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 Tus escritos: El sorprendente interés del Vicario General...- Giovanna Reale

125. Iglesia y Opus Dei
giovanna :

El sorprendente interés del Vicario General del Opus Dei por la infalibilidad del Magisterio de la Iglesia

 

Giovanna Reale, 9 de diciembre de 2011

 

 

Me ha interesado mucho el artículo que el  Vicario General de la prelatura personal del Opus Dei, ha publicado el 2 de diciembre de 2011 en L’Osservatore Romano bajo el título Sobre la adhesión al Concilio Vaticano II. Sus afirmaciones ratifican –e incluso explican con mejor precisión teológica– la tesis que expuse en mi escrito del 29.10.2011 titulado El prelado del Opus Dei se mantiene en sus trece: el Magisterio de la Iglesia es infalible en sus enseñanzas oficiales y exige, por tanto, adhesión plena por parte de los creyentes; además, Ocáriz recuerda que la jerarquía eclesiástica, es decir, “el episcopado cum Petro y sub Petro” es el solo y único depositario, en la Iglesia, de la infalibilidad y del carisma de la verdad: “Las palabras de Cristo: ‘Quien a vosotros escucha, a mí me escucha’ (Lc 10,16) se dirigen también a los sucesores de los Apóstoles. Esta concepción del Magisterio eclesiástico, blindado en la verdad absoluta a partir de la sucesión apostólica y sobre la base de constituirse en el único intérprete autorizado de la Revelación, es lo que en ese escrito denominé en términos no teológicos “club de infalibles”...



El contexto histórico en que monseñor Ocáriz publica su artículo es el de los intentos de la Santa Sede de reconducir el cisma impulsado por Marcel Lefèbvre (1905-1991), a quien no en balde mencioné también. Uno de los afanes de Benedicto XVI es lograr la reconciliación y plena comunión con la Iglesia Católica de los sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, fundada por monseñor Lefèbvre en 1971. Monseñor Ocáriz ha trabajado en los diálogos mantenidos entre la Congregación para la Doctrina de la Fe y la citada Fraternidad y ha publicado ese reciente artículo para precisar los parámetros doctrinales en que se debería producir la reincorporación de esos sacerdotes, de momento cismáticos por rechazar “errores” del Concilio Vaticano II, a la plena comunión eclesial; como es sabido, para Lefèbvre y sus seguidores, el Vaticano II (1962-1965) se desvió en varios puntos de la Tradición católica acuñada por Concilios y Papas anteriores.

 

Y podríamos preguntarnos: ¿por qué la Santa Sede tiene tanto interés en que esas ovejas descarriadas regresen al redil y, en cambio, no se preocupa con tanta intensidad por que otros disidentes, como Dreweman, Küng y un largo etcétera, se arrepientan y se reconcilien con el Papa? ¿Qué tienen de especial los lefèbvrianos que no tengan otros rebeldes? Respuesta: el que inició esa ruptura, Lefèbvre, no fue un cristiano de a pie, como Dreweman, Küng y un largo etcétera, sino un miembro destacado del “club de infalibles”, y en este caso la disidencia es muchísimo más grave que en los otros casos. Que un obispo afirme que un Concilio Ecuménico contenga errores y desviaciones doctrinales origina una situación contradictoria con la propia condición episcopal y, por tanto, pone en peligro la estructura constitutiva de la Iglesia. El profesor Ocáriz afirma refiriéndose a la infalibilidad que “este carisma, autoridad y luz ciertamente estuvieron presentes en el Concilio Vaticano II; negar esto a todo el episcopado cum Petro y sub Petro, reunido para enseñar a la Iglesia universal, sería negar algo de la esencia misma de la Iglesia”. Insisto parafraseando a Ocáriz: la infalibilidad episcopal forma parte de la esencia constitutiva de la Iglesia, de modo que, si un obispo se atreve a negarla, comete no sólo un acto de desobediencia o un exabrupto, sino sobre todo una traición a su condición episcopal que pone en peligro la esencia misma de la Iglesia, como si esta se viera tambaleada por un terremoto de grandes dimensiones: ¡¡¡un miembro del club de infalibles da a entender con su comportamiento práctico que la infalibilidad magisterial de la jerarquía católica no existe!!!

