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 Libros silenciados: La CUENTA DE CONCIENCIA.- Haenobarbo

125. Iglesia y Opus Dei
Haenobarbo :

La “Cuenta de Conciencia”

Haenobarbo, 19 de diciembre de 2011

 

 

La carta que el prelado del Opus Dei dirigió a su presbiterio y a los cooperantes de la prelatura el pasado 2 de octubre contiene un párrafo o mejor dicho, una mención, hecha como de pasada dentro de un párrafo, que a mi juicio es medular y es casi diría la razón de ser de toda la carta, porque es precisamente el tema por el cual la Santa Sede le exige aclaraciones al Opus Dei y a su Prelado.

El párrafo que ha sido destacado ya en varios de los escritos publicados en Opuslibros, es el siguiente,  la mención, va en negrita:

Los fieles de la Prelatura, porque aspiramos a nuestra santificación personal y a realizar la misión del Opus Dei en la Iglesia, no tenemos inconveniente, de ordinario, en hablar con quienes nos indican los Directores —aunque sea alguien más joven—,siempre con plena libertad y con fe en la gracia divina, que se sirve de instrumentos humanos. La charla fraterna no es una cuenta de conciencia. Si en esa dirección espiritual se nos pregunta algo —y, en ocasiones, puede ser bueno y hasta necesario que nos pregunten—, procederán con mucha delicadeza, porque nadie está obligado, concretamente, a decir en la Confidencia lo que es materia de confesión.



Como ven, lo dice como quién no quiere la cosa. Si preguntáramos a una numeraria o a un numerario de a pié, ni digamos ya a agregados o a supernumerarios, qué ha querido decir el Prelado con aquello de que la charla fraterna no es una cuenta de conciencia, seguramente responderá “pues eso, que no es una cuenta de conciencia”…

Para la Santa Sede, el prelado ha dicho lo que ellos quería que diga, lo que le han exigido decir; pero el prelado y sus ad lateres, deben estarse riendo a mandíbula batiente porque ni el presbiterio de la prelatura, ni los cooperantes –es decir aquellos que creen ser fieles de una prelatura que no tiene pueblo propio ni puede tenerlo -, tienen la más pálida idea de lo que les ha querido decir con esa expresión: Cuenta de conciencia.

La Santa Sede no sabe o no logra entender que ni el presbiterio de la prelatura ni sus pretendidos fieles entienden el lenguaje de los religiosos.

Trataré de explicar pues, lo que es y lo que ha sido la cuenta de conciencia.

Lo primero que hay que decir es, que si bien la dirección espiritual como tal cuenta y contaba con una larguísima tradición en la Iglesia, la cuenta de conciencia la inventó San Ignacio de Loyola.

Un excursus: aquí volvemos a ver que el fundador del Opus Dei no inventó nada. Cuando refiriéndose a la charla fraterna dice que nació:

«con espontaneidad, con naturalidad, como mana una fuente el agua está allí, y no puede dejar de brotar, porque es parte de la vida nuestra. ¿Cómo nació esa Costumbre, en los primeros años? No había más sacerdotes que yo en la Obra No quería confesar a vuestros hermanos, porque si los confesaba me encontraba atado de pies y manos: ya no les podía indicar nada, si no era en la próxima confesión. Por eso les mandaba por ahí: confesaos con quien queráis, les decía. Lo pasaban muy mal, porque cuando se acusaban, por ejemplo, de haber descuidado el examen, o de otra pequeña falta, algunos sacerdotes les respondían bruscamente o con tono de guasa: ¡pero si eso no es pecado! Y los que eran buenos sacerdotes o religiosos con buen espíritu —con el suyo— les preguntaban: ¿y usted no tendría vocación para nosotros...? Vuestros hermanos preferían contarme las cosas con sencillez, con claridad, fuera de la confesión. ¡Si a última hora es lo que se cuentan un grupo de amigos o de amigas, en una reunión, o alrededor de una mesa de café, o en un baile! Se lo dicen así, con claridad, incluso exagerando. Con la misma sencillez, por lo menos, habéis de hablar vosotros en esa conversación fraterna» (Meditación El talento de hablar, abril de 1972, citado en Meditaciones I, pag. 616)

sencillamente miente, como miente cuando insiste en que el Circulo Breve no es lo mismo que el Capítulo de Culpas de los religiosos.

La Cuenta de Conciencia según el Diccionario histórico de la Compañía de Jesús: biográfico temático de Charles E. O´Neill

Es la manifestación de sí mismo que un religioso hace en tiempos determinados a su superior, como a padre y guía, a fin de que éste le conozca y dirija mejor, para el bien del súbdito y de la comunidad.

