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 Tus escritos: Sobre miedos, valentías y sentimientos.- Txiqui

075. Afectividad, amistad, sexualidad
Txiqui :

Una de las cosas que se descubre con profundo pesar es la ausencia de verdaderos sentimientos entre las personas del Opus Dei.

Aquellos corazones protegidos por siete cerrojos para que nadie pueda entrar en la ciudad amurallada, siempre me parecieron la expresión de un gran miedo a querer y en el fondo, una gran desconfianza sobre la propia capacidad para ser querido. 

Volvemos al tema del miedo que va unido inseparablemente a las emociones y sentimientos humanos. El miedo a no ser querido, a apartarse de lo conocido previendo desgracias que nunca llegaran a suceder, afectos y seguridades que creemos pilares de nuestra vida...



El encorsetamiento y la falta de comunicación a veces lleva a confundir las formas con el fondo, las apariencias con la verdad, de manera que la preocupación por el prójimo y el compartir se estereotipa en pequeños gestos, en la tensión de estar “pendiente” del agua en el vaso del vecino, a ocultarse en el cuidado de cosas ínfimas, desdibujando en verdad las importantes.

Seguramente todos habéis leído “Le petit Prince”, o en versión castellana, “El Principito”. Su inmenso amor es la Rosa, que no es una flor cualquiera, es su amor, y teme perderla porque es la más esplendida entre todas, “única” en su planeta. Seguramente pudo haber otras, pero ésta es la que un día "floreció" en su corazón.

Es bonita, huele bien, parece perfecta pero está llena de imperfecciones; es frágil, hay que cuidarla, mimarla, estar siempre atento; además es orgullosa, es vanidosa, egoísta y mentirosa.

A pesar de todo, él pensaba que su flor era única entre otras, aunque le confundiese por su forma de hacer o decir cosas y por eso acabará finalmente huyendo de ella, de sus falsas certezas y seguridades.

En su huida llega a la Tierra y ¡oh sorpresa! El principito encuentra toda una hilera de rosales y se deprime al constatar que su rosa, ni con mucho, era única en todo el universo.

Por fin conocerá al zorro quien le enseña el verdadero sentido de la amistad, la esencia de las relaciones humanas. En su despedida, le regala el gran secreto: Lo esencial es invisible para los ojos, solo puede verse con el corazón”.

A veces, cuando miro para atrás pienso que en realidad el Opus Dei lo único que lo “hizo bueno” fue nuestro amor, el de tantas y tantos.

Por eso siempre me ha resultado esperpéntica la amenaza del rejalgar, en expresión de rabia y venganza por no haber sabido, por no haber podido conservar, ni subyugar, nuestro corazón. Nuevamente el miedo, un miedo anunciado, amenazante y siniestro que para nada puede hipotecar el futuro.

De todas las emociones que amargan el corazón humano y son muchas, la gran familia de la angustia, la timidez, el terror, la vulnerabilidad es la que más me preocupa y la experiencia me dice que no es una rareza mía”, dice José Antonio Marina.

En verdad no lo es, porque todos nosotros podemos dar fe de ello. Y no es tampoco para desanimarse el hecho de pasar miedo. A veces el miedo parece la antesala de la prudencia, En todo caso, es la antesala de algo que se ve venir pero que no se ha asimilado. ¿Cómo se puede asimilar el futuro? Imposible, esta hipótesis es verdaderamente irreal.

A estas alturas si empezamos a pensar, somos bastante expertos en miedos, no hay especie más miedosa que la nuestra.

Continuo con Marina: "Vivimos entre el recuerdo y la imaginación, entre fantasmas del pasado y del futuro, confundiendo realidad e irrealidad, es decir hechos un lio. Para colmo de males no nos basta con sentir temor, sino que reflexionamos sobre el temor sentido, con lo que acabamos teniendo miedo al miedo".

Y la respuesta está allí al alcance de la mano para todos: “¡No tengáis miedo! La paz sea con vosotros…”

Txiqui




Publicado el Lunes, 23 enero 2012



 
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