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 Tus escritos: La intimidad no puede ser una extorsión, pero sí puede ser donación.- Aquilina

140. Sobre esta web
Aquilina :

Querido Chano, tu “extrañeza” es una sensación, un sentimento, y en ese sentido no puede “ser infundada”. Tiene fundamento en que tú la experimentas, en tu mentalidad, en tu sensibilidad, y por esta razón hay que tenerla en cuenta y respetarla, nadie puede negarla. Pero yo sí creo que hay mucho espacio para opiniones distintas y contrarias, y –como tu pides- intentaré explicarlo.

Lo que creo es que la intimidad nunca puede ser una extorsión, pero sí puede ser una donación en muchas ocasiones. Cuando criticamos y denunciamos que en la praxis del Opus Dei nuestras confidencias estaban provocadas y forzadas con el engaño y compartidas sin nuestro consentimento o con un consentimento viciado, en realidad estamos hablando, por lo que se refiere a la sustancia, de algo totalmente distinto de lo que hacemos cuando en otros momentos, por ejemplo en esta página, entregamos a ojos y oídos que consideramos amigables y fraternales, de forma totalmente libre, nuestra intimidad: aparentemente puede parecer la misma cosa, pero realmente no lo es...



El sigilo sacramental existe y obliga gravemente, pero obliga a quien recibe la confesión, no a quien se confiesa. En caso contrario, tampoco sería licito hablar de la intimidad tratada en el sacramento con los directores o con cualquier otra persona. En muchos casos, referir episodios y situaciones concretas, que han realmente acaecido en momentos determinados, es necesario para nosostros para probar las denuncias –graves- que hacemos. En muchos otros, puedo compartir contigo que se trata de escritos más jocosos que otra cosa, pero es que realmente muchos aquí hemos pasado la edad de la adolescencia y, gracias a Dios, hemos aprendido a mirar sonriendo a lo que quizá por entonces, por las hormonas pero también a causa de la “formación deformante” que recibimos dentro de la Obra acerca de la gravedad de determinadas actuaciones, nos parecían autenticas tragedias morales, y en realidad no lo son.

Yo sufrí gravemente de escrupulos en mis años opusinos, pero cuando reempecé mi segunda existencia después de mi salida –aunque tardé mucho en recuperarme- aprendí que había actuaciones realmente relevantes moralmente y otras que no lo eran tanto, aunque me afectaban mucho por la educación recibida en la familia y por el remate cruel recibido posteriormente en la Obra. Cosas que mi madre sigue considerando incorrectas y vergonzosas, yo actualmente las considero como un recorrido normal en el proceso de madurez de una persona, aprendí con la experiencia que puede ser mucho más grave y dañino taparlas que no vivirlas y superarlas. Y puede encantarme compartirlas, con sentido del humor y en el medio adecuado – y Opuslibros para mí lo es- con otros que comparten en alguna manera mi situación y mis experiencias. Pero te diré algo más: esta misma madurez moral me llevó a percibir como gravemente inmorales otras actuaciones, por ejemplo en el ambito de la justicia y de la misericordia, que antes no merecian mi especial atención. Por no quedarme en afirmaciones genericas, te voy a dar un ejemplo.

Recuerdo con especial dolor haberme negado a seguir ayudando a un empleado doméstico que tuve cuando viví en Mozambique. Era una persona bastante pobre –aunque no mucho más de otros conciudadanos suyos- que ayudamos empujándole a estudiar en una escuela profesional al mismo tiempo que trabajaba en nuestra casa, y al que enviamos alguna ayuda más a nuestra vuelta a Italia (nada que nos costara una autentica privación, en realidad), pero cuando volvió a pedirme ayuda otra vez, y en ese momento me encontraba con la niña recién nacida, en situación precaria de trabajo y de matrimonio, endurecí mi corazón y nunca más volví a saber nada de esa persona. Me duele muchisimo cada vez que recuerdo esta actuación mía. Bueno, también en este caso en el que estoy compartiendo algo que sí creo tiene fuerte relevancia moral para mí, no me parece equivocado o impúdico compartirlo públicamente, si es una libre opción mía y si la razón por la que lo hago es suficientemente seria. Pero sería algo muy distinto si yo te lo confiara personalmente y tú, sin mi consentimento, aunque con las mejores intenciones, decidieras unilateralmente pubblicarlo o compartirlo de alguna forma. Además, ¿no es cierto que leer de este episodio mío te molesta mucho menos que leer de esas “cuestiones intrabraguéticas” -por decirlo como tú? ¿No será que seguimos dándole a este campo de la vida moral la importancia exagerada que nos inculcaron en la Obra? ¿Por qué leer de una falta de misericordia y de justicia que afectó a una persona seriamente necesitada puede fastidiar menos que leer de una “falta de pureza”? Reflexionar acerca de eso quizá pueda ayudarte a relativizar tu sensación de molestia…

Por cierto, yo tengo un caracter bastante extrovertido, no me cuesta mostrar por fuera lo que llevo dentro. Entiendo perfectamente que otros no son como yo, que tengan más sentido del pudor (o quizá un “distinto” sentido del pudor) que le guste más callar que compartir, que no encuentren las palabras que le parezcan idoneas a ilustrar lo que le pasa dentro. Esas personas no son ni mejores ni peores que yo: son distintas, y por lo que entiendo los dos tipos, de igual forma, damos gloria a Dios “asemejandoLe” de forma distinta. Dios es tan inmenso, tan completo, que hace falta que sus criaturas seamos muy distintos para ilustrar sus infinitas facetas.

Tienes todo el derecho de sentir como sientes, de no uniformarte a la conducta de otros por aquí, con una única limitación: no juzgar las intenciones de los que se manifiestan distinto que tú. No digo que tu lo estás haciendo, digo que es un riesgo. Quizá puedan equivocarse, pero tu y yo no lo sabemos. De hecho, a mí siempre me ayudó mucho leer las experiencias concretas de los demás, ver como todos hemos tenido que recuperar de alguna forma una adolescencia negada, y cuando alguien consigue dar ese testimonio de una forma agradable y divertida que tanto dramatismo quita a nuestras vivencias, se lo agradezco especialmente.

Saludos cariñosos para todos,

Elena




Publicado el Lunes, 05 diciembre 2011



 
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