Tomo estos textos del diccionario, porque su lectura es más fácil que los textos originales de San Ignacio. En el Examen, San Ignacio establece la obligación, tiempo y modo de dar la cuenta de conciencia y las ocasiones en que esta práctica se ha de repetir.

¿Qué razones tenía San Ignacio para imponer la cuenta de conciencia a sus súbditos?

Nuevamente tenemos que recurrir a la historia para entender el porqué: la Compañía de Jesús, rompe el esquema de la vida religiosa de su tiempo; hasta entonces tanto las Ordenes Monásticas como las Mendicantes, practicaban un gobierno de tipo Capitular, es decir un conjunto de personas, el Capítulo gobernaba casi democráticamente la institución.

San Ignacio establece un gobierno de tipo monárquico: gobierna el superior, asistido por un consejo pero el gobierno es en última instancia unipersonal. Ese gobierno, por otra parte, se fundamenta en dos principios: la obediencia total que el súbdito le debe a su superior – obediencia usque ad cadaverem se decía – y la misión, esto es, el encargo apostólico concreto – se diría en el Opus Dei – que el súbdito debe cumplir.

Para que esto funcione, es preciso que el superior conozca directamente a su súbdito: de ahí que la innovación propuesta por la Compañía, que como he dicho no tiene gobierno capitular sino personal. Consiste en requerir que la manifestación de conciencia al superior se haga obligatoriamente y a tiempos fijos,

“como un instrumento para promover, tanto el bienestar espiritual de cada miembro, como el gobierno de la Compañía y su actividad apostólica. Esta manera de gobernar permite dirigir a cada miembro según su capacidad y aspiración, sin exponerle a peligros o dificultades insuperables.”

Que la cuenta de conciencia tal como la entendía Ignacio, no estaba de acuerdo con la práctica y el concepto de la dirección espiritual, tal como la entendía la Iglesia en cuanto mezclaba dirección espiritual y gobierno, o lo que es lo mismo manifestación de la conciencia para gobernar, lo demuestra el hecho de que consultó el tema con el Maestro del Sacro Palacio - lo que hoy es el Teólogo de la Casa Pontificia- quién le dio luz verde para su inspiración.

¿Pero cuáles son las condiciones establecidas por San Ignacio para que opere la cuenta de conciencia? ¿En qué se distingue la cuenta de conciencia de la Compañía de Jesús de la charla fraterna o confidencia que, por voluntad expresa de su fundador, se práctica en el Opus Dei?

Volvamos al Diccionario:

En el Examen (Constituciones 91 – 97) Ignacio, después de insistir en la necesidad de esta actitud de apertura y aportar razones a favor, establece la obligación, tiempo y modo de dar la cuenta de conciencia y las ocasiones en que esta práctica se ha de repetir. A no ser que el sujeto haya expresado lo contrario, el secreto de la cuenta de conciencia obliga con toda la fuerza de un secreto profesional; y el súbdito puede escoger, si quiere, darla bajo secreto de confesión.

Ignacio estableció que durante el noviciado, la cuenta de conciencia debía darse cada seis meses. Luego de la profesión, el jesuita debe darla una vez al año. En el Opus Dei es semanal para los numerarios y agregados y quincenal para los supernumerarios.

Pero hay más diferencias sustanciales:

“El superior que recibe la información nunca puede, ni siquiera por insinuación, comunicar tal secreto a otro, especialmente a un superior mayor. Por otra parte se supone (ya que es el fin de la manifestación) que, sin revelar nada y salvaguardando la reputación del que dio la cuenta de conciencia, el superior tiene permiso tácito para obrar en la manera más ventajosa para el sujeto o su comunidad, excepto en el caso que haya recibido la cuenta de conciencia en confesión. ( Const. 984)”

Entonces, el que recibe la cuenta no puede, ni por insinuación, comunicar a otro y mucho menos a un superior, lo que sabe. De algún modo la inviolabilidad de la conciencia está salvaguardada. La cuenta funciona así como un modo de ayudar al súbdito y al mismo tiempo de gobernar, pero sin comunicar a nadie lo que se sabe ni las razones por las que se actúa de uno u otro modo respecto a un súbdito o a una comunidad.

Si la cuenta se ofrece en confesión, el superior no puede usar de la información recibida, ni siquiera a favor de quién se la ha dado.

En el Opus Dei, lo que sabe el que lleva la charla, se comunica primero al consejo local; este lo comunica a la Delegación o a la Comisión Regional en su caso y esta a su vez, si el tema lo amerita, al Consejo General y en cada instancia es tema de estudio, de discusión, de opiniones, de informes escritos y de debates.

