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 Libros silenciados: Diálogos con el prelado.- Gervasio

090. Espiritualidad y ascética
Gervasio :

Diálogos con el prelado

Autor: Gervasio

 

            Leí el artículo de Haenobarbo en el que, de la carta del prelado de octubre de 2011, se fija en los párrafos que tratan del peculiar modo de llevar en el Opus Dei la dirección espiritual. Como esa modalidad de dirección espiritual es poco conocida y no bien valorada, el Prelado se ve en la necesidad de explicarla. Las observaciones y comentarios de Haenobarbo son muy acertados y completos, por lo que, en vez de reiterar lo que dice, voy a ilustrarlo con unas variaciones sobre el mismo tema, en forma de diálogo entre el Prelado y la Inocente Obdulia.

 

Inocente Obdulia: Padre, he leído su carta del mes de octubre —sólo la mitad en realidad— y me he dado cuenta de todo, de todo.

 

Prelado: ¿Sólo la mitad? ¿Y de qué te has dado cuenta?...



Inocente Obdulia: Como son tantas páginas, cada día leo una. Los domingos descanso. Me ha dicho mi directora espiritual in actu —se llama Marisa— que los domingos hay que descansar. Por eso tardaré alrededor de un mes en leerla íntegramente. Don Berengario también me preguntó por qué no había leído la carta completa. Se lo explique e in actu me dijo que hiciese caso a lo que me indicó Marisa. Como le iba diciendo, me he dado cuenta de todo. Me refiero a eso de la dirección espiritual, a que la dirección espiritual la imparte el Opus Dei y no las personas, y a que en el Opus Dei hay la máxima separación entre tareas de gobierno y tareas de dirección espiritual. Lo comprendí todo, todo, todo.

 

Prelado: ¡Qué suerte tienes, hija mía! Porque no hay quien lo entienda. Quiero decir, que los del Opus Dei lo entendemos; pero los demás, no.

 

Inocente Obdulia: Exacto, Padre. De lo primero que me he dado cuenta es de lo mucho que usted como prelado aprecia al Papa. Lo cita aquí y allá, para esto y para lo otro. Y también el Concilio Vaticano II. Para que luego digan que el fundador del Opus Dei rechazaba el Concilio Vaticano II. Para que luego digan que no apreciamos al actual Papa Benedicto XVI. ¡Cuánta mentira!

 

Prelado: Efectivamente. Nosotros hemos sacado al actual Papa del Índice de Libros Prohibidos, en el que había caído. Y con tres firmas, porque en el Opus Dei todas las decisiones las tomamos colegiadamente.

 

Inocente Obdulia: Es lo que digo yo. Todo colegialmente. La dirección espiritual la llevan los del consejo local; pero ellos ni nos mandan ni nos gobiernan. ¿No es así? Me ha iluminado mucho eso de que: En la Obra, la separación entre el ejercicio de la jurisdicción y la dirección espiritual se asegura en la práctica, entre otras cosas, por el hecho de que precisamente quienes reciben charlas de dirección espiritual —los Directores locales y algunos otros fieles especialmente preparados, y los sacerdotes al celebrar el sacramento de la Penitencia— no tienen ninguna potestad de gobierno sobre las personas que atienden.

 

Prelado: Ya lo ves. ¡Qué fácil de entender! Es que tú tienes el espíritu del Opus Dei. Y entiendes lo que otros no entienden.

 

Inocente Obdulia: Ya he tomado mis decisiones, para que las gentes acaben de entender que en el Opus Dei no hay directores locales con facultades de gobierno relativas a las personas. Cuando ellos hablan de dirección espiritual entienden una dirección espiritual personalista: “mi director espiritual”, y le ponen nombre y apellidos. No entienden lo de la “dirección espiritual local”, la llevada a cabo por los superiores locales. A mi me dirige espiritualmente una institución —el Opus Dei—; no una persona concreta. El consejo local me dice: vete al curso anual en agosto. Trata apostólicamente a menganita. No vayas al cine. Haz dos cooperadoras este mes. Lleva como examen particular tal cosa. Limpia las filigranas. No vayas a la boda de tu hermano. No es más que dirección espiritual. Además…

 

Prelado: Vamos a ver, hija mía. Me dices que entiendes muy bien eso de que en el Opus Dei la separación entre el ejercicio de la jurisdicción y la dirección espiritual se asegura en la práctica, entre otras cosas, por el hecho de que precisamente quienes reciben charlas de dirección espiritual —los Directores locales y algunos otros fieles especialmente preparados, y los sacerdotes al celebrar el sacramento de la Penitencia— no tienen ninguna potestad de gobierno sobre las personas que atienden. Dudo que lo entiendas, porque es muy difícil de entender. Pero, en fin, pongamos que lo entiendes. Lo que me preocupa es que, al parecer, has tomado tus propias decisiones, para que los que no son del Opus Dei también lo entiendan. ¿Las has tomado tú sin consultar?

