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 Tus escritos: Sobre la ética predicada por el Opus a sus huestes.- Ana Azanza

090. Espiritualidad y ascética
Ana Azanza :

Con respecto a lo que señala Ramón, un primer punto:

 

El Opus Dei es la única de las instituciones mimadas hoy por la jerarquía católica y sospechosas de sectarismo, que existía en el momento del florecimiento del fascismo en Europa, años 30. En ese momento aunque nada hay menos seguro que pensar que Escrivá “vió” el Opus Dei como lo hemos conocido mucho más tarde, empezó a reclutar efectivos para su “obra”. Existían también los Propagandistas, pero yo no he tenido noticia de comportamiento sectario de la ACNdP, ideológicamente son los “hermanos mayores” del Opus, sin embargo hay diferencias interesantes. Pero en aquellos años no existía ni Comunión y Liberación ni los Legionarios. Ambos fundadores de estos movimientos; Giusani y Maciel, reconocieron en algún momento que Escrivá fue un modelo para sus respectivas creaciones. Y cuando se estudian estas dos instituciones un poco más de cerca, vemos que “tienen a quien parecerse”. “La lobby di Dio” ha llamado Ferrucio Pinoti a la primera de ellas en un reciente libro-investigación muy recomendable...



Tampoco en los años 30-40 estaban los Neocatecumenales de Kiko Argüello, aunque parece que estos son más “populares” en su recluta, no se libran de acusaciones de sectarismo.

 

En 1945 el fascismo fue derrotado en el mundo. ¿En todo el mundo? Para nuestra desgracia no. Un aguerrido país en el extremo sudoeste del continente resistió al establecimiento de regímenes democráticos en el resto de Europa occidental, el nuestro. Y además con ínfulas apostólicas. Es decir, oficialmente si se leen los discursos políticos de entonces, y se examinan los libros que se utilizaban en las escuelas primarias españolas hasta 1970, “España estaba en la verdad y los demás estaban equivocados.” “Nuestro Padre” Escrivá enseñaba que esto sólo por excepción es verdad, pero se ve que en el caso de los países no cuenta. Portugal también tuvo su correspondiente dictadura salazarista hasta 1973, hermanados no sólo geográficamente, qué bien. Pero a ímpetu evangelizador no nos iba a ganar Portugal, faltaría más.

 

A este respecto me he divertido con “El florido pensil”, libro humorístico que hace chanza de aquella educación. Andrés Sopeña es el autor de este libro que examina las cartillas escolares y como no podía ser menos hay un Opus entre los “pedagogos” del régimen, José María Pemán. Por estos motivos históricos veo interesante recordarnos de vez en cuando a los españoles que hemos sido el frigorífico europeo donde se ha conservado el fascismo con una salud envidiable. Hasta nos ha dado para exportar, bien es verdad que con los oportunos retoques, los discursos de la raza y todo aquello de Luz de Trento no los tragaría nadie actualmente.

 

Así que efectivamente, si hoy el discurso en la tele que no es del Opus pero es donde más gente relacionada con el Opus se sospecha que hay, es la defensa del “liberalismo”, el origen no fue ese, ni mucho menos. Y no está de más recordarlo, porque hay cosas que de puertas para adentro han permanecido y no son nada liberales. El liberalismo de los liberales de la cadena que citas es un liberalismo a la española que me voy a molestar en “deconstruir”. Si eso es liberalismo que venga Adam Smith y lo vea.

 

Otro punto sobre la ética predicada por el Opus Dei a sus huestes:

 

Por ahora el mejor análisis que he leído de la ética “teóricamente” promovida por el Opus Dei en sus instituciones educativas es el que hace Joan Estruch en el último capítulo de “Santos y pillos, el Opus Dei y sus paradojas”. Justamente acabo de leer un clásico de la sociología, el libro de Max Weber titulado “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”. Como todas las grandes obras, muy controvertida, pero no por eso menos iluminadora sobre el porqué del desarrollo del capitalismo económico en Occidente, capitalismo que no despegó con la misma fuerza en ninguna otra zona cultural de la humanidad.

 

La tesis del libro es que el protestantismo, y concretamente dentro de él, el llamado puritanismo puso en obra unos mecanismos psicológicos que dieron lugar al desarrollo económico especialmente en USA, Inglaterra, Países Bajos, Suiza… los lugares donde floreció el primer capitalismo en suma.