En el Opus Dei si bien es uno el que recibe la charla fraterna, confidencia o cuenta de conciencia (que pare el caso viene a ser lo mismo) es el consejo local en pleno el que informa, es decir, el que recibe la charla informa a los otros miembros del Consejo Local los pormenores de la confidencia:

“8. Le estamos insistiendo en que aproveche más el tiempo y aprenda a no dejarse dominar por las preocupaciones o las ilusiones. Procuramos apoyar su apostolado y facilitar el que acuda al ctr a los medios de formación. Pensamos que con el tiempo puede convertirse en una ayuda importante para la labor. Prácticamente vive el plan de vida completo, si bien todavía le falta algún aspecto por incorporar. Quiere hacer la ad y el cl (el Consejo Local en pleno) piensa que se le puede conceder.” De un Informe de conciencia.

“9. En síntesis, pensamos que es una lástima que una persona de sus cualidades y valía no acabe de profundizar en la vida interior y pierda eficacia por lo que en el fondo estamos convencidos de que es un estado de tibieza que con el tiempo puede agravarse. Sobre todo nos preocupa ver que tiene una cierta actitud de conformismo que le lleva a no dar importancia a muchas pequeñas -y no tan pequeñas- cosas relativas a la fidelidad y a la entrega. Si no reacciona, es probable que todos los aspectos que citamos en los puntos anteriores sean cada vez más difíciles de corregir. Pensamos que sólo si empieza a luchar de verdad y se decide a entrar con más decisión en caminos de vida interior podrá ser un apoyo eficaz para la labor de su r. Encomendamos a Don Álvaro una reacción que mejore su entrega.” De otro informe de conciencia.

“7. En todas sus conversaciones indicó que lamentaba el mal ejemplo y la desedificación que su infidelidad podía producir, frente a lo cual le señalamos que, lo que realmente tiene que importarle, es corresponder a la voluntad de Dios. Al hablar con él, además de facilitar su sinceridad, le hemos animado a que se ponga ante el Señor, sin quedarse en planteamientos humanos, haciéndole ver la trascendencia de sus actos y decisiones y cómo no debe dejarse cegar por percepciones subjetivas alcanzadas en un contexto momentáneo de confusión emocional que, además, se ha visto agravado como consecuencia de haber prescindido de la ayuda de la gracia y de la desp (hemos intentado en este punto seguir lo aconsejado en Experiencias 19-III-2002, 61-41, y Experiencias sobre el modo de llevar charlas fraternas de 19-III-2001, 196-198).” De otro informe de conciencia.

Por si queda alguna duda de que los informes de conciencia se hacen colectivamente y tratan sobre asuntos de conciencia, acá va otro ejemplo:

5. Desde el punto de vista de su vocación, nos parece que es la única alternativa para conseguir que esta circunstancia no impida que pueda hacer la incorporación definitiva, el próximo septiembre. Pensamos que sería una lástima que una persona que ha demostrado ser fiel hasta este desgraciado suceso no pueda seguir adelante, aunque somos conscientes de la gravedad de la cuestión.

6. En lo que al escándalo se refiere, pensamos que la incidencia sobre el buen nombre de la Obra será pequeña, pues su círculo de relación es muy reducido, y sus familiares no saben que es de casa, excepto sus padres y dos hermanos. Uno de ellos estudia en (...) y mantiene contacto con la labor. Además, le hemos insistido en la conveniencia de la discreción, pues el hecho de que, si todo evoluciona favorablemente, el nacimiento sea unos siete meses después de la boda podría hacer que pase por un caso de concepción en un contexto lícito.

7. Por último, es importante señalar que el médico les ha advertido de que existe una probabilidad del 15-20 % de que pierda el niño de manera natural.

8. Agradeceríamos recibir indicaciones.

Eso lo sabemos los que gracias a Dios nos fuimos y los que están adentro, así que aquí no hay mentira posible, nadie puede decir que esto no es así. Ya no importa si los miembros de los consejos locales tienen o no tienen función de gobierno; si tienen o no tienen jurisdicción; si sus funciones se limitan al manejo “material” de los centros. En cualquier caso se convierten en los “corre ve y dile” de la Prelatura: triste papel.

Y lo que sabe el sacerdote del Opus Dei por la confesión, hace que se lo digan otra vez fuera de ella, para poder utilizar ese conocimiento en la forma que crea conveniente!! y si no se lo dicen, ahí están los testimonios ofrecidos en esta web sobre las insinuaciones y demás artimañas de que se valen para que los del consejo local descubran lo que no puede decir.

