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 Tus escritos: Claridad… de conciencia.- Mineru.

060. Libertad, coacción, control
mineru :

Apreciado Juan Ignacio Encabo Balbín:

 

Puedo asegurarte que soy uno de los, según tú, “casi nadie” que abandonó el Opus Dei voluntariamente.

 

A no ser, claro, que pretendas confundir “libérrima voluntad” con una “circunstancia personal” mía, lo cual te llevaría indefectiblemente a negar el carácter esencial de esa cualidad humana, degradándola a mera circunstancia.

 

Estoy de acuerdo contigo en la idea de que toda institución humana puede mejorarse a base de clarificarla, si eso es lo que quisiste decir, puesto que la verdad no pierde un ápice de verdad, aunque no esté clara para nadie; ni el Universo Mundo deja de serlo, ni de tener sus propias reglas, aunque la ciencia no las capte. Pues tal ciencia, como institución humana, con todo su paramento físico, experimental, abstracto y especulativo, no es otra cosa que una actividad cognoscitiva intelectual, pero en todo caso claramente sometida al Universo mismo, que seguiría fiel a sus reglas aunque ella no existiere. La ciencia no cambia lo que descubre, es decir, no modifica las leyes del Universo, ni crea lo que no existe. Por ello, bien puede decirse de la ciencia como actividad humana (representada por Salmantica, e incluidos a sus adoradores, cual becerro de oro)...



                           "Quod natura non dat Salmantica non praestat"

 

Pero no comparto tu afirmación de que “nuestro Padre” tenga propiamente una “doctrina”. Y no lo hago porque, sencillamente, no he hallado en ninguna de sus enseñanzas, manifestaciones o actuaciones algo de lo que pueda decirse con pleno acierto que responda simultáneamente a la doble condición de ser “doctrina” y de ser “propia” u “original” de su persona. Pero con sumo gusto rectificaré, si se produce tal hallazgo, cosa harto difícil en apariencia, puesto que todo un tribunal eclesiástico no lo ha conseguido. Me refiero, como es claro y cualquiera puede comprender, a lo que la Iglesia entiende como “doctrina” y al proceso de canonización posterior al fallecimiento del Fundador.

 

Sin embargo, sí hay algo que siempre me pareció vivirse a modo de “doctrina propia” del Fundador, aquello de que la voluntad de Dios les llega a los fieles de la Prelatura a través de los Directores, es decir, que la obediencia: 

 

Debe ser universal: en todo” (Cuadernos 11, pág. 85 y ss.), puesto que “los Directores para nosotros son el guía que nos conduce a la santidad y al amor de Dios”. “En el Opus Dei sabemos esto: se puede mandar todo con el máximo respeto a la libertad personal, en materias políticas y profesionales—, mientras no sea ofensa de Dios”.

 

Fíjate bien que yo le niego el carácter de “doctrina”, pero puede que otros no. En todo caso, no me parece que sea una “doctrina de la Iglesia” porque, sin que yo ose minusvalorar la importancia de la virtud de la obediencia, lo que sí niego es que nadie –ni siquiera el Fundador del Opus Dei, ni el mismo Papa, ni la Iglesia militante en pleno- puedan impedir a Dios que se manifieste donde y como quiera.

 

“El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo nacido del Espíritu (Jn. 3.8)”

 

Por si poco fuere, o te pareciere, esta tajante afirmación del apóstol más querido de Jesús “así es todo nacido del Espíritu”, para mayor claridad, permíteme que te transcriba algunos puntos del vigente Catecismo de la Iglesia Católica que, como señala Juan Pablo II en la Constitución apostólica “Fidei depositum”, es una “exposición de la fe de la Iglesia y de la doctrina católica, atestiguadas o iluminadas por la Sagrada Escritura, la Tradición apostólica y el Magisterio eclesiástico”.

 

1706.- Mediante su razón, el hombre conoce la voz de Dios que le impulsa “a hacer el bien y a evitar el mal” (Gaudium et Spes, 16). Todo hombre debe seguir esta ley que resuena en la conciencia y que se realiza en el amor de Dios y del prójimo. El ejercicio de la vida moral proclama la dignidad de la persona humana.