 

Lo mejor del libro de Weber es que ilustra una paradoja del comportamiento humano que se ha revelado también muy cierta, y es la de las “consecuencias no queridas de una acción”. Si es así, es sorprendente observar como unas personas obsesionadas con la cuestión de la certeza de la salvación eterna de su propia alma, dieron lugar con su vida de trabajo metódico, ordenado y su austeridad a la acumulación de riqueza que ha sido más determinante para la humanidad.

 

Todo este panorama hace del libro de Weber un ejemplo muy tentador para explicar el florecimiento del Opus Dei en España particularmente desde los años 50. Hay que irse a la segunda parte del libro de Estruch, donde se explora la comparación de la expansión del capitalismo como la vió Weber y el caso del Opus.

 

Ahí están las diferencias entre el puritano agobiado porque no sabe si forma parte de los elegidos por Dios para el cielo y buscar desesperado signos de su salvación, y el católico del Opus Dei muy seguro de que el cielo, Dios Padre y una corte de intercesores (María, el Custodio, san José, san Nicolás, los Arcángeles, tía Carmen…) están todos de su parte en los negocios, el de la vida eterna y los de aquí abajo.

 

Hay un elemento fundamental de tranquilidad espiritual para el católico al que con frecuencia se refería Escrivá y por una vez le daremos la razón: la confesión sacramental. Eliminada por los reformadores, el pecador protestante sólo ante Dios no tiene este desagüadero tan útil en el Opus. Cuestión aparte son los usos espúreos del mismo también denunciados por muchos “former members of Opus Dei.” La confesión dentro del catolicismo dice Weber que ha sido un instrumento fundamental de poder y educación, y en el caso de las mujeres católicas de redoblada eficacia.

 

Pero por otra parte hay causas del enriquecimiento evidente del Opus Dei que me temo ni los puritanos ni Weber ni Estruch han explorado. Y es cuando directamente y en virtud de la “vocación divina”, y de que la Obra es de Dios se hace trabajar a administradoras, numerarias auxiliares, directoras, profesoras de asignaturas internas, oficiales de delegaciones y asesorías, charlistas y “chicas para todo” varias sin más premio que un techo y comida. Ni seguro de enfermedad ni pensión para la vejez. A la buena de Dios y nunca mejor dicho. Así hemos trabajado muchas mujeres en el Opus Dei, a destajo, sin horario, con un reconocimiento afectivo y efectivo mínimos. No sólo no te daban las gracias ni te pagaban, te freían a correcciones. Si hace poco han empezado a suscribir seguros de vejez, ha sido por presiones, pero durante décadas las cosas no eran así. Y muchas de las que abandonaron podrían si quisieran dar testimonio de ello. Ya lo ha hecho Catherine Tissier y las 6 ex numerarias españolas que han denunciado. La idea era: “o te agarrabas al Opus o no tenías donde caerte muerta”. Viva el liberalismo, va en la línea del liberalismo y lo traspasa, a lo que más se parece es al trabajo esclavo en las plantaciones del sur de Estados Unidos o a los que “contrataron” los egipcios para construir pirámides.

 

De todas formas en mis años opusinos ni escuché ni leí la verdad histórica: la expresión “vocación profesional” está antes que en Escrivá en los ¡predicadores protestantes como Wesley, fundador del metodismo, o Baxter, ministro puritano! Eso por no meternos en el berenjenal del origen de la palabra alemana que significa “profesión”, a saber, “Beruf”, en la que curiosamente está integrada la raíz “ruf” que significa llamada.

 

Fue en la traducción del libro de Sirácide 11, 20 y 21, que animo a consultar, donde primero se utilizó esta palabra. Ni en la antigüedad ni en la edad media se dieron las condiciones para la estimación del trabajo cotidiano que implica la idea de profesión. Lo nuevo en la Reforma protestante era considerar que el más noble cometido de la propia conducta moral consistía en sentir como un deber el cumplimiento de la tarea profesional en el mundo. El concepto de “profesión” se oponía a la superación de la moralidad terrena por medio de la ascesis monástica de apartamiento del mundo y “profesión” de los consejos evangélicos. Paradójicamente el Opus Dei negándolo por activa y pasiva en su predicación, ha conservado las exigencias de los consejos evangélicos a sus miembros. Hoy tenemos certeza de que hemos vivido dichos “consejos” gracias a tantos estudios canónicos y testimonios como se han publicado en opuslibros.org. Esta es una de las graves contradicciones que dislocan al numerario de a pie, se le asegura que se es “una persona corriente en medio del mundo que se santifica con el cumplimiento de las obligaciones propias de su estado” a la vez que se le exige una vida monacal, minuciosamente controlada, a todas luces incompatible no ya con una “vida en medio del mundo”, sino con una vida de ciudadano con derechos en un país civilizado (a la libertad, privacidad, intimidad, independencia económica, elección de relaciones sociales y de trabajo, justa retribución de sus tareas, asistencia a espectáculos…. etc.)