Y es falso de toda falsedad que los del Opus Dei sepan del manoseo que se hace con lo que dicen en la charla. También hay testimonios concordes sobre este punto: a nadie se le dice, al menos con la suficiente claridad, que lo que diga será materia de consejos locales, regionales o generales, ni que se harán informes de conciencia, como es falso de toda falsedad que los consejos locales no gobiernen.

Cuando un consejo local resuelve que lo que fulano o mengano ha dicho, debe ser comunicado a la Delegación o a la Comisión Regional y elabora un informe que es revisado por sus miembros, y es objeto de opinión y de discusión, y luego es elevado al órgano superior con las respectivas notas numeradas, está haciendo un acto de gobierno.

Y en ese acto de gobierno se está manejando de modo colectivo, información de conciencia proporcionada por un sujeto individual, como se ha visto en los textos citados antes.

El Catecismo de la Obra en su edición del año 2003, dice lo siguiente:

217.-¿Cuál es el objeto de la Confidencia?

El objeto de la Confidencia, llena de sinceridad, que periódicamente debe tener cada miembro con el Director local o con la persona designada por los Directores, es identificar su espíritu con el de la Obra y mejorar sus actividades apostólicas.

1. Con esa charla es más claro, más pleno y más íntimo el conocimiento que los Directores tienen del alma de los fieles de la Obra, y así les pueden ayudar mejor;

2. este medio de formación confirma la voluntad de cada fiel para buscar la santidad y ejercer el apostolado, según el espíritu del Opus Dei;

3. da mayor compenetración y unidad espiritual con los Directores.

Para evitar inexactas interpretaciones por parte de quienes no conozcan el espíritu de la Obra, este medio de formación, que desde el principio se llamó Confidencia, se designa también con el nombre de charla fraterna.

218. -¿De qué temas se trata en la Confidencia?

Para hacer bien la Confidencia, convendrá tratar de qué modo se viven:

1. las Normas y Costumbres;

2. la fe, la pureza y la vocación;

3. el apostolado personal y el encargo apostólico concreto;

4. la santificación del trabajo;

5. los encargos recibidos del Consejo local.

Además, convendrá tratar también:

1. del amor a la Santa Iglesia y a la Obra; de la petición por el Romano Pontífice y por los Obispos;

2. del espíritu de filiación a nuestro Fundador y al Padre, de fraternidad y de proselitismo; de las preocupaciones, tristezas o alegrías;

3. de la oración y mortificación por el Padre y por todos los fieles de la Obra y todo con brevedad y humildemente, con la máxima sencillez, pruebas indudables de buen espíritu y medios para progresar en el camino de la santidad.

¿No son estos, temas de conciencia? ¿Y quién imparte la dirección espiritual en el Opus Dei? El mismo Catecismo de 2003 responde:

215. -¿Quiénes ejercen la dirección espiritual personal, en cuanto a las disposiciones interiores?

Ejercen la dirección espiritual personal, en cuanto a las disposiciones interiores, los Directores y los sacerdotes de la Obra.

Dejando completamente a salvo la libertad de las conciencias de los fieles de la Obra, su buen espíritu les mueve a tener la dirección espiritual personal con el Director o con la Directora local, y con el sacerdote designado para atender cada Centro. Pueden siempre dirigirse, además, a otro sacerdote de la Prelatura; y, por escrito y directamente, al Padre.

Para comprender lo anterior, ha de tenerse presente que es el mismo Opus Dei el que imparte la dirección espiritual, y nadie puede atribuirse el derecho exclusivo de ejercerla. Por tanto, quienes no han recibido esa misión del Padre o de los Directores Regionales, no pueden ser buenos pastores.

No hay en el Opus Dei un director espiritual, son los directores y es el Opus Dei institución quién ejerce la dirección espiritual.

El Catecismo de la Obra, en su versión del año 2010, modifica el tratamiento del tema de la dirección espiritual, ya no trata de disposiciones exteriores e interiores, ahora dice:

211.- ¿Quién atiende a los fieles en la dirección espiritual?

Los Directores locales atienden a los fieles en la Confidencia y los sacerdotes en la Confesión.

Dejando completamente a salvo la libertad de los fieles de la Obra, su buen espíritu les mueve a tener la dirección espiritual con esas personas que, por vivir el mismo camino de servicio a Dios en el Opus Dei, son buenos pastores para cada uno.

De este modo, es el mismo Opus Dei el que imparte la dirección espiritual, y nadie puede atribuirse el derecho exclusivo de ejercerla.

En la Obra, la dirección espiritual personal existe sólo in actu: cuando el Director escucha la Confidencia, y cuando el sacerdote confiesa o atiende charlas de dirección espiritual.