 

Inocente Obdulia: Como en mi ciudad hay más de un consejo local, en vez de hacer la charla fraterna —la llamada confidencia— con alguien del consejo local de mi centro, la voy a hacer con un miembro del consejo local de otro centro. ¿Verdad que es ingenioso? Así quedará meridianamente claro que una cosa es la ayuda espiritual que necesito para mi vida interior y cosa distinta los encargos apostólicos que en mi centro me encomiendan: que si da tal círculo, que si asiste a tal meditación, que si escribe el diario de la casa, que si limpia las filigranas, que si lleva no sé qué contabilidad, que si esto que si lo otro.

 

Prelado: ¿Hacer la confidencia con otra persona? Hija mía, no debes olvidarte de que también os he escrito: no tenemos inconveniente de ordinario con hablar con quienes nos indican los directores, siempre con plena libertad. ¿Con quién te han dicho que hagas la charla?

 

Inocente Obdulia: Con Marisa, ya se lo he dicho.

 

Prelado: Pues ¡a hacerla con Marisa!

 

Inocente Obdulia: Usted dice que no tenemos inconveniente en hacer la charla con quien nos indican los directores; pero también dice “de ordinario”.

 

Prelado: Así es. Eso significa que para no hacer la charla con quien se indica es necesaria la correspondiente dispensa. Cuando, por ejemplo, se dice que “de ordinario” los miembros del Opus Dei hacen cada año un curso de retiro —lo que antes llamábamos ejercicios espirituales— lo que hay detrás es que “de ordinario” no se les concede la dispensa. Imagínate tú si cada miembro de nuestra familia pudiese hacer con quien le diese la gana la charla fraterna o dejar de asistir al curso de retiro. No quiero ni imaginarlo. Entonces, “de ordinario” ni harían la charla con quien se les indica, ni “de ordinario” irían anualmente al curso de retiro.

 

Inocente Obdulia: Pero usted también dice siempre con plena libertad.

 

Prelado: Sí. Eso de con plena libertad lo repito mucho, como hacía también nuestro santo fundador. Más que nada porque es una expresión bonita. También le gustaba mucho lo de porque nos da la gana. Cuando el Consejo local te pide algo, debes hacerlo. Y puesto que debes hacerlo, lo haces porque te da la gana. Porque ¿a quién no va a darle la gana cumplir con su deber? Somos libérrimos. Y como somos libérrimos hacemos lo que nos indican.

 

Inocente Obdulia: ¡Cuántas luces, Padre! No se vaya a creer que yo no quiero hacer la charla con Marisa por ser ella la que siempre me da la vara diciéndome: que si da tal círculo, que si asiste a tal meditación, que si escribe el diario de la casa, que si lleva tales cuentas, que si limpia las filigranas, que si esto, que si lo otro. No. No es por eso. Estoy segura de que si hiciese la charla con quien no es de mi consejo local me diría igualmente: haz lo que te dice Marisa; sé obediente a las indicaciones de tu consejo local. Yo quiero obedecer a Marisa y a mi consejo local. Tengo un contrato —me parece que no es voto, sino más bien un contrato— de obediencia. Pero el vicario de España nunca me ordena algo, ni me dice nada. Nada de nada. Sólo lo vi dos veces, y desde lejos. ¿Es eso mandar? Y si los del consejo local tampoco mandan, ¿a quién voy a obedecer yo? Lo único que deseo es mostrar a los demás —yo ya estoy totalmente convencida desde que leí su carta— que en el Opus Dei la separación entre el ejercicio de la jurisdicción y la dirección espiritual está asegurada en la práctica.

En relación con los sacerdotes diocesanos las gentes entienden eso de que una cosa es la dirección espiritual personal —para lo que los sacerdotes diocesanos eligen el Opus Dei— y cosa distinta la tarea sacerdotal y apostólica que les encomienda su obispo. El Opus Dei en su dirección espiritual siempre les dice: sed muy diocesanos, cumplir con lo que os dice el obispo. Nihil sine episcopo. Y cosas así. Pues yo lo mismo. Nihil sine Marisa. Yo soy muy fan de mi consejo local. Más listas. Parafraseando a nuestro santo fundador lo que yo deseo es “tirar del carro en la misma dirección en que tira Marisa”; pero sin tener dirección espiritual con Marisa. ¿Qué le parece, Padre?

 

Prelado: Obdulia, hija mía, no entiendes nada. Voy a decir que te cambien de ciudad. Que te envíen a una ciudad en la que sólo haya un consejo local. Así se te pasarán las ganas de hacer la charla con persona distinta de la de tu propio centro.

 

Inocente Obdulia: Yo sólo quería ayudar, Padre. Hacer inteligible y palpable a quienes no son de la Obra que en la Obra se da separación entre tareas de gobierno y tareas de dirección espiritual.