 

Me parece que en este caso la contradicción es más frecuente en el caso de los hombres que entran como numerarios, puesto que ellos se ven más lanzados al mundo profesional que las mujeres numerarias. Se les plantea un terrible dilema: o viven como un fraile y entonces deben olvidarse de la carrera profesional y dedicarse a las “tareas internas”, o se vuelcan en ganar dinero, ascender y dirigir pongamos por caso el Banco Popular como hizo Luis Valls y entonces las exigencias frailunas no cuadran y se dejan de lado. Tengo entendido que Luis Valls Taberner a pesar de ser numerario no vivía en un centro. En el caso de las “profesiones de funcionario” no hay conflicto. Pero en los trabajos que hay que estar ojo avizor, tejiendo relaciones y aprovechando oportunidades de ascenso, o el numerario/a pertenece a la aristocracia respetada por los directores del Opus por apellido o patrimonio familiar y todos son excepciones a su favor o las exigencias de la vocación acabarán “jorobándole” a base de bien cualquier posibilidad de ascenso profesional.

 

He vivido muy convencida de que el Opus Dei era fruto de una providencial “intervención divina de Dios en el alma de nuestro padre”. Por eso me ha chocado enterarme de que también estos protestantes, tan denostados en la primera edición de Camino, comentaban y no paraban el capítulo 1 de la carta a los Efesios. Me refiero al célebre “os ha elegido Dios desde la constitución del mundo para que seáis santos en su presencia”. ¿Por qué será España un país donde la ignorancia en todos los órdenes es tan jaleada y aplaudida? Yo tenía 16 años cuando entré, los “primeros” eran estudiantes universitarios y gente de “familias ilustradas y colocadas”, ya podían estar mejor informados sobre historia y religión. Pues no, no lo estaban. O no habían leído el libro de Weber que es de 1904. Eso sí, los predicadores protestantes de la “vocación profesional” son del siglo XVII, ¡el último grito en el mercado de productos religiosos!

 

Por otra parte el capítulo 15 de “Santos y pillos” explora “tradicionalismo y modernidad” del Opus Dei a través del estudio de un manual de ética que tengo la certeza se ha usado en colegios de Attendis y supongo que también de Fomento: “Problemas morales de la existencia humana” del prolífico escritor opusino Rafael Gómez Pérez.

 

Yo misma siendo alumna de instituto público y acudiendo a las clases de ética que entonces se daban como alternativa a la asignatura de religión, me serví abundantemente de este libro para mis trabajos. En definitiva, desde el punto de vista de mis convicciones sobre las grandes cuestiones morales que preocupan en la predicación del Opus Dei a las mujeres, aborto, contracepción, matrimonio y divorcio, un poco menos eutanasia, este libro ha sido mi biblia de numeraria “predicadora y formadora”. Todos los guiones doctrinales que llegaban a los centros sobre cuestiones controvertidas y que había que transmitir a supernumerarias y agregadas se basaban en las líneas maestras de ese libro.

 

Me ha sido muy útil observar la crítica que hace Estruch en ese capítulo 15 de esta “opusina biblia moral de bolsillo”. Y lo hace desde dos posiciones extremas que también dibujó Max Weber y que ya es un lugar común. Hasta banqueros y juristas aluden a esta distinción cuando han de dar una conferencia: ética de las convicciones y ética de la responsabilidad.

 

Una ética de las convicciones es la que es intransigente en los principios, la que no atiende a consecuencias, y así haya que morir por esos principios se mantendrán pase lo que pase. Mi sentimiento es que en esos temas doctrinales de los que fui predicadora, era portavoz de una ética de las convicciones a prueba de bomba: divorcio gran pecado, aborto todavía peor pecado, contracepción no digamos…. No se admitían excepciones, ni se transigía con las circunstancias de nadie. Asistir a un matrimonio civil, aunque fuera de un hijo, era para una supernumeraria consentir con la situación de pecado de la pareja. Los bautizados, todos los hijos de supernumerarias lo son, no tienen más opción que casarse para no pecar. Por ejemplo.