Por si esto no fuera suficiente, el fundador, lapidario como siempre, afirma:

«El día que tuvierais un rincón de vuestra alma, una cosa que no sabe el que lleva vuestra Confidencia, tendríais un secreto con el diablo» (Escrivá, Meditaciones IV, pág. 595)

Así pues, la confidencia, la cuenta de conciencia en el Opus Dei, ni es libre, ni se puede hacer con quién uno elija, ni su materia excluye los temas de conciencia.

Esto es lo que diferencia a la cuenta de conciencia ignaciana de la confidencia o charla fraterna que Escrivá impuso, copiándola a su conveniencia de los Jesuitas.

Los Jesuitas no violan el secreto de la cuenta cuando el superior –él solo con su conciencia- gobierna teniendo en cuenta los datos ofrecidos por quién la rindió. En el Opus Dei se viola sistemáticamente la conciencia de sus “miembros” cuando se ventila lo que se sabe por la confidencia o charla fraterna.

Volvamos a la historia:

“El ejemplo de la Compañía de Jesús cundió entre otros institutos religiosos clericales y laicos de los que muchos establecieron la cuenta de conciencia por regla. En algunos casos (…) se introdujeron abusos que infringían la libertad de conciencia o la jurisdicción de los confesores. Por ello, León XIII en su decreto Quemadmodum de 1890, prohibió la manifestación obligatoria o inducida de la conciencia en institutos religiosos”

El Código de Derecho Canónico de 1917 (canon 530), prohibió a los superiores de los institutos religiosos inducir u obligar a sus súbditos a dar cuenta de conciencia, sin dejar de apreciar el valor de la libre y espontánea manifestación de la conciencia a los superiores sacerdotes. En su momento la Compañía, adaptándose a la legislación vigente, suprimió la cuenta, tal como estaba en sus Constituciones, manteniendo a tenor del canon mencionado la recomendación de la apertura.

Pío XI, a petición del General de la Compañía, confirmó a modo de privilegio, en 1923, la Cuenta de Conciencia, en el modo en que San Ignacio la había establecido, es decir la cuenta la rinde el súbdito a su superior dentro o fuera de confesión a elección del súbdito.

El superior ni siquiera por insinuación puede manifestar a nadie lo que sabe a través de la cuenta y mucho menos a un superior. Puede hacer uso de lo que sabe para el gobierno y beneficio del súbdito y de la comunidad –sin manifestar a nadie las razones que tiene para obrar de un modo determinado – salvo que la cuenta la haya recibido en confesión, en cuyo caso no puede usar de modo alguno esa información.

El Código de 1983, no ha alterado en nada este punto. El canon 630 en sus numerales 4 y 5 prescribe que el superior no oiga las confesiones de sus súbditos, a no ser que ellos lo pidan espontáneamente y prohíbe a los superiores inducir de cualquier modo a sus súbditos para que les manifiesten su conciencia.

«El objeto de la Confidencia, llena de sinceridad, que periódicamente debe tener cada miembro con su Director o con la persona designada por los Directores, es identificar su espíritu con el de la Obra y mejorar sus actividades apostólicas» Catecismo, 5 a ed., n. 276.

«A la Confidencia no se va por amistad, ni por motivos personales; sino por motivos sobrenaturales; cualquiera que sea quien recibe la Confidencia, es vuestro mismo Padre quien la recibe» instrucción, 31-V-1936, nota 132.

La lectura de estas dos citas extraídas de documentos del Opus Dei podría hacernos pensar en la “cuenta de conciencia” tal como la estableció San Ignacio, si no fuera porque todos sabemos que ni el director ni la persona designada por los directores, se queda para sí con la información que recibe, sino que es manoseada hasta el infinito y puesta por escrito en los informes de conciencia.

Pero es que aunque fuera lo mismo, los Jesuitas tienen un privilegio que les permite practicarla en la forma establecida (que no tiene nada que ver con el modo en que lo practica el Opus Dei), privilegio del que el Opus Dei carece y que sin duda no podrá obtener, porque el modo “colegial” de manejar la información de conciencia que recibe, contradice a la práctica y a las leyes de la Iglesia.

No hubo fuentes ni aguas que fluyen solas en el nacimiento de la confidencia. Una vez más, Escrivá nos engañó y sigue engañando: copió de los Jesuitas la cuenta de conciencia y la adaptó, violentando no solo las leyes de la Iglesia, sino lo más sagrado que tiene el ser humano, su propia conciencia, para beneficio de una institución que concibió por encima de los miembros.

Haenobarbo




Publicado el Lunes, 19 diciembre 2011



 
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