaba algo, que mi enfermedad era una farsa para buscarme compensaciones en la entrega.

 

Yo era "más ingenua que el asa de un cubo". Logró llenarme de desconfianza, de inseguridades, de amargura, de desconcierto.

 

Simplemente estaba tratando de recomponerme para intentar salir adelante… Pero su actitud me llevó a tomarme la justicia de mi mano.

 

¡Pero eso será en el próximo capitulo!

 

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Publicado el Miércoles, 16 julio 2008



 
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