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 Tus escritos: Un día cualquiera (1).- Aloisius

076. Agregados
Aloisius :

Un día cualquiera en la vida de un niño-agregado

 

Suena el despertador a las siete de la mañana, como duermo con dos hermanos más en la habitación salgo rápidamente hacia el aseo para besar el suelo y pronunciar  Serviam.

 

Me ducho y al final cierro totalmente el grifo de agua caliente durante un minuto para que el agua fría mortifique mi cuerpo durante ese tiempo, salgo de casa ya que tengo media hora larga de viaje en autobús hasta el colegio para asistir a la misa de ocho. Hago el trayecto preocupado, ya que cuando me he quitado la parte superior del pijama, se me ha caido al suelo el escapulario de tela que llevaba colgado al cuello, y claro al estar unos segundos separado de mi cuerpo ya no se si será válida la promesa de que la Virgen no me dejaría morir en pecado mortal mientras llevara el escapulario, en fin, lo tendré que consultar...



Podría asistir a misa de una durante el recreo, pero me han dicho que esa misa es para las “yayas” y que es mucho más de “machotes” asistir a la misa de primera hora de la mañana, lo que hace más difícil el llevar por lo menos una persona a misa cada día tal y como me había propuesto ya que a la una puedo encontrar algún despistado e introducirlo en el oratorio, pero a las ocho de la mañana la cosa se complica.

 

Mis padres me han preguntado varias veces por qué me voy tan temprano si las clases empiezan a las nueve y por qué ni siquiera me tomo un vaso de leche antes de irme. Si les dijera que voy a oír misa antes de las clases y que no puedo tomar nada porque sino no podría comulgar, seguramente me dirían que fuera a oír misa a mediodía o por lo tarde y me harían quedarme más tiempo en la cama y desayunar antes de marcharme, así que les he dicho que me voy antes para estudiar con unos compañeros antes de las clases y que recién levantado no tengo apetito por lo que me llevo un bocadillo para desayunar más tarde.

 

Entramos en el aula y todos los alumnos de pie rezamos una oración antes de empezar las clases, estas van transcurriendo hasta que entra en el aula un sacerdote que pide permiso al profesor y se dirige a nosotros para explicarnos que estamos en el mes de María (mayo) y que por lo tanto el delegado de curso fijará un rato cada día para rezar el rosario toda la clase junta. Yo me alegro ya que es una norma del plan de vida para la que no tendré que buscar tiempo para cumplirla, y así durante el trayecto podré hacer la oración de la mañana en lugar de rezar el rosario con el rosario (valga la redundancia) de dedo que me trajo B de Roma después de pasarlo por la tumba del padre.

 

Salimos al recreo y aprovecho la circunstancia para zamparme el bocadillo preparado por mi madre el día anterior y para charlar un rato con mis compañeros, la cosa no da para más ya que este primer recreo es de media hora escasa.

 

Después de rezar otra oración, nos disponemos a afrontar el último tramo de las clases matutinas no sin antes interrumpirlas a las doce para rezar todos juntos el Ángelus.

 

A la una del mediodía salimos de las aulas, algunos se van a sus casas a comer, otros se disponen a esperar su turno para dirigirse al comedor y los “machotes” nos reímos de las “yayas” que se dirigen a toda pastilla al oratorio para oír misa. Durante el largo recreo de dos horas tengo tiempo de comer, relacionarme con mis compañeros saciando así el afán proselitista recientemente adquirido y hacer algunas normas del plan de vida como la lectura del evangelio y la visita al santísimo.

 

A las tres, las clases se reanudan hasta las cinco. Cuando todos salimos de las aulas la mayoría se dirigen a sus casas mientras, otros se están reuniendo para ir a la salida del colegio de las niñas que está colindante al nuestro pero separado por lo que algunos denominan “el muro de la vergüenza”, mientras tanto otro pequeño grupo también nos vamos reuniendo para acudir al club...

 

Continuará.

 

Un abrazo

Luis




Publicado el Viernes, 16 diciembre 2011



 
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