 

Así, parece claro que es propiamente la razón, no la obediencia a los directores, quien nos da a conocer la voluntad de Dios, amando a Dios y al prójimo por encima de las instituciones.

 

1776.- En lo más profundo de su conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, llamándole siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal … El hombre tiene una ley inscrita por Dios en su corazón … La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está sólo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella (Gaudium et Spes, 16).

 

Además, puesto que en su conciencia el ser humano “está sólo con Dios”, parece claro que la conciencia no admite intermediarios. Sin embargo, fíjate en lo que la presunta “doctrina” (que yo niego, pero que otros no) afirma acerca del encargo de “mediación” que tienen los Directores:

 

Yo deseo que todos los hijos míos que ocupan cargos de dirección tengan presente siempre que el encargo que Dios les da, de ser mediadores, introductores de las conciencias en el ámbito de los sobrenaturales designios de Dios(...) Vademécum del Gobierno Local, Roma 19-III-2002)

 

Y ahora, por favor, dime si un encargo de “mediación o introducción” entre las conciencias y los designios divinos puede ser considerado como “doctrina de la Iglesia” a la luz de lo que ésta afirma en su Catecismo y de lo que dice su Apóstol.

 

Más claramente aún,

 

1782.- El hombre tiene el derecho de actuar en conciencia y en libertad a fin de tomar personalmente las decisiones morales. “No debe ser obligado a actuar contra su conciencia. Ni se le debe impedir que actúe según su conciencia, sobre todo en materia religiosa” (Dignitatis Humanae 3).

 

En contra, pues, de lo afirmado en Cuadernos 11, pág. 85 y ss., la obediencia a los Directores no parece que pueda ser universal ni en todo, si se quiere respetar la doctrina de la Iglesia. Con ello justifico el que yo no pueda considerar como “doctrina” esta peculiar característica de hecho que algunos tienen por doctrina.

 

Dices claramente que, para ti, la gran pregunta es por qué no fuiste capaz de perseverar. Correspondiendo a tu sinceridad, en atención también a que nacimos en la misma década del siglo pasado y a que tenemos un “historial” parecido, diré que yo tuve la respuesta a esa pregunta cuando estaba aún dentro. Me fui del Opus Dei, libre y voluntariamente, porque me lo exigía mi conciencia, que no admite intermediarios con Dios. Nadie me lo impidió y todos respetaron mi decisión, al menos formalmente, cosa que es de justicia, pero que también agradezco.

 

Por tanto, pienso que comprenderás con toda claridad que, para mí, la gran pregunta es ¿por qué hay personas que admiten intermediarios entre Dios y sus conciencias? De ella se derivan otras como ¿qué consecuencias tiene para la persona una tal intermediación? ¿Es conforme con la ley natural? ¿Es lícita según las leyes de la Iglesia? Si la obediencia garantiza el cumplimiento de la voluntad de Dios ¿para qué sirve la conciencia? ¿No se producirá indefectiblemente un fenómeno de “burbuja moral” o indefensión de la conciencia similar al del “niño burbuja”, que vive sin defensas o anticuerpos naturales? … … …

 

Te anticipo que, tanto en mi experiencia cuanto en muchos testimonios de esta Web, he hallado sobrados indicios y pruebas de que la confusión entre lo teologal y lo institucional que se produce cuando se mezcla el gobierno con la dirección espiritual, es antinatural y perjudicial para las personas y para la Institución. Pero no me parece oportuno examinar con más detalle, aquí y ahora, estas ni otras “dificultades que hacen que la gente abandone”.

 

Simplemente, como miembro de la Iglesia a la que pertenece el Opus Dei, en atención al riesgo de “burbuja moral” que supone para las conciencias de los fieles de la Iglesia, incluidos mis hijos mayores y menores de edad, en beneficio del bien común, vengo a sostener lo mismo que tú, que se clarifique el Opus Dei, porque:

 

                                 Lo que Dios no da, el Opus Dei no presta.

 

Sin ánimo alguno de fanatismo ni de resentimiento, ni críticos, ni acríticos, te ruego aceptes mi más cordial saludo.

 

Mineru.


Publicado el Viernes, 22 enero 2010



 
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