 

Por eso, cancelar el cisma de Lefèbvre es, desde el punto de vista estructural y constitutivo de la Iglesia, mucho más prioritario que solucionar otras disidencias, vistas también como lamentables, pero de rango menor (menor en cuanto a la perspectiva eclesiológica, aunque su número de seguidores sea mayor). Si se produjera la reconciliación de los lefèbvrianos, el “club de infalibles” ganaría en fortaleza y cohesión, asegurando así la estabilidad de la “esencia de la Iglesia”, según esta es entendida a la luz de la eclesiología ahora reinante en los círculos oficiales de la teología católica, en los que Ocáriz se mueve como pez en el agua.

 

Hago estas reflexiones, partiendo del reciente artículo del profesor Ocáriz, para que los lectores de Opuslibros comprendan la envergadura que la cuestión de la “infalibilidad episcopal” tiene en el actual gobierno de la Iglesia Católica. La “infalibilidad” no es tenida a menudo en cuenta por quienes viven fuera de los ambientes clericales y episcopales, pero en estos ambientes es una realidad de importante calado, y por ello deseo resaltarla para que los usuarios de Opuslibros comprendan las dificultades con las que nuestras legítimas reivindicaciones pueden tropezar. Recientemente, por ejemplo, se ha planteado en esta página web (María Angustias: 07.12.2011) la posibilidad de que el proceso de canonización de san Josemaría Escrivá se declare nulo, pero yo me pregunto si el “club de infalibles” se planteará esta cuestión alguna vez: la teología oficial sostiene que una canonización aprobada por un Papa entra dentro de su magisterio infalible.

 

¿Por qué razones monseñor Ocáriz ha escrito ese artículo?: 1ª) Evidentemente, lo ha escrito porque ha colaborado en los diálogos entre la Santa Sede y los lefèbvrianos y con el artículo presta un servicio teológico a la causa, pero, en mi opinión, puede haber tenido también segundas o terceras intenciones. Veámoslas: 2ª) La canonización de Escrivá se salvaguarda a la luz de la doctrina de la infalibilidad del magisterio del Romano Pontífice. 3ª) La tesis de “hermenéutica de la continuidad”, defendida por Benedicto XVI y por Ocáriz, también podría aplicarse a la carta del actual prelado del Opus Dei, don Javier Echevarría, del 2 de octubre de 2011: la novedad que monseñor Echevarría introduce en esa carta acerca de la praxis de la dirección espiritual en el Opus Dei no supondría contradecir la praxis anterior, ya que ésta se entiende y se ilumina a la luz de la reciente carta del 2 de octubre, escrita en una línea de continuidad y sana reforma y no con ánimo de ruptura con el período fundacional del Opus Dei.

 

Termino las reflexiones de hoy remitiéndome de nuevo a mi escrito del 29.10.2011. Por mucho que el Papa, muchos obispos y los teólogos oficialistas se empeñen, erre que erre, en darle vueltas a la “infalibilidad magisterial”, ésta es un contrasentido en la sociedad actual; y no sólo en la actualidad, pues un autor clásico como Cicerón (106-43 a.C.) definió sabiamente la condición humana enseñando que “errare humanum est”; la cita exacta es: “cuiusvis hominis est errare” (Filípica 12, 5). Más todavía, algunos miembros del “club de infalibles” ni siquiera creen en esa infalibilidad, como Lefèbvre y otros obispos que no se atreven a decir en público lo que en conciencia piensan. Argumentos tan enrevesados como los que Ocáriz emplea en su artículo no están en sintonía con la metodología científica que hoy en día se practica ni con los avances de la teología católica que existe fuera de los círculos oficiales.

 

El “club de infalibles” pierde tiempo y esfuerzo intentando solucionar problemitas intestinos como los de Lefèbvre, mientras el mundo entero y las comunidades cristianas estamos inmersos en otros problemas de mucha mayor gravedad: hambre y pobreza en el mundo, crisis económica, injusticias sociales, cambio climático, guerras, creciente descristianización y secularización de la sociedad occidental, etcétera. No afirmo que la Santa Sede se desentienda de estos problemas, pero sí los desplaza a un segundo plano cuando centra su atención prioritaria en asegurar el baluarte de la jerarquía infalible. Recuerdo a los miembros de ese “club de infalibles” y también a don Fernando Ocáriz la frase completa de Cicerón para que reflexionen y extraigan de ella consecuencias: “Cuiusvis hominis est errare; nullius, nisi insipientis, in errore perseverare”, es decir: “Es propio de cualquier hombre equivocarse; pero de ninguno, a no ser del necio, perseverar en el error” (Filípica 12, 5).

 

Giovanna Reale




Publicado el Viernes, 09 diciembre 2011



 
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