 

La ética de la responsabilidad, es la del que atiende no tanto a los principios sino a las consecuencias de las acciones. Como está visto que como se suele decir, “no toqué teta” en el Opus Dei, de esta tuve menos noticias. Pero me da la impresión de que esta ética es muy socorrida a la hora de los “buenos negocios” tanto del Opus Dei como institución, como de los empresarios que pertenecen. Y Estruch observa también que Gómez Pérez así como es inflexible en las cuestiones sexuales antes citadas no lo es tanto cuando explica que puede haber “guerras justas”, serían las guerras defensivas, o que si un empresario sabe que con los impuestos un gobierno va a favorecer el aborto, pues no está tan mal no pagar. Pecados excusables. Curioso aprender por Weber que sin embargo según el filósofo de cabecera de los filósofos opusinos de los que fui alumna (Polo, Llano, Alvira and company), a saber, santo Tomás de Aquino, asegura que el afán de lucro es una “turpido”, palabra latina que no hace falta traducir.

 

De modo que ya he llegado a otra evidencia: es imposible que estos profesores tan admirados, tuvieran el mismo discurso en la facultad de filosofía cuando se dirigían a estudiantes en su mayoría numerarios que acabarían de profesores en los colegios del Opus de España y América y que se ocuparían de la “formación interna” de los “miembros”, que cuando daban conferencias para empresarios de alto “standing” en el IESE o en el llamado “Seminario Empresa y Humanismo”. ¿Cómo denominar a este fenómeno de desdoblamiento? ¿Protestantismo en los negocios, catolicismo en la educación? ¿Liberalismo para el dinero, fascismo y control para la sexualidad en especial la femenina? Intento expresar los contrastes éticos que se dan en el Opus Dei y no tengo vocabulario.

 

Me indigna sobremanera cuando periodistas que han defendido al Opus Dei públicamente, cito por ejemplo a Isabel Durán que sale en tele5, utilizan la palabra “totalitarismo” y “adoctrinamiento” para descalificar a quien sea, normalmente a los partidos de izquierda. Lo menos que podía hacer esa señora y tantos otros que no sé si saben de qué hablan, es informarse de los métodos de captación del Opus Dei con la juventud. De la vida que hemos pasado los que tuvimos la desgracia de caer bien jóvenes, de cuál era la variedad de nuestras lecturas, de nuestras relaciones sociales, y cómo pasábamos los veranos. Amontonados en colegios, todo chicas o todo chicos, lejos del centro de las ciudades, gracias Supomal por recordarlo, con el horario ocupado hasta el último segundo: de la charla a la confesión y de esta a la “dirección espiritual” con el sacerdote y de ahí a la clase de teología tomista del siglo XIII. Y eso sí, dejándonos muy claro que el cariño a nuestros padres y hermanos era una tentación contra la vocación.

 

Un poco de por favor… y de respeto a la memoria del que “no ha vivido para contarlo”. Porque estos “fregados” cerebrales hay muchos compañeros mártires que no los han superado. No es para menos.

 

Dicho esto, me parece que un poco de “puritanismo” protestante como forma de encarar el trabajo, tanto en los que dan trabajo como en los obreros no nos vendría mal en nuestro católico país. Puritano no significa lo que en España pensamos que significa: los vestidos hasta el suelo y las mangas largas. Me refiero a tomarse más en serio las propias obligaciones sean las que sean y esperar un poco menos de la lotería o de la providencia. Somos un pueblo muy alegre y divertido, está bien, pero nos pasamos. Menos juerga y más trabajo serio y comprometido. No nos vendría nada mal a los españoles un poco menos de orgullo patrio, en el sentido de que nos creemos en exceso que somos el centro del mundo. Aunque hoy ya no vamos a “predicar” las glorias de Trento a los demás, tantos años en que “iluminar espiritualmente el mundo era la misión de nuestra patria”, han dejado su huella. Siendo católica la predicación de estos protestantes puritanos que cita Weber me parece de lo más necesario en España. Se nota que se hizo todo lo posible durante siglos para que no pasaran por aquí.

 

Ana Azanza




Publicado el Miércoles, 14 marzo 2012



 
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