 

Prelado: Ten en cuenta hija mía, que lo importante de la carta que acabo de enviaros, no es tanto que la entendáis, y toméis decisiones sin consultar, sino que asintáis a lo que os digo. Si me apuras un poco, es mejor que ni tú, ni quienes no son de la Obra, entendáis demasiado. Así el obsequio de la inteligencia es mayor. Así hay verdadera docilidad. Y además es prácticamente imposible convenceros de lo contrario. Si el padre os dice que en el Opus Dei hay separación entre la dirección espiritual y las tareas de gobierno, pues ya está. No hay que darle más vueltas ni tomar decisiones. ¿Has visto la entrevista de tu hermana Isabelle Muller acerca del caso Tissier? Te habrás fijado en que no daba pie con bola. Pero ¡qué convicción la suya! ¡Con qué entereza y aplomo afirmaba y negaba! Eso es más importante que entender las cosas. Tú, lo mismo. Me decías al principio que, tras leer la mitad de mi carta, te habías dado cuenta de todo, todo, todo. Entenderlo todo significa darme en todo la razón. Si no, es que no lo has entendido todo. ¿Entendido?

 

Inocente Obdulia: Entendido, Padre. Yo sólo quería ayudar. Pero no quiero que me cambien de ciudad.

 

Prelado: Venimos a entregarnos del todo. Del todo. No tenemos derecho a elegir la ciudad en la que más nos plazca vivir. Nuestra entrega es total. Total. ¿Lo oyes?

 

Inocente Obdulia: Y ¿cuándo tengo que cambiar de ciudad?

 

Prelado: Ya te lo dirá tu directora.

 

Inocente Obdulia: ¿Quién, Padre? ¿Marisa?

 

Prelado: ¡Claro! ¿Quién va a ser, si no? En el Opus Dei los directores espirituales aconsejan lo que yo les mando. Y comunican lo que yo decido. Soy su prelado. Yo mando y ellos lo aconsejan, dirigen o imponen según los casos. Dirigen las almas. Me deben obediencia. Por eso decimos que en Opus Dei la dirección espiritual la imparte el propio Opus Dei. Yo y mis vicarios somos los que mandamos en la institución, que es la que imparte la dirección espiritual. Somos los que tenemos la jurisdicción. Los componentes de los consejos locales son meros consejeros locales, como la palabra indica, sin jurisdicción alguna. Meros ejecutores. Todos os acabo de escribir— cuentan con la libertad de acudir directamente al Padre o a un Director Regional o de la Delegación, para hablar de la propia vida interior.

 

Inocente Obdulia: O sea que hay dos modos de que las cosas de mi vida interior lleguen al Padre, al Director Regional o al Delegación: el directo y el indirecto. El indirecto será, por tanto, a través de Marisa o a través de don Berengario.

 

Prelado: La Confidencia es una conversación entre hermanos—os acabo de escribir—, y no la de un súbdito con su superior. Tú hablas fraternalmente con tu hermana Marisa, de la que no eres súbdita, y yo el que toma la decisión de enviarte a otra ciudad, si así me parece oportuno. Los tengo muy bien instruidos. Ellos saben aquello de lo que tienen que darme cuenta y de lo que no.

 

Inocente Obdulia: Pero yo no. Yo no sé lo que le cuentan y lo que le dejan de contar. Por eso prefiero no acudir, ni directa ni indirectamente, ni al Padre, ni al Director de la Delegación, ni al Director Regional

 

Prelado: Como os acabo de escribir: Los que atienden esas charlas fraternas actúan con una delicadeza extraordinaria, fruto de la preocupación exclusiva por la vida interior y las tareas apostólicas de sus hermanos.

 

Inocente Obdulia: Pero en una de éstas, te envían a otra ciudad. O te mandan a limpiar más filigranas. Eso sí con una delicadeza extraordinaria.

 

Prelado: Eso, no. Carecen de la necesaria jurisdicción. No pueden hacerlo. Soy yo el que puede enviarte a otra ciudad. Y como persistas en no querer hacer la charla con Marisa, te enviaré a otra ciudad. No es que me entere indirectamente por Marisa de tu conducta. Me basta con saber que no haces la charla con la persona indicada.

 

Inocente Obdulia: Y ¿qué sucede si usted se niega a hacer la charla fraterna con quien le indica el Benedicto XVI?

 

Prelado: Es que Benedicto XVI no me indica con quién tengo que hacer la confidencia o con quién tener dirección espiritual. Hasta ahí podríamos llegar. La legislación eclesiástica no obliga a tener dirección espiritual, y menos aún a tenerla con persona determinada por el propio superior. Obligar a tener dirección espiritual con determinada persona está fuera de mentalidad en el mundo eclesiástico.

 

Inocente Obdulia: Ahora comprendo por qué se entiende tan mal la praxis del Opus Dei en materia de dirección espiritual.

 

Prelado: Tú con Marisa, que eres del Opus Dei.

 

Gervasio




Publicado el Lunes, 17 octubre 2011



 
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