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 Tus escritos: Mentiras de Mons. Escrivá. 1. Sobre el secreto.- Doserra

115. Aspectos históricos
Doserra :

Mentiras de Mons. Escrivá:
1. Sobre el secreto

Doserra, 7 de marzo de 2012

 

 

La definición catequética común de mentir es: “Decir lo contrario de lo que se piensa con la intención de engañar”. Por tanto, sostener que alguien miente supone un cierto juicio de su interioridad, en el sentido de que se afirma no solamente que dice algo que no se corresponde con la realidad (como puede suceder al que se equivoca sin darse cuenta de su error), sino también que el mentiroso sabe que está diciendo algo que no se ajusta a ésta.

 

A eso es a lo que me refiero cuando sostengo que Escrivá mintió, es decir, a que datos externos permiten asegurar que él sabía que estaba engañando. Cosa que se deduce con certeza de diversas informaciones que vamos sabiendo de su vida, y que ahora con los Reglamentos de 1941 ya no admiten discusión, según se pone en evidencia en los textos que se citan a continuación...



Cuando sostengo que Escrivá mintió no hago ninguna valoración sobre la responsabilidad moral que él haya tenido en sus mentiras. Eso sólo lo puede juzgar Dios. Sí sabemos que hay muchos indicios de que padeciera un trastorno narcisista de personalidad, lo cual puede explicar en parte por qué su sensibilidad no le llevara a rechazar la mentira como medio para alcanzar sus fines. Pero esas mentiras vienen teniendo consecuencias muy graves, pues han destrozado muchas vidas, convirtiendo a la Obra de Escrivá en una maquinaria de demolición de la personalidad de muchos de sus miembros, especialmente los célibes.

 

En todo caso, con independencia de la valoración moral de la conducta de Escrivá, lo que es indudable es que jamás debería haber sido propuesto por la Jerarquía eclesiástica como modelo de cristiano a una persona que atentó consciente y sistemáticamente contra la verdad.

 

Saludos cordiales,

 

Doserra

 

Reglamentos del Opus Dei como Pía Unión,

1941

Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, 1968

“El espíritu de la Obra es que sus socios varones ocupen cargos oficiales y, en general, puestos de dirección” (Espíritu, 28).

 

“Todos los trabajos apostólicos de los socios del Opus Dei (la Obra no actúa: como si no existiera) se ejercitarán inmediatamente a través de las actividades oficiales públicas, o mediante asociaciones legales que oportunamente constituirán los socios, adaptándose siempre a las circunstancias de los tiempos y lugares, sin uniformidad” (Régimen, 8).

 

“Los nuestros nunca hablarán de la Obra a los extraños, ni ma­nifestarán a nadie que pertenecen a ella” (Espíritu, 12).

“Debo decir también ‑aunque no me gusta hablar de estas cosas‑ que en nuestro caso no faltó además una campaña organizada y perseverante de calumnias. Hubo quienes dijeron que trabajábamos secretamente ‑esto quizá lo hacían ellos‑, que queríamos ocupar puestos elevados, etc. Le puedo decir, concretamente, que esa campaña la inició, hace aproximadamente treinta años, un religioso español que luego dejó su orden y la Iglesia, contrajo matrimonio civil, y ahora es pastor protestante”  (Conversaciones, n. 64)

“La Obra pasa oculta. Por eso no puede asistir a ningún acto de la vida social, ni ser representada; y del nombre de la Obra, desconocido para los extraños, jamás debe derivarse un apelativo común pa­ra los socios” (Espíritu, 9).

 

Por esta humilad colectiva de los socios, que hace que la Obra pase oculta, nunca se podrá atribuir a la Obra la fama o mérito de las actividades de sus miembros… De aquí que tampoco se comunique a nadie la consagración que a la Obra hacen algunos de sus socios” (Espíritu, 10).

 

“Este mismo espíritu de humildad colectiva impone la norma de no decir el número de socios que forman parte de la Obra. (Espíritu, 11).

 

Los nuestros nunca hablarán de la Obra a los extraños, ni ma­nifestarán a nadie que pertenecen a ella” (Espíritu, 12).

 

Por la misma razón, la existencia de los centros en que los so­cios numerarios realizan su labor de apostolado -obra de San Miguel- no debe ser conocida más que por los que en ellos trabajan” (Espíritu, 13).

 

Los Reglamentos, Instrucciones, etc., están numerados; y hay prohibición absoluta de mostrarlos a los extraños y aún de verterlos al idioma vulgar, si están escritos en latín” (Espíritu, 15).

 

“No hablemos de nuestra vocación, bajo ningún pretexto, si no es con nuestros hermanos, y con sacerdotes que íntimamente conozcan y amen el espíritu de la Obra” (Espíritu, 61).

 

En los Centros no habrá libro de visitas, ni quedará constancia del paso del Visitador” (Ordo art. 4, 3)

 

“Su parentesco espiritual, que une a los socios de la Obra, no tiene manifestaciones exteriores en la vida social” (Costumbres, 27)

“Habla usted de acusación de secreto. Eso es ya historia antigua. Podría decirle, punto por punto, el origen histórico de esa acusación calumniosa. Durante muchos años una poderosa organización, de la que prefiero no hablar ‑la amamos y la hemos amado siempre‑, se dedicó a falsear lo que no conocía. Insistían en considerarnos como religiosos, y se preguntaban: ¿por qué no piensan todos del mismo modo?, ¿por qué no llevan hábito o un distintivo? Y sacaban ilógicamente como consecuencia que constituíamos una sociedad secreta. Hoy eso ha pasado, y cualquier persona medianamente informada sabe que no hay secreto alguno” (Conversaciones, n. 30).

 

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Publicado el Miércoles, 07 marzo 2012



 
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